Crónicas de Torsos Huérfanos

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9/06/2009

LOS FALSOS AMIGOS, p/C.Montero

LOS FALSOS AMIGOS
por Carlos Montero, domingo 6 de setiembre

Si atiendes, no asistirás a muchas clases en la Alianza Francesa antes de aprender qué son los falsos amigos ("les faux amis").
La metáfora (ese recurso comprensivo y comprensible que sustituye lo no conocido por un término prestado que está comprendido en el campo de tu experiencia) es mucho más útil que su sinónimo "confusables" que te enseñarán en el Instituto Anglo, para aludir a las palabras de otro idioma que se parecen a las de tu lengua pero que tienen un significado absolutamente distinto.
Nos estamos refiriendo a idénticos significantes (parte exterior del signo) que en cada contexto lingüístico tienen significados diversos y hasta opuestos. Por ejemplo, 'to attend' en inglés es el infinitivo de asistir (ir a una conferencia)) y 'to assist' es la versión no conjugada del verbo atender (a otra persona). Exactamente invierte los papeles que sus parecidos en castellano. "Parecido no es lo mismo" ya sabían los antiguos. Incluso para un mismo significado cada idioma utiliza significantes que no sólo tienen un exterior distinto, sino que conllevan un predicable ideológico implícito, que diferencia aquello con lo que culturalmente cargamos a un sustantivo teóricamente sinónimo. "Las palabras no son ingenuas" comprueban los semiólogos. Ejemplifica la ensayista Ivonne Bordelois que los ingleses significan "frase" como "sentence", proyectando que consideran sus afirmaciones como una sentencia -en el sentido de fallo judicial- de conclusión fundamentada y con valor de ley. O sea, que será cumplida.
En 'La Palabra Amenazada' (2003, Zorzal) exhibe cómo meso-sudamericanos, tributarios de la ascendencia ibérica hispano-portuguesa (con su antecedente romano latino-papal más que greco-judío), usamos el término "oración". Así, cuando el latinoamericano medio afirma algo, se trata casi de un ruego, una posibilidad, algo que se desea sea más que lo ya comprobado.
Esta es la vida externa de las palabras que hace que Alma Bolón en 'El Olvido del Lenguaje' (2002, UDELAR) sustente la intraducibilidad plena del sentido de la frase de un idioma en una cultura a la de otro idioma de otra cultura en otro contexto. "Olvida que las 'cosas' no tienen sentido, olvida que el sentido no 'está' en ningún lado, pero que se construye, se produce y se otorga en la práctica discursiva" rompe Alma. Raúl Forlán Lamarque prefería citar a Iggy Pop: "las palabras significan tantas cosas que (al final) no quieren decir nada", que es más 'cool' de citar que la tana Mina con su "Parole, Parole, Parole" (tan solo parole).
O sea que siempre habrá palabras o encadenamientos sintácticos de las mismas (frases) que se parezcan (semánticamente) o sean idénticas en dos culturas o idiomas, pero el sentido restringido (stricto sensu o sensu stricto) puede diverger el sentido de la punta de lanza. Sentido en acepción de significado y en acepción de dirección, que conlleva una jerarquía en la escala de valores.
Es un típico ejemplo el presidente de Paraguay Fernando Lugo. La misma información de los cables internacionales que para unas culturas o grupos sociales predicaría su doble discurso o moral, para otros es culturalmente una violación -si convenimos que las menores no son legalmente responsables-, un abuso de "poder" si tomamos en cuenta que el sacerdote hace en la religión las veces del psicólogo laico (uno re-liga con el Todo y el otro trata de ayudar a recomponer el todo fragmentado por las neurosis y psicosis, como mecanismos de defensa ante los montos de dolor). Otros, sin embargo, en la misma cultura de Lugo con sus códigos, revalorizaron su figura y su poder al reafirmar su cariz viril/machista sobre el del padrecito exhortador. El falo sigue siendo el ADN genómico, inmanente en la representación tradicional o los símbolos del poder (desde un bastón de mando o un obelisco).
¡Ay! Cuidado con los falsos amigos. Esos que se parecen en las palabras a lo que creemos es un amigo, pero que significan otros contenidos con los mismos significantes. Las palabras con las que nos regalan pueden ser como caballos de Troya, que adentro traigan a los enemigos, las semillas de nuestra destrucción y derrota, o sirvan para distraer a los amigos. 
En portugués, el dicho más común con el que nos empantanamos los 'hispano-parlantes' es confundir cuando los brasileños dicen 'a gente' (fonética "a yenchi") creyendo que se refieren a 'la gente'. No. Quieren decir "nosotros". Cuando yo entendía que ella me decía que las personas podían pasear por la avenida Atlántica (la rambla de Rio de Janeiro) resulta que estaba invitando a que "nosotros" paseáramos por la costanera de Copacabana. No entendía el sentido estricto del 'falso amigo' que pronunciaba dicho futuro amor de verdad.
Cuando un británico nos pregunta si queremos agua ("do you want water?") no nos está ofreciendo un inodoro, anglicismo que hemos tomado como préstamo ya incorporado a nuestro habla pues, por analogía, es el proveedor de un chapuzón en cascada que aparte lejos nuestras heces. Una vieja broma alude a un falso amigo fonético cuando el periodista critica a un locutor, ante un compañero, pues al final de cada palabra "se como las eses". ¡Qué asco! contesta su interlocutor, confundiendo la diversa forma de escribir lo que acaba de escuchar.
Mi madre en Sao Paulo asistía a un sermón en la iglesia protestante y un señor negro (no de color pues todos tenemos color) le pide permiso para pasar y sentarse en el mismo banco. "Con licenca" (con permiso) le dice el caballero. "Es suyo" le contesta mi muy uruguaya progenitora. Pero la fórmula que repetimos a diario en el ómnibus provocó pánico al brasileño. Le estaba diciendo que era "sucio". No importa que él haya entendido que el lugar estaba enchastrado o que era un mugriento, se trataba de una interpretación perversa (como se denomina a la no correspondencia entre lo que se entendió y lo que se quiso dar a entender).
Hay falsos amigos, si los habrá. Esta es la esencia del complejo comunicacional: que lo que decodifica el público se parezca en algo al mensaje que codificamos. Aunque cada miembro del público es el que completa no sólo con la interpretación, sino con su contexto previo, la misma información que proporcionamos. Los orientales gritamos "¡guarda!" cuando queremos advertir a un amigo que tenga cuidado. Pero la mayoría ni sabe que lo que está repitiendo es un término del italiano (que significa "¡mira!" en el sentido de "¡presta atención!") que es la primera persona del singular del imperativo del verbo "guardare" (observar).
Escribo estas líneas mientras escucho la canción "Comida" de Marisa Monte, casi un blues desgarrado de esta dama 'engrasada' (por graciosa y no por mecánica) con toda la MPB (Música Popular Brasileña) en las espaldas quien, cuando canta que "La gente no sólo quiere comida", debe traducírsela como que "nosotros no sólo queremos comida" o bebida o dinero.
"A gente", ese falso amigo en brasileño para los uruguayos, es la primera persona inclusiva del plural, de cuya "necesidad, querer, deseo" entona esta carioca. "Bebida es agua, comida es pasto" sintetiza, antes de retarte con: "¿tú tienes sed y hambre de qué?La gente no sólo quiere/Nosotros no sólo queremos
comida,
la gente quiere comida, diversión y arte
La gente no sólo quiere/Nosotros no sólo queremos
comida,sino salida para cualquier parte
La gente no sólo quiere/Nosotros no sólo queremos
comida, sino bebida, diversión,
La gente no sólo quiere/Nosotros no sólo queremos
comida, sino vida compartida
La gente no sólo quiere/Nosotros no sólo queremos
comer,
sino comer y hacer el amor
La gente no sólo quiere/Nosotros no sólo queremos
comer, sino placer para eliminar el dolor
La gente no sólo quiere/Nosotros no sólo queremos
dinero, sino dinero y felicidad
Bebida es agua, comida es pasto: ¿Tú tienes sed y hambre de qué?
Quien crea que con comida, bebida y dinero tendrá nuestro voto, amor, amistad, obediencia o nuestra conciencia, tiene un muy pobre concepto del término "la gente" sea en portugués o "nosotros" en castellano. Al momento de la distensión del fin de semana -tras semanas tan stressantes vividas con las internas y antes de las que esperan hasta las elecciones nacionales- vale la pena (o la felicidad) detenerse a pensar y contestarse esta pregunta de Marisa, aunque más no sea sino de a partes... o de a poco.
Sometidos a tal bombardeo de piezas publicitarias y discursos a la corrida -entre cada parada de los candidatos en gira por el país o en caravana por la rambla este domingo- se impone tomarse un rato para reflexionar sobre las confusiones involuntarias con las palabras, sobre la palabra ambigua que busca decididamente confundir las ideas u ocultar la pobreza de las mismas.
Y asimismo (¿por qué no?) reparar en la cuestión profunda -que motiva por debajo estas líneas- que es la confusión entre los falsos amigos con los que lo son de verdad, resultado muchas veces de creer que el amigo se revela sólo en las palabras y no valorar cuando actúa en silencio, sin decirnos por prudencia -o para no abrir expectativas- que está tratando de ayudar. Hay amigos silenciosos y los hay habladores, pero que también saben guardar silencio, cuando es en beneficio del otro o cuando difundir lo que hace por los demás puede traer perjuicios o aportaría armas en favor de quien quisiera perjudicar el buen objetivo. Alguna vez no supe reconocer esas señales de amistad y en otras no supieron valorarlas cuando actué así. La categoría "falso amigo" puede abordarse sólo en su sentido linguístico, semiótico y de traducción, o también convertirse en una escena dentro de la escena, donde el "falso amigo" aluda sin ambigüedades a la apariencia que simula serlo, reales compañeros/as pero falsos/as amigo/as. Por eso es preferible un enemigo verdadero que un amigo falso. Con el primero, al menos, sabes con quien te manejas.
Aunque sin el riesgo de la confusión jamás comprobaríamos -como lo haremos a la corta o a la larga- quiénes son los amigos de verdad, por cuya existencia y felicidad el mundo se transforma en un lugar mejor. Con diferente acepción, podríamos decir que se trata de "creer o reventar". Necesitamos creer que el que está al lado, está efectivamente al lado y no enfrente. Una amistad se cultiva en la continuidad, que permite darle carta de crédito al comportamiento del otro en honor a la confianza que el tiempo permitió comprobar. Es presuponer que, por alguna razón fundada, el otro actuó como actuó, lo que no significa confundir amistad con incondicionalidad obsecuente, amiguismo cómplice o hermandad del silencio cuyo paradigma es "hoy por tí, mañana por mi".
Como en toda relación, puede haber silencios o "apagones", pero un verdadero amigo siempre estará en "stand-by", no como el FMI (está claro) sino en el sentido de ese himno a la amistad que el colorado de 'Simply Red' sabe entonar como 'Stand by me' (no parate sino "mantenete firme junto a mi") aún si debieras gritarme "¡Guarda!", advirtiéndome cuando creas que corresponda mostrarme -como espejo elegido que el amigo es- que debo cuidarme de cometer un error propio o exponerme a riesgo ajeno. 
Aún necesitamos darle crédito al Otro (y a la Otra). Hacer de la solidaridad no sólo un discurso dirigido a la Humanidad -inexistente en abstracto- sino una concreción diaria en hechos hacia el ser humano en concreto (sea lejano o cercano, desconocido o amigo). Debiera ser el pan cotidiano -nuestra comida- en un oficio de muchas palabras y algún falso/a amigo/a.
 
Vuestro amigo,
Carlos Montero


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Carlos Daniel Montero Gaguine
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