Crónicas de Torsos Huérfanos

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9/02/2005

De hijo de Dios a Bebé de Rosemary

Ex de Maradona lo compara con el Diablo por no reconocer a su hijo

JUNIOR:DE HIJO DE DIOS
AL BEBE DE ROSEMARY

Por Carlos Montero, montero@sintesis.org

Sólo el poeta, en un momento inspirado al referirse a la eventualidad de su muerte, dice a su amor que “seré polvo, pero polvo enamorado”. Maradona, luego que la Justicia acaba de demostrar su negada paternidad de un joven italiano que hoy tiene 19 años, usa el adjetivo “errado” para la misma rima.

“Y todo el mundo gritó, Maradó, Maradó” desde las tribunas televisivas, en donde se pararon a aplaudir exhibiendo camisetas blancas con el lema “Papá, te amamos” con la firma de sus hijas, Dalma y Gianinna, que le cantaron luego que el “10” introdujera su tercer programa con una nueva confesión.

En el primero, ante Pelé reconoció que se le dió agua con droga al brasileño Branco para perjudicarlo pero que “se dice el pecado, pero no el pecador”; en el segundo programa admitió que fueron dos los goles que hizo con “la mano de Dios”. En este tercero, comenzó reconociendo las consecuencias de otra conquista más, lograda con otra parte del cuerpo de esta “divinidad” argentina.

“Diejo Junior no es mi hijo” estampó ante las cámaras: “es sólo fruto de un error del pasado”, en 1986, el mismo año en que salió campeón del mundo en México y el sur italiano vivía su momento de gloria con Maradona llevando al éxtasis al Nápoles y a la napolitana Cristiana Sinagra, futura madre de su hijo.

Y bajo aplausos incondicionales y lágrimas que promovía el show televisivo –con despliegue argentino a lo RAI italiana-, el conductor de LA NOCHE DE DIOS dijo que “acepto la sentencia de un juez, pero no reconoceré de ninguna manera que Diego Junior es mi hijo, guste o no guste”, aunque el ADN lo demuestre y Sinagra conteste paradójicamente que “este hombre es Satanás”.

El diario Gente D’Italia de este viernes 2 reproduce en italiano lo que dijo el lunes último en canal 13 de Argentina: “He tenido dos hijas, Dalma y Giannina, lo otro ha sido solo un error. Sobre ésto no me harán cambiar de idea ni las mujeres, ni los hombres, ni el presidente, ni nadie”. Cientos de llamadas de mujeres e hijos no reconocidos saturaban las radios bonaerenses.

Su ex amante, que no recibe hace media década los 3.000 dólares mensuales dictados por la Justicia para su hijo, que también es futbolista, insistió que “este hombre es el Diablo” pues no se da cuenta que las cosas “gratuitas que dice dañan a un adolescente de 19 años. A esta altura pongo en duda aún el amor que tiene por Dalma y Giannina: el que sabe amar, sabe amar siempre”.

Diego Jr, primero “hijo de Dios” y ahora “bebé de Rosemary” (film donde Mia Farrow tiene un hijo del Diablo), carga la cruz de flashes y reflexiona que si su padre “no quiere cambiar de idea se las verá con su propia conciencia; en la vida se recoge aquello que se siembra”, pero reclamará su apellido al juez.

Mientras, Maradona juega al fút-volley con Enzo Francéscoli y Carlos Tévez, sin poder evitar su genio que le lleva a robarle goles a sus invitados ante todas las cámaras, como negó haberse drogado tres veces, como negó haber hecho el gol con la mano a Inglaterra y como negó ser padre de Diego Jr.

Ya expiraba el culto semanal televisivo al dios-diablo, mito mitómano que luego desnuda sus ingenuas mentiras a cambio de un entrevista paga, cuando me alcanza un profundo sopor. Sueño con un Mundial, con Diego Jr posando con la ‘azzurra’ y un gol suyo certificando sus genes mejor que test de ADN.

Se escuchará entonces la banda sonora: “Y toda Italia gritó, Maradó, Maradó; aquí está el hijo del Diabló, Maradó, maradó, aunque éste no lo reconoció”, al tiempo que cámaras sensacionalistas emitirán desde una casucha de Villa Fiorito, donde un decrépito hombre venderá una exclusiva a Tinelli o Susana.

Y en el sueño, el director de cámaras divide la pantalla –mitad en el rancho y mitad en el vestuario del nuevo campeón del mundo- para que el joven anciano llore vía satélite (haceme un buen plano de sus lágrimas) para decir “Ese es mi Hijo”. Y mientras lo consuma su infierno, el rating se irá al Cielo.

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