Crónicas de Torsos Huérfanos

Crónicas de Torsos Huérfanos
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9/07/2005

Si maneja no tome, si toma no mande

Bebedores, alcohólicos y responsables de conducir (empresas y gobiernos)

SI MANEJA, NO TOME:
SI TOMA, NO MANDE.

Por Carlos Montero, montero@sintesis.org

Las escuderías de Fórmula Uno actuaron velozmente (como no podía ser de otra manera) para sustituir la financiación que perdieron, por la prohibición de la publicidad de marcas de cigarrillos en bólidos y circuitos. Ahora apuntan a la publicidad de bebidas alcohólicas, perfecta solución económica para un peor resultado en la salud: el directo del consumo e indirecto de los choques.

DEL CAÑO DE ESCAPE AL TANQUE

Otras dos contradicciones se sumaron en setiembre, durante el Gran Premio de Italia, cuando se anunció este domingo 4 el acuerdo entre McLaren-Mercedes con el whisky Johny Walker. Primero, pues el slogan de la tradicional marca es “Keep Walking” (del inglés “Manténgase caminando”), que es un perfecto consejo para quien tomó un ‘scotch’: “siga caminando y no se suba al auto”.

La tercera paradoja se da al sustituir esta comparación hombre-máquina: dejamos de usar el deporte para promover la intoxicación con humo (metáfora del ser humano con caño de escape) y cambiamos a la intoxicación cargada de derivados del alcohol (metáfora del ser humano con tanque de combustible).

Además, en un cuarto andarivel, el mensaje es plenamente contradictorio con las recomendaciones de todos los oficiales de tránsito y la Policía Caminera, cuando los mismos medios que se benefician de los avisos de las bebidas, luego publicitan campañas de “bien público” en las que usan el lema oficial: “Si maneja, no tome: si toma, no maneje”. ¿Norma sólo para conductores?

Sería simpático, si no fuera triste. El aviso televisivo del gerente bebido de la fábrica DIVINO, que festeja los 70 años de su empresa anunciando descuentos desproporcionados a los clientes, entre vaídos de reiterados brindis, sirve de ejemplo para plantearnos los casos de bebedores sociales y alcohólicos que son responsables de conducir no sólo autos, sino empresas y gobiernos.

GENERALES A CABALLO

Tres comandantes en jefe no salían del asombro durante un vuelo a Miami. Acostumbrados a ordenar – por deformación profesional – no esperaban órdenes (“y encima”) de una mujer. La azafata reiteró disculpas, pero retiró de sus atónitas bandejas los “White Horse” en las rocas que venía de servirles.

Especificó en la excusa que no hubiera podido ofrecerles alcohol, de ser enterada con antelación que dichos viajeros eran los máximos mandos de la Armada, Ejército y Fuerza Aérea de un estado del Cono Sur con potestad de decisión, pues ello estaba prohibido en la aeronave estadounidense.

Piénselo en términos descontextualizados: Y si en pleno camino a Miami los radares captaban un raid impresionante de unidades combinadas procurando invadir su país, ¿el gobierno no necesitaría en la plenitud de condiciones a los titulares de las FFAA para asesorar al Presidente – que acompañaban – sobre las mejores medidas para contrarrestar el ataque?

El aldeanismo e improvisación de los cuales hemos cubierto los planes (cuando éstos existen) de nuestra actuación pública y también privada en la región, permiten que nos riamos o ridiculicemos las precauciones tan lógicas de los estadounidenses que nunca arriesgan a su presidente y vice en el mismo lugar público. Ahí iban volando y tomando un presidente con los tres mandos.

Si no tenemos que estar alertas de ataque alguno o decisión urgente, probamos silogísticamente el carácter de suntuario de buena parte de los servicios castrenses, que debieran haber advertido a tiempo a Stroessner en Paraguay que sus allegados lo iban a derrocar o a Menem que carapintadas argentinos tomarían por asalto el Comando del Ejército, a cien metros de la Casa Rosada.

FACULTADES ALTERADAS

Partiendo del entendido que todo hombre que asume una responsabilidad de tal magnitud debe estar ubicable y en todas sus aptitudes para tomar las graves decisiones que se le han confiado, resulta fundamental que -todo el día- tanto comandantes, como mucho más el Presidente, mandos policiales, intendentes, directores sanitarios o de rescate, como cualquier funcionario -durante su turno- estén obligados a permanecer lúcidos.

No es una ilusión puritana. Si a quien toma alcohol o drogas legales, en dosis realmente leves, se le recomienda no manejar vehículos y se le multa si lo hallan conduciendo, ¡cuánto más grave significa para el destino de un país, comuna o empresa que un funcionario o gerente de alta jerarquía decida sobre sus asuntos sin el total control de sus facultades!

Cuando llega la veda previa a un acto electoral, es común que en las 24 horas previas se prohiba el consumo de bebidas alcohólicas en los bares o su venta en tiendas y almacenes. La causa es que el ciudadano esté lo más despejado al momento de usar su millonésima ava parte de poder dentro del electorado.

En un sistema tan representativo como poco participativo, el ‘zoon politikón’ local interviene apenas una vez cada 4 o 5 años con posibilidad de algún plebiscito en el medio para sacudir la modorra. El representante electo directamente o el jerarca seleccionado por quien fue votado, requieren estar igual de despejados -o más- en todos los momentos de tomar decisiones.

Si no se siente en condiciones, que haga como debieran hacer los conductores de automóviles: Parar a un costado de la carretera a descansar y/o llamar a un segundo para que conduzca mientras él no puede. Y si los fumadores deben salir al pasillo y no contaminar los lugares cerrados, también valdría obligar a tomar aire –o Vitamina B- a los trabajadores beodos, hasta recuperarse.

EMPRESARIOS QUE TOMAN... DECISIONES

Lo mismo sucede en las empresas privadas. No será la última vez que escuchemos de malos negocios realizados por seres públicos que tienen vicios privados que afectan su equilibrio o voluntad.

Tampoco faltan, según cuenta Alcohólicos Anónimos (AA), los enfermos o “bebedores sociales” (denominación de los que van en camino, según AA) que aseguran a sus familias estar haciendo política, negocios o trabajando, cuando todo lo que han hecho es estar en el bar o en la cantina inmediata a su empleo.

No estamos hablando de Juan Carlos Onetti, de Charles Bukowski, ni de actor o artista alguno, sino del equilibrio exigible a cualquier persona que firma u adopta medidas que afectan la vida de otras personas (sobre las que tiene poder) para beneficiarles o perjudicarles. También lo hacen los periodistas que malinforman, por droga, alcohol, incapacidad o mala intención.

No faltaron periodistas que denunciaron la presencia de dirigentes sindicales bebidos durante una reunión de la dirección obrera. Debiera ser inaceptable para cualquiera de los agremiados, como inaceptable en un empresario para los miembros de la sociedad anónima cuyos accionistas entregan sus capitales confiando en su habilidad, como inaceptable en un legislador o gobernante local, departamental y nacional para sus respectivos votantes o subordinados.

En los ochenta se multiplicaron las versiones acerca de un intendente que, para no quedar en evidencia, se tomaba una pastilla brasileña que tenía los efectos de una medida de whisky. En el malentendido que era inmiscuirse en su intimidad, nunca un opositor hizo investigar el tema. Ni a un vicepresidente que chocó o fundió autos oficiales por descontrol con la bebida.

MOSTRADOR Y YOGUR

Cuando comencé a estudiar Periodismo, el mejor profesor que tenía aseguró que yo nunca llegaría a ser un buen profesional en mi medio. “No conozco buen periodista que no tenga mucho mostrador” se ufanaba quien diez años más tarde trabajaría a cargo mío, ya recuperado su codo de los boliches.

Esa imagen añorada del periodista bohemio, abonada por ser parte de épicas épocas bajo la censura militar, cultivó honores para aquel crack de tecla fácil aunque escribía con dos dedos, pucho apretado en el orbicular casi saliendo del cachete, lapicera en la oreja, cuello gastado, gabardina y manos con tinta. A ellos les pedías 65 líneas sobre la inmortalidad del mosquito y las escribían.

Inútil sería cuestionar la capacidad de literato contra-reloj de esta clase de veteranos curtidos y premiados en mil batallas, pero la pregunta respetuosa es si la dependencia de estar ‘entonado’ para escribir daba las garantías al lector.

No es excusa que tuvieran “mucho más oficio” que la generación actual que come alfajores, yogur y se levanta 7 AM para hacer jogging (hora en que los otros se acostaban). Mal de muchos no es consuelo para quien bien se precia.

El profesionalismo es una cosa y las garantías son parte de esta virtud, no sólo la graciosa pluma o verba. Serían seres mucho más poéticos, queribles, hombres de su tiempo, con más vuelo filosófico y formación universal, pero no creo que nadie justifique su capacidad informativa por ser tomadores.

DOLORES DE CABEZA

La única suspensión que consta en mi foja laboral, la obtuve siendo locutor de una radio, por permitir que siguiera al aire un experimentado informativista. ¿Cómo un adolescente iba a prohibirle a un hombre con brillante antecedente que lea las noticias? Yo no tenía esa potestad, me justificaba.

A la mitad del resumen noticioso central era notorio que este colega, quien tanto nos enseñó, estaba completamente bebido y poco menos se arrastraba. La dirección de la emisora tenía razón, pero lavaba así su conciencia pues sabían que todos los días bebía “té triple” (3 medidas) aunque no se notara. Pero como esa vez se hizo explícito, la radio tenía justificación para despedir.

¡Cuántos dolores de cabeza se habrían ahorrado en la historia varios diarios si hubieran controlado a editorialistas pasados de bebida que, solucionando de cuajo los problemas del mundo con acusaciones o fuentes inventadas, al final terminaban con el buen nombre de otros tantos ciudadanos!

Víctor Cohn, del The Washington Post, de los periodistas científicos gráficos más importantes, dice que “en una época de frenética competencia entre los medios de comunicación social para captar el interés del público -y muchas posibilidades de hacer daño al dar noticias dudosas- el periodismo también exige un juicio sofisticado”. Pues el profesional actúa muchas veces dentro de un marco de “incertidumbre”. Cambie los términos medios y periodista y sustitúyalos por empresas y empresarios, que la afirmación mantiene valor.

Fuí testigo de publicaciones en las que, cada noche antes de enfrentar el desafío de la tapa, corre discretamente el whisky como forma de inspiración. ¿Qué tiene que ver un vasodilatador con una primera plana o noticia rigurosa?
¿No sería necesario dominar plenamente las extremidades al momento de conducir un gobierno, intendencia, empresa, medio de comunicación social, taxi, votar o escribir una investigación donde se rozan honores y carreras?

Que cada uno se inspire como quiera. Un diario tiene muchas tareas que asignar, pero las noticias que las confirmen y escriban aquellos que pasen el test de alcoholemia. La fugaz ilusión de equilibrio jamás es el paso previo o simultáneo al embrutecimiento del sentido. No se puede tomar decisiones vitales con el peso de ilusiones que nublen el bien entender.

MIRA CON QUIEN BEBES...

Los tiempos nos obligan -a empresarios, periodistas, militares, gobernantes y hasta técnicos de fútbol- a estar alertas respecto de las ilusiones de tinte diverso que pueden atentar contra las mejores intenciones. Aún durante el tiempo libre.

En la confianza de copas que vienen y van, cuánta información reservada filtraron involuntariamente conocidos bebedores sociales con diverso grado de jerarquía en sus organizaciones públicas o privadas.

Después que no se quejen de los periodistas cuando revelan noticias. Lo preocupante no es que se enteren aquellos que persiguen sanamente temas de interés público para cuidar el derecho de la ciudadanía a saber qué sucede, sino que lo haga quien apuesta a otros intereses. Por eso, en otros países servicios secretos y medios investigan malas o buenas “juntas” de autoridades.

En la Argentina hallaron que el traficante Al Kassar estaba en fotos de agasajos con el ex presidente Carlos Menem, quien había dicho que no lo conocía.

El adagio de “mira con quién andas...” o con quien bebes, se debiera entender en países donde seguimos creyendo -para beneficio de los que lo aprovechan- que estamos en la laguna azul: Que se hace empresa, gobierno o periodismo empinando el codo, mientras los demás vuelan a bordo de una cultura diet.

ESTO PASO... ¡HIC!

Tres dirigentes de clubes de un país vecino llegaron a Brasil para una reunión de negociación con las autoridades de sus pares de la confederación norteña. Brillantes diplomáticos, también en Deporte, haciendo honor a quien negoció su independencia sin pelearla, recibieron a cuerpo de rey a los invitados, que arribaban acuciados por cambiar fechas de partidos que venían “cocinando” a su vez los anfitriones de la reunión continental del siguiente día.

Cuenta en la intimidad un reconocido analista deportivo que, trasladados al hotel, los locatarios les ofrecieron que descansaran y se refrescaran pues luego los pasarían a buscar a cenar y podrían así dialogar. Confortablemente alojados en el cinco estrellas, los delegados acostumbrados a las penurias del profesionalismo “en chancletas” se sintieron poco menos que Havelange.

Puntualmente fueron recogidos y llevados a un restaurante VIP donde comieron y bebieron ‘a piacere’, en ámbito distendido, con la cordialidad indiscutible del pueblo cuyo suelo pisaban. Copa va, copa viene, se olvidaron de la Copa cuyo fixture venían a negociar y, por supuesto, faltaba un día para el congreso. No era de andar con ansiedades con gente tan amable.

Terminada la opípara cena, no iban a desperdiciar la hora mulata y los anfitriones los dejaron en un night club donde no carecieron de “digna” compañía para compartir las horas que distaban del rubio amanecer.

A la una de la tarde, los sonámbulos delegados eran despertados por el transporte oficial que aguardaba urgido en la recepción del hotel para llevarles a la apertura del congreso. Así, sin comer, sin haberse bañado, llegan al centro de conferencias. Ya estaba todo cocinado y calladitos votaron en contra. Como terminaba la vieja serie argentina “Cosa Juzgada”: Esto pasó. ¡Salud!

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