Crónicas de Torsos Huérfanos

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10/07/2005

Quien saltó a Melilla, ganó su silla... en Europa

Peor profecía de Oriana Fallaci en “Apocalipsis” se hace realidad
QUIEN SALTO HACIA MELILLA
GANO SU SILLA ... EN EUROPA
Periodista italiana dijo que inmigración ilegal se volvería invasión

Por Carlos Montero, montero@sintesis.org

Cinco avalanchas arrasadoras de cientos de africanos subsaharianos se han producido en el término de una semana para acceder a dos enclaves españoles en Marruecos, con el objetivo de convertirse en refugiados con acceso inmediato a la Unión Europea y a la esperanza del Primer Mundo.

El antiguo adagio de nuestra niñez postulaba que “el que se fue a Sevilla, perdió su silla”. Ahora es todo lo contrario. Los africanos que logran saltar los alambrados de seis metros de alto hacia Ceuta (19 km2) o Melilla (12 km2), aún a costa de morir por disparos o las púas, ganan una silla... en Europa. Por ello las siete avalanchas de 2004 se triplicaron en lo que va de este año.

El canciller español Miguel Moratinos anunció "medidas excepcionales de repatriación" de esos inmigrantes a Marruecos, donde 2.000 soldados de Rabat van a la frontera a esperarlos, pues ese gobierno no los admitía de vuelta y terminaban en España, tras ser detenidos a un promedio de 12.500 por año.

Barretas metálicas, cables, sensores y cámaras se agregarán para proteger las alambradas, con el asesoramiento de técnicos enviados por el comisario europeo de Seguridad, el italiano Franco Frattini, antes que este 12 de octubre se reúnan en Luxemburgo los ministros del Interior de los 25 socios europeos.

‘LA NOTICIA SOY YO’

Fue el francés Luis XIV quien sintetizó en una frase la suma pretensión del monarca absolutista. “El Estado soy yo” patentó el conocido ‘rey Sol’, quien halló su ‘hermana Luna’ en la periodista italiana Oriana Fallaci, la que rompió 10 años de silencio tras el 11-S, publicando ahora “El Apocalipsis”-en tono de testamento- mediante autoentrevista donde parece decir “La Noticia soy yo”.

Este post-scriptum (medio libro) completa con un monólogo -en forma de falsas pregunta/respuesta- la trilogía, lanzada tras los atentados de las Torres Gemelas y el Pentágono, integrada por La Rabia y el Orgullo, la Fuerza de la Razón y Oriana Fallaci entrevista a Oriana Fallaci (según el título en italiano) u Oriana Fallaci se entrevista a sí misma (según la versión en castellano).

El periodista tiene como misión in-formar (dar forma a la masa informe de datos que llegan a su mesa de redacción o de los contenidos que va a recoger) emitiendo la síntesis destacada de aquello que es relevante para su público, porque le afecta o interesa sobre todo lo que rompe el curso de lo esperable.

Con el título “Apocalipsis”, Oriana Fallaci denominó en la segunda mitad de 2004 un post-scriptum, que acaba de llegar en castellano al Río de la Plata, como extensión de su tercer libro desde que empezó el nuevo milenio, en el cual se autoentrevista, llevando al extremo el narcisismo ya esbozado.

Es que una periodista tan calificada como entrevistadora de los máximos protagonistas mundiales -conocedora de los conflictos humanos, la guerra, el terrorismo y el mundo islámico- quizás tiene más formación que nadie para estructurar un monólogo, en forma retórica de auto-diálogo como dispositio.

Sin duda ella es la más capacitada para hacerse las preguntas más difíciles o más profundas, como desafío para la reflexión a dejar como herencia, con el fin de cuestionar y probar a fondo sus propias convicciones. Pero para calificar de invasión a la inmigración (de países islámicos de Asia y Africa) a una Europa convertida en “Eurabia”, no se necesitan tres libros y medio.

APOCALIPSIS AHORA

Con el título “Apocalipsis Ahora”, el cineasta Francis Ford Coppola arriesgó toda su fortuna entre vientos monzones para retratar el horror de la Guerra en Vietnam, en ocho horas de la versión original del film con Brando, pintando la efectiva invasión del Ejército de EEUU e intervención occidental en la zona.

Con el título “Apocalypto”, se espera para noviembre el rodaje de una nueva película con esa alusión bíblica de Mel Gibson como director, que se profetiza polémica como su anterior “La Pasión de Cristo”, lanzada en las Pascuas de 2004 en similar fecha que “La Fuerza de la Razón”, anterior obra de Fallaci.

Con el título “Apocalipsis” se conoce también al sexagésimo sexto y último libro canónico de la Biblia, escrito por el año 90 DC en la cárcel de la isla de Patmos, por Juan El Evangelista, quien era uno de los discípulos de Jesús y se supone que fue el único de los doce que no murió asesinado o violentamente.

Desde entonces, y sobre todo desde que Constantino convirtió al Cristianismo en la religión oficial del Imperio Romano y Europa, en toda la Edad Media se fue asociando en el imaginario feligrés de la Iglesia Católica, tanto romana como ortodoxa, un sentido vulgar de Apocalipsis como Armagedón (la gran catástrofe allí profetizada) o Juicio Final (rendición de cuentas ante Dios).

Pero, etimológicamente, el término griego Apocalipsis no se refiere a “gran o trágico final” de la Humanidad, ni al título alternativo del último libro oficial de la Biblia, conocido en castellano e inglés como “Libro de las revelaciones”. Paradójicamente, los helénicos igualaban Apocalypto con “nuevo inicio”.

EL OTRO

Sin dudas que todo gran final de una era es a la vez el nuevo inicio de otra, siempre que todo no acabe en la hecatombe global de la acepción vulgar, aunque haya que aclarar que el australiano-estadounidense Gibson, en vez de hablar de un hipotético futuro se referirá a un mítico pasado indígena maya.

Pero Fallaci en su tercer libro y en ese medio-libro-extra o post-scriptum que llama “Apocalipsis”, sumando 304 páginas que nada suman a sus argumentos anti-inmigratorios anteriores, juega con la acepción vulgar y la etimológica. Alude a su final físico y al final de la civilización occidental en Europa.

En ambos casos el causante sería “el Otro”, categoría con la que sustituye el nombre del cáncer contra el cual luchó durante la década de silencio -antes de publicar en 2001 “La rabia y el Orgullo”- y cuyo tratamiento abandonó –al agregar “La Fuerza de la Razón” a la saga- dejando avanzar la enfermedad al punto que los médicos en Boston y Milán ya no la pueden operar.

Con sólo 40 kilos y contando su dolor, se refiere metafórica y reiteradamente al mal, como “el Otro” que la matará, para volver a repetir la traslación de sentido a ese “Otro”, el inmigrante islámico que entra legal o ilegalmente a Europa y Occidente, por medio del cual ella siente amenazado el fin de su civilización y arriesgado el fin de su vida por amenazas de muerte (fatwas).

Si la tolerancia es la admisión de que el Otro con sus costumbres esté entre nos-otros, aunque tengamos otras costumbres, se supone que globalmente debería ser un camino de ida y vuelta -cosa que la autora demuestra que no sucede en los países islámicos- lo que no justifica a que Occidente renuncie a su supuesta tolerancia porque otros no actúen en sus países de la misma forma.

Pero, por lo menos, de la admisión del inmigrante se supone esperable -como mínima contraprestación- que éste acepte la constitución y leyes igual que se obliga a los locatarios, admitiendo el ingresante que el local viva su cultura, sin violar con las costumbres importadas las normas del anfitrión. Se trata del mínimo común múltiplo de integración que evite una confrontación.

DE MELILLA A ESTAMBUL

De a medio millar se cuentan los africanos que tratan de saltar a la vez las vallas hacia Melilla y Ceuta, cuyas odiseas y heridas vemos vía satélite. Dichos enclaves hacen de España la última valla africana de Europa, cuando la península ibérica había sido la cabecera de puente europea de Africa hasta integrarse a la vieja Comunidad Económica Europea en 1986.

No olvidemos que España fue la musulmana Al-Andalus desde el año 711 (con la invasión de Al-Tariq) hasta 1492: no fueron poco 8 siglos hasta que el último gobernante islámico (Boabdil) abandonó Granada y el suspiro de ese moro provocó una frase de su madre que sobrevivió los tiempos y quedó para la historia: “lloras como mujer, lo que no supiste defender como hombre”.

Pero Boabdil había concertado con los reyes católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, el respeto de la profesión religiosa de los islámicos que se quedaban en la península, aunque luego que llegó al actual Marruecos supo que comenzó la conversión forzada de moriscos por el cardenal Cisneros. En agosto de ese mismo 1492 también fueron echados los judíos no conversos.

La frontera sur y este del Mediterráneo va de Melilla a Estambul. Y por esa otra punta se produjo históricamente el otro mayor avance de un imperio musulmán en territorio europeo pues, tras el avance de los Omeya por el norte africano, España y el sur francés, a partir del siglo VIII de nuestra era; luego debe considerarse el avance por los Balcanes del Imperio Otomano.

Desde la toma de Constantinopla en 1453, fecha simbólica con que se cierra la Edad Media, y después de estar dos veces a las puertas de Viena, el dominio turco recién se retira a la salida de Europa en Estambul, al fin de la Guerra Mundial I, perdiendo por un lado la península balcánica y por otro la arábiga.

Así puede interpretarse la oposición de Austria, esta misma semana en la reunión de los veinticinco cancilleres europeos, para admitir la negociación y entrada de Turquía a la Unión Europea -aún cuando el proceso pueda tardar diez años- y forzó como muro separador la apertura de negociaciones con Croacia, con lo cual se tendrían ya 5 candidatos para sumar a los 25 países.

BARRERAS, MUROS Y FORTALEZAS

Austria no sólo puso nuevas barreras que debe sortear el gobierno turco para entrar al club europeo, sino que la Comisión Europea en Bruselas exigió a Estonia más controles de trabajadores ilegales rusos a esa república báltica (como relatamos en LA SINTESIS desde San Petersburgo, 25/10/2004).

Mientras Italia y España surcan con guardacostas tras las balsas de refugiados africanos, como EEUU hace con los balseros cubanos en torno a la Florida, sumado a vuelos coordinados de países europeos exportando indocumentados, se empieza a consolidar la fortaleza comunitaria, coherente con nuestro temor expresado en los despachos enviados durante la gira europea en noviembre.

El patinazo de la Constitución de la UE, en países fundacionales como Francia y Holanda, mostró la alergia del euro-electorado hacia la libre circulación de inmigrantes de Turquía, a perder derechos adquiridos o tener que compartirlos con más socios, apuntando a una Europa no expandible indefinidamente. Si parafrasearan a Luis XIV, los votos gritan “el Super-Estado somos nosotros”.

Y si la historia hizo de la muralla china un destino turístico, es porque ya Beijing ya no teme a los mongoles de Gengis Kahn como cuando esa capital se llamaba Cambaluc en tiempos de Marco Polo o ya no teme a los rusos de Stalin y Breznhev como cuando esa ciudad se llamó Pekín y gobernaba Mao.

El Muro de Berlín también se transformó de maldito regalo de Kruschev en ruinas vendidas a Reagan-Bush como souvenir, al rehacerse una Alemania de lo que eran la RDA oriental y la RFA occidental, ahora que sus dos cuadras sobrevivientes sirven para el turismo histórico, desde donde les escribíamos hoy existe una “Topografía del Horror”, museo de las eras nazi y comunista.

Sin embargo, lejos de haber aprendido la lección, tenemos el muro sureño que hizo EEUU para reforzar el control de la entrada de mexicanos y otros latinoamericanos, o el que hizo Sharon en el límite de Israel para evitar la entrada de suicidas, de trabajadores y de productores desde territorio palestino.

Vuelven a erigirse fortalezas y Europa parece decidida a tomar los ejemplos vigentes, terminando con la tolerancia a la inmigración, que fuera una de sus prácticas como parte de una compensación a la mala conciencia que cargaba por los desastres hechos en sus épocas imperiales sobre las antiguas colonias.

RESISTIRE

Quizás, en futuras coberturas, ya no veré tanto marroquí atendiendo locutorios en Barcelona, ni senegaleses con cybercafés junto a la Gare de Lyon en París, o turcos atendiendo hotelitos en Amsterdam, argelinos en la zona vieja de Bruselas, 300.000 rusos entre 1,5 millones de estonios en Tallin, nigerianos e indios en Londres o iraquíes en Stockolmo (no me pregunte cómo llegan).

Molesta con esa Europa eurábica, Fallaci juega en su “Apocalipsis” con la posibilidad de ser ella la que emigre a algún lugar aislado –hace un año que no vuelve a Nueva York por la debilidad que la mantiene en un lugar no revelado de Florencia- para morir como Napoleón en Santa Elena o en Niuatoputapu, sí, una de las islas Tonga... “porque allí los musulmanes no van nunca”.

Así podría salvarse de “la llamada Constitución Europea que no dice quiénes somos ni de dónde venimos” pues, a pesar que se declara atea pero cristiana, del punto de vista civilizatorio, critica a la propuesta Carta Magna por no atender “los dos mil años de Historia enraizada en las raíces que sabemos” o sea judeocristianas, o sea no musulmanas, o sea para nosotros y no los otros.

Por ello acusa a los mandatarios de la U.E. y sus eurócratas de “califas con corbata, los habituales visires con uniforme azul, los titiriteros del Súper-Estado” que “tratan de gobernar una Súper-Nación, de imponer una Súper-Patria”. Y ella se refugia sacando la bandera italiana al balcón como consuelo, la misma que cubrirá su féretro en un momento que sólo su cerebro resiste.

Llego con desgano a su última carilla, esfuerzo que no me produjo jamás su obra y esfuerzo que hago por respeto a toda su carrera. Desde que la caída de las Torres Gemelas la sacó de su ostracismo periodístico -y detuvo las 800 páginas que llevaba escritas de su novela no terminada- consumí sus tres libros: al primero lo llamó “un sermón”¸ el segundo fue discurso político.

Pero este tercero es un desahogo-testamento, donde no falta ni su padre ni su madre ni su adolescencia en la Resistencia. Y esta atea sabe bien que puede emocionar, aún tras vomitar tanto desprecio. Antes de abrir la Biblia para citar el Apocalipsis como conclusión, mira al Otro y admite que está “un poco mejor respecto a cuando creía durar sólo unas cuantas semanas, unos cuantos meses. No hay que ceder. Hay que resistir. No quiero ceder. Quiero resistir”.

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