Crónicas de Torsos Huérfanos

Crónicas de Torsos Huérfanos
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12/07/2007

Carlos Montero en revista RELACIONES de NOVIEMBRE (sobre Premio Nobel) y edición DICIEMBRE (en INDICE ANUAL con 5 artículos)

Carlos Montero en revista RELACIONES de NOVIEMBRE (sobre Premio Nobel)
y edición DICIEMBRE (en INDICE ANUAL con 5 artículos)

 

- Carlos Montero en revista RELACIONES de noviembre, pág. 29.

sobre Premio Nobel de Literatura 2007, Doris Lessing (ver abajo)

 

-Indice Anual de la revista académica RELACIONES acaba de salir con la edición DICIEMBRE

para quienes deseen recuperar temas o autores que se hayan perdido durante 2007 

Extractamos y detallamos a continuación nuestros reportes o crónicas de los últimos doce meses.

Aquí van:

 

-Edición NOVIEMBRE: Doris Day, Doris May (sobre Nobel 2007)

-Edición OCTUBRE: Cuando el clima se caldea (sobre el Tsunami)

-Edición JULIO: Villa Pánico, de polis a teratópolis (sobre Paul Virilio)

-Edición JUNIO: Huyendo del amor que mata (sobre violencia doméstica)

-Edición DICIEMBRE 2006: De Pulgarcito o enano protestón (sobre rol regional de Uruguay)

 

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FEMINISTA ANTI-RACISMO gana NOBEL 2007 de LITERATURA

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Doris Lessing vive su día de reconocimiento tras 87 años de lucha

 

DORIS DAY, DORIS MAY

 

-Lea su discurso sobre el 11-S cuando ganó Príncipe de Asturias 2001

 

Por Carlos Montero

 

Hace años que aguardo a las 9 AM Atlántico (el año pasado fue 8 AM) para conocer al ganador del Nobel de Literatura. Utilizo el sustantivo en masculino pues, desde que se otorga en 1901, hay menos de un 10% de probabilidad que gane una mujer. Sólo diez lo han hecho en un siglo largo hasta hoy, en que la británica Doris Lessing (87) –nacida como Doris May Taylor- completó el equipo que integra la chilena Gabriela Mistral (1945), mitad de las cuales recién fueron electas desde los 90 como la sudafricana Nadine Gordimer (1991), la afroestadounidense Toni Morrison (1993), la polaca Wislawa Szymborska (1996) y la austríaca Elfriede Jelinek (2004).

 

¿Invisibilidad? Usted analice y concluya pero -para quien profesa la fiera independencia, aún del lenguaje políticamente correcto de las ONGs- confieso que no me hubiera sentido culpable si ganaba el mexicano Carlos Fuentes, mi preferido este año por repensar la historia de América Latina desde el ensayo, la ficción y pues no sabemos si tendrá más oportunidades. El año pasado lo deseaba para el querido maestro del reportaje Ryszard Kapuscinski, quien llevó la crónica periodística con poética fragmentaria al status de literatura, pero la Academia prefirió al mucho más joven turco Orhan Pamuk quien –más allá de su merecimiento- era funcional al interés de difundir una crítica lúcida a un gobierno que mayoría de europeos desea trabar su ingreso a la UE. Kapuscinski, con quien pudimos estudiar antes que ganara un año más tarde el premio Príncipe de Asturias 2003, falleció en enero último, y ya no podrá recibir la distinción, que tampoco recibieron ni Borges, ni Joyce, ni Proust. Tampoco Cervantes ni Shakespeare (me dirá que el Nobel no existía), pero tampoco habría existido el autor de Macbeth admite ahora hasta la directiva del teatro londinense The Globe (1599). El punto es que ni Moisés, ni Marx, ni el 'manco de Lepanto' ni el misterioso escondido tras William, jamás necesitaron el Nobel para ser tan leídos.

 

En las afueras de Londres, Lessing cumplirá 88 años el próximo 22 de octubre. También ella merece el Nobel del que era aspirante hace rato y ganó el premio Príncipe de Asturias en 2001, a pocas semanas de los atentados del 11-S, lo que redirigió el final de su discurso (que se reproduce abajo) a los nuevos dilemas sobre la convivencia de personas pertenecientes a diversas civilizaciones en igual espacio geográfico, en honor al   pasado de quien condenó el racismo en gobiernos de Africa, adonde vivió luego de haber nacido en 1919 en Kermanshah (territorio de la actual Irán ocupado por británicos) de padres británicos y antes de llegar a su madre patria en 1937, donde militaría como feminista y comunista, partido del cual se aparte cuando la ex URSS invade Hungría en 1956.

 

Supongo que en víspera del 10 de diciembre la limousine se detendrá con ella ante el Gran Hotel, donde duermen los ganadores la noche antes de recibir el Nobel de Literatura de manos del rey. Queda frente al partidor, donde abordamos el barco para surcar entre catorce islas que los puentes transforman en la capital sueca. Le pido a un turista que me saque una foto y él apunta hacia el fondo con agua. "No, tómeme la foto con el hotel atrás" digo para su sorpresa: "es que no me quiero olvidar adonde tengo que venir el día que me llamen". El yankee lloraba de la risa. No le aclaré si lo decía en serio. En sus fundamentos este jueves, la Academia Sueca (vea LINK a nuestro informe de dic/2004 desde Stockolmo entrevistando a la máxima autoridad de la Fundación Nobel, semanario Crónicas Económicas, La Síntesis Económica Mercosur y el portal asunceño VivaParaguay.com en http://www.vivaparaguay.com/modules/news/print.php?storyid=16702 ) dice que la autora hace "épica la experiencia femenina, y con escepticismo, fuego y poder visionario ha sometido al escrutinio a una civilización dividida". Y así como Kapuscinski evocaba su paso por el continente africano en "Ebano", desde 1950 Lessing le rinde homenaje en 'The Grass is singing' o la serie "African histories" (1964), además de manifiestos anti-apartheid ("Regreso a casa", 1957) que le valieron la prohibición de viajar a Sudáfrica o Zimbabwe (ex Rhodesia).

 

Quien quiera saber más de su vida tiene dos libros autobiográficos de este nuevo siglo ("Dentro de mí" y "Un paseo por la sombra"), tras unos cuarenta libros que este mismo año sumaron a "La hendidura" (2007). Su feminismo desborda en 'The golden notebook' (1962), en forma de diario personal de una escritora muy leída, recurso al que retorna bajo seudónimo en 'Diario de una buena vecina' (1984). Los cinco tomos de "Niños de la violencia", su primera serie (1952/1969) muestra su compromiso con reflejar la realidad social mediante su literatura, llegando hasta el extremo de la violencia en "The good terrorist" (1985) sobre guerrilleros o sobre terroristas de Estado ("El día en que murió Stalin", 2001). Por eso buscamos esta mañana, en que se anunció su premiación, el website del Premio Príncipe de Asturias para rescatar su discurso de 2001, reflejo de su defensa humanista contra la educación superespecializada fragmentaria y reflexión prospectiva sobre el futuro, a partir de atentados que impactaron en las certezas imaginarias del siglo que acabábamos de dejar atrás.

 

Abajo del discurso de Lessing va nuestra crónica en la Fundación Nobel

Abrazos de su amigo,

Carlos Montero

 

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DISCURSO AL RECIBIR EL PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS

 

Doris Lessing:

 

"Érase una vez un tiempo -y parece muy lejano ya- en el que existía una figura respetada, la persona culta. Él -solía ser él, pero con el tiempo pasó a ser cada vez más ella- recibía una educación que difería poco de un país a otro -me refiero por supuesto a Europa- pero que era muy distinta a lo que conocemos hoy. William Hazlitt, nuestro gran ensayista, fue a una escuela a finales del siglo XVIII cuyo plan de estudios era cuatro veces más completo que el de una escuela equiparable de ahora: una amalgama de los principios básicos de la lengua, el derecho, el arte, la religión y las matemáticas. Se daba por sentado que esta educación, ya de por sí densa y profunda, sólo era una faceta del desarrollo personal, ya que los alumnos tenían la obligación de leer, y así lo hacían.

 

Este tipo de educación, la educación humanista, está desapareciendo. Cada vez más los gobiernos -entre ellos el británico- animan a los ciudadanos a adquirir conocimientos profesionales, mientras no se considera útil para la sociedad moderna la educación entendida como el desarrollo integral de la persona.

 

La educación de antaño habría contemplado la literatura e historia griegas y latinas, y la Biblia, como la base para todo lo demás. Él -o ella- leía a los clásicos de su propio país, tal vez a uno o dos de Asia, y a los más conocidos escritores de otros países europeos, a Goethe, a Shakespeare, a Cervantes, a los grandes rusos, a Rousseau. Una persona culta de Argentina se reunía con alguien similar de España, uno de San Petersburgo se reunía con su homólogo en Noruega, un viajero de Francia pasaba tiempo con otro de Gran Bretaña y se comprendían, compartían una cultura, podían referirse a los mismos libros, obras de teatro, poemas, cuadros, que formaban un entramado de referencias e informaciones que eran como la historia compartida de lo mejor que la mente humana había pensado, dicho y escrito.

 

Esto ya no existe.

 

El griego y el latín están desapareciendo. En muchos países la Biblia y la religión ya no se estudian. A una chica que conozco la llevaron a París para ampliar sus miras -que falta le hacía- y aunque destacaba en sus estudios, confesó que nunca había oído hablar de católicos y protestantes, que no sabía nada de la historia del Cristianismo ni de cualquier otra religión. La llevaron a oír misa a Nôtre Dame, le dijeron que esta ceremonia era desde hacía siglos base de la cultura europea, y que debería por lo menos saber algo de ello, y ella lo presenció todo obedientemente, tal y como presenciaría una ceremonia de té japonesa, y luego preguntó: "¿Entonces, estas personas son una especie de caníbales?". En esto ha quedado lo que parece perdurable.

 

Hay un nuevo tipo de persona culta, que pasa por el colegio y la universidad durante veinte, veinticinco años, que sabe todo sobre una materia -la informática, el derecho, la economía, la política- pero que no sabe nada de otras cosas, nada de literatura, arte, historia, y quizá se le oiga preguntar: "Pero, entonces, ¿qué fue el Renacimiento?" o "¿Qué fue la Revolución Francesa?"

 

Hasta hace cincuenta años a alguien así se le habría considerado un bárbaro. Haber recibido una educación sin nada de la antigua base humanista: imposible. Llamarse culto sin un fondo de lectura: imposible.

 

Durante siglos se respetaron y se apreciaron la lectura, los libros, la cultura literaria. La lectura era -y sigue siendo en lo que llamamos el Tercer Mundo-, una especie de educación paralela, que todo el mundo poseía o aspiraba a poseer. Les leían a las monjas y monjes en sus conventos y monasterios, a los aristócratas durante la comida, a las mujeres en los telares o mientras hacían costura, y la gente humilde, aunque sólo dispusiera de una Biblia, respetaba a los que leían. En Gran Bretaña, hasta hace poco, los sindicatos y movimientos obreros luchaban por tener bibliotecas, y quizás el mejor ejemplo del omnipresente amor a la lectura es el de los trabajadores de las fábricas de tabaco y cigarros de Cuba, cuyos sindicatos exigían que se leyera a los trabajadores mientras realizaban su labor. Los mismos trabajadores escogían los textos, e incluían la política y la historia, las novelas y la poesía. Uno de sus libros favoritos era El Conde de Montecristo. Un grupo de trabajadores escribió a Dumas pidiendo permiso para emplear el nombre de su héroe en uno de los cigarros.

 

Tal vez no haga falta insistir en esta idea a ninguno de los aquí presentes, pero sí creo que no hemos comprendido todavía que vivimos en una cultura que rápidamente se está fragmentando. Quedan parcelas de la excelencia de antaño en alguna universidad, alguna escuela, en el aula de algún profesor anticuado enamorado de los libros, quizás en algún periódico o revista. Pero ha desaparecido la cultura que una vez unió a Europa y sus vástagos de Ultramar.

 

Podemos hacernos una idea de la rapidez con la cual las culturas son capaces de cambiar observando cómo cambian los idiomas. El inglés que se habla en los Estados Unidos o en las Antillas no es el inglés de Inglaterra. El español no es el mismo en Argentina o en España. El portugués de Brasil no es el portugués de Portugal. El italiano, el español, el francés surgieron del latín, pero no en miles sino en cientos de años. Hace muy poco tiempo que desapareció el mundo romano, dejando tras de sí el legado de nuestras lenguas.

 

Representa una pequeña ironía de la situación actual que gran parte de la crítica a la cultura antigua se hiciera en nombre del elitismo; sin embargo, lo que ocurre es que en todas partes existen cotos, pequeños grupos de lectores de antaño, y resulta fácil imaginar a uno de los nuevos bárbaros entrando por casualidad en una biblioteca de las de antes, con toda su riqueza y variedad, y dándose cuenta de pronto de todo lo que se ha perdido, de todo de lo que -él o ella- ha sido privado.

 

Así pues, ¿qué va a pasar ahora en este mundo de cambios tumultuosos? Creo que todos nos estamos abrochando los cinturones y preparándonos.

 

Escribí lo que acabo de leer antes de los acontecimientos del 11 de septiembre. Nos espera una guerra, parece ser que una guerra larga, que por su misma naturaleza no puede tener un final fácil. Sin embargo, todos sabemos que los enemigos intercambian algo más que balas e insultos. En España quizás sepan esto mejor que nadie. Cuando me siento pesimista por la situación del mundo, a menudo pienso en aquella época, aquí en España, a principios de la Edad Media, en Córdoba, en Granada, en Toledo, en otras ciudades del sur, donde cristianos, musulmanes y judíos convivían en armonía; poetas, músicos, escritores, sabios, todos juntos, admirándose los unos a los otros, ayudándose mutuamente. Duró tres siglos. Esta maravillosa cultura duró tres siglos. ¿Se ha visto algo parecido en el mundo? Lo que ha sido puede volver a ser.

 

Creo que la persona culta del futuro tendrá una base mucho más amplia de lo que podemos imaginar ahora".

 

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