Crónicas de Torsos Huérfanos

Crónicas de Torsos Huérfanos
Haga CLIC en la arena y verá online "Amor a toda Costa: CRONICAS DE TORSOS HUERFANOS" (lea lo escrito en la arena, antes que el agua lo borre de la orilla, como a su autor)

7/04/2005

Union Europea: De la Naumaquia al Hundimiento

Imperio Britanico estrena presidencia de UE con fiesta de Imperio Romano

De la NAUMAQUIA al HUNDIMIENTO:
CUANDO TEATRALIZAR LA GUERRA
LAVA HISTORIA de DRAMA HUMANO

-Ganadores y perdedores unidos a 200 años de la Batalla de Cabo Trafalgar
-Representan combate naval que ganó Nelson pero escurriéndole sentido
-Napoleón Bonaparte, que quiso un imperio europeo, comparado con Hitler

Por Carlos Montero, montero@SINTESIS.org

Victoria (reina de Inglaterra en el siglo XIX), Charles de Gaulle (presidente de Francia en el siglo XX) y el Príncipe de Asturias (heredero español para el siglo XXI) mantuvieron una cita nada ficticia esta semana, ante un cuarto millón de ingleses, para lanzar la presidencia semestral británica de Unión Europea –que empezó el viernes 1- reflotando una ‘naumaquia’, festejo del Imperio Romano en el que se representaban antiguas batallas navales.

“Todo es posible en el teatro y en la realidad” nos enseñaba este mismo viernes el fantasma de un maestro de Drama, en el estreno del último film de István Szabó, centrado en un teatro londinense a pocos metros del Trafalgar Square, plaza que honra al almirante que ganó dicho combate marino y perdió allí la vida, como se actuó -ahora entre disparos de salva de cañón- en la mayor concentración de barcos desde la II Guerra Mundial.

EL PODER EN ESCENA

“Lo que los civiles llaman mundo real, son sólo fantasías: tu única realidad es el teatro” aprende Annette Bening de la voz de ultratumba de su viejo profesor, dirigida por este cineasta húngaro -que ahorra leer ”El poder en escenas” del antropólogo Georges Balandier (1994)- desde su Oscar a Mejor Película Extranjera (1981) por “Mefisto”, con un exquisito Klaus Maria Brandauer, sobre el uso propagandístico nazi de la escenificación.

De la Teocracia -gobierno delegado por la deidad al sacerdote, juez o rey- se llega a la “Teatrocracia” para Balandier, donde “todo sistema de poder es un dispositivo destinado a producir efectos, entre ellos los comparables a las ilusiones que suscita la tramoya teatral”, con el héroe que “agudiza la teatralidad política” engendrando una autoridad “más espectacular”.

Pero no fueron actores los que representaron –ante la reina Isabel II- a los tres gobernantes mencionados en Portsmouth, puerto al sur de Londres de donde zarpó sir Francis Drake para piratear por América al servicio de Isabel I o el inundible Titanic hacia el iceberg; el mismo de donde salieron lanchas que desembarcaron en Normandía durante el Dia D y la flota inglesa mandada por Margaret Thatcher hacia las Malvinas en 1982.

Con el nombre cada una de la longeva reina inglesa, del altísimo general galo que liberó su tierra para luego llegar a presidente francés y de Felipe de Borbón futuro rey de España, desfilaron tres imponentes embarcaciones, entre el centenar y medio convocadas por el bicentenario de Trafalgar, donde el inglés Horacio Nelson derrotó a la flota hispanogala de Napoleón.

Es que entre treinta mil marinos de 40 países en la parada, destacaban el museo flotante “HMS Victory” de Gran Bretaña –aún sostenido a dos siglos de su triunfo- y el portaaviones atómico "Charles de Gaulle" de Francia con el portaaviones "Príncipe de Asturias" de España, delegados de las armadas antes derrotadas y hoy socias europeas; al igual que el ex eje Alemania-Italia-Japón (1939-1945) es parte de los “aliados” del G-7, cuyos mandatarios se reúnen esta semana en Escocia.

CAMBIO DE IMAGEN

El festejo fue propiamente una excusa para marcar el comienzo, desde este viernes, de la presidencia pro témpore del primer ministro laborista Tony Blair, estrenando su tercer período en el gobierno de Gran Bretaña, el país más euroescéptico, donde no rige el Euro, ni el acuerdo Schengen para viajeros, los aportes comunitarios se recuperan desde 1984 con el “cheque británico” y donde el proyecto de Constitución común sería peor derrotado.

Otro socialista heterodoxo, como el ex presidente español Felipe González, dijo este domingo que “hay una crisis de europeidad”, con miembros que “han pretendido siempre frenar esta dimensión europeísta, como Gran Bretaña”, y que Blair “va a intentar aprovechar la situación para reorientar la UE en el sentido que le gusta a Gran Bretaña” (El País, Madrid, 3/7/05).

Ya hace 20 años la revista argentina “Crisis” pontificaba -con razón- que “el Pasado se lee, según las necesidades del Presente”, demostrando por qué se festeja ahora el aniversario número doscientos si se cumplirá recién el 21 de octubre (será frío otoño en vez de primavera para el espectáculo).

Y se lo hizo en Portsmouth, en vez del cabo cercano a Cádiz adonde Nelson llegó en 1805 –falto del ojo derecho y la pierna izquierda- al mando del Victory, junto a cuyo timón murió, como 6.000 marinos del otro lado (75% españoles) al mando del almirante francés Villeneuve (razón por la que sus sucesores prefirieron luego pilotear pero sólo en Fórmula Uno).

En el acto frente a la base real naval, la reina Isabel II destacó "las supremas cualidades de marino, liderazgo, humanidad y coraje del almirante Nelson frente al peligro", antes que un actor representara sus últimas palabras tras el fatal mosquetazo ("Inglaterra espera que cada hombre cumpla con su deber") y estallara una tormenta de pirotecnia.

POTENCIA NAVAL

Así el Imperio Británico zanjó en 1805 dos siglos de disputa naval con España -desde sus piratas Drake y Morgan desvalijando galeones españoles que venían de Manila y Perú, trasbordando en Panamá y México, para seguir hasta la Península Ibérica- consolidando su Royal Navy como imperio de los mares, desde el siglo XIX hasta la descolonización del XX.

La “Monarquía Universal” de Felipe II lanzó desde España su Armada Invencible contra Isabel I, a fines del siglo XVI, pero el mal tiempo se la destruyó; sellando el destino de todo intento posterior de asaltar el Canal de la Mancha por agua o aire, como en vano procuró el Tercer Reich al bombardear Londres en la II Guerra Mundial. En paz, hoy se cruza en tren.

Sólo los césares que romanizaron a los celtas de la Britannia y mil años después los normandos (”hombres del norte”), descendientes de vikingos asentados en el noroeste de Francia, dominaron lo que sería Inglaterra y la hacieron hablar francés hasta la Batalla de Hastings en 1066. En adelante, sería la fortaleza que ni Napoleón traspasó, pues en 1797 una tempestad frustra la invasión francesa de su general Hoche con 15.000 hombres.

Pero el show de luz y sonido, ni las gaseosas y bebidas espirituosas, ni las explosiones de fogueo, mientras actores pegaban alaridos disparándose entre 17 veleros (EFE), reprodujeron el sentido histórico de los hechos ni la densidad del drama humano (fue una vez y media los muertos del 11-S en las Torres Gemelas de Nueva York) entre una armada roja y otra azul sin banderas patrias (para no herir nacionalismos de los otros europeos).

El arranque de la presidencia pro témpore británica de Unión Europea, para la segunda mitad de 2005, compuso con su ‘naumaquia’ un rescate de la teatralización bélica –del primer imperio occidental- como escenificación del poder, para dar un mensaje interno de reafirmación nacional identitaria.

Pero también dió un mensaje al resto del continente: que como contra Felipe II, Napoleón o Hitler, Gran Bretaña cumplirá el rol de frontón contra todo aquel que quiera dominar o unir a la fuerza a Europa. Ni la Comisión Europea, ni la Constitución, ni el Presupuesto deberán imponerse.

LA NAUMAQUIA

“Me veía en el camino hacia Asia” –decía Napoleón cuyo plan se frustró en Egipto y navegó de vuelta evitando a Nelson-, uniendo “la experiencia de dos mundos, supeditar a mi la Historia, atacar al poderío inglés en la India y, por esta conquista, estrechar de nuevo mi relación con Europa”

Tenía admiración por la gesta del macedonio Alejandro Magno y su conquista de Grecia a Pakistán por agua y tierra. Los helenos llamaban ‘naumachia’ a simular un combate naval antiguo entre dos pueblos, reproduciendo su vestimenta, armas y tipo de barco, según el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, José Manuel Roldán.

En su libro “El imperialismo romano” explica que se utilizaban lagunas (como la que había donde luego se construyó el Coliseo romano) o directamente se inundaba anfiteatros especialmente diseñados, como el que Nerón hizo de madera en la actual Plaza Navona de la capital italiana.

El historiador Carlos Fernández Pardo dice que Bonaparte cambiará luego su ideal y espejo político por el de Julio César, emulando con su Código Napoleónico la importancia del Derecho Romano, y pensando en unir a la fragmentada Europa (La Era Napoleónica, Centro Ed. Am. Latina, 1973)

Se cuenta que luego que Julio César triunfa en la Galia y Egipto (46 A.C.), en su honor se organiza la primera naumaquia registrada, en un estanque del Campo de Marte, donde seis mil luchadores actuaron de tirios y egipcios, entre remeros y combatientes, pero matándose de verdad.

Flechas incendiarias, catapultas, abordajes, hondas y guadañas, eran todos recursos válidos para que presos y condenados a muerte representaran antiguas batallas marinas en zafarranchos que superaban diez mil hombres.
Pocos años después se tapó el lago, acusado de causar epidemias por los mosquitos que criaba y porque el César había muerto a manos de Bruto.

En “Resumen de las Guerras de Julio César” (1836), dictado por Napoleón en Santa Elena, Bonaparte acusa al asesino de César de asimilarlo con “oscuros tiranos (...), no quiso ver que la autoridad de César era legítima porque era necesaria y protectora, porque conservaba todos los intereses de Roma, porque era efecto de la opinión y de la voluntad del pueblo”.

Pero las naumaquias volvieron con escenario estable desde el año 2 D.C. con Augusto, que construyó un estanque de 18 hectáreas a la derecha del Tíber, para reproducir la batalla de Salamina, 500 años antes, de persas y atenienses. Medio siglo después, hasta 19.000 marinos luchaban en un día.

El primer Tito, el mismo que destruyó el Templo de Herodes en Jerusalem en el año 70 DC, inauguró el Coliseo en el año 80 DC inundándolo. Dos años después, su hermano obligó a los espectadores a quedar bajo tormenta hasta que murieran todos los combatientes y numerosos asistentes.

La última naumaquia de la época antigua fue cuando el milenario de Roma (248 DC), aunque en el siglo IV se seguía usando para esos dramas navales al Estadio de Domiciano (terminado el 86 DC), en el mismo lugar que Nerón, la plaza romana de Navona (“La Aventura de la Historia”, 2/2002).

Los enfrentamientos se repusieron recién en el siglo XVII, los fines de semana, entre equipos de la nobleza y religiosos, pero otra vez el agua estancada y el temor a las infecciones por el mosquerío terminó con la prohibición en Roma en 1865. La naumaquia sobrevivió a Napoleón.

LIBERADOR O VICTIMARIO

“Podíamos contar en Europa, esparcidos, más de 30 millones de franceses, 15 millones de españoles, 15 millones de italianos, 30 millones de alemanes. Yo quise convertir cada uno de estos pueblos en un solo y mismo cuerpo nacional” jusfiticaría así el corso el expansionismo de su imperio ante su memorialista Las Cases.

El uso del Pasado según las necesidades del Presente, implica también para Inglaterra reconvertirse y legitimarse como europeísta y no euroescéptica –tal como Blair expresó ante el Eurparlamento en Bruselas- trocando la postura de ganador/ derrotado que genera rencores duraderos, por la de liberador/ liberado que abre una carta de crédito y agradecimiento.

De esta forma, a dos siglos de ganar en Trafalgar es Gran Bretaña la que se atribuye el papel de haber contribuido a salvar a España del dominio de Napoleón y salvar a la perdida Revolución Francesa del hombre que la usó para convertirse en Emperador y postergar 70 años la República; por más que los ingleses apoyaron los complots reaccionarios monárquicos galos.

Y en pleno año del sesenta aniversario del fin de la última guerra mundial –con una seguidilla de actos en Moscú, Berlín, Hiroshima y Nueva York- el gobierno que detentara sir Winston Churchill recordará su “sangre, sudor y lágrimas” para liberar a Alemania e Italia del fascismo que barrió Europa.

Sin embargo, todos estos actos pecan con su espectacularidad en el desprecio por el sentido de la Historia y el sacrificio humano que provoca la guerra, al punto de glorificarla y escurrirle el drama, para presentar los hechos como un reality-show.

A fin de octubre, les escribí desde Berlín una crónica del sobrecogimiento que me produjo, en el centro comercial de la capital alemana, ver la iglesia Kaiser Guillermo I de 1895, aún cortada como a hachazos, y cuya cuarta parte queda como testimonio de los arrasadores bombardeos británicos a civiles alemanes de un país ya rendido. Dos días después llegaría Isabel I.

Sólo en Dresde los aviones de Su Majestad mataron a 135.000 personas, tantas como EEUU el 6 de agosto de 1945 con la primera bomba atómica. Y los periódicos ingleses exhumaban, antes que la reina visitara al canciller alemán Gerhard Schroeder, documentos sobre la destrucción innecesaria decidida por el mando británico como represalia al asedio aéreo a Londres.

Muchos esperaban disculpas como el Papa con Galileo, EEUU con Sacco y Vanzetti o Alemania con el pueblo judío. Pero, al igual que Japón no hizo con China o Corea –incluído el secuestro de mujeres para prostituirlas-, la reina británica se limitó a “comprender el dolor” de ambas partes, dijo.

EL HUNDIMIENTO

Esos días en Berlín estaba agitada la discusión política y cultural por la exhibición del film “El Hundimiento”, polémico por ser una versión que por primera vez (tuvieron que pasar seis décadas) muestra una faceta intimista del derrumbe personal de Adolf Hitler en su búnker y el drama civil del pueblo al que convenció -o se dejó convencer- que era superior.

Aunque no entendiera alemán, decidí irme al cine para apreciar “Der Untergang”, esa película dirigida por Oliver Hirschbiegel, pero cuyo cuestionamiento se posa más en la interpretación del suizo Bruno Ganz, quien tenía cuatro años cuando el Fuhrer se suicidó el 30 de abril con una pastilla de veneno y un balazo, en su búnker del jardín de la Cancillería.

Acusar a un actor de actuar bien un rol de malvado parece reaccionario y hasta infantil. Tampoco podemos considerar inocuo el rol del artista ni que sea inocente del mensaje que metacomunica su parcial representación de un personaje histórico. Sería como la justificación del “Mefisto” de Brandauer que creía ser sólo actor, aunque sirviera a difundir mitos pro nazis.

El protagonista de “El Hundimiento” –que no llegué a ver pues a las 20:30 en Alemania ya empezó la última función, pero que se estrenará en breve en el Río de la Plata- en un artículo opina que “Hitler cambió el mundo, sí, pero lo cambió especialmente para los europeos: aceleró todo –todo sucedió en apenas doce años- y lo que sucedió fue asombroso”.

“Hitler era tan impiadoso, tan brutal, que a veces pienso que no existía”, por eso “los críticos sienten que junto con las imágenes tenés que emitir un juicio moral. Es la primera vez que estoy realmente en desacuerdo(...). Me apena que me reprochen haber hecho un Hitler demasiado humano. Quieren ver el ícono del mal” concluye Ganz (El País Cultural, 20/5/5)

Mientras, este 9 de mayo en la Plaza Roja de Moscú, reaparecía otro “ícono del mal”: fotos de Joseph Stalin en pancartas de soldados rusos veteranos de la II Guerra Mundial, mientras el canciller alemán Gerhard Schroeder, el primer ministro japonés Junichiro Koizumi y el italiano Silvio Berlusconi cumplían el papel de los perdedores, en la misma tarima de los ganadores George Bush, Jacques Chirac y Vladimir Putin, a 60 años de rendir Berlín.

El presidente ruso celebró el Día de la Victoria como “jornada de triunfo del bien sobre el mal, de la libertad sobre la tiranía” aunque el fin de una guerra -que los costó a la URSS 27 millones de muertos- se tradujo en casi medio siglo de tiranía para sus nuevos satélites y numerosas dictaduras en países latinoamericanos, africanos y asiáticos apadrinados por Occidente.

Schroeder volvió a disculparse con una rosa roja ante la tumba del Soldado Desconocido pues “se trata de recordar, pero sobre todo se trata del futuro, un futuro que acercará más a Rusia con Europa”, pues “sin una alianza duradera entre Alemania y Rusia no puede asegurarse la paz en Europa”.

NAPOLEON Y HITLER

Un día más tarde, ya de vuelta en Berlín, el mandatario germano inauguraba ante mil invitados un memorial subterráneo, del arquitecto Peter Eisenman, estadounidense de orígen judío, coronado por 2.711 “estelas de hormigón” (tumbas) de 95 cms por 2,32 mts al aire libre, a 50 metros de la antigua Cancillería en cuyo jardín estaba el búnker de Hitler.

El presidente del Bundestag, parlamento alemán, Wolfgang Thierse, decía en el discurso inaugural que: “El Holocausto llega al límite de nuestra comprensión. El momento representa ese límite y esa expresión de la dificultad de dar forma artística apropiada a lo inconcebible, a la monstruosidad de los crímenes nazis, al genocidio de los judíos europeos”.

Pasé dos veces frente a dicho símil de cementerio de monotonía rectangular blancuzca, apenas a medio kilómetro de la Puerta de Brandenburgo, con la cual se unía –en la época de la República Democrática Alemana- mediante el “corredor de la muerte”, que separaba los dos lados del Muro de Berlín.

Tras sacarme la foto de rigor, miré la cuádriga que corona la única puerta que sobrevive de las cinco que tenía la capital de la antigua Prusia, y pienso que por aquí pasó Napoleón triunfante y se llevó el monumento a Francia en 1802. Tras quedar anegado en la nieve de Moscú en 1912, 30 grados bajo el nivel del cero, su derrota luego en 1814 permitió retornarla a Berlín.

El se va a Elba, mientras piensa en su retorno. La vida de Napoleón es así marcada por las islas: aquella en la que nació (Córcega) y de la cual recibió el mote del Gran Corso; las islas que enfrentó (las Británicas); la de su derrota en 1814 (Elba) y la que le vió morir detenido en el Atlántico Sur (Santa Elena) tras la derrota en Waterloo (Bélgica) a manos de Wellington.

Pero no podemos perder el espesor de la Historia y estar conformes con la conclusión de que la era de Napoleón, además de dejar tantos muertos en Europa, fue retrasar a Francia 70 años en llegar a la República creada por la Revolución, perder tierras en Norte América a favor de EEUU y España.

Mientras, para Hispanoamérica, desató primero las fallidas invasiones inglesas al Río de la Plata y un movimiento de cabildos abiertos que dieron noción a los criollos de su poder, lo que promovió la independencia de dichas colonias, que llegan antes que la misma Francia a repúblicas, aunque débiles y –muchas veces- inviables.

STALIN y SADDAM

Era el dramaturgo Bertold Brecht quien se preguntaba por qué se adjudica a determinado faraón la construcción de una pirámide, cuando no levantó ni un ladrillo. Extendió la comparación a la guerra y a cómo se glorifica a los generales que ganaron batallas, aunque no sangraran cuerpo a cuerpo.

En ambos casos, el esfuerzo, sacrificio, drama y muerte que derivaron de esas decisiones los padeció el hombre llano, el ser humano de a pie, los pueblos que seguían o eran empujados por esos líderes. En definitiva, lo sufrió la Humanidad, de donde salieron los muertos comunes y silvestres.

No es el caso del almirante inglés Nelson, quien sí falleció hace 200 años al triunfar su flota en la batalla de Cabo Trafalgar sobre las fuerzas hispano francesas de Pepe Botella, beodo hermano del emperador galo. Pero sí es el caso de Napoleón, quien dejó detrás de sus campañas millones de muertos en Europa, Africa y Asia, según sea la versión de franceses o anglosajones.

“Hay que infundir terror o morir” habria dicho, según André Castelot (Napoleón Bonaparte. El ciudadano, el emperador. El Ateneo, 2004), quien le adjudica un millón de cadáveres. Sin embargo, no carecía de conciencia de las consecuencias: “¡Qué masacre! Y sin resultado. Los hombres somos una especie insignificante” se diría autocrítico en 1807 (Búsqueda, 8/7/04).

Mucho menos indulgente con él es el historiador inglés Paul Johnson, quien ve a Napoleón como “un monstruo. Responsable de la muerte de cuatro millones de personas o más”, haciendo “exactamente todo lo que quería, igual que Saddam Hussein” (Corriere della Sera, 28/03/04).

Bonaparte “fue un oportunista que se aferró al vuelo al evento de la Revolución Francesa para llegar al máximo vértice del poder” y denunció los exterminios de “Stalin o Hitler”, a los que considera “todos discípulos de Napoleón”, pues “de su mito se deriva el totalitarismo del siglo XX”.

El presidente del Parlamento Europeo, Josep Borrel, en su sesión conmemorativa por los 60 años del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa, recordó a los 60 millones de fallecidos, el exterminio sistemático de pueblos y minorías, así como los 30 millones de desplazados.

También manifestó que "el final de la guerra sólo aportó la paz y la libertad a la mitad del continente" y que "un totalitarismo férreo y duradero secuestro a la mitad de Europa", dividiéndola en dos.

PROFUNDIDADES DE LA HISTORIA

Volviendo al presente de su país, entre fotos donde aparece junto a los neoconservadores políticos y neoliberales económicos Margaret Thatcher y Ronald Reagan, Paul Johnson opina que Tony Blair es “un ignorante. No tiene tiempo para leer. Pero es una persona óptima, muy inteligente”.

El también historiador inglés Eric Hobsbawm (nacido bajo la bandera del Imperio Británico en Alejandría, Egipto, 1917) asistió con 17 años a un acto y discurso de Hitler en Berlín. Eso lo marcó para toda la vida: se hizo comunista, aunque luego fuera crítico tanto con Stalin como con Blair.

Con la presidencia pro témpore europea en sus manos, Blair apareció en MTV para contestar a jóvenes de 24 países sobre la cumbre del G-8, que también presidirá en Escocia esta semana, donde condonará deuda externa a 18 países, y habló sobre la pobreza en Africa, antes del Live Aid en nueve ciudades que hizo espectáculo este sábado 2 con la donación de la cumbre.

Así, como de la necesidad humanitaria se hace márketing, los museos se convierten en parques temáticos y la conmemoración se vuelve espectáculo de luz y color, las naumaquias, recitales o cualquier recurso teatral sirven para quitar profundidad a la Historia, resignificar el pasado segun la actual necesidad, lavándolo de su carga sanguinaria y limpiando la propia culpa.

Tanto el círculo de historiadores de Hobsbawm en la Universidad de Cambridge en Gran Bretaña con su revista Past and Present, como el de Braudel en la Sorbonne en Francia con los Annales, apuestan desde los años cuarenta a que hay una Historia más profunda que la tradicional, dividida en gobiernos, reyes y batallas. Faltaba el hombre sólo y en grupo.

Pero los investigadores ingleses no se quedaron con la nueva ortodoxia de que “todo es Historia de las Mentalidades”, sino que distinguían distintos espesores para observar el devenir humano: (1) estructural, de largo plazo y diacrónico, donde se ven las tendencias y evolución de las mentalidades; (2) coyuntural, de mediano plazo y más sincrónico, donde se mide entorno, el contexto y al hombre “en su circunstancia”; y (3) el hecho o acto, de corto plazo y puntual, donde se inscribe lo accidental o imponderables.

PRESENTE DE LAS MENTALIDADES

Por un segundo, probemos ensayar Presente de las Mentalidades, como un borrador que sólo la Historia podrá confirmar.

Este jueves 30 se subasto por 312.000 dólares el guión original que estudió Marlon Brando para actuar como el cappo mafioso en “El Padrino”, aunque semanas antes, sólo se pagó 60.000 dólares por un ejemplar de “Mi Lucha”, firmado por el mismo Hitler, donde libretó lo que sería su nefasto rol.

Al menos, significa que los admiradores del espectáculo -como prueban dichos remates- están dispuestos a pagar cinco veces más por el relato de la vida de ficción de un mafioso encarnado por un actor, que lo que los admiradores del líder nazi por la autobiografía personal de un genocida.

Uno de los comentarios de críticos estadounidenses, reproducido como placa fija en la promoción en los cines del próximo estreno en castellano de “El Hundimiento”, en alusión a Hitler cita el riesgo de lo que puede hacer “un hombre minúsculo” con poder mayúsculo.

Recordé vagamente otra máxima coincidente, leída hace muchos años, sobre que no nos preocupemos tanto de los hombres extraordinarios con poder ordinario, sino de “los hombres ordinarios con poder extraordinario”.

Anthony Pagden, catedrático de Historia de la Universidad Johns Hopkins, prueba que desde la guerra de la Liga de Esmalcalda (1546-47), hasta el Tratado de Westfalia (1648) “hubo siempre alguna región europea sacudida por los más feroces y sangrientos enfrentamientos civiles e ideológicos que conoció la Historia hasta el estallido de la II Guerra Mundial” (Pueblos e Imperios, 2002, Random Mondadori),

En una Europa que buscó luego la unión económica e intereses comunes para superar las ventajas del expansionismo y contener la guerra, ahora los conquistadores ya no son héroes sino villanos, por más que mantenga reyes y nobles con el erario público, pero que han perdido mucho del poder real.

A fin de este segundo semestre de 2005, ya Blair anunció que –bajo la sombra de la bandera de Su Majestad- los 25 mandatarios de la UE volverán a reunirse para probar su estatura de estadistas ante los anteriores constructores de Europa y definir cómo será el futuro continental.

Con o sin Constitución, con o sin Turquía, con o sin Presupuesto hasta 2013, con o sin “cheque británico” por 5.500 millones de euros o subsidios franceses de la PAC por 11.000 millones, se sabrá las presiones del corto plazo sobre las decisiones de mediano plazo, que sostengan el esfuerzo de largo plazo de construir una mentalidad europeísta: allí no habrá teatro que valga, ni naumaquia posible para flotar, ni ganancia si hay hundimiento.

4 comentarios:

Roberto Iza Valdes dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Roberto Iza Valdes dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Roberto Iza Valdes dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Roberto Iza Valdes dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.