Crónicas de Torsos Huérfanos

Crónicas de Torsos Huérfanos
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11/06/2010

C. Montero en RELACIONES Nov: ¿QUE VES CUANDO ME VES? (otro capitulo de la Genealogia de la Mirada) agrega dos publicaciones anteriores

C. Montero en revista académica RELACIONES Noviembre: ¿QUE VES CUANDO ME VES?
(otro capitulo de la Genealogia de la Mirada) les agrego dos publicaciones en meses anteriores
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Los lentes como marco, ojo, persiana, vitral y espejo

 

La autoimagen o cómo queremos que vean nuestra mirada

 

¿QUE VES CUANDO ME VES?

por Carlos Montero

 

¿Qué tanto tienen que ocultar las uruguayas? pregunta sorpresivamente mi jefe latinoamericano de Radio Nederland, el primer día que caminamos juntos por las calles del centro de Montevideo. Lo miré extrañado, pues era su primera jornada de una breve visita de trabajo a la otrora Suiza de Sudamérica.

 

El nos entiende no sólo por conducir al equipo de corresponsales, cada mañana desde Hilversun, sino porque a su país de nacimiento, Costa Rica, le llaman la Suiza de Centroamérica, metáfora con la que los europeos pretenden alabarnos la paz, la neutralidad y amor a la democracia, además de ciertos indicadores sociales "promedio" más cercanos a los del mundo desarrollado.

 

Todo pueblo necesita reafirmarse en su "excepcionalidad" pese a que no olvide que buena parte de su población está en Latinoamérica, aunque otra viva en nuestro territorio de espaldas al continente y de los suyos menos favorecidos. No habrá que olvidar que Líbano fue la Suiza de Asia.

 

Lo que inquiría nuestro editor jefe tico, como llaman a los costarricenses, con su característico saludo de ¡Pura Vida! venido de Utrech, era por qué las mujeres uruguayas, en pleno otoño, usan en tan alta proporción lentes oscuros de sol. La verdad, nunca me lo había preguntado. Es peor. Jamás lo advertí.

 

Es que no hay nada mejor que la mirada del niño, del visitante o del extranjero, para conseguir un espejo ingenuo, desprovisto de contexto o hábito para reflejar lo que todos los días tenemos delante de nuestros ojos, que es la mejor forma de esconder lo más visible. No en vano fue el niño de la alegoría el que descubrió que "el rey está desnudo", cuando todos querían convencerse de que caminaba ataviado con exclusivas y sofisticadas vestimentas invisibles.

 

Cuando regresé a vivir en mi tierra, tras casi una década en el exterior para dos agencias de noticias y Radio Nederland -que nos une con Pablo Gámez-, todo el tiempo pasaba detectando detalles de las rutinas vernáculas que me eran invisibles antes cuando vivía aquí. Pasado los años del retorno, la curiosidad o atención ganó callos y, más que sorpresas, una caminata me devuelve espejos.

 

Lo bueno del cuestionamiento ajeno es que obliga a repensar certezas o a buscar causas a lo que no te habías preguntado. Lo primero que uno hace, cuando no tiene mecanismos deductivos o un buen relevamiento de casos por inducción, es practicar la analogía con algo que conozcamos mejor. No hay nada culturalmente más parecido a un uruguayo que una uruguaya. Mal que les pese a ellas, es así. Transpone los sexos o los géneros. Somos orientales.

 

Los uruguayos respiran una cultura igualitarista, no igualitaria, que guarda la misma distancia entre la amistad y el amiguismo. Nos gusta pensar que todos somos iguales y nos alcanza con que eso se diga en la Constitución, aunque paso por medio salteemos las evidencias contrarias que nos aporta la realidad.

 

La virtud de la búsqueda de igualdad social, como valor jerarquizado en nuestro voluntarismo (querer postulado sin instrumentación) más que en nuestra voluntad (querer llevado al plan y la acción), alimenta del lado del defecto (que toda virtud conlleva) la mesocracia, el poder de los del medio y, en varias oportunidades, de la burocracia de los mediocres, nunca ostentado.

 

Se castiga a quien traspase la banda de flotación (como la llaman economistas) dando techo y piso en la cotización con tope en lo medio-alto y lo medio-bajo. Uno será vituperado (hasta que se vaya al exterior) y otro será excluido (hasta que ya no sea visible), mientras que los "incluidos" deberán cuidarse de lo que muestran o lo que permiten que se vea de lo que son, tienen o pueden hacer.

 

En los usos provincianos se valoró tradicionalmente el bajo perfil –aunque con variantes al alza por la influencia del espejo televisivo porteño al que se nos somete como símbolo del éxito de triunfar en Buenos Aires- en la aparición en reuniones sociales y fotos mediáticas (revista Galería sólo tiene una década), sobre todo centradas en actos políticos, conferencias y exposiciones, menos glamorosas para no romper con la pretendida "excepcionalidad" culturosa.

 

Desde aquella pregunta me resultó "opaco" (término que en Teoría de la Comunicación significa "advertible" aunque parezca contradictorio para el uso común) aquello que hasta el momento me resultaba invisible por naturalizado: cada vez que lo atiendo, compruebo que las uruguayas usan lentes oscuros, pero me fijo en los uruguayos –por extensión- y no lo compruebo. ¿Será que la analogía no se verifica o resulta que ellos son de marte y ellas de venus?

 

Una extrovertida porteña de alto perfil -que vivía de este lado del Plata- me diferenció a los montevideanos de los bonaerenses. Si atraía a un porteño por avenida Santa Fé, estuviera o no bien trajeado, él la encararía o le diría algo, aunque oscilara del piropo a la grosería. Y si ella lo rechazaba, él no se sentiría disminuido. La mandaría de paseo y seguiría camino entre la multitud.

 

En cambio el uruguayo en avenida 18 de Julio tenía menos probabilidades de ir "bien vestido", excepto del nacional traje de portero de ministro (saco azul y pantalón negro). La oportunidad del flechazo la veía mejor en la rambla pero, aunque ella detectara que la venia mirando de lejos o la cruza paseando, al dirigirle los ojos bajaría su mirada a la bombilla, como que atendiera la yerba.

 

En definitiva, el mate para el hombre de esta Banda Oriental hace las veces (arcaismo que significa cumplir la función) de los lentes oscuros de la mujer: un medio para poder mirar sin decir que estoy mirando aunque sea visto. O sea, para ocultar la visibilidad de mis actos (conducta) o intención (potencial).

 

Las cuencas de los ojos son marco para mirar, la córnea el vidrio, el armazón es la ventana, el monóculo o lentes un medio tecnológico para ampliar el alcance o focalización de la vista propia, la lupa es una ampliación manual. La función del microcospio se expande con las técnicas de biopsia, cateterismo, ecografia y otros medios de recorrer el cuerpo con navíos nanotecnológicos.

 

Ya sea gracias a las cámaras de televigilancia o las de los satélites, dejamos de tener un punto de vista expandido por los medios tecnológicos (lentes) para tener un punto de vista proyectado desde diversos ángulos extraños al propio (cámaras que dejan de ser lentes para aportar vista en pantallas como espejos), ilusionándonos con el control panóptico -cual las tomas satelitales de Google- que no dice las áreas censuradas por seguridad. Media verdad, mentira total.

 

El catalejo, largavista o binoculares –con los que recatadamente se observaban damas y caballeros en el teatro, la playa y el hipódromo- cumplían el rol de corto alcance del telescopio a nivel solar, proyectado al espacio por el Hubble o el espejo desde el espacio cercano que nos devolverán satélites reflectantes que, en el rol de los antiguos faros o como especie de espejos orbitales, habrán de reducir nuestro gasto energético al multiplicar de noche la luz de la luna.

 

El lente de sol o ahumado cumple el papel de persiana para ver sin ser visto. Dicen que todo depende del color con que se mire. También de la graduación del lente que, además de expansión tecnológica de la vista, es un filtro de defensa, cual un vitral con el que nos dejamos ser iluminados, mirados o no mirados, como el lente calobar, una coraza visual ante la mirada del otro. En ese caso ejerce la doble tarea de lente hacia afuera y espejo hacia adentro, para impedir que el observador tenga acceso a los "ojos del alma" del observado.

 

En línea del futuro que se pre-avisa, partimos de los lentes que declaran en alta voz su función (como los cristales llamados "culo de botella" por su grosor y notorios círculos concéntricos visibles), los que reducen la condena buscando portar un dieño de moda, los que estilizan a un sujeto (al punto que hay personalidades que usan lentes sin graduación sólo por razones de imagen) hasta los lentes de contacto, un "objeto omitido" no declarado e incorporado al sujeto que lo usa. Por delante queda el desembarco de córneas artificiales u otros cuerpos extraños que conectan o mejoran la percepción.

 

El lente de contacto es un medio que se mimetiza al fundirse aparentemente con la córnea. A falta de mejor opción, me conformo cada mañana ante el lavatorio, al ver el vacuo recipiente doblemente circular adonde tanta noche ella dejó los suyos flotando en suero fisiológico. Tendidos al costado, sus noctámbulos lentes de sol amarronados de patilla gruesa sumaban seis ojos.

 

Si a los ojos no es visible la esencia, cuando la otra cruza su presencia, las imágenes nos venden sólo la apariencia, ante la cual sólo es factible aplicar la pre-ciencia, el conocimiento previo (de la conducta posterior de los otros) que nos advierte de no someternos a las primeras impresiones, en ningún sentido.

 

Guiño angelical de una seductora vocacional y manipuladora profesional. Lo primero que dejaría en mi hogar no fue el cepillo de dientes sino el cofre del tesoro del secreto de su mirada parpadeante al anochecer, testimonio de que en un tiempo nos miramos con ilusión, viendo lo que queríamos aún estrechados, tan naturalmente fundidos, como lo está una córnea con su lentilla artificial.

 

Vuestro amigo,

Carlos Montero

 

oooooooooooooooooooooooooooo PUBLICADO EN RELACIONES Setiembre

Aristócratas, marginales y semi-excluidos digitales

DE LA SANGRE AZUL AL BLUE-TOOTH (*)

por Carlos Montero

 

Frankenstein ve a Drácula. "Al fin te modernizas y compraste un bluetooth", le dice el monstruo reconstruido de a partes.

-"Estás loco", contesta el vampiro -según la chanza- "es que le acabo de sorber la yugular a una princesita durmiente".

 

Muy lejos de Transilvania, a fin del último milenio me crucé en el otro extremo de Europa con una realidad celular muy diferente.

Se trataba de un ser con prótesis tecnológicas que expandían sus posibilidades de comunicación más allá de mi experiencia pasada.

Por la avenida, que une la estación central de Amsterdam con el palacio real, me superó a paso muy ágil un joven que hablaba solo.

Sinceramente pensé que me hablaba y luego, al ver que no dirigía la vista hacia donde yo estaba, creí que era un loco bien vestido.

Sus auriculares iban conectados a un minúsculo micrófono y por cable al celular, supuse tras descartar un grabador dicta-memorias.

 

En sentido inverso, en la quinta temporada de la serie House -una década más tarde- el experto semiólogo médico dió paso inverso.

Ante la racional certeza de que escuchaba voces imaginarias, el doctor se puso un visible auricular bluetooth (del inglés 'diente azul').

De esta forma, quien viera su oreja con el adorno no adivinaría que hablaba solo sino lo supondrían en telecomunicación inalámbrica.

Las generaciones tecnológicas reconstruyen cuerpo y subjetividad: a esa altura creí que era celular y no trampa de desequilibrado.

 

La consabida tendencia a la miniaturización de electrodomésticos e instrumentos de información tiende hacia una doble convergencia.

No es sólo confluir al soporte digital (en vez de analógico) de todo medio, virtualizando los átomos en bytes (N. Negroponte, 1995).

Se encaminará lejos de la unificación de medios de recepción, registro y emisión on-line (en red), real-time (simultánea) y global.

El rumbo apunta a que todo electrodoméstico, vestimenta, hogar, oficina y vehículo se haga un medio inalámbrico interconectado/ble.

Así los ciudadanos consumidores se moverán entre ecosistemas wi-fi con interfaces bluetooth, casas wired y electrónicos plug & play.

Los medios no se verán y de a poco se vestirán, cual rey desnudo, lentes por pantalla, interface oral por teclado y ROM 'en nubes' por disco duro.

Y los electrodomésticos que sean visibles explícitamente se habrán transformado también en instrumentos de información implícitos.

Del medio ambiente (materia y organismos) al entorno urbano (construcción y vida domesticada), se saltará al ecosistema artificial.

Los de sangre azul tendrán banda ancha móvil full-time y el marginado irá cableado part-time (dial-up) con muy baja velocidad.

No sorprenderá que al mismo tiempo convivan con medio planeta semiexcluido que nunca hizo llamadas de teléfono fijo y use móviles 2G.

 

La reducción del peso y del tamaño de los equipos se presentaba funcional a su portabilidad: de la radio a galena al auto al walkman.

La ruta fue acelerada de la bujía al transistor, al chip y al soporte virtual en que nadie necesite receptor sino conexión inalámbrica.

No olvidar que la portabilidad no es virtud actual, pues nuestros padres bailaban en los 60 en pic-nics rockeros con vitrolas a manija.

Y así como se turnaban para darle cuerda al antecesor del tocadisco a pila, también los relojes pulsera funcionaban sin batería alguna.

Por eso, mientras haya equipos hechos de átomos -celulares, notebooks, netbooks o palmtops- la autonomía dependerá de la energía.

No va más el modelo Universo-reloj de Newton. Pilas -desechable o recargable- retan la sustentabilidad del ambiente natural y artificial.

Lo inalámbrico puede ocultar los medios al desprenderlos del cable a la pared (batería por electricidad) o al teléfono (móvil por ADSL).

El objetivo es la vida virtual vista como virtuosa, aunque borre la precaria frontera entre presentación, representación y desaparición.

El nuevo "a desalambrar" wi-fi en shoppings o peatonales se corea en servidores empresarios web, mouse ópticos y blue-tooth celular.

Pero la portabilidad depende hoy de la autonomía y la autonomía de la energía. Paradoja: nuestra autonomía es cada vez más dependiente.

La luz es la energía que da vida a lo orgánico (vegetales, animales y humanos). Nuestro alimento y signos vitales requieren de esa carga.

Si el entorno natural es fotodependiente, el medioambiente artificial proyectado requerirá de energía transmisible inalámbricamente "a imagen y semejanza" de la luz (**).

 

Sigamos reflexionando,

porque las huellas del futuro hollan nuestro presente

Carlos Montero
 
ooooooooooooooooooooo PUBLICADO EN RELACIONES AGOSTO
 

Sobre el limitado 'Medios, pantallas y otros lugares comunes'de Lisa Block

 

LA LUZ, EL MEDIO TOTAL

 

por Carlos Montero

 

La luz es el medio total o el más descomunal medio provocador de medios: informa de sí (brilla), dimensiona lo Otro (ilumina), discrimina estados del ser (materia), genera un medio ambiente donde es viable lo orgánico (vida) y permite un ámbito público donde interactúen observadores (existencia). (1)

 

Una genealogía de los Medios -en procura de entender las funciones que cumplen en nuestras comunidades- no puede empobrecerse al punto de reducirla al estudio limitado y limitante de la evolución de las pantallas, instrumentos absolutamente contemporáneos, del feneciente siglo XIX. Ni menos pretender en el siglo XXI que se ara sobre tabula rasa o se deflora un área que es casi tierra quemada de la reflexión desde mitad del siglo XX. Básicamente, su esencia ya está prefigurada en la caverna de Platón, representación del mundo adonde llegaban las ideas –atravesadas por la luz- como sombras chinas en la pantalla del fondo de la cueva, para que la mayoría de los humanos (atados de pies y manos) vieran a la apariencia cual realidad o como síntoma para inducir o abducir el mundo exterior. La televisión, como imagen que habla, está ya en las visiones de Juan en la cárcel, a fines del siglo I D.C., escritas en el Apocalipsis ("Revelaciones").

 

Antes que el ícono se transforme en parlante, hay toda una genealogía de los sentidos por (re)componer (desde el rugido de las aguas tenebrosas del planeta previo al fiat lux, como el escuchar del feto -en el medio líquido del vientre materno- previo al imprinting tras el alumbramiento). El oir nos sumerge en el pasado de los recuerdos que convoca y en el sonido del tiempo en curso que representa. El ver profundiza en el presente como espacio desplegado y en el por-venir, pues la imagen es espacio proyectado que permite pre-ver, según la ubicación del vigía, hasta horizontes cada vez más lejanos. La altura será entonces el lugar dominante donde se desea ser visto (reconocido) -símbolo del poder- y desde donde se pretende ver (reconocer) la información que alerte del futuro con suficiente anticipación.

 

Con el objetivo de dominar la distancia, el humano dejará la caverna en las entrañas de la tierra (a imagen de las ratas) -de donde había desalojado a los animales- por la vista en profundidad de la costa o la perspectiva de  la cueva en la montaña (a imagen de los pájaros), para controlar el paisaje a domesticar o adaptarse. La comunicación no verbal con la materia (medio ambiente), vida (flora y fauna) y otros humanos, nos llevará de la deixis a la mueca, la mímesis y lo oral no lingüístico, en una secuencia nada periódica desde la inter-acción (presencial), a la inter-comunicación (a distancia diferida), la tele-comunicación (a distancia simultánea) hasta la tele-acción en ciernes (tele-presencia). La montaña natural será sustituida por el atalaya, la torre, la acrópolis, las murallas, los rascacielos, los aviones y los satélites que, con sus telecámaras, permiten a los poderosos información privilegiada y análisis anticipado de lo que otros no pueden ver. La tele-existencia requiere invisibilizar los medios tecnológicos, para retornarnos a la apariencia del cara a cara, mediada por un ecosistema artificial, pero sin democratizar al no abolir la información asimétrica de la que gozan los que acceden a diversas parcelas de poder.

 

Rumbo a una genealogía de la mirada, debemos reflexionar sobre la visión sin perspectiva de una etapa no erecta del bípedo semoviente o la del homo sapiens sapiens sometido a la intemperie amenazante del clima, naturaleza y los predadores, (tan hipotéticas ambas) previo a la cueva o a llegar al estado de naturaleza iluminista. Su stress permanente y nómade ante el riesgo que proviene del ecosistema natural es el extremo del péndulo hasta la mayor armonía del agricultor sedentario, en la primera cultura (cultivo), que se adapta y adapta a la naturaleza y sus ritmos. Luego vendrán las civilizaciones con sus medios de concentración y expansión, al disciplinar las comunidades en urbe (ciudad) y orbe (imperio), lo que multiplica la inter-acción en luchas, intercambios e hibridaciones. Al ser cubiertos cada vez más por el medio ambiente artificial naturalizado, se repondrá tanto la apariencia del ecosistema natural como el stress que desgasta el cuerpo.

 

El humano es expuesto a incertidumbre por la complejidad de los riesgos a controlar mediáticamente para sobrevivir, en el marco de una aceleración post-histórica entre seres post-orgánicos (Sibilia) que crearon medios para colonizar su entorno y ahora son colonizados por éstos. No se trata del proclamado "fin de la Historia" sino de la reacción simultánea que se le exige por medios virtuales (casi como en vídeo-juego) ante la multiplicidad global de estímulos, cada vez menos escritos y más icónicos que verbales, lo que dinamita la concepción con que nació la Historia como escritura verbal sobre soporte físico. El texto, ahora en eterno presente, es imagen verbal evanescente que se puede ver bajo la proyección de luz artificial, en acumulación sin jerarquía y con peligro permanente de desaparición, sin palimpsesto que recuperar. Es el "fin de la Memoria" pese a multiplicar los archivos a la enésima potencia. Si antes entregamos nuestra memoria a lo escrito o a computadoras (Serres), ahora la llevamos fragmentariamente colgada del cuello en pen-drives (como los jíbaros portaban la cabeza reducida de sus enemigos), mientras ya la vamos almacenando en servidores virtuales del ciberespacio. En un ecosistema plug&play no sabremos si recordamos o navegamos. Si la escuela oponía razonamiento a memorización: hoy cunde el copy/paste propio o ajeno.

 

La luz natural fue suplida por la artificial para eliminar el riesgo de la noche y dar seguridad, gracias a la visibilidad para el disciplinamiento (Foucault). Las cámaras real time registran virtualmente lo que está fuera del alcance de la vista directa por falta de luz, perspectiva de altura o mucha distancia. Por satélites, Internet o circuitos cerrados -como medio ambiente tecnológico-, se expande así al medio ambiente social el control antes limitado a la cárcel, el manicomio, el hospital, la escuela o el cuartel. No es que se derrumben sus paredes sino que se tendió un muro virtual en torno al planeta (se forcluyó el medio ambiente natural) para telecontrolar a incluidos, marginales y excluidos, políticoeconómicos y socioculturales. Y de allí proceder a la tele-acción "normalizadora", gracias a la telepresencia.

 

Así, la luz original ya no se necesitará para disciplinar cuerpos y controlar subjetividades: volvimos al Oscurantismo natural y al Iluminismo artificial.

 

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(1)   TORNQUIST, Jorrit: "Colore e Luce", 2009/1983. Editorial Gustavo Gili, Barcelona. "El mundo es energía en transformación, que existe desde el origen del Universo. Las distintas formas de energía interaccionan entre sí y con la materia, y como resultado producen diversas alteraciones gracias a las cuales obtenemos información sobre la materia. Para leer a distancia esta información, los humanos usamos sólo dos formas de energía: la mecánica, para la parte relativa a las ondas sonoras, y la electromagnética, que comprende la luz, el calor y las radiaciones ultravioletas. Son formas energéticas que, en medida limitada, produce también nuestro cuerpo". Este autor austríaco, catedrático del Politécnico de Milano, se enfocó en el funcionamiento del sistema ojo-cerebro, por lo que se preocupó "solamente de las alteraciones energéticas relacionadas con la luz que son perceptibles por los humanos, y de cómo son transformadas en información-luz. Todo el cuerpo tiene capacidad de detectar grosso modo la energía luminosa. El instrumento especializado es el ojo que percibe la pequeña parte de las frecuencias electromagnéticas situada aproximadamente entre 470.1012 y 750.1012 Hz. Esta es la parte que llamamos luz. La principal fuente luminosa para nosotros es el sol, pero también pueden iluminar el mundo algunas descargas eléctricas espectaculares, como los rayos o la aurora boreal. Los fotones se disparan en todas las direcciones y la materia modifica sus características y sus recorridos, con lo que nos ofrece la posibilidad de descifrarla. Por ello, podemos decir que la luz es el vehículo más importante de información del que disponemos".

 

(*) Bluetooth alude a redes inalámbricas de área personal que emiten datos y voz por radiofrecuencia, entre dispositivos sincronizados, para evitar conectores y cables como nexos wireless de corto alcance.

(**) A la noche en Barrapunto.com leo la noticia: «Actualmente las células solares de las placas solares tienen una eficiencia en torno al 30 % (en los mejores casos), lo cual hace que se pierda una gran cantidad de energía. Para que esto no ocurra, los ingenieros de Stanford han desarrollado un proceso que es capaz de aprovechar la energía provocada por la luz y el calor de manera simultánea, lo que aumentaría a un 60% la eficiencia de los procesos actuales. Esto se debe a que las actuales células solares pierden eficiencia conforme aumenta la temperatura, por lo que conseguir aprovechar esa temperatura sería un gran avance para todos. Los ingenieros decidieron recubrir una pieza de material semiconductor con una delgada capa de cesio, el cual permite que el material aproveche tanto el calor como la luz simultáneamente.» (Fuente: VR Tech)



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Carlos Daniel Montero Gaguine
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