Crónicas de Torsos Huérfanos

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9/16/2010

Los lentes como marco, ojo, persiana, vitral y espejo (P/C.Montero, siguiendo la genealogia de la mirada)

Los lentes como marco, ojo, persiana, vitral y espejo

 

La autoimagen o cómo queremos que vean nuestra mirada

 

¿QUE VES CUANDO ME VES?

por Carlos Montero

 

¿Qué tanto tienen que ocultar las uruguayas? pregunta sorpresivamente mi jefe latinoamericano de Radio Nederland, el primer día que caminamos juntos por las calles del centro de Montevideo. Lo miré extrañado, pues era su primera jornada de una breve visita de trabajo a la otrora Suiza de Sudamérica.

 

El nos entiende no sólo por conducir al equipo de corresponsales, cada mañana desde Hilversun, sino porque a su país de nacimiento, Costa Rica, le llaman la Suiza de Centroamérica, metáfora con la que los europeos pretenden alabarnos la paz, la neutralidad y amor a la democracia, además de ciertos indicadores sociales "promedio" más cercanos a los del mundo desarrollado.

 

Todo pueblo necesita reafirmarse en su "excepcionalidad" pese a que no olvide que buena parte de su población está en Latinoamérica, aunque otra viva en nuestro territorio de espaldas al continente y de los suyos menos favorecidos. No habrá que olvidar que Líbano fue la Suiza de Asia.

 

Lo que inquiría nuestro editor jefe tico, como llaman a los costarricenses, con su característico saludo de ¡Pura Vida! venido de Utrech, era por qué las mujeres uruguayas, en pleno otoño, usan en tan alta proporción lentes oscuros de sol. La verdad, nunca me lo había preguntado. Es peor. Jamás lo advertí.

 

Es que no hay nada mejor que la mirada del niño, del visitante o del extranjero, para conseguir un espejo ingenuo, desprovisto de contexto o hábito para reflejar lo que todos los días tenemos delante de nuestros ojos, que es la mejor forma de esconder lo más visible. No en vano fue el niño de la alegoría el que descubrió que "el rey está desnudo", cuando todos querían convencerse de que caminaba ataviado con exclusivas y sofisticadas vestimentas invisibles.

 

Cuando regresé a vivir en mi tierra, tras casi una década en el exterior para dos agencias de noticias y Radio Nederland -que nos une con Pablo Gámez-, todo el tiempo pasaba detectando detalles de las rutinas vernáculas que me eran invisibles antes cuando vivía aquí. Pasado los años del retorno, la curiosidad o atención ganó callos y, más que sorpresas, una caminata me devuelve espejos.

 

Lo bueno del cuestionamiento ajeno es que obliga a repensar certezas o a buscar causas a lo que no te habías preguntado. Lo primero que uno hace, cuando no tiene mecanismos deductivos o un buen relevamiento de casos por inducción, es practicar la analogía con algo que conozcamos mejor. No hay nada culturalmente más parecido a un uruguayo que una uruguaya. Mal que les pese a ellas, es así. Transpone los sexos o los géneros. Somos orientales.

 

Los uruguayos respiran una cultura igualitarista, no igualitaria, que guarda la misma distancia entre la amistad y el amiguismo. Nos gusta pensar que todos somos iguales y nos alcanza con que eso se diga en la Constitución, aunque paso por medio salteemos las evidencias contrarias que nos aporta la realidad.

 

La virtud de la búsqueda de igualdad social, como valor jerarquizado en nuestro voluntarismo (querer postulado sin instrumentación) más que en nuestra voluntad (querer llevado al plan y la acción), alimenta del lado del defecto (que toda virtud conlleva) la mesocracia, el poder de los del medio y, en varias oportunidades, de la burocracia de los mediocres, nunca ostentado.

 

Se castiga a quien traspase la banda de flotación (como la llaman economistas) dando techo y piso en la cotización con tope en lo medio-alto y lo medio-bajo. Uno será vituperado (hasta que se vaya al exterior) y otro será excluido (hasta que ya no sea visible), mientras que los "incluidos" deberán cuidarse de lo que muestran o lo que permiten que se vea de lo que son, tienen o pueden hacer.

 

En los usos provincianos se valoró tradicionalmente el bajo perfil –aunque con variantes al alza por la influencia del espejo televisivo porteño al que se nos somete como símbolo del éxito de triunfar en Buenos Aires- en la aparición en reuniones sociales y fotos mediáticas (revista Galería sólo tiene una década), sobre todo centradas en actos políticos, conferencias y exposiciones, menos glamorosas para no romper con la pretendida "excepcionalidad" culturosa.

 

Desde aquella pregunta me resultó "opaco" (término que en Teoría de la Comunicación significa "advertible" aunque parezca contradictorio para el uso común) aquello que hasta el momento me resultaba invisible por naturalizado: cada vez que lo atiendo, compruebo que las uruguayas usan lentes oscuros, pero me fijo en los uruguayos –por extensión- y no lo compruebo. ¿Será que la analogía no se verifica o resulta que ellos son de marte y ellas de venus?

 

Una extrovertida porteña de alto perfil -que vivía de este lado del Plata- me diferenció a los montevideanos de los bonaerenses. Si atraía a un porteño por avenida Santa Fé, estuviera o no bien trajeado, él la encararía o le diría algo, aunque oscilara del piropo a la grosería. Y si ella lo rechazaba, él no se sentiría disminuido. La mandaría de paseo y seguiría camino entre la multitud.

 

En cambio el uruguayo en avenida 18 de Julio tenía menos probabilidades de ir "bien vestido", excepto del nacional traje de portero de ministro (saco azul y pantalón negro). La oportunidad del flechazo la veía mejor en la rambla pero, aunque ella detectara que la venia mirando de lejos o la cruza paseando, al dirigirle los ojos bajaría su mirada a la bombilla, como que atendiera la yerba.

 

En definitiva, el mate para el hombre de esta Banda Oriental hace las veces (arcaismo que significa cumplir la función) de los lentes oscuros de la mujer: un medio para poder mirar sin decir que estoy mirando aunque sea visto. O sea, para ocultar la visibilidad de mis actos (conducta) o intención (potencial).

 

Las cuencas de los ojos son marco para mirar, la córnea el vidrio, el armazón es la ventana, el monóculo o lentes un medio tecnológico para ampliar el alcance o focalización de la vista propia, la lupa es una ampliación manual. La función del microcospio se expande con las técnicas de biopsia, cateterismo, ecografia y otros medios de recorrer el cuerpo con navíos nanotecnológicos.

 

Ya sea gracias a las cámaras de televigilancia o las de los satélites, dejamos de tener un punto de vista expandido por los medios tecnológicos (lentes) para tener un punto de vista proyectado desde diversos ángulos extraños al propio (cámaras que dejan de ser lentes para aportar vista en pantallas como espejos), ilusionándonos con el control panóptico -cual las tomas satelitales de Google- que no dice las áreas censuradas por seguridad. Media verdad, mentira total.

 

El catalejo, largavista o binoculares –con los que recatadamente se observaban damas y caballeros en el teatro, la playa y el hipódromo- cumplían el rol de corto alcance del telescopio a nivel solar, proyectado al espacio por el Hubble o el espejo desde el espacio cercano que nos devolverán satélites reflectantes que, en el rol de los antiguos faros o como especie de espejos orbitales, habrán de reducir nuestro gasto energético al multiplicar de noche la luz de la luna.

 

El lente de sol o ahumado cumple el papel de persiana para ver sin ser visto. Dicen que todo depende del color con que se mire. También de la graduación del lente que, además de expansión tecnológica de la vista, es un filtro de defensa, cual un vitral con el que nos dejamos ser iluminados, mirados o no mirados, como el lente calobar, una coraza visual ante la mirada del otro. En ese caso ejerce la doble tarea de lente hacia afuera y espejo hacia adentro, para impedir que el observador tenga acceso a los "ojos del alma" del observado.

 

El lente de contacto es un medio que se invisibiliza al fundirse aparentemente con la córnea. A falta de mejor opción, me conformo cada mañana ante el lavatorio al ver el vacuo recipiente, doblemente circular, en donde tanta noche ella dejó los suyos flotando en suero fisiológico. Es la única prueba visible que atestigua que un tiempo nos miramos con ilusión, viendo lo que queríamos y estrechados tan naturales, como córnea con lentilla artificial. Guiño angelical.

 

Vuestro amigo,

Carlos Montero



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Carlos Daniel Montero Gaguine
Corresponsal Mercosur RADIO NEDERLAND y revista MERCADO
Coordinador Corresponsales RADIO URUGUAY y revista RELACIONES
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desde el exterior (598) 96-481-931 y (598) 99-538-673
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Montevideo CP 11.600, Uruguay



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