Crónicas de Torsos Huérfanos

Crónicas de Torsos Huérfanos
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3/17/2017

1964 REVISITADO, 
EL AÑO EN QUE NO PASO NADA

por Carlos Montero

"Los recuerdos son como perros abandonados, 
vagabundos, nos rodean, nos miran, jadean, 
aúllan alzando la vista a la luna; 
querrías ahuyentarlos, pero no se marchan, 
te lamen ávidamente la mano, y cuando 
les das la espalda, te muerden..." 
("Yo, otro. Crónica del Cambio". 
Imre Kertész, Nóbel de Literatura 2002)


Sufría el anti-año del dragón, que vuelve cada docena de calendarios.
Se habían cumplido 42 años de 1964, un año en que no sucedería mucho.
Este poema me lo regaló un amigo aquella noche en que me abandonaron
y estaba desolado ante un teléfono público a la puerta del zoológico.

Sin golpear a la puerta del cielo me puse a llamar desde las del zoo,
pero la nena de la gran amiga me dejó colgado al tubo agotando fichas.
La noche en que ví MATCH POINT, el shakespeariano film de Woody Allen,
que reflexiona sobre los efectos del azar por una pelotita que roza la red.

La noche en que- sin querer dormir- fui al boliche de habitúes lésbicas,
para que nadie me moleste y tomar café con torta, pese a tanto azúcar.
La noche en que escribí sobre culpa y responsabilidad en un irish pub
que no tenía café y me dió sex on the beach, cocktail de jugo y vodka
que no emborrachó -como quise por única vez- aunque al fin tomé dos,
antes que obligaran a irse en la fría noche que duró hasta el mediodía.

Si el artista no prefigura futuro, su calidad radicará en reflejar universales,
que provocarán la empatía con el cantor o el poeta que nos representará.
Con Borges en “1964” -título de su poesía y año en que nací- sucedió eso,
en los meses en que el autor quedó ciego, pero –peor- le desgarran su alma

I
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.

II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

Jorge Luis Borges, 1964.

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Han pasado doce largos años desde entonces.
Alguna vez yo escribí algo así como que me
prometí llorar, pero hacerlo por felicidad,
aquellas lágrimas que me negué de tristeza.
Tras tanto golpe pasado y cercano, es ahora
Al menos sobreviví a verlo y acaso disfrutar.

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