Crónicas de Torsos Huérfanos

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10/04/2005

TRES SISTEMAS IDEALES DE HOMBRE Y POLITICA

Introducción necesaria

“Mi mundo se divide entre dos tipos de mujeres ideales: las que me gustaban y las que me gustaron” que, “cual Capitalismo y Comunismo, resultaron tan inhumanas cuanto más paradigmáticas”, comenzaba nuestra nota especial dedicada a la Mujer, en el Día de la Primavera (emitido el 23 de setiembre y que repetimos abajo para quienes se lo perdieron o no les llegó por e-mail).

Ante las reacciones nada molestas y hasta de aceptación autocrítica de las lectoras, parece de estricta justicia que se nos fuerce a otro artículo especial dedicado a sus contrapartes. Y no se nos ocurrió mejor fecha adecuada a una nota sobre el Hombre que el Día del Animal –aunque más no sea del animal político (zoon politikón) según Aristóteles- este 4 de octubre.

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Cual Nihilismo, Intervencionismo y Socialismo: insufribles si son ortodoxos

TRES SISTEMAS IDEALES
DE HOMBRE Y POLITICA

por Carlos Montero, montero@sintesis.org

Mi mundo se divide entre tres tipos de hombres ideales: los que pude ser y nunca quise, los que quise ser y nunca pude, los que pude y quise ser pero tampoco fuí (por esos imponderables de no estar en el lugar adecuado en el momento preciso) o quizás sí (pero sólo veían los otros) sin darme cuenta.

Como sermoneaba el viejo evangelista: “No somos lo que creemos que somos; sino somos lo que creemos”. Si hubiera que continuar su razonamiento, diría que no es que creemos y -como consecuencia- hacemos, sino que con hechos traducimos sin palabras lo que creemos o contradecimos lo que decimos creer.

Acertaba la manida máxima que “no se puede amar al ser humano en abstracto y despreciarlo en concreto”. Es lo que aportó y tradujo cada ideología política: métodos de interpretación (o de ocultamiento) de la realidad, así como aportar vías opcionales (o recetarios ortodoxos) de acciones para transformarla.

Igual que los dos sistemas económicos con los que comparábamos a los dos modelos ideales de Mujer –tan inhumanas cuanto más paradigmáticas-, se podrían bosquejar asimismo tres modelos de Hombre –tan insufribles cuanto más ortodoxos- como los tres prototipos de ideologías político-sociales.

El Nihilismo individualista (llámele ácratas, libertarios, anarcos, neoliberales o yupees); el Ogro Filantrópico, de Octavio Paz en Seix Barral, 1979 (con variantes del intervencionismo, Estado clientelista, asignación indicativa de recursos, subsidios, Welfare State, estado de bienestar, populismo, reformismo o socialdemocracia, New Deal de Roosevelt o Tercera Vía de Blair/Giddens) y el Socialismo (de autogestión, movimientos cooperarios, socialismo real, eurocomunismo, trotzkismo, marxismo-leninismo de Stalin, Fidel y Guevara).

Y frente a los dos modelos ideales de Mujer de “Lady I” y “Miss T”, que resultan en interminables fórmulas intermedias que oscilan de una punta a otra de “T-I”, ahora nos hallamos con tres sistemas ideales de Hombre que llamaremos el modelo “doctor No” (hombre-niño), el modelo “mago de Oz” (hombre-ogro) y el modelo “Super-man” (hombre-sabio o muy caballeresco).

Entre este triángulo de paradigmas es que “N-O-S” movemos los hombres, varones o caballeros –como sea que quieran llamarnos nuestras contrapartes- tanto en su sentido positivo como negativo. Pues el polo N puede ganarnos el adjetivo de tiernos o de infantiles, el polo O el calificativo de ositos cariñosos o de ogros opresores y el polo S el mote de sabios o de sabelotodos pedantes.

Los hombres que nunca pude ser fueron del modelo N: con imagen de frágiles “niños”, cuidados por los demás como “necesitados”, ayudados cual “nulos”, “naturales” por su instinto, impulsivamente “ninguneadores”, “doctores No” del capricho, “necios” para admitir errores y “nihilistas” de la destrucción.

Los hombres que nunca quise ser fueron del modelo O: “ostentosos”, “magos de Oz” de la seducción, “operadores” de la conquista pasional y luego “ogros” en el convivir, “obreros” manipuladores de los otros como herramientaa. En definitiva, “orgullosos” que se ven “ombligo” del mundo:“odiosos onanistas”.

Los hombres que pude y quise ser pero tampoco fuí -o si alguna vez me acerqué sólo fue parcialmente y sin darme cuenta- responden al modelo S: la de los que aburren o no entusiasman con los dilemas que les abruman, pero creen sustanciales. Y que cuando les dan oportunidad no saben “simplificar”.

Una mezcla contradictoria de “solidarios” elitistas, “solitarios”gregarios, “sumisos” a la razón especulativa y “ariscos” al golpe bajo emocional o el efecto espectacular, que respetan la cultura popular aunque siguen sin tener la “suficiencia” para ser “sensibles” a su poética o estética a veces kitsch.

Pero esos hombres que uno ve andar sobre las aguas son los del tipo que se ganan la burla de sus congéneres de la Alegoría de la Caverna de Platón, o los que inspiran estribillos como los cantados por Silvio Rodríguez: “ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta, ojalá ocurra algo que te borre de pronto, una luz cegadora, un disparo de nieve, ojalá por lo menos que te lleve la muerte”. No es tiempo de dilemas eternos sino efímeros.

Muchas son las variantes de nombres que los antropólogos dieron a los fósiles de homínidos o primates encontrados (como el homo-faber) hasta llegar a las versiones erectas en dos piernas (como el homo-sapiens) y, luego de conformar comunidades, seres especializados (como el homo-economicus).

Los tres polos paradigmáticos o modélicos que refiero se corresponderían con:

1-el homo-ludens de Johan Huizinga, con esa vocación lúdica tipo N-iño, que apela en la mujer tanto el satisfactor del juego y la diversión del tiempo compartido, de lo risueño como del instinto maternal;
2-el homo-lupus de Plauto y Thomas Hobbes, “hombre lobo del hombre”, tipo O-gro capaz de todo para sobrevivir y, aún satisfecha su necesidade, peligroso por ansia de poder; versión pasional soportada por tantas mujeres masoquistas;
3-y el homo-sapiens sapiens (versión superior del homo sapiens) tipo S-abio para aprender del error y transmitir sus aciertos, que proyecta hacia su pareja la seguridad del consejo, protección paternal y abrigo.

El doctor Guillermo Malavassi-Vargas, catedrático por casi medio siglo de Historia del Pensamiento, al recibir en 2002 el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Interamericana de Costa Rica, citaba a Plauto (muerto en el 184 AC) en su análisis del rol que los seres humanos juegan respecto de sus pares.

A caballo de los siglos III y II antes de nuestra era, en su obra Assinaria, uno de los personajes de Plauto resume la idea del homo-lupus al decir: “Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit” (Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro), que luego rescataría Hobbes en el siglo XVII en su “De cive, Epistola Dedicatoria”.

Sin embargo, al dejar atrás el cotidiano modelo de hombre-O por su mala intención o el modelo del hombre-N por caprichoso, para postularnos el modelo de hombre-S, aún creyéndolo en el otro polo del desinterés por ser sabio, los miembros de esta variante virtuosa también pueden llegar a ser insorportables, para sus mujeres o allegados, por perfeccionistas u obsecados.

Así Sócrates se pasó toda la noche discutiendo con un discípulo, según cuenta Platón, sobre si le correspondía o no salvarse de la pena capital a la que le llevaría la envidia legalizada de la asamblea de los 500 atenienses. Al final, toda su sabiduría le sirvió para rebatir cada argumento en favor de evitar la muerte: era tan inteligente que se tomó la cicuta y murió... con toda la razón.

Que cada mujer elija entre estos ideales de hombre, ante cuyos paradigmas perfectos seguramente terminemos siendo beneficiados los comunes mortales del género masculino, que no llegamos a los extremos modélicos de tales temperamentos. Por eso, vengan a “N-O-S” o aténganse a las consecuencias.

¡Feliz Día del Animal... Mejor dicho, feliz día a vuestros animales u hombres!
y repetimos a continuación la nota anterior dedicada a los modelos de Mujer.

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05.09.23:Dos tipos ideales(de Mujer)como en Economía

DOS SISTEMAS IDEALES
DE MUJER Y ECONOMIA

Mi mundo se divide entre dos tipos de mujeres ideales: las que me gustaban y las que me gustaron.

Igual que las grandes ideologías económicas que dominaron nuestra era contemporánea -Capitalismo y Comunismo-, cuanto más se acercan las mujeres al modelo perfecto de una tipología –el paradigma- se transforman en inhumanas, conquistadoras sólo a cambio de la rendición del Otro.

Por eso hablo de las mujeres ideales que me gustaban y nunca disfruté o sufrí (ni me sufrieron), y las mujeres que me gustaron pues las alcancé y disfruté (hasta que no nos sufrimos o ni nos disfrutábamos).

Porque, como enseñaba mi primera noviecita, "la gente no se deja porque se deje de amar; la gente se deja porque no puede convivir". No siempre, pero tenía razón para los tipos ideales: son choques de culturas o civilizaciones.

El mundo se polariza entre esas mujeres dominadas por la "I", escrita y sólo oral, y por la "T", escrita y sólo oral. Ya entenderán la pretendida distinción.

Las mujeres que me gustaban (llamémosle modelo Lady I) son inteligentes, innovadoras, irresistibles, intensas, imponentes, imbatibles e idealistas, aunque lleguen a irrespetuosas e insufribles, pues (con la misma inicial sólo oral) además de histriónicas, son hipercríticas y, en algunos casos, histéricas.

Las otras que me gustaron (llamémosle modelo Miss T) son tiernas, tibias, tímidamente tiesas, tentadoras, transparentes y tolerantes, que me dejaban triste por titubeantes, pues (con la misma inicial sólo oral) pese a ser te-soneras, eran te-merosas, muy te-rrenas y, hasta cierto punto, te-diosas.

Ninguna mujer llega al extremo del tipo ideal de cada modelo, gracias a Dios, pero algunas se esfuerzan en serlo en forma encomiable. Serían tan inhumanas de ser paradigmáticas, cual el plan quinquenal estatal del modelo comunista o el libre mercado -sin intervención oficial- del modelo capitalista corporativo.

Así, como buena parte de los sistemas económicos efectivamente llevados a la praxis, cada caso de mujer es complejo y heterodoxo, volcada más para uno u otro lado, resultando mezcla única y atípica, reflejo muy parcial del caracter de Lady I o Miss T, sean filosóficas cual Y griega o industriosas como Ford-T.

Pero decir que el mundo de mujeres ideales se divide en las que me gustaban y las que me gustaron, lejos esté de interpretarse que me sea ajeno dicho género. Sino que, por madurez o vejez, ya no espero ni aspiro a mujeres ideales, como no desearía que nos reclamen que posemos de Príncipe Azul ni Casanova.

Por el contrario, en algún grado de la oscilación entre los extremos, en algún punto de esa media elipse en donde surca pendularmente la mujer real, es en la que ubico mi opción, con un rango de ideal amplitud. Desde “T” hasta “I” es que se multiplican heterodoxas las más disfrutables variantes posibles de T-I.

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