Crónicas de Torsos Huérfanos

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12/29/2005

Suicidas implotan refran arabe (en Dia de los Inocentes)

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ESPECIAL de LA SINTESIS en DIA de los INOCENTES
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De dar la vida por trascender hasta hacer intrascendente la muerte

SUICIDAS IMPLOTAN
REFRAN ARABE MAS
CITADO DEL MUNDO

por Carlos Montero, montero@SINTESIS.org

Granma Internacional calificó como “pensamiento martiano” cubano al
refrán árabe más citado en el mundo -por más de diez mil artículos en
Internet según Google, la moderna versión virtual de la Biblioteca de
Alejandría- que resume los medios por los que muchos dejaron la vida
para trascender, hasta hoy cuando los Medios y la Política –por sus
medios- hacen intrascendente morir.

ATENTADOS
E INOCENTES

El oficialista diario cubano atribuye el pensamiento al “apóstol cubano
José Martí, quien escribió que el hombre en su vida debe sembrar un
árbol, tener un hijo y escribir un libro” (‘El estrés, arma de un solo
filo’, Joaquín Oramas en Granma,
http://www.granma.cu/espanol/2004/club/club04.html).

Es que la verdad oficial no tiene piedad del derecho de autor siquiera
de la sabiduría universalizada (o planetarizada) sino es fiel al
“Departamento de Versiones Taquigráficas del Gobierno Revolucionario” a
cuyo archivo recurrí para conseguir el “DISCURSO PRONUNCIADO POR EL
COMANDANTE FIDEL CASTRO RUZ, PRIMER SECRETARIO DEL PURS y PRIMER
MINISTRO DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO, A LOS DELEGADOS CUBANOS
SELECCIONADOS PARA REPRESENTAR A CUBA EN EL IX FESTIVAL MUNDIAL DE LA
JUVENTUD y LOS ESTUDIANTES” (sic, incluídas las mayúsculas a las que
eran tan adeptos los comunicados de la DINARP de la dictadura
cívico-militar uruguaya y sus pares de la región).

Granma -nombre de la embarcación de los revolucionarios antiBatista-
sólo se nutre, con cuarenta años de retraso, de aquel discurso del 26 de
junio de 1965 en el Hotel Comodoro, cuando Fidel atribuyó a Martí el
refrán oriental, manteniendo por cuatro décadas a los cubanos en la
inocencia de su origen.

“Pero estoy seguro, incluso, de que muchos hombres, por el placer de
crear, interpretando aquel bello sentimiento de Martí de que para ser un
hombre se requería —para sentirse plenamente hombre— tres cosas:
escribir un libro, tener un hijo y plantar un árbol; estoy seguro de que
muchos plantarían un árbol por plantar un árbol, aunque nada esperasen
de ese árbol”, dijo. Amén.

Un atentado contra la cultura del cual no es culpable José Martí
–aclaración para que no se lo compare con Jorge Bucay y las sesenta
páginas que copió en su último libro a cambio de apenas una cita de la
verdadera autora- en una isla adonde, cuyo otro extremo en la base de
EEUU en Guantánamo, tiene árabes y musulmanes detenidos bajo acusación
de terrorismo. Atentado a sus DDHH.

TRASCENDER
EL OLVIDO

Envejecemos progresivamente, no a medida que sumamos esfuerzos. Por el
contrario, son una oportunidad de fortalecernos mediante la experiencia,
En verdad, envejecemos a medida que perdemos placeres (dice Daniel
Pennac en su ensayo ‘Como una Novela’), aquello que nos gratifica y
compensa vivir, así sea el simple cumplimiento de nuestra función, lo
que implica tenerla.

Se trata de la ilusión de que cumplimos un rol significativo para los
otros, pues el ser humano no se justifica por sí solo como admitía
Pierre Bourdie en 1982 (‘La lección de la lección’, ANAGRAMA) en su
primer clase en el College de France. Sin el Otro, el ser humano no
tiene sentido. Einsten dijo lo mismo en forma distinta: “estamos para
los demás” (‘Mi visión del mundo’).

Así adquirimos sentido o sentimos “importar” gracias a la ilusión de una
función: el “para qué estamos” (misión o pertinencia) con el “para quién
hacemos” (pertenencia). Es la trascendencia más allá del propio cuerpo
que, a la larga, será trascender más allá de la propia vida, o sea en la
muerte.

Políticos matan y mueren por ver su nombre grabado al menos en el bronce
de una simple plaqueta puesta aunque más no sea en un semáforo: “este
puente se inauguró siendo ministro...”. La obra que te sobreviva como
justificación al haber existido. Los actos trascendentes son aquellos
que vencerán el olvido, los que evitarán que ellos se conviertan –aún
vivos- en intrascendentes.

Por eso el sabio árabe consideró que un ser humano tenía la misión
cumplida si plantaba un árbol, escribía un libro y tenía un hijo. Era la
síntesis de los tres andariveles del recuerdo: la trascendencia en la
naturaleza, en las ideas y en el ser. El cínico hoy complica la fórmula:
pues cortan el árbol para hacer el libro que el hijo no leerá, absorto
en la pantalla (TV, vídeojuegos, ‘compu’ o red).

Como el pez grande se come al pez chico, así los medios de trascender,
como el libro, se comen al árbol (para producir pasta de celulosa) y por
ello Bill gates propone hace años digitalizar todos los documentos. Así
también la televisión (o cada vez más la pantalla) se come al libro (o
al texto).

TRASCENDER
LAS VIDAS

Por lo tanto, los comandos suicidas (que no son todos los terroristas
que hay, ni todos los musulmanes que existen) están ensayando una forma
más (anti)moderna de trascender, acortando el lapso entre sus
performances cada vez más periódicamente, casi emulando a los medios de
información que pasan de ediciones diarias a actualizaciones real-time
permanentes.

Así sus exhibiciones consisten en explotarse en un lugar público (así
pasan personalmente al otro mundo propio), llevándose consigo la mayor
cantidad de árboles, torres e hijos del Otro (mandándolos a su
respectivo otro mundo), para ganar segundos de TV (pues el fin del
terrorismo es la publicidad de un mensaje: que el Otro no está seguro y
que así viva o muera inseguro).

Ni los quince minutos de fama que predijo el padre del pop-art, Andy
Warhol. Cada vez los suicidas conquistan menos segundos de satélite y en
noticieros de la noche, graduados según el número de muertos o cuerpos
trascendidos. Una trascendencia efímera y costosa para lo invalorable de
tantas vidas.

Antes moría sólo uno mismo en favor de muchas vidas para trascender en
la naturaleza, en la prole y en la suma del conocimiento. Ahora
trascienden o mueren muchos, para que uno consiga ‘la salvación eterna’
gracias a su sacrificio, destrozando la naturaleza (como el gas en los
subterráneos o las bombas sucias radiactivas), la prole (con los
cinturones de explosivos que multiplican su efecto con miguelitos
volantes y clavos) y justificar tiempo de emisión o centímetros de
agencias internacionales de noticias o diarios.

IMPLOTANDO
LA MAXIMA

Pareciera como que la máxima universal hubiera mantenido su formato pero
implotando el sentido del refrán árabe y enseñando ahora que, para
trascender, se debe fragmentar la realidad lo más que se pueda. Dice:
PLANTA una bomba, ESCRIBE un cable de agencia y TEN un minuto de
(triste) fama.

Volviendo a la Cuba del principio, emulando a Silvio Rodríguez en “Mi
unicornio azul ayer se me perdió”, podríamos parafrasear que “nuestro
refrán árabe preferido hoy se me implotó”. O sea que –sin ser cínicos
con lo que no tiene gracia sino desgracia- aquellos principios no
trascendieron al tercer milenio. Quizás por efecto perverso del mismo
sistema de medios de info-entretenimiento, donde “cualquier información,
bien la voy a pagar”.

Vuestro amigo,
Carlos Montero

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