Crónicas de Torsos Huérfanos

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6/02/2005

Saliente presidente del BID pide regular entrada de fondos golondrina

entrevista al contador Enrique Iglesias
por Carlos Montero, desde Montevideo

El presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), contador Enrique Iglesias, cree que a los gobiernos latinoamericanos "se les fue la mano" en la apertura rápida de sus mercados en las últimas décadas, lo que los dejó desprotegidos ante los denominados "capitales golondrina".

En entrevista exclusiva con RADIO NEDERLAND, Iglesias recomienda ciertas regulaciones al ingreso de capitales especulativos y no esperar a instaurarlas para el momento de la salida de los mismos, lo que no cree que sea luego efectivo.

El titular del BID admitió la preocupación por el uso para fines de corrupción de los paraísos fiscales o financieros.

R.N.- Cr. Iglesias. La liberalización de los servicios financieros y la interconexión de los mercados de valores fue el centro del discurso que se decía vital para la circulación de capitales con el fin de que existiera inversión extranjera y crédito, tanto para empresas privadas como para obras de infraestructura. La experiencia de la última década en nuestros países ¿qué precauciones o confirmaciones le abrieron a Ud. a la cabeza del Banco Interamericano de Desarrollo sobre su aplicación concreta?

E.I.- Creo que lo que se puede extraer de los planteos iniciales, de las primeras reformas en los años noventa, es que persistía la idea que la apertura de la cuenta de capital en nuestros países debería traer inmediatamente beneficios grandes y que eso, por tanto, era lo aconsejable. Mirando un poco a la distancia, esa creencia es por lo menos cuestionable. En algunos casos, la apertura hecha con forma tan rápida, con todos los países tan desprotegidos con respecto a fenómenos que luego se tradujeron en grandes vulnerabilidades ante los movimientos de capitales y los flujos financieros, que así como entraron rápidamente, también salieron rápidamente por efecto de percepciones o preocupaciones o realidades, que hacía que los capitales entraran y salieran generando enormes desbalances y grandes crisis. Yo creo que, quizás ahí, se nos fue un poco la mano en creer que los mercados podían ser abiertos y no tomar las debidas precauciones para hacerlo a cierto ritmo que permitiera preparar las bases regulatorias, fortalecer las instituciones y, de esa forma, hacer los países menos vulnerables a los ingresos y retiros violentos de capitales.

R.N.- Hubo ciertos cuestionamientos éticos a lo que Ud. refiere como capitales golondrina. ¿Hay alguna oportunidad que dentro de esa lógica pueda existir cierto control para la vuelta a salir de los flujos de ganancia o capital invertido por dichos fondos? ¿Qué probabilidad le ve a cierta tendencia re-regulatoria en los mercados internacionales como causa de los efectos negativos que sufrieron?

E.I.- Los controles a la salida de capitales nunca han funcionado. La experiencia demuestra que esos controles no operan. Creo mucho más de establecer ciertas regulaciones a los ingresos de capitales, por lo menos fijarle las condiciones que permitan darle mayor estabilidad a los que llegan, y evitar el ingreso masivo de los capitales meramente especulativos que lo único que hacen es alterar las condiciones del mercado doméstico y exponer a los países a enormes riesgos que al salir esos capitales provoquen grandes desestabilizaciones como las que dieron lugar. Mi respuesta es que yo no creo en los controles a la salida pero, si hay que establecer algún tipo de salvaguardia, es a la entrada, con lo que se puede proteger mucho más la estructura de los países.

R.N.- Uruguay hizo una inversión de décadas y millones de dólares para sostener bancos y defender su imagen de plaza financiera cierta. Situaciones de crisis vividas en los últimos dos años por Argentina lo impidieron, pues tuvieron un efecto regional de fuga de depósitos que superó las posibilidades uruguayas y tiraron el trabajo de más de veinte tantos años. El concepto de plaza financiera y de paraíso fiscal, así como el instrumento del secreto bancario, ¿llevarán a una revisión o los pasos ya dados no tienen marcha atrás?

E.I.- Yo creo que hay una demanda creciente de hacer algo respecto a estos sectores financieros. El mundo del futuro va a tener que revisar este tipo de libertades, no con el ánimo de corregir lo que son las grandes virtudes de los mercados -que no son pocas- sino evitar que, a través de eso, se hagan abusos que permitan los excesos que hemos visto en los últimos tiempos. Por ahí van las cosas. Yo no tengo ninguna respuesta en concreto, pero solamente digo que la tendencia que uno percibe es de preocupación, tanto de los países desarrollados como subdesarrollados, de tener cuidado con la forma como estos paraísos financieros pueden llegar a generar situaciones muy comprometidas que violentan la ética y los principios fundamentales de preservas a los países de las corrientes especulativas y refugios de capitales espúreos.

R.N.- En la octava recapitalización del BID en 1993, Ud. nos planteaba la voluntad de dedicar un 40% a un 50% de los fondos del banco al área social latinoamericana, incluyendo obras de infraestructura que repercutían en lo social. Ante una concentración en Montevideo de 1.800 expertos de 30 países, me pareció escucharle triste el jueves y viernes pasado, sobre cómo las experiencias económicas voluntaristas en la región no habían impactado positivamente en los indicadores sociales. ¿Hasta dónde en el BID se siente satisfecho sobre la forma en que los gobiernos usaron sus fondos en la última década?

E.I.- En general, yo estoy tranquilo que los fondos del banco, que llegan en 50% a los sectores sociales en estos momentos, han cumplido los objetivos planteados cuando se entregó el dinero, apoyando la educación, la salud, la vivienda, los problemas de mejoramiento de barrios y agua. Todo eso es bueno y ha logrado su objetivo. Ahora, la inversión del banco es una inversión muy pequeña frente a toda la que hace un país, de manera que Ud. no puede calificar el éxito de las políticas sociales de un país a partir de las políticas de crédito del BID. Sería una ingenuidad. Creo que sí, en ese conjunto del total, que uno siente la necesidad de revisar un poco lo que se está haciendo y cómo funcionan los modelos para hacer que realmente lo social sea un tema central en las estrategias de los países. Lo que demuestra la historia reciente es que el crecimiento es fundamental para los temas sociales, pero no es lo único. Estpa también la calidad de ese crecimiento. Y es ahí donde quizás los defectos han sido mayores, lo que es todo un cuestionamiento -no sobre los sistemas en general- sobre las formas como se han aplicado las políticas y los objetivos centrales. Hay países que han hecho muchas cosas. En algunos casos funcionan bien y en otras no. La preocupación nuestra es por qué en aalgunos casos las reformas han dado lugar a mejoramientos sociales y por qué en otros no.

Fue Carlos Montero, desde la sede del Mercosur, para RADIO NEDERLAND.