Crónicas de Torsos Huérfanos

Crónicas de Torsos Huérfanos
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10/27/2005

Como Homero, morir por los piojos

Nike: de la diosa de la Victoria a la derrota de la Sabiduría

MORIREMOS COMO HOMERO
POR CULPA DE LOS "PIOJOS"

por Carlos Montero, montero@sintesis.org

Nike era, para la civilización helénica, la deidad que representaba la
Victoria, posada sobre la mano del monumento olímpico de Zeus, el hijo
de Kronos. El poco conocido y derrotado final del mayor poeta griego,
Homero, no logró rendirle culto merecido a la diosa, por culpa de unos
simples piojos de playa.

El autor de La Odisea, La Ilíada y La Tebaida -de existencia
cuestionada- nació en Esmirna (en Anatolia), cerca del Egeo, amtes que
la Hélade se expandiera a las actuales Sicilia, sur de Italia (Magna
Grecia), Balcanes hasta Macedonia, Grecia, Turquía, Asia Menor hasta
Palestina, Egipto (pues Tebas es Luxor) y con Alejandro Magno alcanza
hasta Persia, Afganistán y Pakistán.

Se calcula que el aeda ciego vivió por el siglo VII AC, dos centurias
antes del siglo de oro griego, en la época oral de la "Sofía" -como se
llamó a la Sabiduría que buscaba alcanzarse por el debate dialéctico- y
recogió por escrito la tradición épica de Troya (con su Ulises volviendo
de tal conquista en La Odisea), así como Platón luego recopiló los
diálogos de Sócrates.

Este período posterior, que apela al recurso literario para reproducir
la "dialéctica" de los debates entre sabios y la "retórica" de los que
recitaban discursos preescritos al público, ya es conocido como
"Filo-sofía", entendida como "amor a la Sabiduría" a la que
representaban en textos sin encarnarla.

El largo camino de la civilización occidental hacia el "logos" es
descripto en 1975 por el catedrático de la Universidad de Pisa, el
italiano Giorgio Colli ("La nascita della filosofia", Adelphi Edizioni,
Milán) en donde traza una sucesión que encadena la desacralización del
conocimiento de una realidad de apariencias desde los dioses hasta los
humanos (sabios y luego filósofos).

Primero los dioses comunicaban sus designios mediante enigmas ambiguos,
como los que en transe expresaban las mujeres expuestas al vapor con
efecto hipnótico del Oráculo de Delfos. Luego vendrían profetas que
interpretaban esas palabras aparentemente contradictorias que escondían
el futuro.

En una tercera etapa, ya no serían los dioses sino los adivinos (ambos
humanos) los que competirían por plantearse mutuamete enigmas, hasta que
-finalmente- el ejercicio de la dialéctica oral es el camino para que
hombres, aspirantes a sabios, destruyan la tesis de uno con la antítesis
del otro. Mucho después vendría la retórica, que espectaculariza el
monólogo ante público.

En esa búsqueda de su futuro, aún en la era en que el oráculo de Delfos
era la referencia obligatoria, cuenta Aristóteles que Homero fue a
consultar su destino y salió cargando una respuesta enigmática. Supo que
moriría en "la isla de Ios", pero le advierten: "guárdate del enigma de
los hombres jóvenes".

Decidido a enfretar su destino, el poeta no hizo como cualquier hombre
moderno que con la pretensión de vivir lo máximo posible aunque sólo sea
por la utilidad de respirar se iría a cualquier lugar menos el
mencionado. Homero se fue a Chios, nombre actual de la isla, y fue a
sentarse a la arena, como esta tarde recordaba yo en mi silla de playa,
tras terminar al sol el libro de Colli.

Dos pescadores que pasaban fueron percibidos por el escritor no vidente
e, inquiridos sobre su suerte en las artes de la pesca, contestaron con
un enigma: "Lo que hemos cogido lo hemos dejado, lo que no hemos cogido
lo traemos". Homero entendió que en ese enigma se jugaba la vida porque,
sin esperarlo, había atraído el "enigma de los hombres jóvenes" del cual
debía cuidarse.

Aristóteles concluye que "Homero, al no ser capaz de resolver el enigma,
murió de aflicción". Es que los pescadores, tras una mala jornada
embarcados, sólo traían piojos. Los que pudieron agarrar, los aplastaron
y se los sacaron de encima. Los que no pudieron agarrar, los traían
prendidos a la ropa.

El catedrático italiano explica la desproporción entre un enigma no
resuelto y la reacción de tristeza que provocó "el desenlace trágico"
del célebre poeta griego: Nos muestra que "para el sabio el enigma es un
desafío mortal" y "el sabio, que domina la razón, debe desatar ese
nudo". Homero se moría por no cumplir su función: descifrar, entender y
expresar. Le sustrajeron su Nike.

Mientras volvía paso a paso por la arena, de la orilla a mi silla
plegable, diviso que bajo el asiento ya no diviso mis zapatillas
deportivas Nike que, cual la Victoria griega que dió nombre a esta
marca, me permiten andar como con alas para recuperarme suavemente de la
quíntuple fractura y dejar el bastón.

No sé cuál de los dos grupos de adolescentes pauperizados que estaban en
la vuelta, pero luciendo "championes" de costo mucho mayor que los míos,
es el que se los llevó. Lo que más me sorprende es el silencio cómplice
y la falta de advertencia de parte de los ciudadanos supuestamente
incluídos socialmente, que cobardemente callaron cuando vieron el actuar
de los marginales.

Me sobrecoge la aflicción.l No por la sabiduría sino por la ignorancia.
El enigma que me dejaban "los hombres jóvenes" me resulta lacerante y
amargo. Si supuestamente como periodista mi función es informar, yo era
el más desinformado. Si como analista mi función es entender, sigo sin
entender.

Sólo temo que, tras veintisiete siglos, si seguimos así, el oráculo
podrá repetirse indefinidamente: moriremos de aflicción, por los piojos
o por no saber transmitir valores a los jóvenes ni conservarlos los que
ya son hombres. Para colmo, crucé la rambla descalzo, derrotado sin los
Nike ni Victoria.

Vuestro amigo,
Carlos Montero

PD- Saludos en su cumpleaños en Tacuarembó a la colega Victoria Alfaro

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Deseo saciar una curiosidad: ¿En qué obra cita Aristóteles este enigma de los jóvenes?

Anónimo dijo...

Gracias por el correo y por saciar mi curiosidad, aunque esa obra de Aristóteles me es desconocida.