Crónicas de Torsos Huérfanos

Crónicas de Torsos Huérfanos
Haga CLIC en la arena y verá online "Amor a toda Costa: CRONICAS DE TORSOS HUERFANOS" (lea lo escrito en la arena, antes que el agua lo borre de la orilla, como a su autor)

8/09/2007

Uruguay reticente a comerciar con canasta regional de monedas

Uruguay reticente a comerciar con canasta regional de monedas,
p/Carlos Montero, en revista argentina MERCADO de julio,

Uruguay reticente a comerciar con canasta regional de monedas,
p/Carlos Montero, en revista argentina MERCADO de julio,
copia del website que pueden consultar diariamente en www.mercado.com.ar

“Ni Argentina ni Uruguay están deseosos de usar el tipo de cambio como instrumento antiinflacionario, porque el resultado de hacerlo ya lo conocimos en los 90 y nadie está dispuesto a repetirlo” aseguró el presidente del Banco Central del Uruguay, economista Walter Cancela, quien estimó que ambos gobiernos dejaron el ancla cambiaria para pasar al ancla monetaria -más prudente en emisión de agregados y gasto fiscal por su efecto sobre precios- con el fin de llegar al ancla financiera, donde se transparente el sentido de la economía por el lado de las tasas. Pero los precios igual se mueven. La autoridad bancocentralista oriental describe, en entrevista exclusiva con MERCADO, la lentitud para coordinar políticas macro de la región y no se entusiasma con el Instituto Monetario del Mercosur, dado que ve lejos una serpiente monetaria que pueda llevar a una hipotética moneda única del bloque. Cancela fundamenta que su comercio regional no es consistente con una canasta peso-real, pues en “Uruguay no hay nadie que opere en pesos argentinos o reales en los mercados financieros”.



por Carlos Montero



-¿Por qué se atrasó la prometida coordinación macroeconómica en Mercosur?

-La necesidad de coordinar políticas a efectos de manejar con consensos los ciclos de la economía en América Latina, y aún en el Mercosur, tropieza con que los ciclos de las distintas economías nacionales no son iguales. Eso hace que las respuestas macroeconómicas tengan que ser diferentes. Estamos en una etapa en la cual existe mucha más información en cada país sobre las políticas que desarrollan los restantes. Eso permite -sobre todo a los países más pequeños como Uruguay y Paraguay- tener mayor información al diseñar políticas que siempre se ven influidas por las de los países más grandes de la región. El incentivo para coordinarlas proviene de los desalineamientos que pueden producir, en una región muy integrada del punto de vista económico, políticas que no tengan que ver unas con las otras. Así fue en la Comunidad Europea que arrancó con el carbón y el acero, pero aún no todos participan en la zona Euro pese a ser la UE un área cuyos ciclos económicos son paralelos.



-¿Será útil concertar de nuevo en Mercosur un rango de metas anuales de inflación, emisión monetaria, déficit primario y fiscal (incluyendo pago de deuda externa) –a imagen de la UE donde incumplieron Francia y Alemania- si no hay criterios comunes armonizados para calcular dichos indicadores?

-Hay problemas estadísticos y operativos. Existe teóricamente un set de indicadores que se puso como aspiración alcanzar por los países del Mercosur en deuda pública, resultado fiscal e inflación, pero que no tienen operatividad práctica. Sin embargo, en el conjunto de países, se ve una convergencia hacia niveles de inflación más bajos cercanos a un dígito –todavía altos pero de orden internacional- en países habituados a inflaciones de dos y tres dígitos. Avanzamos a una disciplina fiscal que lleva a no generar desequilibrios importantes en las cuentas públicas, pero el problema de converger hacia indicadores comunes es igual al de coordinación macro. No hay convergencia de ciclos económicos y tampoco instituciones supranacionales -como en UE- con capacidad de imponerse sobre los Estados para llevarla adelante. El camino desde 1970, de las monedas nacionales a la moneda única, fue muy accidentado y recién se concreta 30 años después, pasando por las vicisitudes de la serpiente monetaria y después que el sistema monetario europeo sufrió una crisis importante en 1997. Ninguno de estos procesos es lineal, no hay números mágicos que sean capaces de disciplinar las fuerzas de la economía que dependen de lo que la gente decide cuando tiene que gastar su dinero.



-De nada sirve consensuar metas si los institutos de estadística no coinciden en cómo definir y calcular cada indicador. ¿En qué horizonte lo hará la región?

-Si es difícil en cada país hallar el indicador apropiado para cada variable económica, mucho más lo es armonizar. No es igual la canasta de Argentina que la de Brasil si hablamos de construir un índice de precios al consumo, como tampoco es lo mismo construirlo dentro de Brasil, con canastas diferentes entre Rio Grande do Sul o Ceará. En el corto plazo, los precios pueden andar por sendas bien diferentes, aunque una medida de inflación debe ser útil para hacer el monitoreo de las monedas en el largo plazo. Los índices son convergentes y hay esfuerzos de cooperación en la región, del grupo de monitoreo macroeconómico del Mercosur y en los programas de CEPAL de cooperación internacional. Los países están avanzando en tener indicadores comparables de modo de saber de qué se está hablando al mencionar un índice de precios en Argentina, Brasil, Paraguay o Uruguay.



-Pese a ciclos diversos, hubo devaluación brasileña en 1999 y de Argentina, Paraguay y Uruguay en 2002. Tras el rebote, sigue una expansión regional del PBI que en 2007 proyecta 9% anual en Argentina, 4% Brasil, 4,5% Paraguay y 5,25% Uruguay. ¿Los bancos centrales tratan en sus citas cómo sostener el crecimiento común sin inflar precios como olfatean argentinos y uruguayos?

-Es preocupación permanente de los bancos centrales dedicados a preservar el valor de las monedas y de hacerlo sin perjudicar posibilidades de crecimiento. Ya no podemos hablar de rebote. Ya pasó y las economías del Mercosur están en fase de crecimiento, apoyada en el ciclo de alza de precios internacionales, que afecta en forma diferencial. No es igual el efecto que recibe Argentina de esa tendencia que el de Uruguay. Argentina asiste a términos de intercambio positivos y Uruguay a un proceso de términos de intercambio negativos: los precios de lo que importa suben más de los que exporta. Argentina y Brasil están teniendo cuentas corrientes superavitarias y Uruguay deficitaria, pero no hay las mismas razones para explicar el crecimiento en uno u otro país. Detrás de cada variable hay escondida una serie de factores que operan diversamente. Por lo que vemos en estas reuniones, todos los países están preocupados en mantener las fuentes de crecimiento andando, de aprovechar este período de bonanza para generar seguros frente a posibles reversiones de tendencias en factores internacionales positivos –como la alta liquidez en los mercados- y generando las condiciones, de capital físico y humano, para sostener en forma duradera el crecimiento. En los bancos centrales se trata de manejar la política monetaria para que estas presiones de crecimiento no excedan la posibilidad de crecer. Si el crecimiento del gasto, por el consumo de personas e inversión, va más allá de la posibilidad de las economías de absorberlos, puede generar presiones sobre los precios que anulen las virtudes del crecimiento real.



-¿Ve algún paralelo del empuje en precios internos de Argentina y Uruguay?

-Por lo que hemos hablado con nuestros colegas argentinos, del Banco Central de (la República) Argentina, la política monetaria la están llevando de forma muy disciplinada. Hay un esfuerzo del BCRA para mantener sus metas de agregados dentro de los parámetros anunciados, y lo están logrando. Argentina como Uruguay están recibiendo el impacto de precios internacionales que se internan en la economía porque el tipo de cambio no se aprecia lo suficiente como para neutralizar ese aumento de precios. Si la carne, el trigo o la soja suben 10% y el tipo de cambio se mantiene igual, los precios internos de esos productos subirán 10%. Ello se reflejará en los precios de la economía. Las presiones sobre los precios se enfrentaron en el pasado por la vía del manejo del tipo de cambio. Creo que ni Argentina ni Uruguay están deseosos de usar el tipo de cambio como instrumento antiinflacionario, porque el resultado de hacerlo ya lo conocimos en los 90 y nadie está dispuesto a repetirlo.



-En los 90 se hablaba del ancla cambiaria de precios. ¿Evolucionará Uruguay a un ancla fiscal (gasto público), monetaria (emisión) o financiera (tasas)?

-Las anclas nominales de la economía son las que se toman como referencia para la asignación de precios y, por ende, recursos. Un ancla cambiaria limita las posibilidades de hacer frente a shocks externos que nuestras economías están muy sujetas a recibirlos. De ahí se pasó, como Argentina y Uruguay, a un ancla monetaria, de cantidad de dinero que se dice que crecerá a X tasa y, por esa vía, los agentes tratan de fijar precios teniendo en cuenta la liquidez que se liberará a la economía. Esta ancla es relativamente poco eficiente, pues no es posible leerla como una pizarra de cotización de tipo de cambio y es más para iniciados. Hay que saber buscar adónde están esos datos y evaluar si están en línea con lo que pasa en el mercado y compromisos de la autoridad monetaria. Por eso la mayoría de países han preferido utilizar otro precio, que es mucho más transparente, como es la tasa de interés, que se puede leer e interpretar claramente todos los días, pues está disponible para todos en el mismo momento y con la misma nitidez. Al ancla fiscal no la llamaría ancla. Ninguna política monetaria puede ser eficiente si no es eficiente la fiscal, pues tiene que haber consistencia muy fuerte de una y otra. No puede haber política fiscal expansiva y monetaria contractiva, sin tener efecto en la economía real.



-Ante el empuje inflacionario interanual que supera en 2% al techo de la meta oficial de 6,5% de suba de precios para 2007, el Banco Central del Uruguay decidió bajar este año la expansión de agregados monetarios de 15% a 9%. ¿Le parece consistente esa contracción con tanta ampliación presupuestal?

-Es consistente con una proyección de resultados fiscales y con un programa financiero de parte del gobierno de mantener el equilibrio en las cuentas públicas. Las propuestas del Poder Ejecutivo al Poder Legislativo, en la Rendición de Cuentas, incluye incrementos de gastos, pero no significan un desequilibrio del Estado sino lo contrario. El desequilibrio del sector público, luego de pago de intereses, no superará el 0,5% del PBI.



-Calidad e independencia en la medición de índices de cada indicador hace a la credibilidad del inversor. ¿Se acusa pocos medios en el INE uruguayo, igual que se critica la influencia gubernamental en el INDEC argentino?

-El Instituto Nacional de Estadística (INE) tiene dificultades de recursos como el Banco Central en su producción estadística y quisiéramos tener mejores estadísticas para proporcionar. Pero, ambos producen su información con lo mejor disponible en técnicas de medición. El INE produce el Índice de Precios al Consumo, muy relevante en la economía uruguaya y base para el cálculo de la Unidad Indexada que permite a inversores medir el rendimiento real de sus papeles públicos o privados. Una cuestión que tenemos claro en el INE, el Ministerio de Economía y el Banco Central del Uruguay es que los indicadores deben ser absolutamente transparentes en su metodología de medición, mecanismos para recolección de datos y la fecha en que estarán disponibles. El INE está calculando una nueva canasta de precios, pues la actual tiene más de diez años (lapso de renovación usado) y se está procesando el nuevo índice que empalmará con el anterior, para que a todos queden claros los precios incluídos con criterios técnicos en el índice.



-Así como con BancoSur, ¿por qué Uruguay es reticente al Instituto Monetario del Mercosur como paso para coordinación y una futura serpiente monetaria?

-Podría ser una buena iniciativa, pero en América Latina nos acostumbramos a crear muchas instituciones para resolver problemas que muchas veces resultan de instituciones que no funcionan. A veces es preferible fortalecer las que existen para que sean creíbles y garanticen reglas de juego, a partir de las que generar políticas. En el caso del Instituto Monetario depende de sus objetivos. Creo que estamos lejos de una serpiente monetaria en el Mercosur. Argentina y Brasil decidieron hace más de un año entrar a un sistema de comercio en el cual se utilicen sus dos monedas, sin utilizar el dólar. Todavía no fue posible operativizarlo y, aparentemente, lo harán en pocos meses. Muestra la dificultad de tener referencias directas de moneda a moneda, sin arbitrajes por parte de otras monedas. Para que eso ocurra se requieren mercados profundos en esas monedas en cada país y, a su vez, mercados profundos de esas monedas en los restantes países. En Uruguay no hay nadie que opere en pesos argentinos o reales en los mercados financieros.



-¿Su gobierno prefirió esperar a ver cómo funciona o no es afecto a la idea argentino-brasileña de comerciar en base a una canasta peso-real?

-Hay que ver las razones por las que uno ingresa y por qué Argentina con Brasil están muy interesados en esta operación. Es que las condiciones de acceso a los mercados de cambio en Argentina y Brasil, especialmente para la pequeña y mediana empresa, son bastante costosas y no son las mismas que tienen las grandes empresas para acceder al mercado de cambios. En Uruguay eso no ocurre pues el acceso al mercado de cambios es absolutamente libre y se puede hacer comercio en cualquier moneda. No hay necesidad de hacer exportaciones o importaciones exclusivamente en dólares. Uruguay está legalmente en condiciones de hacer el comercio con Brasil en reales y con Argentina en pesos. No hay ningún obstáculo legal o reglamentario para que ocurra, sólo que –como no existen condiciones económicas e institucionales suficientes- los exportadores e importadores prefieren comerciar en dólar. Existe además un convenio de pago entre los países de la ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración) que permite que no se pague cada exportación o importación sino que se compensen sobre una base multilateral y se salde al final en dólares. Lo mismo se va a hacer en Argentina y Brasil, cuando el saldo final se liquide en dólares. Para entrar en un sistema de ese tipo, Uruguay necesita un mercado profundo en pesos, que no tiene; tener un sistema de pagos moderno, que tampoco tiene todavía pues estamos muy atrasados en la materia; y tener bolsas que operen en diversas monedas, que permitan hacer operaciones de derivados con monedas de países de la región. Son muchos pasos previos para decir que nos integramos en un mecanismo donde se da una cotización directa entre las distintas monedas y eso opera a través de las bolsas, cuando en Uruguay nuestras bolsas de valores operan prácticamente con títulos públicos.



-El comercio uruguayo con las Américas está en área dólar, divisa que según el Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos superará 1,40 por euro. Pese a reconocer la baja del dólar, su gobierno busca más tratos comerciales con EEUU. ¿No le convendría apurar el birregional Mercosur-Unión Europea?

-Al Uruguay le conviene avanzar en acuerdos que le permitan acceso a mercados que le aseguren estabilidad en las corrientes de demanda. Y eso ocurre con los países de más alto ingreso o sectores de más alto ingreso de cualquier país. Uruguay no tiene capacidad de producir grandes cantidades de nada y puede insertarse en el comercio internacional a partir de tener muy buena calidad y diferenciación de sus productos. Eso es lo que los hace estables en las corrientes de demandas y precios. Un acuerdo con la UE, en la medida que no signifique un incremento dramático en el comercio con esa región, no afectará respecto al peso de la referencia a la moneda, frente a lo que hoy ocurre que es una predominancia del dólar, porque es la moneda de referencia en Mercosur, NAFTA y de algunas exportaciones extraregionales que hace Uruguay -como la carne, arroz, y soja- e importaciones como el petróleo, que se cotiza en dólares. Aproximadamente, un 85% del comercio uruguayo está referido al dólar.



-En cuanto a las reservas internacionales, ¿cree o no que se deba analizar cambiar en parte las proporciones de la cartera de respaldo de dólar a euro?

-Hay diferentes razones para mantener determinadas reservas internacionales. Una, es por precaución; otra, para cubrir eventuales obligaciones. En el caso de Uruguay, con una deuda pública muy alta nominada en moneda extranjera, una de las razones de mantener las reservas es tener cubiertas las obligaciones inmediatas para el caso de algún problema de acceso a los mercados o para tener protección de eventuales problemas en el sistema financiero, donde alrededor del 80% son depósitos en dólares. Del punto de vista del Uruguay, en la medida que debe y tiene contingencias principalmente en dólares, es natural que su cartera esté constituida principalmente en dólares, pues no es un fondo de administración de riquezas sino de cobertura de eventuales contingencias. Nuestras reservas están colocadas a muy corto plazo en valores rápidamente convertibles. O están en dólares, o están ‘swapeadas’ a dólares, que es la moneda de mayor referencia. Estamos analizando, sí, posibles alternativas que nos permiten mejorar la rentabilidad de las reservas, a partir de estos movimientos y tendencias que presentan las monedas, pero siempre –en materia de manejo de activos- mejorar rentabilidades puede significar incrementar riesgos. Y un razón para mantener reservas es minimizarlos.



-El déficit comercial de más de USD 1.000 millones en 2007 de Uruguay con Argentina y Brasil, ¿explica vuestro pedido de venia para tratos extraregión?

-No me preocupan demasiado los déficits comerciales con una región en particular. Tampoco me preocupa demasiado el déficit comercial global. Me preocuparía si ese déficit fuera resultado de una fiesta de consumo, como en los 90. Nuestro déficit comercial responde principalmente a un crecimiento de la inversión. Significa que estamos captando ahorro del resto del mundo para invertir en Uruguay más allá de nuestro propio ahorro. Si el déficit con la región proviniera de un desalineamiento de monedas, tendríamos déficit muy grande con Argentina y superávit con Brasil. Y eso no ocurre. Tenemos déficit con ambos, pero superávit con otras regiones del mundo. No estaría muy mal que Uruguay tuviera déficit con los dos vecinos porque de allí importara sus insumos y bienes de capital, para generar productos que exportar a otras regiones, generando superávit con otras partes del mundo. Terminaría en un equilibrio global del comercio. No me preocupan demasiado los desajustes regionales, en tanto que eso no responda a limitaciones que encontramos en los accesos a la región. Lamentablemente eso también ocurre. Tenemos dificultades de acceso a mercados en Brasil y en Argentina, en algunos rubros.

No hay comentarios.: