Crónicas de Torsos Huérfanos

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9/02/2010

REGRESO SIN GLORIA:Volver con la batería marchita (p.C.Montero, parte V, LA LUZ, EL MEDIO TOTAL)

Articulo 5

 

Re-capitulo y avance en la serie LA LUZ, EL MEDIO TOTAL

 

REGRESO SIN GLORIA: VOLVER

CON LA BATERIA MARCHITA…

por Carlos Montero

 

En el capítulo 1 se bosqueja una evolución mediática que empieza antes de la limitada contemporaneidad de la pantalla y la existencia humana, para partir de la luz como medio total donde el medio ambiente, que propicia ésta, es el mensaje no atendido (materia, vida y existencia). De un ecosistema natural con medios en el entorno tan sensibles como invisibles a la atención, se pasó a generaciones potenciadas de medios artificiales sensibles, hasta un ecosistema artificial de medios invisibilizados en el entorno que colonizan nuestro cuerpo.

 

En el capítulo 2 el proceso de stress del nómade de lento viaje, sometido al ataque de los predadores y el entorno natural, decrece en el sedentario que cultiva y el urbano asentado -sometidos al ataque externo de quien pretende el poder sobre su lugar-, hasta recrearse con su circulación planetaria o en megalópolis-mundo inseguras televigiladas, donde las comunidades se fragmentan buscando seguridad en la homogeneidad o grupos de pares en lo geográfico o virtual, reduciendo el transporte al de mensajes de instantánea respuesta. La portabilidad de los medios que requiere un ser en circulación lleva de lo pesado a lo liviano, de la miniaturización a la virtualidad, de lo conectado a lo inalámbrico, de lo quieto a lo móvil, de la oficina al hogar.

 

Ante un ser humano cada vez más dependiente de sus instrumentos de información –como expansión tecnológica de sus órganos y sentidos- para relacionarse con el ecosistema artificial creciente, que media su relación con el ecosistema natural en decadencia, en el artículo 3 concluimos que su independencia pasa a ser la autonomía de la batería del celular u ordenador, su velocidad la del procesador y su tiempo de recepción el del ancho de banda. El dilema de los investigadores ya no es la capacidad de archivo (que sustituyó a la memoria) sino sostener la movilidad del consumidor planetario (no más del ciudadano de la polis) rumbo a una vida en tiempo-real (donde el lapso de respuesta en la inter-acción cara a cara sea igualado por la tele-acción visible virtualmente) compatibilizando mayor velocidad de comunicación en entornos conectados, entre seres en tránsito más que instrumentos de información.

 

El capítulo 4 avanza sobre el pasaje del ser pedestre horizontal que conquista el punto de vista más alto para granjear poder de previsión subiendo la loma o construyendo alternativas artificiales al mirador, rumbo al hombre vertical del ascensor y la escalera mecánica que lo sedentarizan al menor esfuerzo siempre en pose horizontal, hasta la postulación de un hombre móvil que usa  prótesis para trasladarse pero incorpora la loma artificial (rampa) para mantenerse activo en el hogar u oficina. Si al final llegamos al -cada vez menos absurdo- cuestionamiento de si un ser humano podría quedar petrificado en medio de una escalera mecánica en caso de que suceda un corte eléctrico, es porque no se advierte que ya nos sucedió con el ascensor, pues hace siglos perdimos la habilidad de bajar la cuerda o liana. Al igual, estamos perdiendo la de bajar la escalera o caminar, abandonamos hace 20 años la práctica de multiplicar sin la calculadora, cual ya perdimos (o nunca se aprendió) la raíz cuadrada; o vamos perdiendo riqueza sintáctica (y ortográfica) con el SMS canonizado como blog (Twitter), nanoblog (una palabra) y no descarten llegar a una letra (letterblog).

 

VOLVER CON …

LA BATERIA MARCHITA

 

La consecuencia lógica de seguir este rumbo será que, al igual que las personas que dejaban de salir a pasear a un parque por ver un programa de televisión, inversamente muchos empezarán a volverse a sus hogares desde la calle si se les está acabando la batería del ordenador portátil, como ya sucede con quienes dependen para comunicarse de sus celulares, cuyas pilas internas no soportan demasiadas horas por las crecientes nuevas prestaciones 3-G.

 

Al empresario urge poner no sólo más conexión wi-fi sino a la electricidad, en plazas de comida de shoppings o restaurantes, si quieren que los consumidores sigan comprando en sus centros comerciales y no vuelvan antes a sus hogares. Las peatonales que quieren conservar clientes o centros educativos que desean contener a sus alumnos están haciendo lo mismo. Se multiplican ecosistemas invisibles como blue-tooth entre partes de un equipo, redes wireless de hogar y oficina, teléfonos inalámbricos y celulares, wi-fi a Internet en edificios y shoppings, PCS de pequeño, mediano o gran alcance en red abierta o Intranet.

 

Con suficiente espacio de archivo y ancho de banda para traficar información, cada cual deberá proveerse de velocidad de procesador y suficiente autonomía de energía. La disponibilidad de suministro para garantizar la autonomía y la sustentabilidad frente al sistema actual (que termina dependiendo de la recarga en la electricidad y de baterías más contaminantes que el hardware cuando son descartadas) llevará a seguir en los ordenadores (palmtops y celulares) a la experimentación en relojes modernos: de la cuerda, a la luz, la sangre y el corazón. De lo contrario, los niños japoneses volverán a huir de clase para alimentar a su tamagochi (mascota virtual) o los adolescentes italianos seguirán tirándose bajo trenes como la italianita que intentó rescatar de las vías a su telefonino (celular) ¡El mercado no perdona perder consumidores!

 

DEL RELOJ AL CELULAR

 

El primer reloj que se conoció funcionaba a sombra, según el lugar del observador durante la rotación y traslación del planeta en torno al sol, durante la etapa diurna del día. La última generación de relojes está funcionando según la carga que a su batería permite tanto la luz natural como la artificial, diurna o nocturna, permitiéndole continuar funcionando hasta dos meses en plena oscuridad. Si el reloj fue una técnica que linealizó como flecha el orden circular del curso del tiempo y patronizó en horas iguales la medición del tiempo variable -a diario- de luz y oscuridad, sólo la relación remanente del humano con la luz natural –diferente según su ángulo local- sigue justificando glocalmente la convención de los husos horarios aunque todos los ámbitos sometidos a la luz artificial migrarían gustosos a una hora idéntica global regulada por Internet y no por el meridiano de Greenwich. Del reloj de sol, al de arena, al de agua hasta los atómicos; o de cuernos, trompetas, campanarios y alarmas, hemos pasado a vivir familiar e individualmente siguiendo la alimentación a péndulo, cuerda, electricidad, pila, batería, pulso y ahora luz.

 

En la época de la Guerra Fría, detrás de la Cortina de Hierro –países del este europeo bajo la égida de la Unión Soviética- cundió un chiste sobre la pesada industria pesada de la República  Democrática Alemana (lado oriental de Muro de Berlín). En una de las pocas críticas que permitía el régimen, aludían a un abuelo que cruzaba el puente llevando dos pesadas valijas, una en cada mano, mientras era acompañado por su nieto escolar. Durante la caminata, el hombre no dejaba de adoctrinar a su pequeño. Paró un momento y apoyó las valijas en el piso para mostrarle al niño su reloj pulsera. Destacó entonces las virtudes que adornaban a su reloj, joya de la tecnología comunista: no sólo daba la hora sino tenía cronómetro y alarma, indicaba temperatura y humedad. Levantó cansinamente las valijas y, en un rapto de sinceridad, exhaló como al pasar: "lástima el peso de las pilas". La portabilidad y autonomía de los relojes marcó el sendero a radios, telefonos y lo señalará a los ordenadores portátiles.

 

El tiempo social de la naturaleza (ritmo de la naturaleza) secuestrado por los campanarios (ritmo de la religión),  seguido por la industria (sirena fabril) y marcatarjetas de oficina, a nivel personal pasó al reloj pulsera y al ordenador (Rifkin, 1987). Hoy podríamos decir que ha sido secuestrado por el celular, cabecera de puente de todos los instrumentos de información. Por eso, todo avance generacional que tengan las TICS móviles, que experimentan la portabilidad convergente de relojes, teléfonos y computadoras, pautará su orden del tiempo a la Humanidad a nivel global y -vía benchmarking- aportará sus hallazgos en materia de autonomía de carga al resto de los gagdgets.

 

CITIZEN ECO

 

Es el caso del Citizen Men's Eco-Drive Promaster Carbon Chronograph Watch, considerado "amigable ecológicamente", según sus fabricantes japoneses, Se carga con luz solar natural o artificial a puertas cerradas. La máxima reserva es de 60 días. Se recarga al máximo con luz solar (100.000 lux) en dos horas y media, con tiempo nublado (10.000 lux) en cinco horas y con luz incandescente en 18 horas. Su cristal no reflectante y manecillas luminosas, soportan una profundidad en agua de 200 metros bajo el nivel del mar con indicador de batería de reserva que avisa a dos días de acabar.

 

La página oficial de Citizen invita a "compartir socialmente la pasión" por este reloj (CitizenEcodrive.net). "Este es el primer reloj solar que veo, que se parece como un reloj normal. Jamás necesitará una nueva batería, y opera sin luz alguna por al menos 45 días. Eso está bueno, y 45 días debieran ser suficientemente extensos aún para los geeks (tecnoadictos) e ingenieros que odian la luz. Los vampiros deberán esperar a la próxima versión que podría correr con sangre" ironiza, aludiendo a los navegantes de la noche tech y a experimentos practicados para extraer energía de los latidos del corazón. Los expertos dicen que ya vendrá lo que funcione a bombeo de la sangre pero, por mucho tiempo, alcanzará con algo de luz artificial. Ya no necesitamos del sol.

 

Seremos los habitantes de monoambientes (sarcófagos ampliados) en los que nos liberaremos de la oficina para trabajar noche o día (o ambos), como los pollos que son engordados al ser expuestos a la luz las 24 horas. Y cuando salgamos de éstos podremos seguir trabajando on line, conectados a redes inalámbricas en equipos que recargarán sus baterías por luz natural o artificial, sin obligarnos a volver a casa generando "tiempos muertos" improductivos. Si se puede denominar así: sería la vida (in)dependiente a la que podría condenar la autonomía energética, al evitar que volvamos con la batería marchita, al hogar donde la pantalla plana de TV es el espejo en el que no aparecemos ni nos representa.

 

Vuestro amigo,

Carlos Montero

 

P.S- La invitación para este periplo de reflexión comunicacional sobre la luz, como medio total, no es desinteresada: aspiro a vuestros aportes que marquen límites (debilidades) o enriquezcan este análisis sobre efectos de los medios y sus generaciones tecnológicas sobre los cuerpos y nuestras subjetividades.

 

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Carlos Daniel Montero Gaguine cel  (096) 481 931 y (099) 538 673
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