Crónicas de Torsos Huérfanos

Crónicas de Torsos Huérfanos
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1/03/2006

SE NOS VINO EL NUEVO ANO: UN SEGUNDO, POR FAVOR

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ESPECIAL de LA SINTESIS escrito al inicio del AÑO 2006

CON ESTA EDICION RECLAME SU SEGUNDO EXTRA,
PARA PENSAR MIENTRAS DEBUTA EL CALENDARIO
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

El primer instante de 2000, visto desde el primero de 2006

SE NOS VINO EL NUEVO AÑO:
¡ UN SEGUNDO, POR FAVOR !

por Carlos Montero, montero@sintesis.org

"Acabo de abrir mis mails y leer una de tus joyitas que me emocionan. Te
quiero desear un muy feliz año y recuerda que la búsqueda de la paz
interior, fruto del análisis profundo, honesto y transparente de nuestro
derrotero por la vida, será el único bálsamo que actúe restaurando las
heridas profundas del alma, que son el precio de la VIDA..."

El mensaje del viejo colega -no por la edad sino por la veteranía- me
llega desde medio país de distancia. Y lo abrí casi entregado. Parecía
otra de las tantas frases de circunstancia, muy bien intencionadas,
típicas de estas fechas. Yo también estoy viejo, quisquilloso y detesto
los lugares comunes, excepto las caídas de sol que son un "lugar común
de la naturaleza". Pero de buenas intenciones está alfombrado el
infierno, me digo antes del nuevo e-mail.

La primer ojeada me produjo la sensación de confirmación de lo que
presumí. Estaba presumiendo. Como buena parte de los mortales que vé lo
que quiere ver, produje la aliviadora autoilusión que ratifica
pre-juicios o pre-sunciones.

La segunda lectura separó el párrafo en frases; la tercera revisión
enlazó las oraciones subordinadas; a la cuarta había tirado al tacho mi
atención por la sintaxis formal para, en la quinta, rearmar el orden
causa-efecto. A la sexta vista, cuando creí tener su fórmula para la paz
interior, comprendí que entendí al revés: la clave está en buscarla no
en poseerla.

Pero había más sentidos escondidos detrás de la supuesta alabanza del
inicio, -que aguardaban su turno para ser leídos entre líneas por el
destinatario- como explicación de la inmediata máxima encadenada por el
remitente, a los cuales accedí recién en una séptima lectura. Y ésta
recién fue la vencida.

Me estaba diciendo: "Acabo de abrir mis mails y leer una de tus notas
que me emocionan, donde se trasluce el precio de heridas profundas del
alma que te ha dejado la VIDA. Recuerda que sólo pueden ser restauradas
por el único bálsamo de la búsqueda de la paz interior, fruto del
análisis profundo, honesto y transparente de nuestro derrotero. Te
quiero desear un muy feliz año..."

La actitud desdeñosa del inicio y las siguientes interpretaciones
confusas se habían disipado. Era hora de aprovechar los estertores del
año para evaluar lo vivido, pero me sobresaltó el reloj antiguo con la
advertencia sonora antes de sus doce campanadas. Como en el box,
evitando el KO (knock out), me salvó la campana que largaba la cuenta
regresiva.

¡ GONG ! (primero)

"El pasado arroja luz para entender el presente" recuerdo -viendo el
mail- al actor de "Una Vida Iluminada", film estrenado a fin de año
sobre el rescate de raíces, que a tantos nos llevó a viajar a lugares en
donde les sucedieron cosas a nuestros antepasados que cambiaron el rumbo
de nuestras vidas, con la fé (esperanza sin prueba visible) de hallar en
dicho ambiente la causa-raíz que nos hizo ser lo que somos y cómo somos,
en vez de ser otros de otra forma.

¡ GONG ! (segundo)

Si los bisabuelos maternos no hubieran huido de Rodas en 1914, él
hubiera sido enrolado a la fuerza (leva) por el ejército otomano,
desplegado para enfrentar junto a Alemania a los aliados en la masacre
de la I Guerra Mundial, y si ambos hubieran sobrevivido en la isla
habrían caído en manos nazis y sido llevados a los campos de
concentración en 1944, como miles de sefaradíes.

Encontré sus apellidos entre los de las familias del Holocausto,
grabados en mármol a la entrada de la "sinagoga nueva" de 300 años,
cuando visité el lugar en 1996. Quedan allí, en la capital del
dodecaneso griego (doce islas del Mar Egero que, en realidad, son
catorce), sólo treinta y seis de los seis mil rodeslíes de la comunidad
judía.

¡ GONG ! (tercero)

Podrían haber emigrado con la familia de ella que se fue a Nueva York a
hacer "la América" y hoy los descendientes de todos sus hermanos son de
EEUU, pero el bisabuelo -como en la canción "Casuales casualidades"-
entrando por "Sudamérica se puso al mundo al revés". Hoy, como Torres
García, definimos que "nuestro norte es el Sur", pero pudo haber sido el
Norte capitalista.

¡ GONG ! (cuarto)

También pudo haber sido el Norte comunista, pues el abuelo paterno -de
ascendencia vasca y charrúa procedente de Tacuarembó- fue desde los años
veinte un obrero y zapatero que devino marxista leninista de la primera
hora en su pueblo y luego gremialista en Montevideo. Su partido lo iba a
becar a la URSS, pero se conoció con mi abuela y dejó el lugar a otro
camarada.

Ese uruguayo moriría durante la defensa de Leningrado. Ahí hubiera
quedado enterrado mi ascendiente u hoy yo viviría en San Petersburgo
hablando ruso. Cuando aterricé allí a fin de 2004 ví la monumentalidad
de la ciudad de Pedro El Grande, en cuya construcción murieron muchos
miles en 1703 y muchos miles en su defensa durante los cuarenta en la II
Guerra Mundial. Entre el frío y lluvia aquel otoño, me pregunté si acaso
yo hubiera sobrevivido.

¡ GONG ! (quinto)

Sólo la reverberación de la campanada, ese eco suave que no repite pero
extiende el profundo sonar, me da noción de la fugacidad y el ansia que
radican en el ritmo marcado, que sólo el sonido nos da idea del tiempo
en curso así como el silencio la sensación de atemporalidad o de pérdida
de las referencias en las celdas de aislamiento.

Una mínima idea tuve en Berlín, al visitar su viejo museo, transformado
por Daniel Libeskind en el Museo Judío. Este arquitecto, que construirá
la Torre de la Libertad donde estaban las torres gemelas del World Trade
Center de Nueva York, termina una de las tres líneas cruzadas del
recorrido en una torre oscura, fría, de paredes y puerta macizas, que
sólo tiene arriba una débil luz. En forma desesperada uno quiere salir
aún a segundos de haber entrado.

¡ GONG ! (sexto)

Respiro aliviado por el sonido que me permite pautar lo poco que me
queda del año y recapitular en cámara acelerada los experimentos con
sonido desde niño. Los relatos de carrera de escarabajos en el jardín,
los palos de escoba como micrófono para relatar rallies imaginarios en
una silla, los campeonatos mundiales de fútbol inventados con un
planisferio de donde sacar los países, sortear series y un dado para
fijar los goles de cada uno de sus partidos.

Luego vendrían diarios escolares y programas radiales en broma del liceo
("La Oreja Loca"), grabar las competencias y pasar el casette de mano en
mano por el colegio, el primer curso de periodismo con 14 años y debut
en radio ese 1978. En 27 años, hasta la corresponsalía desde 1999 para
Radio Nederland en Mercosur, pasaron cinco años para BBC de Londres,
seis años para El Espectador desde el exterior y cuatro en Radio Libre
de Paraguay.

De diez años en CX 4 de Uruguay no podré olvidar turnos de 25 horas cada
fin de semana y rallies de verdad, transmisiones de atletismo y de
fútbol, hasta el récord nacional de salto hípico, llegar a jefe de
informativos y a conductor de "En Busca del Tiempo Perdido" y "Entre
Cocodrilos", como los 3 años para Radio TransMundial con "Tiempo Para
Pensar". Vaya si hará falta.

¡ GONG ! (séptimo)

La necesidad de trabajar desde los 14 años para estudiar, porque la
radio era colaboración gratis: vender muñequitos del Chapulín y pañuelos
puerta por puerta, vender libros con corbata bajo el calor de fin de
año, corretaje de juguetes por los comercios, cubrir calle por calle,
piso por piso y oficina por oficina la Ciudad Vieja y el Centro,
vendiendo máquinas de oficina, para después de nueve horas llegar muerto
al liceo nocturno.

La frustración de la dictadura que no sabíamos cómo y si se iba a ir, la
frustración del país que en 1982 explotaba en miseria con la tablita y
no había empleo. Habría que limpiar caca de perro de los tubitos de
ensayo de una Veterinaria (duré dos horas), cobrar cuotas de un servicio
dental, cargar tarros de pintura y poner aguarrás en botellas para
bancar estudios de Periodismo.

No olvido los dedos empercudidos mientras manchaba hoja a hoja y
devoraba "El Existencialismo es un Humanismo" de Sartre. Aprendí que con
cada acto expresaba mis principios y pintaba el mundo que quería, que
era tan libre como responsable de lo que hacía. Y tras hacerse desear,
llegó lo profesional.

¡ GONG ! (octavo)

Mucho despues vendrían las maduras de hacer la entrevista semanal
central bajo seudónimo, ser reportero de informes firmados de tapa en
revista, analista de contratapa en semanario, corresponsal free lance de
agencia de noticia, subsecretario de redacción de diario y jefe de
redacción de revista.

También vendrían los libros. Nueve meses me llevó el primero y nueve
semanas el segundo para vender menos de 500 ejemplares. Y hubo también
renuncias para enfrentar la censura partidaria y la publicitaria, por lo
que -para mantener el nivel de vida y el honor- hubo que emigrar. El
historiador Gerardo Caetano me enseñó hace poco cómo lo traducen los
gallegos: "la morriña" (la pequeña muerte), también llamada saudade por
los brasileños.

Marchar del propio país es una enseñanza y es una condena, a entender a
los otros y a adaptarse que las reglas son del locatario, a extrañar la
propia vista desde la ventana y a sumar muertos queridos que no has
podido volver a tiempo para acompañar, los duelos mal saldados, el
fantasma en que se transforma aquel a quien no pudiste despedir.

Nada de ultratumba: es como si creyeras que siguen vivos aún los viejos
por el hecho de no haberlos visto en su etapa final. Y menos estás
preparado para despedir a los más chicos de la familia aunque llegues al
final del velatorio en un avión y un remisse apurados, que igual de
apurados te llevarán de vuelta a tu puesto de corresponsal, para Gazeta
Mercantil, las agencias Sucesos, IPS y France Presse, en Lima y
Asunción, donde me halló el amor venido de lejos.

¡ GONG ! (noveno)

Luego tu patria pasa a constituirse en los lugares repartidos en donde
están todas las personas que querés: no sólo las del pasado, sino las
que vas sumando en el camino. Nuevos amigos y hasta hermanos, aunque la
mujer que amas en presente sea el cable a tierra de las nostalgias
compartidas en común -aún de lugares diferentes- que afianzan el vínculo
y compensan ausencias.

Tanto la intimidad del hogar o el compartir los viajes adquieren un
gusto a plenitud, que demuestra que sólo así estás completo, invirtiendo
toda objeción al vivir en pareja, siempre que sea con la persona que
decididamente eliges. Aunque la sospecha fundada sea que siempre son
ellas las que eligen primero, aunque te dejen creer que te sales con la
tuya.

Vendrían las lunas de miel cada tres meses, como compensación al trabajo
que nos absorbía toda la semana. Pasarían Bariloche, Viña del Mar,
Paraty, Rio de Janeiro, Termas de Río Hondo, Bahía y -aprovechando beca
a un seminario- hacer esa gira loca por París, Londres, Amsterdam y
Bruselas, para festejar el tercer aniversario románticamente en su Gran
Plaza.

¡ GONG ! (décimo)

Esa noche en que terminaba 1999 y que llegaba el famoso año 2000, aunque
ya sabíamos que oficialmente no empezaba el siglo XXI, decidimos tener
nuestro festejo o apocalíptico "Bug del Milenio" -también llamado del
Y2K (year two kilos: año dos mil)- a solas y lejos del bullicio que hora
a hora se televisaba vía satélite desde los 24 husos horarios que
tiraban el calendario.

Tomamos la precaución de salvaguardar (back up) la información de todas
nuestras computadoras en la oficina, pero -como despedida agradecida por
todos los servicios prestados- decidí llevar conmigo la notebook, a
nuestro paraíso perdido: habíamos elegido las Termas del Arapey a 585
kms al norte de Montevideo y 600 de Buenos Aires, 900 kms al sur de
Asunción.

Sabíamos de los alertas alarmistas sobre corte del servicio eléctrico,
agua, muerte de los discos duros de las computadoras, debido a la falta
de previsión de las generaciones de programadores que habían ahorrado
memoria de las computadoras, quitándole a los años dos dígitos, por lo
que consultoras de todo el mundo se llenaron los bolsillos advirtiendo
que todo podía colapsar porque los sistemas identificarían el 2000 con
el 1900.

Encendí la notebook como último adios, antes de salir ambos del bungalow
a las 11.30 PM rumbo a la piscina abierta de 41 grados, ubicada frente
al río, munidos apenas de una toalla y una linterna (por las dudas, al
volver). Era apenas recorrer cien metros para ver entrar el 2000 bajo la
luna, en agua caliente y junto a ella. Al final, como dijera el gaucho,
"si el mundo se acaba, yo me voy para Canelones". En nuestro caso, era
las Termas.

Han pasado seis años y todavía estamos esperando el "Bug" del Año 2000 o
del Milenio. Nos arrugamos de nadar, las bombas siguieron alimentando la
piscina de agua (aparte no necesitábamos electricidad para calentarla
pues era natural), volvimos con luz normal a la habitación y ¡oh,
sorpresa! hete aquí que la computadora seguía bien, con fecha de 2000 y
Windows 95 abierto.

¡ GONG ! (once)

Las nostalgias de cada uno de los dos por su lugar de procedencia, las
promesas repetidas de volver y el desgaste de salud nos iba desgastando.
Año a año iba perdiendo kilos, el calor húmedo sofocante agravaba la
ingesta y la retención de líquidos que hinchaba mis piernas y pies. No
disfrutábamos ni el medio día libre pues había que quedar en el aire
acondicionado.

La neumonía diagnosticada fue la penúltima campanada. No quería escuchar
la última, cuando ya no hubiera tiempo, y en medio del sudor gané -vía
Internet en 2002- un concurso de la fundación de García Márquez para
estudiar en Buenos Aires con Ryszard Kapuscinski, el maestro de
reporteros en zonas de riesgo, que luego ganaría el Premio Príncipe de
Asturias.

Ya habían quedado atrás el Premio Nacional de Periodismo On Line que nos
otorgó la Cámara de Diputados de Paraguay en 2001 y el Premio al
Microempresario del Año de la Asociación de Empresarios Cristianos
recibido en 2000. Necesitaba respirar, recuperarme y volver a tener
ganas de hacer el periodismo de crónica ensayística al que me sentía
llamado.

Le dije que no podía exigirle que me siguiera pero que hasta aquí había
llegado mi palabra de sólo mudarnos de país si era lo mejor para la
familia. En ese momento ya no habría familia si uno de los dos se
derrumbaba y deseaba invertir lo ganado en nuestra felicidad y salud.

Tomó la decisión de estudiar en su Brasil si yo volvía a mi Montevideo.
Pero al llegar del seminario me comunicó que iría a Uruguay "por todo lo
que luchamos por este amor". Estaba feliz de vuelta en mi patria, pero
ella había vuelto a exiliarse. Sólo soportó cinco semanas. Su
angustiante saudade me hizo pedirle que se fuera. No ama alguien que
retiene al otro contra su esencia.

¡ GONG ! (doce)

Mientras ella partió hacia la terminal, yo salí del apartamento a
comprar un escritorio y una biblioteca con los que convertir nuestro
hogar en mi oficina. Me encerré y terminé el tercer libro: un
diccionario antológico sobre la obra traducida al castellano de
Kapuscinski. Me volví a casar con la profesión, como antes de irme de
Uruguay con el diploma de licenciado recién estrenado.

Dos giras de entrevistas por Europa permitieron concentrarme en
investigar para el cuarto libro. Volví a las Termas del Arapey sólo para
encerrarme en el hotel municipal, escribir, comer y ahogar mis
pensamientos en el agua cálida y humeante en el invierno. Agregue Ud al
trabajo cotidiano un curso de especialización y tendrá bastante en qué
pensar como para no pensar, hasta que el cuerpo dice basta y pronuncia
con síntomas las palabras que ahorcamos

Todo el surtido del supermercado de problemas de salud pasó por el
carrito de mi esqueleto durante año y medio. Y cuando parecía que salía
finalmente del encierro, o que se habían acabado los órganos por afectar
y recuperar, vino en abril de 2005 una quíntuple fractura, con cirugía e
injerto, a causa del desarme por una caída de escalera mecánica en la
terminal de trenes de Berlín.

Salgo sin problemas de la anestesia en el Hospital Británico y, dos
noches más tarde, la inyección de una medicina mal asignada por la
doctora casi me provoca la muerte tres veces un sábado a la noche, en
que guié a las enfermeras cómo salvarme tomándome un suero por vía
oral...

Igualito de febril que hoy, este otro sábado en que ya se acaba el año,
luego de siete meses de muletas y yeso, bastones y férula ortopédica, de
aprender cuan injusto e inequitativo es nuestro mundo de "seres
normales" con los que tienen alguna discapacidad. Ya estoy de vuelta sin
renguera pero con prohibición de correr ni caminar excesivamente. Desde
noviembre subiéndome a escaleras mecánicas y en gira por tres países,
editando una nueva revista, informando todo el año a Nederland y
apoyando la primer franquicia de LA SINTESIS.

¡ BOOM ! (trece)

No me vaya a decir que no hay trece campanadas. Ya lo sé, pero este
final de 2005 o comienzo de 2006 -según qué país y qué huso horario sea-
tiene un segundo bisiesto para ajustar los relojes atómicos al ritmo
variable de los giros del planeta, influído por mareas y vientos. Por
eso, entre el segundo 23:59:59 y el 00:00:00 del nuevo año, se agrega el
segundo 23:59:60, que simboliza la decimotercera campanada que el reloj
viejo a mi lado no tiene como opción.

Antes de cambiar de calendario ya hemos sido bombardeados por todos los
medios de comunicación internacionales acerca del segundo extra que
afecta a los verdaderos relojes que -sin saberlo muchos- periodizan
nuestra vida artificial en horas, días y años, ajustando los mismos para
que el calendario no se aleje de la vida natural pautada por las vueltas
del planeta en torno al Sol.

El acuerdo internacional del Tiempo Universal Coordinado (UTC en inglés)
postergó en Estados Unidos por un "segundo bisiesto" el 2006, para
coordinar los relojes oficiales de cesio con la rotación de la Tierra,
lo que no hacía desde 1998. En España se hace igual pero extendiendo el
inicio de este año.

En verdad, nuestro planeta da vuelta cada vez más lento sobre su eje,
por lo que -según Terra- se deben ajustar "el tiempo atómico
internacional (TAI), el que miden los relojes; el tiempo que se basa en
la rotación terrestre (reloj Tierra o UT1) y el el Tiempo Universal
Coordinado (UCT)".

SEGUNDO EXTRA

La decisión la tomó el Servicio Internacional de Rotación de la Tierra y
Sistemas de Referencia, en el Observatorio de París que fija la hora
mundial, agrega El Mundo, que señala a 1972 como el primer antecedente
de segundo extra que, con el de este momento, es la vigésimo tercera vez
que se suma.

De otra forma, las supuestas 24 horas que tarda el día de los relojes se
iría desfazando progresivamente con el día natural, obligándonos a
reordenar nuestra vigilia hasta que termináramos como en las áreas de
los círculos polares, alguna vez trabajando de día pero en la oscuridad
de la noche y otras veces durmiendo de noche pero con los postigos
cerrados pues afuera hay sol.

El asunto es que todos esos ajustes a los desajustes nos regalan o nos
devuelven un segundo precioso, que cubierto de sonoridades de petardos,
no es óbice para que podamos repensar lo sucedido durante la vigencia de
agendas y calendarios que van ya a la basura o servirán de libreta de
apuntes.

Volqué recuerdos de los tiempos previos y el desenlace del primer
segundo de 2000, como olvidé muchos de 2006. El dia improbable en que se
quiera hacer un monumento a mi memoria, saldra baratísimo. Sólo se
necesitará la base... pues arriba habrá nada. No tengo memoria o son
demasiadas cosas como para acordarme, por lo que estoy condenado a
apuntar y consultar esas citas.

Y antes de usar para reflexionar este tiempo extra con que debuta 2006,
terminemos 2005 riendo, que este calendario estuvo cargado de demasiado
dolor (y en lo personal una herencia de cinco tornillos y dos clavos)
pero al menos podemos sobrevivirlo con ganas y proyectos, tras tres
agónicos momentos por un horror médico que les hubiera salvado de estos
reportes.

REPENSARSE

Pero no somos gatos, por lo que tenemos una sola vida en vez de siete. Y
como no siempre sabemos caer parados como los felinos, a veces esa única
vida que nos toca en el reparto puede convertirse en un desafío a la
adaptación y a aprender a sacar riqueza de la nueva carencia. Tener
discapacidad, aún por un lapso limitado -temporalmente breve pero
psicológicamente interminable- obliga a repensarse interiormente y al
contexto en el que nos movemos.

Sólo con un yeso y una silla de informática (en sustitución de una silla
de ruedas que no entraba) uno descubre que el departamento no resulta
chico sino gigante. Sólo con muletas se aprende que subir el cordón de
la vereda es un arte de salto con jabalina y que las dos cuadras que
separan del vídeoclub -y superar el tedio del anochecer de un día nada
agitado- no son "aquí cerquita". El sudor, por el esfuerzo, te puede
obligar a volver antes de llegar.

En esa situación, con muchos miles de segundos para pensar -por encima
de lo que nos machetea avaramente la vida ajetreada normal- podemos
bucear más profundo hacia adentro que correr por afuera, para luego -de
una etapa necesaria de aislamiento por dignidad o coquetería- compartir
con el círculo de los que te quieren mejores perspectivas captadas desde
el ángulo de la quietud, con tiempo para observar, sin dejar de leer y
escribir sobre lo que hallamos, al ganar tiempo para advertirnos del
detalle comúnmente soslayado.

Por eso agradezca si tiene colegas o amigos que, además de desearle
feliz año, le recuerden que "la búsqueda de la paz interior, fruto del
análisis profundo, honesto y transparente de nuestro derrotero por la
vida, será el único bálsamo que actúe restaurando las heridas profundas
del alma, que son el precio de la VIDA..." Como dijo Galileo (a pesar de
todas las fracturas, tornillos, clavos, injerto y cicatrices): 'Eppur si
muove' y sin renguera, aunque a veces vaya lento como el planeta Tierra
y pida que lo esperen ¡Un segundo, por favor!

Vuestro amigo
Carlos Montero

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