Crónicas de Torsos Huérfanos

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10/24/2005

Dia del Periodista: Yo tengo un sueno...aunque obsoleto

EDICION ESPECIAL EN EL "DIA DEL PERIODISTA"

"YO TENGO UN SUEÑO"...
AUNQUE SEA OBSOLETO

por Carlos Montero, montero@sintesis.org

"Yo tengo un sueño" ("I have a dream") fue el latiguillo con el que, un
28 de agosto de 1963, Martin Luther King asuzó a la sociedad
estadounidense en favor de la igualdad de los derechos civiles, desde un
estrado frente al Lincoln Memorial de Washington. Un sueño vigente...
reactualizado a nivel global

Enormemente más prosaicos y terriblemente menos importantes, siempre he
creído que mis sueños sufren de obsolescencia tecnológica.

SUEÑOS OBSOLETOS

Mis amigos sueñan en colores desde siempre, mientras -desde que tengo
conciencia de que duermo, pese a la contradicción- yo lo hago en "blanco
y negro", o sea que soy oníricamente daltónico o anterior a la época del
color.

Ello me hace más obsoleto que la televisión color, de fines de los años
setenta en el Cono Sur, y aún peor de anticuado ante los desarrollos
concretados en Cinemascope por los seguidores del arte fundado por los
hermanos Lumiere.

Desde su niñez, mi madre no ha dejado de volar en sueños. A pesar que su
peso supera en cincuenta por ciento mi categoría de "peso pluma", nunca
he podido despegar de la pista de mi colchón, ni siquiera a un metro del
piso (siempre hablando de cuando estoy dormido).

Todo lo que viví repetidamente fue un sueño de vuelo en caída, en el
cual podía ver desde abajo como caía por una escalera dentro de una cama
infantil. Felizmente me despertaba sobresaltado antes que la cama se
estrellara contra el último escalón, escena que jamás llegaba a
presenciar.

Por lo tanto, al no poder volar en sueños, soy de una generación más
obsoleta a la de los hermanos Wright, en la primer década del siglo
pasado (siempre que se confirme la versión de que despegaron
verdaderamente en 1903), o de Santos Dumont, según los historiadores
brasileños.

Yo tengo sueños, pero nunca experimento aventuras de hadas ni bucaneros
(como pude ver en vigilia en Eurodisney a las afueras de París), ni
tampoco viajo con Verne al centro de la Tierra, ni me sumerjo en
profundidades ni me elevo en globo. Estoy varias eras atrasado ante los
hermanos Pickard.

Mi mayor aventura en sueños fue la de una noche con fiebre ardiente en
que, en pleno período de exámenes de Matemáticas, rearmé para adelante y
para atrás en plena "calentura" (como decían las abuelas) el chorizo de
términos componentes de la ecuación del binomio de Newton. O sea que,
hasta durmiendo, estaba una era atrasado a los cálculos de Planck y
Einsten.

La obsolescencia tecnológica con la que bromeo, refiriéndome al ámbito
onírico, se reproduce también en mis sueños diurnos, más conocidos como
deseos o aspiraciones que querríamos ver en la realidad cotidiana de
nuestra profesión. Aquí es que me alarma percibir que muchos principios,
que están en la tapa del libro (no el de estilo), han quedado obsoletos.

UN SUEÑO VIGENTE

En este Día del Periodista, yo también "tengo un sueño" que quisiera que
no siguiera siendo obsoleto:

-Sueño con programas informativos conducidos y realizados por
periodistas: no por vedettes, perchas y modelos, que pueden figurar en
otros formatos.

-Sueño con periodistas de investigación, que traten lo relevante y no lo
trivial, con amenidad pero sin caer en la farandulización o en la
espectacularidad

-Sueño con periodistas que no sólo informen de lo que sucede con
rapidez, acumulando datos, sino aporten contexto para entender las
razones y causas

-Sueño con medios que aprovechen con todo derecho su página editorial en
uso de la Libertad de Prensa, pero no manoseen el derecho a la
información

-Sueño con periodistas que analicen las novedades con la perspectiva de
la coyuntura y el largo plazo, sin sermones ni actuar como políticos
alternativos

-Sueño con periodistas que sean dignamente pagos y no tengan que vender
publicidad para trabajar ni hacerlo gratis para actualizar su currículum

-Sueño con periodistas que se sientan suficientemente realizados con
in-formar, dar forma a la masa informe de datos, sin pretenderse
fiscales o jueces

-Sueño con periodistas con más exclusivas de fuentes identificadas,
protección del secreto para fuentes anónimas verificadas y menos
cámaras ocultas

-Sueño con jefes de redacción no obsecuentes, que aporten una agenda
priorizada, guiando a su equipo y resistiendo las presiones corporativas

-Sueño con periodistas que, aunque usen recursos literarios, sonoros o
visuales, nunca olviden que nos define anteponer hechos a conclusiones

-Sueño con que ninguna nota pobre o hambre de éxito, lleve a nadie a
inventar historias o a copiarlas. Ni el New York Times ni Búsqueda
pudieron evitarlo.

MAS OBSOLETO AUN

Pese a mis sueño, soy obsoleto, lo admito. Soy pre-Wolfe, pues elijo
menos del placer que me genera la pluma del tío Tom con su
neo-periodismo dandi y más del rigor de Bob Woodward, pese a su red de
relaciones en Washington DC, con sus conexiones, presiones e
intercambios de prestigio.

Soy obsoleto porque lo prefiero, aun sin escribir "Grrrrrrrrr...."
interjecciones ni relatar en forma maestra la aceleración de un carrito
de bebé, dado que -cuando de informar se trata- añoro las maniáticas
costumbres de verificar fuentes y chequear datos, como bien le enseñó su
jefe Ben Bradlee en el Post.

Soy pre-Gates, que quiere salvar los árboles pasando todo a medios y
tinta digitales, pues su negocio es el software y no las plantas de
celulosa; que promueve los medios simultáneos real-time online,
acelerando la sucesión de la información, al punto que la reacción sea
un reflejo y no la reflexión.

Soy pre-"super-recuadrismo", corriente de edición difundida en la región
por consultores de universidades y empresas españolas, que transforman
nuestros diarios en un damero digno de un tablero de ajedrez, donde los
relatos no tienen más hilo conductor que un lector sin prioridades
perdido en la página.

Soy hasta pre-Hearst, el famoso William Randolph canonizado por Orson
Welles en "Citizen Kane", a quien no le faltan dignos alumnos en
nuestras galaxias farsa-nescas, con ínfulas de usar las noticias para
granjear dinero y poder, distrayendo a los lectores o confundiéndolos.

Hasta sería pre-Leonardo para emular la comunicación de novedades en la
Edad Media, pues quisiera que el periodista describiera lo que atestigua
con su propia letra y entendimiento (como los trovadores y troveros) sin
que les dicten o copien el estribillo que deben recitar (como los
juglares).

Yo tengo ese sueño, aunque parezca obsoleto. Y tras dos noches enteras
escribiendo -en esta última semana agitada desde la cumbre de
presidentes de Salamanca hasta la reunión de ministros por la gripe
aviar en Londres y el Mercosur- aún tengo otro sueño pero actualizado:
Se llama ganas de dormir... y lo concreté aprovechando que hoy es el Día
del Periodista.

Vuestro amigo,
Carlos Montero

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