Crónicas de Torsos Huérfanos

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9/19/2010

DESPERTARES… (versión final) Del gallo cantor, campanas, campanillas, reloj-alarma, telefónicas y celulares

Del gallo cantor, campanas, campanillas, reloj-alarma, telefónicas y celulares

 

DESPERTARES… (versión final)

A los porteros que alertaron y bomberos que nos evacuaron esta mañana

 

por Carlos Montero

 

Los puños batiendo la puerta desestabilizan con nocturno tronar tormentoso el amanecer del soleado sábado al mediodía. "¡Bajen!" escucho ascender entre lagañas a la voz nerviosa del portero. Mientras los escalones resuenan, su voz brama más lejana: "Hay un escape de gas y ya vienen los bomberos: ¡Bajen!".

 

Aún sin despertarse del todo, antes hubo que decidir el clásico dilema de qué libro te llevarías a una isla abandonada. En este caso parafraseado como "cuál libro te llevarías a la planta baja, sabiendo que quizás nunca vuelvas a subir el ascensor para rescatar el resto de las siete bibliotecas que dejaste más arriba".

 

"Dicen que, a quien se quema con leche, cuando ve la vaca llora". Y a quien le robaron su ordenador con medio año de un libro sin terminar, en un tren cama, el despertar arrasador en Roma Termine con un bolso de computadora vacío (su contenido ido en alguna ida al baño del ferrocarril milanés) no dejó mejor lección: en un bolso cargué notebook, en otro netbook, documentos y dinero.

 

Vaya despertar en el que despeinado, y medianamente vestido, debi bajar este sábado seis pisos por escalera para conocer a los vecinos del edificio de apartamentos en el que vivo hace dos años. Por suerte somos seres gregarios: Tuvieron que evacuarnos para poder conocernos en la escalera de incendios.

 

Mientras cerraba la puerta con llave me preguntaba si volvería a ver esas bibliotecas -que me llevó un año mudar- repletas de libros, tomos, fascículos y archiveros. Quedaba dentro la colección de discos compactos y DVD de saxo, los artículos o libros publicados, y los que no lo hice aún. Al igual, diplomas,  comprobantes, contratos y facturas. No es posible dar la espalda, sin tomar conciencia de lo frágil que se haría cenizas nuestra historia y sus historias.

 

Desde que el humano descubrió el fuego, desarrolló técnicas para conservarlo y luego tecnologías para generarlo, manteniéndolo bajo control. Pero lo que surge en la naturaleza como desastre (incendio por un rayo o volcán), en la humanidad éste se hace accidente (por negligencia) o atentado (intencional).

 

Días atrás un artista argentino realizó ante cámaras una intervención en la que proyectó la ilusión convincente de un Coliseo vomitando llamas. El Coliseo lleva tal nombre pues enfrente había un coloso, estatua gigante de Nerón a la que cortan la cabeza cuando el emperador incendia Roma. Llego allí con calor agobiante mientras actores disfrazados de gladiadores y leones se fotografían a carcajadas con turistas en un espectáculo kitsch. Digno de que en 2.000 años en Auschwitz se festeje fotografiar con guardias SS y sus perros doberman.

 

Precisamente, canes de un vecino del primer piso –que había salido- tomaron a dentelladas el tapón de una garrafa de trece kilos y el aroma inyectado al gas (junto con el gas que no tiene naturalmente olor) se difundió por la columna de aire del ascensor a todo el edificio. Gracias a esta técnica fue posible despertar la sospecha del portero del edificio, que alertó a los vecinos que aún dormían y que no hubieran despertado, con riesgo de pasar al otro sueño.

 

La alta exposición a películas de acción y atentados nos alertó a no prender los interruptores de luz, para que la chispa interna no provocara la combustión del gas con el oxígeno y esa breve llama. Así bajamos en pocos minutos mientras esperábamos la llegada de los Bomberos, que arribaron en 20 minutos, pero tardaron aún más pues siguieron de largo de la esquina donde era el problema.

 

Más atrás descendía una joven vecina –que venía del décimo piso- cargando en brazos a su perro cocker negro con manchas blancas. Delante una auditora del sexto piso que, llegada al cuarto nivel, recordó que se había olvidado el celular y volvió a subir. Signo del tiempo: ¡mejor muerta que incomunicada!

 

Cada escalón en giro semicircular daba fé de mi peripecia vital. Sentía cada uno de los cinco tornillos y dos clavos que unen mi tibia con el peroné. Sentía fugarse cada centésima de gramo de azúcar que precipitaría la hipoglucemia, pues era hora de almozar y ni siquiera había desayunado. Fuera por el mareo, apuro o sólo el film que corre en la imaginación del agonizante, comenzaron a proyectarse unos tras otros los despertares más singulares que me tocó vivir.

 

-Los de cada 6 de enero en que los Reyes lograban sortear las tretas de esperarlos despierto y, con apoyo de sus jorobados transportes, dejaban sus regalos y desordenaban el pasto con agua que les habíamos dejado para que siguieran viaje al hogar de los otros niños que los aguardaban.

 

-De niño veía a los fieles evangélicos de la iglesia ir a Punta Gorda, frente a la costa en Plaza Virgilio, para ver de rodillas el amanecer cada domingo final de Pascuas y orar todos juntos cuando llegaba el alba de la Resurrección.

 

-Reverberan las marchitas militares por radio de aquel 27 de junio de 1973 en que la dictadura se inauguró formalemente y en que los tanques artillados  amanecían estacionados ante vacías avenidas en torno al Palacio Legislativo.

 

-Soy despertado por las manitas de mi prima en brazos del tío, era la primera bebé de la familia que en 1976 me liberaba de ser el único nieto y sobrino.

 

-La primera navidad con la noviecita del estudio en que vimos amanecer ante el Río de la Plata en un recodo de la escalinata de playa del Buceo, en la subida de césped donde nace Boulevard Batlle ante el Museo Oceanográfico.

 

-En Semana Santa de 1987, despertar en Buenos Aires: carapintadas se habían alzado, informa la televisión. Al rato me acredito en Casa Rosada donde estaba Alfonsín y soy el único corresponsal extranjero en transmitir desde allí.

 

-Tres días y dos noches –por 2.000 kilómetros de niebla de Montevideo a Melo y Salto- transmitimos por radio la visita del Papa Juan Pablo II a Uruguay. A las 40 horas de vigilia paso a dormir al asiento de atrás del móvil al cual teníamos atado horizontalmente un caño para antena de los móviles. Estaba dormido cuando el capot se levantó a 110 kms/hora y fuimos por ruta 3 a contramano por 200 metros. Desperté en la oscuridad sin saber que pasó.

 

-Cuando supo que la obra de su vida sería quemada por el lápiz rojo del Presupuesto, el hombre se puso en llamas que despertaron la ira. El ex decano universitario pidió a los periodistas entrevistas separadas para justificar que no cerraran el instituto que fundó y cuya instalación el gobierno dedicaría a otro fin. Tras 15 minutos de diálogo introductorio sobre las virtudes y el futuro de su especialidad, escucho su respiración pesada y un musitado "me siento mal". Salí de en vivo y le acompañé en eternos minutos de respiración boca a boca mientras llegaba la unidad coronaria móvil. Tras media hora de trabajos de reanimación no despertó. Una vida hecha ceniza: "la Economía tambien mata" admite Michel Camdessus, ex presidente del Fondo Monetario Internacional.

 

-No había más pasaje de avión para asistir en Chile a las últimas elecciones presidenciales que en 1989 organizó la dictadura de Pinochet y que abrió la vuelta a la democracia. Toda la noche por Argentina en un ómnibus en el que un joven muy drogado iba de lado al otro del pasillo. Creí que amaneceríamos todos muertos, pero un Aconcagua imponente recibió despejado en el cruce de los Libertadores. Casi muero de susto al bajar a Santiago por el serpenteante camino de Los Caracoles donde con nieve se avanza con cadena entre ruedas.

 

-Abro las cortinas del apart-hotel de Las Leñas en 1992, balneario de nieve en la frontera argentino chilena, adonde llegamos la noche anterior en medio de la peor tormenta de nieve en 10 años, para cubrir la cumbre del Mercosur para BBC de Londres. La vista de las montañas y pistas de esquí deja extasiado.

 

-Siento que un tren o subterráneo pasa por debajo de mi cama en San Isidro. Concluyo ignorante que "ésto debe ser un terremoto": Había amanecido en 1994 con un temblor de 4,7 grados en la escala de Richter que movió a Lima.

 

-Primer madrugada en Cararcas, adonde llegamos en febrero de 1999 para cubrir por IPS la asunción del nuevo presidente venezolano. 5.30 AM la televisión está entrevistando al electo presidente Hugo Chávez que canta y recita sin parar, además de reivindicar a quienes le acompañaron en un golpe.

 

-Días después –de retorno en tránsito en el aeropuerto internacional de Sao Paulo- despierto de madrugada a mi familia por teléfono para sorprenderles: me cuentan que el lupus se había llevado a mi única prima durante el vuelo.

 

-Estaba en "estado vegetal" en nuestra cama grande en Paraguay, a la que caíamos rendidos antes de las 10 de la noche y de la que salíamos eyectados a las 5.15 AM cada mañana. En plena madrugada percibo que alguien me toma de la solapa del pijama y me zamarrea con desesperación hasta despertarme: era ella que había soñado que estaba muerto y se despertó desconsolada.

 

-Visitábamos a su familia en el nordeste brasileño durante las fiestas de fin de año. Lo último que recuerdo claro fue la opípara comida de Nochebuena y la garganta reseca en Natal. Despierto en Año Nuevo con 5 kilos menos: estuve  echado con fiebre una semana -en una granjita- por intoxicación alimentaria.

 

-La quíntuple fractura obligó a una cirugía de tres horas. Aún con efectos de la anestesia, paso al post-operatorio para recuperación. En una disquette vuelve el artículo que escribí hasta que me durmieron y entregué en un sobre, por si fuera el último. Trataba acerca de fractales, complejidad y el rol del intelectual

 

-Diez días de encierro a cal y canto para culminar el ránking anual de los 250 exportadores para la revista argentina Mercado. Envío el e mail 7 AM del día del cierre. Salgo y me desmayo. El cuerpo en caida libre da contra la pared y fractura "la cabeza del segundo metacarpiano". Condena al cabestrillo y a escribir cuatro semanas en computadora con una sola mano: Informe caro.

 

Hoy el despertar tuvo la singularidad de la rudeza del golpe furibundo como llamador y la amenaza de incendio -espada de Damocles- como argumento convincente para ponerse en marcha. Casi volviendo a estadios primitivos, el riesgo de ataque o fuego disparó el stress, puso en alerta al humano que llamó "pasado" a lo anterior (en alusión geográfica al trayecto y no al tiempo), lo que obligó a dejar atrás pertenencias y volver al camino como todo nómade, debitando el desgaste que tuvimos y acreditando la energía de lo aprendido.

 

El ser humano se ha adaptado a la naturaleza o la ha adaptado a su servicio. El sol al amanecer hirió sus párpados, el gallo cantor lo advirtió cuando estaba en su refugio, el campanario de la Iglesia, cuerno o diana en la batalla, las sirenas del barco y la fábrica, el gong o cu-cu del reloj de pared, la campanilla del a cuerda mecánica, la alarma del reloj-electrónico, la llamada de la operadora telefónica del servicio despertador, del hotel o el sonido de los celulares.

 

Vuelvo a los "Despertadores y timbres, teléfonos" que Eduardo Darnauchans, nuestro querido amigo y compañero del semanario Jaque, cantaba en 1987 en el teatro El Tinglado, junto a la pianista Sylvia Meyer. El punto culminante en aquel escenario fue una muy intimista interpretación de "Demasiado Breve" que nos llegó al alma. "El cuarto donde vivimos siempre es demasiado breve" y "el cuerpo donde vivimos siempre es demasiado breve, porque nada es para siempre" sintetizaban las claves sobre la intimidad y la fugacidad de la pareja.

 

El cuerpo es el pequeño espacio adonde vivimos, con su corto cuarto de hora

plagado de campanas, timbres, alarmas, teléfonos, celulares, Skype y Gphone.

Así nos mantienen en vigilia: vigías de lo visible y vigilantes de lo aún no visible.

¡Despertemos! Posesiones, relaciones y nosotros siempre seremos muy breves.

 

Vuestro amigo,

Carlos Montero



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Carlos Daniel Montero Gaguine cel  (096) 481 931 y (099) 538 673
Corresponsal Mercosur R Nederland y Coordinador Corresponsales R Uruguay
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