Crónicas de Torsos Huérfanos

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8/05/2005

Conciertos globales contra desconcierto mundial

Cuánto y a quién benefician los megaespectáculos de solidaridad mundial

CONCIERTOS GLOBALES CONTRA
DESCONCIERTO INTERNACIONAL

Ejemplos de Zubin Mehta y Daniel Barenboim esta semana por el Cono Sur

Por Carlos Montero, montero@sintesis.org

Para los que no vivimos la generación de Woodstock, representada allí en su antibelicismo y reclamos sociales sesentistas en EEUU, los megaespectáculos ya globales arrancan una década más tarde en la sede de ONU con el concierto de UNICEF, donde ABBA ofrecía “Chiquitita” y Rod Stewart cantaba a la niñez “¿Crees que soy sexy?”, desubicado como Adán en el Día de la Madre.

Llegaría luego en los ochenta el USA FOR AFRICA, con Quincy Jones y Michael Jackson al frente de una troupe de cantantes en inglés, para recaudar fondos para el denominado continente negro. “We are the world” (“Nosotros somos el mundo” ¿y los demás extraterrestres o infrahumanos?) entonaban los intérpretes estadounidenses, ampliando al mundo la frontera que la Doctrina Monroe defendía en 1823: “América para los americanos”... del Norte.

CONCIERTOS

Vendría luego la gira mundial por los Derechos Humanos, ya no con Joan Báez sino Tracy Chapman, el senegalés Youssou N’Dour y no Bob Dylan, Bruce Springsteen en vez de Joe Cocker, bajo el lema “Stand Up for your rights” (defiende tus derechos), incluyendo los individuales y sociales.

Los recitales por el Sur fueron a Brasil, Argentina y Chile, alcanzando picos emocionales como el de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo rodeando en el escenario bonaerense al líder de Police (vaya paradoja el nombre del grupo, aunque sin Ford Falcon) cuando cantaba el desgarrante “Ellas bailan solas”.

No faltaría el concierto contra el Apartheid que presionó para liberar a Nelson Mandela o la emisión coordinada del inicio del 2000 desde capitales en cada huso horario; aunque los fuegos artificiales servían para festejar que no hubo el tan amenazado Bug del “Y2K” (iniciales en inglés del Año Dos Kilos), que cada vez se hace más pesado remontar por sus mayores desafíos.

Ya con un cuarto de siglo de conciertos globales en las espaldas, el 2 de julio se repitió el Live-8 del músico irlandés Bob Geldof, ahora en 9 ciudades, para promover que el G-8 condonara en Reino Uinido la deuda de naciones pobres. Dos décadas antes recaudó 60 millones de dólares para Etiopía con el LIVE AID. Ahora apareció con Bill Gates, alabándolo en el escenario de Hyde Park.

DESCONCIERTOS

Y tras el concierto, llegó el desconcierto por los atentados del 7-J en Londres, en una gira explosiva internacional que viene sumando escenarios horrendos como el 11-S en Nueva York y Washington en 2001, el 11-M en Madrid 2004 y promete seguir hacia Italia y Dinamarca. Sin olvidar Buenos Aires 1992/94.

La incertidumbre que abre el Tercer Milenio es si los actuales mandatarios encontrarán salidas o si se les dará salida para encontrar otros candidatos que asuman el reto de gobernar el caos o, al menos, gobernar dentro del caos. ¿Puede la música y/o el canto sustituir esos discursos y decisiones oficiales?

¿Pueden los cantantes -sin poder gubernamental- encabezar la presión social sobre las potencias mundiales y los presidentes locales para lograr los cambios que humanicen el tratamiento de la población mundial y salven el ecosistema? ¿O es mera diversión para disminuir la tensión y desviar la atención?

“La ayuda termina por premiar a los gobiernos más ineptos y mina la democracia. En el caso de Uganda, por ejemplo, ellos llevan adelante una guerra ilegal, usando el dinero de ayuda que les dió EEUU. Perdonar todas las deudas sería castigar a los países cumplidores” cuestiona Kendra Okonski, de la ONG Policy Network (Roy Berocay en Búsqueda, 30/06/05).

Aún presuponiendo las mejores intenciones, ¿no corremos riesgo de repetir a nivel global la estrategia local de Carlos Menem, durante sus dos presidencias, quien se dedicó a la farandulización de su elenco, sustituyendo la acción política por la ilusión de la imagen del héroe deportivo, el actor o el cantante.

Llevó a gobernador al cantante Palito Ortega (¿qué mejor candidato que uno que te prometa la “felicidad, ja, ja”?) y también al automovilista de F-1 Lole Reutemann (ser rápido no es poca virtud), llevó a ministro al vice campeón de la F-1 del mar, Daniel Scioli, hoy vicepresidente argentino. Y mientras el humorista Nito Artazza fue candidato de los depositantes estafados contra el corralito, ahora Menem redobla la apuesta con Moria Casán a legisladora.

URGENCIA

¿Mundializaremos las libertades públicas democráticas y universalizaremos los derechos humanos con el glamour de Bono de U-2 en los estrados del foro de Davos del World Economic Forum o siquiera sacándose una foto en el hotel escocés para darle un pedido a la reunión de mandatarios del G-8?

¿Esperaremos reformas que vote el ex Beatle sir Paul McCartney con los Lores o el Nobel para sir Bob Geldof, postulado por el diputado noruego que ya propuso a Bush? No es cuestión de cuestionar, sino de entender cómo son usadas emocionalmente nuestras expectativas y hasta bienintencionados famosos, siempre que no estén allí por simple operación de automárketing.

Retomando la primera pregunta, dejaremos de lado a los cantantes para dedicarnos a contestarla respecto de la música sin texto. Porque el discurso vociferado en barricada o entonado por un cantante de protesta, tiene una diferencia menor: busca verbalizar un texto que denuncie o mueva a la acción.

El tan mentado “canto de urgencia” escondió muchas veces mera propaganda y sacrificó al arte. Aclarando que, muchas veces, bajo coyunturas autocráticas, los cantantes fueron responsables legítimos de cumplir el papel de voceros de los reclamos sociales que tenían obstruidas otras vías u otros poratvoces.

Pero, ¿puede la música ser un medio para predicar esa mundialización en positivo cuando lo verbal no ha podido persuadir para que ello suceda? La cuestión me está sonando esta semana cuando el Cono Sur recibe a dos grandes maestros de la música instrumental (queda constancia que no dije clásica, adjetivo tan ambiguo con el que se etiqueta mucho y se dice poco).

ALTERNANDO CULTURAS

Tras un cuarto de siglo de ausencia, este miércoles 3 de agosto abrió su gira latinoamericana el maestro Zubin Mehta, con su batuta guiando a la Orquesta Filarmónica de Israel de la que es director vitalicio; mientras que el domingo llegará Daniel Barenboim con la orquesta de la Fundación Divan Este-Oeste, donde armoniza -no sólo musicalmente- a artistas palestinos e israelíes.

Mehta, nacido en Mumbay de padre violinista, emigró con su familia a Londres tras la Independencia de India. Viene con una filarmónica que es más antigua que el mismo Estado de Israel, fundada en 1936, por el violinista judío polaco Bronislaw Huberman, y que llegó a ser dirigida por Toscanini.

Como muestra de su universalidad se destaca en esta gira la interpretación de Mozart, bajo un director que dirigió hasta el Anillo de los Nibelungos de Richard Wagner (tras dirigir las orquestas de Viena, Berlín y Nueva York) y se presentó en la Ciudad Prohibida, fundada en 1421, corazón del poder chino.

Tiene idea de lo elitista y de lo masivo, pues dirigió la orquesta internacional que acompañó a los tres tenores –Domingo, Carreras y Pavarotti- en la inauguración hasta de un Mundial de Fútbol; o acompañó a Frank Zappa y sus músicos (a disgusto con su experiment0o de eructos) en el estadio UCLA de Los Angeles, según cuenta Fernando Manfredi de EL PAIS (31/07/05).

Zubin Mehta es un hombre global que pasó de un medio religioso parsi, influído por Zoroastro, vivió en el medio anglicano inglés, en el protestante germano, en el cristiano de EEUU y desde 1961 alternó con la cultura judía en la Filarmónica de Israel, de la que fue director vitalicio 20 años después.

He aquí un ejemplo personal de lo que puede en un artista -en particular un músico riguroso- la tolerancia cultural o religiosa, al punto de armonizar diferencias y enfrentar a los promotores del choque o lucha de civilizaciones con un medio instrumental que se salva del efecto fragmentario linguístico.

ESCUCHARSE, CONOCERSE Y RESPETARSE

En otro ejemplo de hibridación cultural, así como Mehta es un indio que terminó dirigiendo en Israel, el director argentino nacionalizado israelí Daniel Barenboim está llegando de España, donde fundó y dirige la Orquesta West-Eastern Divan, por la que ganó el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2002 junto al escritor palestino estadounidense Edward Said, muerto en 2003.

El año pasado realizó un "Concierto por la Paz-Homenaje a Edward Said", con quien ideó en 1999 una orquesta en la cual integrar cada verano componentes de origen árabe e hebreo pues, en su concepto, “la orquesta exige que los músicos se escuchen, que ninguno intente tocar más alto que el otro, que se respeten y se conozcan”, según cita la Enciclopedia Libre Universal.

El 7 de julio de 2001, representó en Jerusalén la ópera Tristán e Isolda con la Berlin Staatskapelle, lo que le ganó a Barenboim el griterío de un público que lo trató de fascista, por el uso que de Wagner hizo Hitler para resucitar mitos germánicos, en campos de concentración y por escritos antisemitas del autor.

Sobrevivientes del Holocausto y del gobierno israelí censuraron la ejecución que incluiría a Plácido Domingo, pero Barenboim –que aceptó bajo protesta sustituir La cabalgata de las Valquirias- al finalizar el concierto dijo que en el bis interpretaría a Wagner, por lo que quien tuviera objeción podía retirarse.

Aunque hubo ovación de la mayoría por la valentía del director, el director debió explicar en hebreo durante media hora a los ofendidos que permitieran escuchar al resto: finalmente, el artista impuso la tolerancia de escuchar al Otro. Imponer tolerancia no es contradictorio, mejor por medio de persuasión.

Barenboim, quien empezó a estudiar a los 5 años y dió su primer concierto a los 7 años, siempre se opuso a la ocupación israelí de la Franja de Gaza (recién desocupada) y Cisjordania, pues entiende que Israel, adonde fue con 9 años, pierde “capital moral al combatir contra la identidad de un pueblo".

DIALOGO Y REFLEXION

El jurado del Príncipe de Asturias destacó en 2002 que, el orientalista palestino y el músico israelí -"con independencia de su destacada proyección artística e intelectual- realizan una generosa y encomiable tarea a favor de la convivencia y de la paz, simbolizada en la colaboración de jóvenes músicos que, superando antagonismos históricos, fomenta el diálogo y la reflexión".

Es que debutó en Viena y París en 1952, en Londres en 1956 y en Nueva York en 1957, y no podía traicionar su pasado, con censuras diplomáticas, cuando sus primeras sonatas grabadas eran de Mozart, Beethoven y Brahms. Su batuta le llevó en 1967 a director de la Orquesta Filarmónica de Londres y en 1975 a la Orquesta de París, para dirigir desde los noventa la Orquesta Sinfónica de Chicago y la Deutsche Staatsoper de Berlín.

La Fundación Tres Culturas del Mediterráneo apoya al West Eastern Divan que llega este domingo al Cono Sur, reuniendo en cada temporada una media de ochenta músicos rigurosamente seleccionados entre mil audiciones. Esto es lo que puede el acto artístico sin palabras de un pianista argentino con ascendencia judía de origen ruso, que adquirió la nacionalidad israelí.

Su fin es “la mutua comprensión entre pueblos, trascendiendo de esta manera la dimensión puramente musical para erigirse en foro de diálogo y reflexión, en el que tienen cabida las inquietudes de los jóvenes artistas que participarán algún día en el futuro cultural y político de sus respectivos países de origen”, valora la página oficial del Premio Príncipe de Asturias.

El taller –ahora en Sevilla- atiende a jóvenes músicos de Israel, Palestina, Líbano, Siria, Jordania, Egipto y España, para su perfeccionamiento y su director admite que “estos concietos son un desafío a la política que rige en Medio Oriente, porque este taller reúne a gente que debería ser enemiga y sin embargo no lo es”.

SIN PALABRAS

La gira, que comenzó con un concierto en Almería (España), se extenderá hasta el 21 de agosto en Ramala, capital de la Autoridad Nacional Palestina, después de pasar por Sao Paulo, Montevideo, Buenos Aires, Londres, Edimburgo y Wiesbaden (Alemania). “Esta orquesta no resolverá el conflicto en Medio Oriente pero ha transformado nuestras vidas”, confiesa Barenboim.

Así habrán pasado por el Cono Sur dos músicos ejemplares que desde la dirección de orquesta predican en conciertos sin palabras la tolerancia cultural como Mehta o el diálogo de civilizaciones como Barenboim, demostrando -como dijo Iggy Pop- que “las palabras tienen tantos significados que a veces no quieren decir nada” y que aún sin palabras se puede proyectar un mensaje de convivencia armónica, objeto del director en la orquesta.

El historiador del Cristianismo y fundador de la comunidad de San Egidio, el italiano Andrea Riccardi, en el libro “Islam y Occidente” (Editorial Sudamericana, 2005) postula la opción de una Civilización de la Convivencia, a la tesis del Choque de Civilizaciones profetizado por Samuel Huntington.

Para Riccardi “no existe un modelo de convivencia. Las convivencias pueden llevar a graves tensiones sociales, desde conflictos que reptan subrepticios hasta auténticos choques. La vía de la pureza étnico-nacional, por otra parte, parece hoy impracticable como solución a tantas situaciones complejas”.

A su entender, en el Tercer Milenio “el verdadero problema es saber si el convivir será fuente inagotable de conflictos y de tensiones o si se podrá llegar a una civilización del convivir a escala local y a escala planetaria”. Así apela a la predicción del patriarca ortodoxo Atenágoras de Constantinopla.

Atenágoras preveía en los años 60, por un lado, “la llegada del hombre planteario a una historia que se vuelve mundial; por el otro, quizás para huir a la impersonalidad de la civilización industrial, todo pueblo echa raíces en su originalidad”. El problema no es echar raíces sino evitar cavar trincheras.

DIALOGO Y SILENCIO

Es así que las culturas parecen más ávidas de diálogo que las civilizaciones. Quizás porque a unas las guían sobre todo los los artistas que pintan el universo desde su aldea o van traduciendo a su pueblo los signos que captan del mundo que recorren. Pero a las civilizaciones y religiones las guían los que las gobiernan, en una lucha más por defender o dominar que por intercambiar.

¿Podrán los acordes acercarnos mejor que las palabras? Para ensayar una respuesta no encuentro mejor final que apelar a un experimentador de instrumentos como el brasileño Hermeto Pascoal, quien estuvo hace tres meses en el mismo Teatro Solís al que ahora llegan Mehta y Barenboim.

El albino que llegó a pianista del desaparecido trompetista Miles Davis, tras una vida de viajero cree que “hoy tengo influencias de la música del mundo, hoy estoy haciendo música que yo llamo universal”. Opina que “el sonido más fuerte es el silencio (...) El silencio es el momento de la reflexión...”.

Pascoal concluye (Sábado Show, 29/04/05) que “ya que los políticos no consiguen unir a los pueblos, los músicos tenemos la obligación y el deber de unir a los pueblos del mundo a través de la música. La música buena une a todos, no así la música comercial que sólo piensa en el dinero”

Son los mismos “Sonidos del Silencio” que Paul Simon y Art Garfunkel grabaron a fuego en su recital póstumo, en el Central Park de Nueva York, que se me mezclan con aquella imagen impactante final del film “Ensayo de Orquesta” de Federico Fellini, cuando –tras el derrumbe de la sala de ensayos como efecto de una lucha caótica- resurge la voz del director de orquesta con el fin de reconducir a los intérpretes musicales para que vuelvan a armonizar.

¿Afinaremos algún día para tocar juntos en los difíciles escenarios futuros o dejaremos que las visibles grietas en el tejido social sigan resquebrajando el globo hasta derrumbar lo que queda de nuestra paupérrima convivencia?

Una bombacha lanzada al escenario en el Live-8 rezaba “Make Poverty History” (“haz de la pobreza un pasado”). Esperemos que se nos ofrezcan medios mas efectivos para plasmar los nobles objetivos en nuestras cabezas (en vez de vinchas), para que quienes deciden no se pasen esas utopías por otro lado.

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