Crónicas de Torsos Huérfanos

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2/14/2009

Feliz Día de los enamorados… de alguien, de una función o de la vida

Feliz Día de los enamorados…
de alguien, de una función o de la vida

(a seis años del regreso, 14 de febrero de 2003-2009)

 

Introducción breve, antes de volver a la arena, al sol y el volley:

 

La mitad de las vacaciones de febrero ha pasado y la bisagra –como estaba prevista- fue la llegada desde Holanda por dos días de uno de mis editores-jefe de Radio Nederland, para quien produje uno de los programas (el que toca a Uruguay) sobre el Año de la Reconciliación, postulado por Naciones Unidas para el presente ejercicio.

 

Re-conciliarse es volver a conciliar con el Otro y con uno mismo… o sea con la Humanidad y con la vida. Decía Albert Einsten -con la síntesis de las fórmulas de los físicos- que "estamos para los demás" (Mi Visión del Mundo) y el sociólogo francés Pierre Bourdieu iba más allá (La lección de la lección) al enseñar en el College de France (1982) que el hombre en sí mismo no tiene sentido, sino que la función es la que le justifica por los demás y para si mismo… aunque mas no sea una ilusión, que cada cual puede encontrar en una vocación con la que pretende servir al prójimo, o amando a un prójimo concreto (el amor nos completa y nos reconecta con la vida) o los que mucho más lejos (de nosotros viles mortales) llegan a apartarse de todo para servir a la Humanidad (el sacrificio  de una Madame Curie por el avance de la Ciencia o de tantos otros según la filosofía, ideología o religión que tú prefieras recorrer).

 

Ayer con nuestro editor,  tras hablar con periodistas, con abogados militantes de los derechos humanos y con miembros del generalato, terminamos nuestra cobertura en un geriátrico del Prado de  Montevideo, donde con una dignidad conmovedora, pero que en nada lleva a la compasión sino a ampliar el respeto, vive sus 91 años María Esther Gatti de Islas, una de las abuelas y madre de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Uruguay. Aceptó recibirnos sin mayores formulismos, nos paseó por su jardín frente al Museo Blanes, nos presentó a sus compañeros de lo que algunos llaman ya "la cuarta edad", nos abrió la llave de la biblioteca, cuyos tomos viene encuadernando y numerando para servir a toda la comunidad del barrio. Se sentó en un hamaca a contarnos de su época de maestra y lo que los niños decían de su mirada cuando se enojaba, de esos ojos que se me ocurren penetrantes y que son, sin duda, hermosísimos. A paso lento, orgullosa para caminar sin dejarse apoyar, acepta al menos la ayuda para incorporarse del asiento.

 

Fue total conexión con mi compañero de tareas. Ese final nos llegó profundamente y ese amor a la vida, a los otros, a esa nieta que viene a verla de Buenos Aires con sus tres bisnietos, es de una enamorada, que nos confiesa –ya fuera de grabación- que lo único que le podría quedar como motivo para seguir viviendo, con la buena salud que exhibe, es saber cuál es la verdad del destino de sus amados "desaparecidos". Amar no quita calificar de "cerdos" a los autores de cualquier barbarie, pero incluso nos ejemplificó lo que para ella serían actos que podrían demostrar voluntad de reconciliación política de las diversas partes de una sociedad, cada vez más fragmentada en lo económico.

 

Ello no quita su necesidad de verdad ni garantiza su perdón, pero jamás venganza: ella sólo tiene amor en sus ojos y es a quien quiero dedicar este viejo texto -en el día de los enamorados- sea que cada uno lo sienta dirigido a una persona que represente el amor que nos complete, por una vocación que cumpla una función social o simplemente honrar la vida, siendo biófilo, lo que no significa caer en el buenismo, pues también Jesús echó a los mercaderes a latigazos cuando profanaron el recinto sagrado: hoy el espacio más sacro es el del cuerpo y la vida social con dignidad.

 

Un abrazo a todos y va este artículo de la época anterior a la web, ya que vengo de la era del plomo (en periodismo y política, pues empecé en 1978) e intento también traducir -con las escasas herramientas de nuestra profesión- el amor por la Humanidad y, cuando me dejan, demostrárselo a los seres en concreto, sean mis amigos o no

 

Con cariño de

Carlos,

en idilio (desde la orilla) con mi río ancho como mar,

adonde volví –tras una década afuera- hace hoy exactamente seis años,

en otro Día de los Enamorados, el 14 de febrero de 2003.

 

ALGO QUE DECIR QUE

NO SEA SOLO PALABRAS

Por Carlos Montero (*)

 

 

                   Quisiera escribir los versos más tristes esta noche... pero parece que alguien los ha escrito antes (y mejor). Decir que las cosas no pasan en la vida real como en las películas (aunque la vida real también puede ser de mentira). En las proyecciones de celuloide cuando el muchachito se siente (y está) solo (y lejos) aparece de pronto, como por arte (séptimo) de magia, el amor de su vida para rescatarlo (de la depresión).

         Y uno con tantas entradas malgastadas, tantas matinées, incontables horas de tevé (y sábados de cine), con cuánto video de mala calidad encima decide esperar el momento (porque tiene que llegar, debería estar en algún libreto que no hemos leído) para el reencuentro. Porque ella (o él para ellas), como en los films, finalmente entiende todo lo que la (lo) queremos y decide venir a nuestros brazos en el preciso instante en que adentro de nuestro balero todo está a punto de irse al...caramba. Y qué más da los malos momentos vividos. Entonces todo valió.

 

ENTRE LAGRIMAS Y EUFORIA

 

         Es como decía aquella rica polaca cuasi volteada por vahídos alcohólicos durante una guitarreada trasnoche en la Rural del Prado. Mientras sonaba el clásico "viejo barrio que te vas" y los frugales comensales volvían a cantar por enésima vez en sus vidas lo del "viejo murallón" anclados en un pasdo que no vivieron pero consagra sus expectativas reaccionarias (léase retrógradas), ella gritaba "¡mentira!" a los cuatro vientos. No es verdad eso que el tamboril se olvida y la miseria no, decía tambaleándose. "La miseria se olvida" estampó para mi futuro, "lo que no se olvida es el dinero, el haber tenido dinero".

         Siguiendo la misma lógica, el haber estado solo fácilmente puede perderse del recuerdo cuando llega aquella persona que nos completa. No una compañía cualquiera sino esa compañía que realiza nuestra necesidad de recibir y (nos motiva a) dar afecto. Lo que no se olvida es haber sido amado (y ya no serlo) por aquel ser – objeto – de – nuestra  – atención que ya no está, se fue obligado, o se alejó voluntariamente, o ya no nos ama más, o nunca nos amó, o no sabemos que pasó. El sentimiento se mantendrá (sublimado en odio o no) hasta que comprobemos que no valió nuestra dedicación.

         Podría escribir los versos más infames esta noche. Esos que nos creímos. Esas mentiras de las que nos convencieron/convencimos. Nunca pensamos que ella fuera mozuela (ni se lo reclamamos) o usted que él fuera un príncipe azul, pero tampoco esperamos caer como 'mozuelos' ni que fuera un yeti. No pasa como en las películas: soledad significativa, compartida, masificada, donde se encuentra con la solidaridad(y a veces hasta el llanto) del espectador. Comprensión mediatizada.

         Se trata de un vacío sin atenuantes, ignorado, de aquel tedio vital que nadie le podrá contar(ni sacar) con eficiencia suficiente, sino que hay que vivir para conocerlo, cruza de toalla boxística en vuelo y grito ahogado(lengua mordida). Ella no nos acompañara ya (otra vez) al río. No piensa en nosotros siquiera para contentar su conciencia. Resta ese espacio (significante insignificante) atroz del boquete interior que queda al que amó y aún ama sin correspondencia (en sus dos acepciones). Muy cursi, digno de un cuaderno adolescente, pero común cual número de puertas por medio tiene la ciudad y tranqueras el campo.

 

TODO A PULMON

 

         Esto temas (los verdaderamente graves, los de todos los días) nunca merecen una columna bien ubicada en los diarios (a pesar de que son cotidianos). ¿Nos preguntamos a veces de qué vale lo que informamos cuando no tenemos clara conciencia de la circunstancia existencial de quién mira (y decodifica) día a día ese borrón conformado por líneas (e imágenes) impresas sobre papel que es un periódico?

         Corremos el peligro de que ese consumo voraz de vidas, en que los

medios electrónicos de difusión colectiva de mensajes se han convertido,

termine comiéndonos a nosotros. Corremos el peligro de transmitir tantas

veces el dolor, de pasar tantas veces junto a la miseria, de gastar el ojo frente a

tanta ruindad, que al final no nos conmovamos ante la vida, no nos

emocionemos ante lo cálido, no valoremos lo sustancial en un mundo poblado de superficialidades, de exterioridades, en definitiva de imágenes incomprobables.

         Con el tiempo, corremos el peligro de no reconocernos. Como en la "Alegoría de la caverna" de Platón, las ideas se desvanecen y apenas son sombras deformadas que captamos mediante su reflejo en la pared opuesta. Los reconocimientos y "honras" los reciben apenas los "sabios" que pueden prever, entre tanta incertidumbre, cuál será el siguiente paso de la sombra en el fondo de la cueva. Mientras que no decidamos desatarnos de los esquemas periodísticos heredados, aceptados sin beneficio de inventario (por comodidad), obsecuencia o temor a lo nuevo, nunca sentiremos ese lacerante pero redentor dolor que provoca mirar la luz de frente. Duele y humilla cual un espejo que obvia las apariencias. Como dijera un reverendo norteamericano, citando una de sus cientos de ilustraciones archivadas para aprovechar según venga el tema, "usted no es lo piensa que es: usted es lo que piensa". ¿Quién nos servirá de espejo?

         En el punto de hacer, muchas veces se pierde perspectiva para observar lo hecho. Más serio aún cuando el destino del error, más allá del amor propio que cada cual se tenga, es un tercero que quizás nunca sepa – o tenga otra oportunidad para saber – que lo dicho no era como fue. Pero no es lo principalmente peligroso. Aun con el cariño a la veracidad, por legitimadora, el peligro camina por los pretiles imprecisos del criterio. Esa sensación muy de adentro, ese cuestionamiento indispensable del no–chanta que desea saber si está sirviendo, si está llegando al otro que piensa comprar dicho papel impreso. Esa íntima convicción de que quizás el ser humano (no el promedial que no existe, sino el concreto) de carne no encuentre las realidades que le apremian o le atormentan o lo elevan entre los pliegos que abre. Es la necesidad de evitar aquello que suicidó a todas las manifestaciones culturales que se desprendieron del derrotero de la sociedad a la cual teóricamente se dirigían.

El arte como placer estético en sí mismo, aun para la solitaria realización sin voluntad explícita de difundir lo realizado, es comprensible. Un periódico, definido su público y criterio, no puede darse ese lujo. Es un servicio público no estatal: se debe al contribuyente.

         Muchas veces esos trabajados/trabajosos trazos que llamamos letras, palabras, frases y párrafos: esas genialidades de la investigación o el "neoperiodismo", pueden no servir más que para envolver basura o tornarse valiosos si de secar un piso se trata.

         Tanta sangre y sudor mezclado con la tinta.

 

         P.D. Los títulos pertenecen a Alejandro Lerner

 

(*) Publicado en el diario LA REPUBLICA, el 1 de noviembre de 1992, al pasar de Secretario de Información a Subsecretario de Redacción



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Carlos Daniel Montero Gaguine
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