Crónicas de Torsos Huérfanos

Crónicas de Torsos Huérfanos
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9/05/2005

Pronósticos errados de gente acertada

La gente acertada también se equivoca, aunque no lo reconozca

PRONOSTICOS
MUY ERRADOS

Por Carlos Montero, montero@sintesis.org

Usualmente se considera que, cuando la gente habla del clima, es porque no tiene nada de que hablar. Se trata de una presunción equivocada, tanto como los pronósticos errados sobre la velocidad del viento de fin de agosto (188 km/h) que meteorólogos privados previeron menos de la mitad (90 km/h) en el mejor caso y los públicos ni siquiera alcanzaron a la tercera parte (60 km/h).

MAL TIEMPO

En vez de explicar las razones que llevaron a un fenómeno climático inusual, sin antecedente en los últimos cuarenta años, los expertos de los noticieros de televisión uruguaya prefirieron concentrar la discusión en la prohibición que el organismo oficial había dictado a los canales de emitir alertas meteorológicos (más de 62 km/hora) que no fueran pronunciados por la dirección estatal.

Nadie se responsabilizó de no haber previsto e informado ni el cincuenta por ciento de la fuerza del ventarrón que se llevó puesto techos, autos y personas; mientras el organismo público busca una cabeza (chica) que ruede, quizás de una predictora que bajó a 60 km/h las dos advertencias de colegas del turno anterior y del Aeropuerto Internacional de Carrasco. Pero ningún mea culpa.

Una semana después hubo un alerta forzado de la Dirección de Meteorología ante la inminencia de la tradicional jornada tormentosa de Santa Rosa (patrona de Lima y de la Policía) o el día posterior, lo que reprodujeron los predictores de la pantalla chica. Apenas hubo una lluvia, mostrando que aún las personas acertadas son capaces de pronósticos muy errados ante lo incierto o lo nuevo.

PROFECIAS INCUMPLIDAS

La Historia está repleta de casos de gente experta en sus materias o famosas en sus disciplinas quienes fueron responsables de errar atrozmente con total exactitud en previsiones, lo que luego cargarían al “Debe” en el balance de sus impolutas trayectorias, para risa o lágrimas de los aficionados a la Historia.

Y ni desenterremos la memoria del ignoto director de la oficina estatal de patentes que, a principios del siglo XX, deseaba cerrar la repartición porque estaba convencido que ya se había inventado o descubierto prácticamente todo lo que había por inventar o descubrir. Había cine y teléfono ¿pero radio y TV?

Charles Chaplin, el genial Charlot que fue de artista de circo -con su bastón y bombín- hasta llevar su mímica al celuloide -haciéndose famoso en el cine mudo de los veinte-, cuando escuchó a Al Johnson en “The Jazz Singer”, el primer film hablado, simplemente previó el fracaso del film sonoro. ¡Mon Dieu! El y su hija triunfarían por el resto del siglo con bandas Stéreo Dolby.

Bill Gates III, prototipo de Nerd (teletubbie superinteligente humano) que desde el garage de los setenta llegó a ser el millonario padre de Microsoft con su dominante sistema Windows en los noventa, por maniobras monopólicas, como gurú pronosticó en 1981 que “640 K debe ser memoria suficiente para cualquier usuario de computadora”¡My God! Cualquier PC hoy tiene 20 gigas.

PRONOSTICOS POLITICOS

Pero no tienen que pasar dos décadas para que una profecía haga caer en desgracia a quien la pronunció. El saliente presidente uruguayo Jorge Batlle fue a ver a Washington al presidente George Bush para aumentar la venta de carne y entró a la Casa Blanca con la noticia del hallazgo de aftosa. ¡Aijuna! Y luego salió al jardín a pronosticar el triunfo de Menem sobre Kirchner. ¡Chee!

Una de las tantas muecas de la Historia las vivió Chile con el presidente socialista Salvador Allende. Se suicidó el 11 de setiembre de 1973 en el Palacio de la Moneda, durante el golpe de Estado de la ITT y sus fuerzas armadas, tras haber presentado varias veces al posterior dictador Augusto Pinochet (1973-1990) como un general institucionalista.¡Cachai huevón!

Y cuando, tras la Guerra de las Malvinas, Argentina reinicia en 1983 el proceso de vuelta a la democracia en el Cono Sur, el presidente Raúl Alfonsín supera un alzamiento militar carapintada en Semana Santa de 1987, que termina con su famosa frase del balcón ante Plaza de Mayo: “la casa está en orden”. ¡Fierita! Hubo tres alzamientos más en tres años.

Ni todos los ‘piragüé’ (del guaraní: informantes o espías vestidos de civil), del esquema que montó en 35 años de dictadura paraguaya el general Alfredo Stroessner (1954-1989), fueron suficientes para prevenir un golpe de Estado preparado en sus narices por su propio consuegro y medio generalato, que se concretó la noche de la Candelaria. ¡Deras...! (intraducible) .

PREVISIONES ECONOMICAS

Entramos en los noventa y el recetario del Consenso de Washington campea por el mundo como condicionante de reformas estructurales a cambio de préstamos del Fondo Monetario Internacional. Las crisis financieras no son previstas antes de suceder en Indonesia, Rusia y Brasil (¡Meu Deus!) durante la segunda mitad de dicha década, y en 2001 cae Argentina, la mejor alumna.

Joseph Stiglitz, Nobel de Economía 2001 y ex vice del Banco Mundial, tuvo que irse para luego reconocer las fallas de predicción: “El FMI acepta ahora que cometió graves errores en sus recomendaciones de política fiscal, en cómo propició la reestructuración bancaria de Indonesia, en promover la liberalización del mercado de capitales quizá demasiado prematuramente...”.

En “El malestar en la Globalización” (2003, Santillana) admite que “la caída de un país contribuía a la de sus vecinos, pero (el FMI) no ha admitido los errores en su política monetaria, y ni siquiera ha intentado explicar por qué sus modelos fracasaron tan estrepitosamente en la predicción del curso de los acontecimientos” (págs. 253/4). ¡We are the champions, my friend!

DILUVIO DE INCERTIDUMBRES

Una tesis sobre el error de predicción de los expertos y los periodistas lo plantea el economista italiano Mario Deaglio, ex director del diario financiero Il Sole 24 Ore, quien asegura en su nuevo libro que “el diluvio cotidiano de noticias destruye las perspectivas temporales y opaca el sentido de la historia”.

En “Postglobal” (Sudamericana, 2005), Deaglio dice que “esas incertidumbres adquieren características muy diferentes al tradicional riesgo que el homo oeconomicus halla frente a sí (...), la incertidumbre se configura como imposibilidad para mensurar las probabilidades de un evento”, lo que reta “el comportamiento racional del operador económico y financiero”¡Mamma mia!

Es que cuando hablamos de Economía no estamos en el tipo de pronósticos que se refieren a variables en las que no podemos influir, como el clima, sino que la difusión de una previsión por un actor legítimo o un economista respetado no es inocua sino que tiene influencia en lo que sucederá. ¡Pardiez!

La noticia sobre la supuesta falta de liquidez de un banco provocará una corrida de depositantes del mismo, ya sea verdad o mentira, pues los actores operan según sus expectativas o por precaución. Un error y el daño estará hecho, lo que nos llevará de cabeza a la denominada “profecía autocumplida”, aunque ese riesgo no debe transformarse en autocensura si hay verificación.

ADIVINANDO LA RULETA

Pronosticar el número en el que caerá la bolilla en la ruleta depende del azar para el turista, de las probabilidades para el jugador profesional y de las cábalas para los timberos. Pero también están físicos como Albert Einsten que creían en la Ciencia y sus leyes. “¡Dios no juega con el mundo a los dados!”

En “A dónde va la Ciencia” se reproduce una discusión entre el padre de la Relatividad y Max Planck, su amigo y padre de la Física Cuántica. Para ellos el azar no existía sino por la finitud del ser humano para disponer de toda la información sobre la fuerza, la velocidad, el viento y el peso de la bolilla de la ruleta, además de la capacidad de evaluar la combinación de esas causas.

Si dispusieran de los datos y de los métodos de análisis, los científicos creían que podrían pronosticar cualquier juego de azar o fenómeno natural, como el clima. Pero lo que ellos reconocían, era lo que los mediáticos predictores meteorológicos o analistas políticos de hoy no admiten o temen admitir: que somos finitos, que no tenemos todos los datos o forma de evaluarlos a tiempo.

Porque Sócrates nunca dijo “sólo sé que no sé nada”, sino que criticaba a los sofistas –según la versión de Platón- por no reconocer su fragilidad. Concluía que el principío para empezar a aprender -y luego a acertar- es ser consciente de lo que uno no sabe y, al menos, no hablar de lo que no se sabe. ¡Eureka! digamos como Arquímedes (¿o fue la gallinita distraída de Les Luthiers?).

3 comentarios:

Roberto Iza Valdes dijo...
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