Crónicas de Torsos Huérfanos

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7/14/2005

De ciudad fragmentada a capital sitiada

El 14 y 18 de julio se conmemoran valores de República y Constitución

DE LA REVOLUCION BURGUESA
a la REBELION DE LOS OBREROS
hasta la PROTESTA del EXCLUIDO

De la ciudad fragmentada a la capital sitiada: marginalidad y piquetes

por Carlos Montero, montero@SINTESIS.org

El 14 de julio de 1789, la Revolución Francesa no consagró el cambio sustancial de la monarquía hereditaria por la república democrática, sino de inmediato la cambió por el Terror anarquizante (no confundir con anarquista) que -provocando el clamor por el retorno al orden- restauró el poder autocrático: la revolución fue el atajo más largo para volver al Antiguo Régimen, de un rey (Luis XVI) a un emperador (Napoleón I).

CLASES EN EL PODER

Han pasado 216 ediciones de la fiesta del ‘14 julliet’ en Europa y, durante estos dos siglos largos, en América Latina hemos repetido ideologías a la distancia –con nuestras adaptaciones y retrasos- llámense movimientos políticos, doctrinas económicas, tendencias sociales y corrientes culturales, con sus modos de acción sobre otra realidad para transformar la nuestra. El ejemplo europeo nos advierte del voluntarismo: desear sinceramente un cambio -y aún sacrificarse por ello en aras de lo que se cree el interés general- no siempre es garantía de éxito o de eficacia para el bien común.

Lo concreto es que el 14 de julio significó más que el hecho accidental de tomar la Bastilla. Visto en el largo plazo, la fecha marcó la sucesión de la burguesía por la aristocracia en el poder. Otros quisieron ver la Revolución Rusa en 1917 como la siguiente sucesión en la agenda de la Historia: la de proletarios por burgueses. Pero, otra vez, por la vía de la dictadura de una oligarquía partidaria bolchevique se volvía a la autocracia nobiliaria zarista de los Romanov. Se mató a Rasputín, se moría Lenin, se exilia, persigue y mata a Trotzky, con la “piqueta” fatal del Progreso en manos de Stalin.

La carambola a tres y cuatro bandas, que son los efectos inesperados de los actos humanos en el resto de la sociedad, hizo que la dictadura del proletariado terminara siendo el atajo más largo que tomó la ex Unión de Repúblicas Socialistas Sovitéticas (URSS) para pasar del feudalismo a la democracia capitalista, con ex comunistas del aparato del Kremlim o la KGB reconvertidos a gobernantes por sistema electoral recortado, de mafiosos vestidos de burgueses, de concesionarios del poder vueltos en corporativistas petroleros, que compran clubes y teams de F-1 en Europa.

La cadena esquemática de la evolución del escalón económico más bajo de la pirámide social, arranca de los esclavos (considerados cosas o no-personas pero que había que mantenerlos), a los siervos (que aportaban a los señores los frutos de su labor pero necesitaban tierra para trabajarla), a los obreros (que granjean plusvalía por su trabajo al burgués manufacturero a cambio de salario y derechos sociales, a los que hay que proporcionarles máquinas), hasta los tercerizados (profesionales o pymes, incluso los tele trabajadores) que pierden los derechos sociales a cambio de un contrato a término y precario.

EXCLUSION y FRAGMENTACION

Sin embargo, por debajo de los subcontratados –que están en el escalón de los que buscan o tienen empleo precario aunque aún decente- está un nivel más subterráneo, producto de acumular generaciones de desempleados que se tugurizan en la ciudad o el campo, quedando radiados de la sociedad y del mercado (de consumo, laboral y educativo): hablamos del marginal o excluído, que perdió no sólo preparación, sino costumbre, deseo o interés de trabajar. Aún peor, pasó a formar parte no de una subcultura sino de otra cultura, en ámbitos donde hasta el Estado pierde jurisdicción y el gobierno no puede imponer la ley, excepto por un desgastante someter y reprimir.

La inseguridad es la consecuencia. Es el caso del ladrón que roba a los jubilados y trabajadores en el ómnibus, porque los otros van en taxi o auto. Las garantías formales democráticas pasan a segundo plano ante la necesidad insatisfecha (de comida, salud y techo para unos, y de seguridad para otros). El roce conflictivo de pobres (humildad digna) contra pobres (excluídos) o de éstos contra la clase media, pasa a ser inevitable, mientras la ciudad permita grados de convivencia, a pesar de la guetización creciente (en cantegriles, favelas o villas miserias de un lado, o complejos edilicios cercados y urbanizaciones residenciales), donde El Otro no puede entrar.

“Libertad, Igualdad, Fraternidad” -los objetivos pronunciados de diversa forma por los promotores de las revoluciones modernas desde aquel 14 de julio- no están presentes en nuestras sociedades. Porque unos ciudadanos no pueden ser libres sin que el Estado les garantice seguridad y no pueden ser iguales sin que les garantice Justicia.

Ni otros pueden ser libres ni iguales sin medios para ganarse y dar a su familia digna sobrevivencia. De lo contrario, no habrá posibilidad de asentar la cohesión social en la indispensable y mínima tercera pata: la Fraternidad. Sobran ejemplos de sociedades que tienen económicamente todo, pero el conflicto de convivencia abunda en ausencia de fraternidad, por causas étnicas, religiosas, culturales, nacionales o civilizatorias. Todas son causas de fragmentación.

CIUDAD SITIADA

Pero la fragmentación más visible en la ciudad es una realidad a la que nos acostumbramos más fácilmente los que estamos del lado más vivible, hasta que las manifestaciones sociales se hacen patentes de nuestro lado del mundo (los carros a caballo por las avenidas o los limpiaparabrisas en los semáforos) antes de eclosionar como trabas del curso de la vida normal, pasando de construir enclaves permanentes a generar sitios temporales.

Antes de lamentarlo es cuando el Estado regulador requiere de un gobierno atenuador de roces, administrador de reclamos y diálogo, dosificador de soluciones y equilibrado en la aplicación de su legítimo poder coactivo. Lo primero que debe cuidarse es de no excederse en las expectativas que abre, para no padecer luego la consecuencia de las frustraciones que provoca.

Los primeros en rondar peligrosamente las afueras de Montevideo fueron los indígenas norteños al Paraná-Guazú, que se encontraron a los españoles montando tardíamente –frente al resto del continente- lo que fue el fuerte y posterior ciudadela frente al Cerro y su bahía natural.

Ellos no tenían arte ni parte con el papado y su Tratado de Tordesillas (1494) que dividió al mundo entre Portugal y España, ni culpa porque los portugueses fueran expandiéndose hacia el sur y el oeste más allá de la demarcación -de la frontera americana entre los dos imperios- para la cual dejaron esperando a don Félix de Azara. Aunque frustrada, Uruguay y Paraguay se beneficiarían igual de su labor.

El gobernador de Buenos Aires, el vasco Bruno Mauricio de Zabala nacido en Durango, España, tenía orden de fundar este puerto para enfrentar los avances en 1680 de Manuel de Lobo, que funda la portuguesa Colonia del sacramento frente a la costa bonaerense. De ambos imperios, los nativos fueron los excluídos.

SITIOS CON EXTRANJEROS

Los siguientes sitiadores serían recién los ingleses, en su enfrentamiento global con Napoleón, quienes atacarían dos veces Montevideo, a principios del siglo XIX, y tomarían a la “Muy Fiel y Reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago”, luego de abrir una brecha en la muralla por la que entraron a la ciudad. Nos dejarían el primer diario: “La Estrella del Sur”.

Artigas estuvo en la defensa, como parte del Cuerpo de Blandengues que fundó -para alejar a los gauchos y matreros que asolaban las haciendas para contrabandear ganado robado- y porque también fue comisario del Cordón, más allá de los médanos (Barrios Amorín), pasado el ejido de la ciudad. Los gauchos criollos fueron los siguientes excluídos.

Así aprendería bien como sitiar Montevideo cuando la lucha por la primer independencia desde 1811, guiar a su pueblo a la “redota” tras discrepar y retornar luego a sitiar la ciudad, viviendo en 1813 episodios fundacionales como las Instrucciones. Los sitiadores podían estar tan cerca como la Quinta de la Paraguaya (hoy Club Nacional de Fútbol sobre Av. 8 de Octubre) o en el Molino de las Tres Cruces (junto al Hospital Británico).

Bartolomé Hidalgo sería el primer payador de la patria, rol que se ganó rasgando su guitarra y cantando del lado exterior de la ciudadela contra “los chanchos de Vigodet”, el gobernador español, según rescataba Lauro Ayestarán en sus escritos.

Vendría luego el sitio de los porteños a la ciudad en 1814, cuando sin Artigas desalojan a los realistas hispanos, y, tras ser derrotados los de Alvear en Guayabos, hace entrada Otorgués como jefe en Montevideo, con la Patria Vieja de 1815 que Artigas conducía desde el Hervidero.

La Historia se lee gracias a contrastar documentos y testimonios, y nos guste o no se sabe que Otorgués –más soldado fiel mejor que político- tuvo que ser contenido por desbordes y abusos de su camarilla en Montevideo, desde donde protestaban el avasallador debut de algunos triunfadores.

Artigas, ya en faceta de construir un primer “Estado”, ordena los ajustes a su subordinado en la ciudad capital ya ocupada, para que no viviera en estado de sitio, mientras que con el “Reglamento de la Campaña...” busca instrumentar que “los más infelices sean los más privilegiados” con el reparto de tierras.

Pero no fue una reforma agraria, sino que se distribuía las haciendas de los derrotados. Los excluídos serían “los malos europeos (españoles) y peores americanos” (criollos) opuestos a la revolución, pero sólo por poco tiempo, pues los vecinos del Plata hicieron pases con el Imperio vecino del norte.

SITIOS CON VECINOS

Sitios no le faltaron a la capital de la Provincia Oriental que formaba parte de la Liga Federal pero cuyos diputados no fueron recibidos por el Congreso de las Provincias Unidas, debido a que Artigas no aceptaba que la capital común estuviera en Buenos Aires.

Vendrían los portugueses con Lecor y tomarían Montevideo con su Cabildo, cuyas bancas pasaron a ser ocupadas por múltiples prohombres locales, que estuvieron con Artigas y, tras su derrota, colaboraron con los portugueses en faceta de consejeros o comandantes de tropa.

El último dinero que juntó el héroe, antes de exiliarse en Paraguay, fue para los excluídos: los artiguistas que habían sido llevados presos en Rio de Janeiro. Luego, los que quedaron se sumarían al plan que “los caballeros orientales” prepararon desde 1824 en la margen occidental

La Revolución de 1825, con el cruce del río Uruguay por los 33 Orientales (que eran cuarenta y sólo 21 orientales) y varias victorias por la campaña, terminó sitiando y quitándole la capital a los brasileños, de lo que habían denominado Provincia Cisplatina, a la cual ingresan con apoyo argentino.

Representados por el General Rondeau, los vecinos equilibraban las discrepancias de los compadres –tuvieron que correr a Rivera que tomó las Misiones Orientales, lo que hoy es Rio Grande do Sul- obligando a Brasil a negociar con mediación inglesa la Convención Preliminar de Paz de 1828, previo a llegar a la Constitución del 18 de julio de 1830, hace 175 años.

SITIOS ENTRE NOSOTROS

La vida independiente será de sitios o rebelión sucesivos de Lavalleja a Rivera, Rivera a Oribe y Oribe a Suárez con el nuevo Estado Oriental del Uruguay hasta la Guerra Grande, donde el puerto y aduana sitiadora era el Buceo, la ciudad sitiadora era la Unión con plaza central ante el Hospital Pasteur, y el ejército sitiador disparaba desde el Cerrito. Una bala de cañón aún puede verse inserta en una columna de la capilla del Hospital Maciel.

Desde 1851, con el lema “Ni vencidos, ni vencedores” -ya con un Montevideo que no tenía muralla pues la mandó derribar el primer gobierno de Rivera- el país y la capital tuvieron rebeliones derrotadas o triunfantes, pero no sitios propiamente dichos.

De Lorenzo Latorre en adelante -en la segunda mitad de los setenta del siglo XIX,- con el tren hacia el interior ya nadie derrotaría a quien detente el gobierno de Montevideo. El poder etático se consolidaba: en los treinta sobre indígenas, en los setenta sobre gauchos y en el 900 sobre caudillos.

Quizás, lo más parecido que vio la vieja puerta de la Ciudadela –que queda como testigo supérstite- fue el sitio de la Ciudad Vieja, organizado en 1973 por el vicealmirante Zorrilla, comandante de la Armada, leal a los poderes democráticos y opuesto al golpe de Estado que gestaban el Ejército, Fuerza Aérea y varios de sus subordinados, como el luego vicealmirante Márquez.

Pero en esta misma semana en que conmemoramos el 14 de julio de la Revolución Francesa, que fundó nuestra idea occidental moderna de resistencia y república; y el 18 de julio, Día de Jura de la Constitución en que Uruguay fue efectivamente república, vemos intentos de adaptar el sitio de Montevideo a la actualidad en que todo se fragmenta y es temporal.

El sociólogo Alain Joxe, director de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, aclara la genealogía de las revoluciones: la República nace en Inglaterra en 1649 y se consolida en 1688, se reencarna luego en los Estados Unidos de 1774 a 1777 y en Francia de 1789 a 1793.

Ahora no son extranjeros, ni realistas, ni aristócratas, ni los burgueses, ni los obreros: son desempleados y excluídos a la vista, pero mentiríamos si nos limitáramos a lo políticamente correcto: también grupos concretos de interés partidario, burócratas y hasta simples delincuentes se suben al carro de un Montevideo cortado por piquetes, barreras y llantas incendiadas, con presos manifestando y menores infractores fugándose en grupo.

LAS COSAS EN SU SITIO

Ya no es físicamente la ciudad la que está sitiada, sino el gobierno el que arriesga ser sitiado por quienes –incluso habiéndolo votado- confunden su expresada buenavoluntad de atender la emergencia social y quieren convertir los escasos medios existentes en un botín del cual hay que tomar la mayor parte de inmediato, pues creen que no dará para mucho.

La voluntad de moderación fue tomada como debilidad para poner barreras al abuso, pues le están midiendo el pulso al nuevo Ejecutivo y si ven que el juez de fútbol cobra “al grito”, la hinchada no va a parar hasta que termine ensordeciéndolo y confundiendo su buen tino. No sea que se repita la regla histórica del principio: que terminemos tomando el atajo más largo y lograr lo contrario a la redistribución y la no represión que postulaba el gobierno.

Cuando empezábamos Economía Política, en Facultad de Derecho en 1985, nos costaba entender al catedrático explicando (1) que no se trataba de una disciplina enmarcada en las ciencias exactas o Matemáticas, sino en las Ciencias Sociales, pues la Economía depende de las “expectativas” de los actores sociales y (2) que su cometido se justifica en distribuir o manejar los “escasos recursos”, siempre inferiores a las “muchas necesidades”.

Los escasos recursos sitian la satisfacción de las muchas necesidades de los grupos de interés, por lo que el gobernante (presidente, ministros y legisladores) con sus decisiones prioriza requerimientos y relega otros. Incluso puede transferir recursos de un sector a otro con políticas indicativas, sean mecanismos de promoción o subsidio.

A la vez, las expectativas exacerbadas -por las promesas clientelísticas o por ignorancia- sitian los tiempos de reflexión del gobernante o los plazos para que el Fisco capte los fondos para cumplir. Si en el “después” se mide el éxito de un político, en el “antes” se mide su responsabilidad para no meterse en camisa de once varas de donde sea más costoso salir.

ESTADO DE SITIO

Dos ex guerrilleros, integrados a la política por veinte años, como José Mujica y Eleuterio Fernández Huidobro, son los que desde el gabinete y el Parlamento uruguayos logran sostener el diálogo entre el gobierno de izquierda y las demandas de militantes radicales. Administran expectativas.

Otros dos dirigentes históricos del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T), como Jorge Zabalza y Julio Marenales, justifican las manifestaciones que esta semana cubrieron de llantas quemadas los accesos al Cerro por 3 horas, la salida a ruta 5, ruta 1, la Interbalnearia y en ruta 8, en diversos momentos. Montevideo: sitiada temporalmente.

El director de cine Costa Gavras realizó “Estado de Sitio” (que filmó en Chile a principios de los setenta) sobre las acciones guerrilleras de izquierdas en Uruguay y el ascenso del golpismo de derechas, que terminó con dictadura por 12 años desde el 27 de junio de 1973.

Previamente se había producido una negociación entre militares y MLN, relatado por Fernández Huidobro en “La Tregua”. Un capitán, que lo llevaba custodiado a consultar a guerrilleros libres, le decía irónicamente: “y pensar que en el futuro capaz que vos sos ministro”. Sólo hubo que esperar 32 años para verlo en el gobierno junto a Mujica de ministro.

El Plan de Emergencia fue el buque insignia (lugar común pero más útil que ‘leit motiv’) del triunfo del nuevo lema gobernante de Uruguay, como lo fue el “Plan Hambre Cero” de Lula. Luiz Inacio da Silva fue este 14 de julio el invitado de honor de Jacques Chirac en los Campos Elíseos pero su plan está en veremos, su gabinete hace agua y lo reforma sobre la base de otros dos ex guerrilleros, la jefa de gabinete y el ministro de Economia.

SEÑALES DE AUTORIDAD

A muchos no sorprendió que los piquetes argentinos respondieran a una hipercrisis económico financiera como la de fin de 2001, continuando incluso con la recuperación de 2004, pero que en Uruguay no sucediera lo mismo en su crisis de mitad de 2002. No sólo tuvo que ver con las diversas formas de ser, sino en señales claras de no permitir robo a supermercados.

Hoy esos no entienden las protestas cuando se ordena el pago de 50 dólares mensuales al “quintil” inferior del millón de pobres uruguayos, que es una tercera parte de la población. Es que sólo cobraron 12.000 de los 120.000 inscriptos. No pueden esperar 3 meses tras esperar 3 años por la expectativa abierta por un gobierno que no calculó bien lo lento de la instrumentación.

Luego de abrir expectativas de una ley de liberación anticipada de reclusos (“humanización de las cárceles”) hubo huelgas de hambre o manifestación de presos y fugas grupales de adolescentes recluídos. ¿Por qué si se estaba ofreciendo una posibilidad de salida? Por expectativa de ser incluídos que choca en el Parlamento con reclamos de una sociedad insegura en una ciudad que, como toda Latinoamérica, tiene barrios fuera del poder etático.

Los funcionarios van esta semana al Parlamento y ofrecen ocupar –o entregar las llaves- pues no dan abasto con la “situación explosiva” de los locales de detención de adolescentes, alentados por señales de debilidad. La ministra critica a los efectivos que detienen a los escapados y no a los que amenazaron con un arma a un legislador que la acompañaba.

El presidente de la Suprema Corte de Justicia va este 14 de julio al Parlamento y admite que la ley no es suficiente, pues aún cuando libere sólo a 700 presos, el sistema carcelario tiene el “doble de presos” de su capacidad para albergarlos. Muchas necesidades, pocos recursos.

DIA DE LA CONSTITUCION

El presidente Tabaré Vázquez salió al cruce del número de piquetes aclarando que “dentro de la ley y la Constitución todo, fuera de la ley y la Constitución nada”, lo cual le granjeó el apoyo del presidente del principal lema de oposición, Jorge Larrañaga. Ahora la expectativa es de la población no marginada: quiere ver que los ministros lo cumplan.

El vice Rodolfo Nin pidió “un grado de comprensión con un gobierno que se ha sensibilizado con los sectores menos favorecidos”, pero no da señal de forzar a la paciencia, cuando un centenar de personas alcanza para aislar el Cerro, haciendo cruzar el puente y caminar 6 cuadras a sus vecinos.

O no se dan señales de credibilidad sobre los medios disponibles, cuando quien tiene que pagar el Plan dice a una manifestación que en su ministerio no tiene ni “lugar para sentarnos” y, adelanta, que “no somos una Emergencia” por lo que no enviará funcionarios a los cortes de calle.

En aquel mismo 1985, a la salida de la dictadura, aprendíamos a distinguir algunos conceptos confusos: las Fuerzas Armadas (en teoría) responden al Estado y la Policía responde al gobierno. O sea que las FFAA se deben a la integridad del Estado que es permanente, mientras que la Policía responde a la conducción del lema que ganó temporalmente el gobierno.

La cuestión de los muchos intereses que se disputan bajo la república democrático representativa, regida por una Constitución, no es un problema de ausencia de conflictos sino de un sistema de gobierno con legitimidad y mecanismos para resolverlos, respetando mayorías sin avasallar minorías.

IMPERIO DEL CAOS

Si el Consejo Directivo Central de la Enseñanza Pública elimina el caracter de “falta grave” a las ocupaciones de centros educativos y el Ministerio del Interior deja en manos de la Justicia la decisión sobre ocupación de locales de trabajo, nadie se debe sorprender si éstos hechos se multiplican.

El ministro uruguayo de Trabajo, este 14 de julio se lamentó que la Cámara de Comercio se haya retirado de la negociación de los consejos de salarios privados porque los trabajadores de una gasolinera la ocuparon por un despido, cuando era la última medida después de otras instancias posibles.

El ministro del Interior, José Díaz, comprendió tarde su falta de previsión cuando fue tolerante con cortes de calle con llantas chamuscadas a los que comparó con “fogones artiguistas”, mientras productores deudores en dólares acampan hace tres meses y amenazan con ocupar el Parlamento.

Y la Policía, obediente del gobierno, ha sido tolerante y se limita a vigilar y dialogar, pero no a intervenir en la garantía del derecho general a circular por la ciudad y ser protegidos de muchos focos, de poca gente cada uno, con diversos intereses o reclamos no canalizados por vía correspondiente.

De la revolución burguesa y la rebelión obrera que marcaron la evolución de la Modernidad desde un capitalismo salvaje a un estado de bienestar, estamos cayendo a la protesta de los marginados por una nueva economía excluyente que abre expectativas de consumo ilimitadas pero ofrece oportunidades muy limitadas de acceder legalmente a ello.

Si no hay solución inmediata, ni en dos años, el gobierno debe moderar expectativas, proteger derechos, atender reclamos y reacción de afectados, pues según Hobbes en una república –dice Alain Joxe- “es soberano quien protege al pueblo por la fuerza de la guerra de todos contra todos”.

En “El Imperio del Caos” (Fondo de Cultura Económica, 2003), este sociólogo define que “el problema mayor del caos contemporáneo es que, acaso por primera vez, la humanidad encara un océano de desorden sin una finalidad implícita de orden. Un caos que no sería un comienzo de orden sino de un desorden siempre recomenzado”.

En estas repúblicas debilitadas “el orden que nos es dado de arriba –es decir, de lo alto de las principales instituciones financieras transnacionales- implica obedecer el gran imperio del caos. No al presidente de los EEUU, monarca casi sin poder, sino al poder neoliberal acéfalo que pretende ordenarlo todo por el desorden y que religiosamente se titula mercado”.

SITIAR CON LA LEY

Crucemos el Atlántico, apelando a mi frase preferida de Henry Kissinger que remite a que no debemos no sentirnos responsables si la piedra que tiramos de una montaña no es igual al alud que mató a la aldea que estaba abajo. Cada señal, promesa u orden, que un gobierno envía a la sociedad, tiene su efecto -a veces imprevisible- del cual el político será responsable.

Kissinger también se estaba tirando tierra encima pues su máxima es aplicable a un gobierno que promovió dictaduras por América, en el marco de la Guerra Fría, por lo que el aplastamiento de los derechos humanos de la aldea que estaba abajo es entonces parte de su responsabilidad, y de nada lavará su conciencia con la desclasificación de documentos.

Pero tampoco aportará a la estabilidad de la República y la Constitución, cuya vigencia recordamos estos días, el tratar de atropellar con escraches violentos a los colaboracionistas civiles de la dictadura, que ya tienen a la Justicia pidiéndole cuentas, en el lugar que corresponde, por sus actos.

Defender el Estado de Derecho y reclamar por vías institucionales es la forma de rodear y exigir al gobierno que cumpla con sus deberes. A la vez demostrarle con altura, a quienes violentaron la democracia republicano representativa, que ésta les da las garantías que ellos no dieron ni supieron valorar, pero a las que hoy se aferran. Sitiados quedarán, pero por la ley, igual que los dictadores inxiliados si prospera la Corte Penal Internacional.

La realidad puede resultar más prosaica y menos heroica. En el reciente film “Cartas de París”, hecho en Georgia (ex URSS), conviven tres mujeres. Las tres generaciones –abuela septuagenaria, hija cincuentona y nieta veinteañera- se cruzan en un debate lacónico pero aleccionador de cómo el tiempo quita valor para unos de lo esencial para los mayores.

-“Stalin fue un gran hombre” dice la anciana, que añora la era soviética.
-“Stalin fue un asesino” le responde la hija, que vió la caída del régimen y las consecuencias económicas de la independencia de su república.
-“¿Qué me importa Stalin?” grita la nieta, que busca una salida a la pobreza por la emigración hacia Francia, mientras da un portazo.

El excluído no encuentra su satisfacción sólo con saldar las cuentas con el pasado, pues necesita pagar sus deudas más prosaicas de hoy. Vaya tipo de repúblicas en las que deberemos vivir, en un orden tan precario como el caos, con la preocupación por el bien común hecha añicos por la disputa de intereses fragmentarios, soluciones precarias para necesidades inmediatas, que se satisfacen temporalmente o se postergan. Y no sería lo peor.

Roguemos que no se cumpla lo que profetizó el comandante Ralph Peters (EEUU) quien pronosticó que “esos seres humanos, en cada país, que no pueden comprender el nuevo mundo, o que no pueden sacar provecho de sus incertidumbres o no pueden reconciliarse ellos mismos con su dinámica, se volverán enemigos violentos de sus gobiernos inadaptados, de sus vecinos más afortunados...”(Constant Conflict, Parameters,Ver97).

3 comentarios:

Roberto Iza Valdes dijo...
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