Crónicas de Torsos Huérfanos

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6/24/2005

EL SINDROME DE CITIZEN K

-Aunque no seamos iguales en el Mercosur, aprendamos a convivir
EL SINDROME DE CITIZEN K
-Los estilos de los presidentes y las idiosincracias de los pueblos

Por Carlos Montero, desde la sede del MERCOSUR

Aunque la actitud concesiva ante la dictadura en su país (1976-1983) me produjo alergia a Mariano Grondona, admito que el famoso analista político argentino que hacía yunta con Bernardo Neustadt y le sobrevivió en la televisión, logró demostrar finísima ironía cuando, ya en democracia -mientras aún se cuidaba de criticar demasiado a los gobernantes- se dió el lujo de emular al doctor Frankenstein.

¿Sabe cómo podría confeccionarse al “hombre ideal del MERCOSUR?, preguntó Grondona a su audiencia, a fines de los noventa: El hombre ideal del MERCOSUR tendría la elegancia del brasileño, el optimismo del uruguayo, la humildad del argentino y el respeto a las normas del paraguayo. Impecable... y nadie se ofenda porque repartió para todos.

Europa es fiel testigo de que una comunidad o unión no se funda en la desaparición de diferencias nacionales (y regionales), ni en la fusión en un “hombre nuevo” (para usar la manida categoría), sino en construir una cultura para la tolerancia, sustentada en valores e intereses comunes, bajo la conviccion de que hay un futuro compartido en el que les va la vida a todos los miembros del bloque.

El brasileño no se explica sin los términos “pasión” (intensidad de la sensualidad y alegría con temporalidad limitada o superficialidad de la relación) y la “saudade” (nostalgia melancólica profunda hacia la familia o el terruño). El paraguayo se distingue por su cultura romántica de mitos integrada al ecosistema, viveza y picardía en guaraní, paralelas a un orgullo enmascarado como sumisión, en el cual se agazapan (sin apuro) para devolver el golpe. El uruguayo, enfermo de solemnidad y aterrado por hacer el ridículo, vive su romance con el mar y su ilusión de no ser tan latinoamericano como lo es, mientras sueña con emigrar ante la falta de oportunidades. Mientras, el argentino despertó en 2001 de que no está en el Primer Mundo, pero reafirma su orgullo en el discurso inflado, en la elegancia, en sentarse aún en la vereda para un café, de espaldas a la pared y de frente a los paseantes (igual que en Francia) para ser vistos.

Pero aunque no sean iguales las idiosincracias de los pueblos vecinos que formamos el bloque desde hace una década y media, se le hace difícil a un europeo entender cómo no terminan de aprender a convivir los gobernantes e integrarse los pueblos de cuatro países que culturalmente comparten casi el mismo idioma o dos versiones de la misma raíz (cuando la Unión Europea tiene 21 idiomas tras la ampliación en mayo de 2004 a veinticinco países), que geográficamente participan de una cuenca que deriva hacia una sola costa atlántica y que políticamente no tienen guerras entre sí desde 1870.

Sin embargo, la Historia pesa. Y si los cultores de la Geopolítica repetían hasta el cansancio que “La geografía es la madre de la Historia”, en los hechos podríamos graduar a la baja ese determinismo para aceptar que la ubicación y el clima son contexto suficiente para condicionar e influir en el destino e interacción de las comunidades.

La mediterraneidad de Paraguay funda su vocación de desarrollo autónomo y aislamiento que promovió su héroe y dictador supremo Gaspar Rodríguez de Francia. La naturaleza suave, favorable a la crianza de ganado y la vocación de puerto natural de la capital de Uruguay, hace de este país un centro para la exportación y la apertura a la recepción de inmigrantes, especialmente exiliados políticos que traían las novedades y las ideas que coyunturalmente eran derrotadas en sus países de origen.

La exhuberancia explosiva de su naturaleza, más la tradición imperial transplantada desde Portugal, llevaron a Brasil a asumir una actitud seductora, diplomática y militar expansionista de largo plazo para conquistar de Sudamérica todo lo que el Tratado de Tordesillas (1494) no le había concedido. Sin parar hasta liderar la Comunidad Sudamericana de Naciones, llegando al Pacífico. Y Argentina, eliminando y sojuzgando en campañas sucesivas a sus etnias para defender el derecho de los hacendados, fue la gran receptora del capital inglés y francés, haciéndose heredera de una cultura patricia y aristocrática terrateniente y urbana, que le hacía mirar despectivamente a sus vecinos bajo el clivaje de civilización/barbarie.

La interacción militar hizo el resto. A Paraguay, sus actuales socios le mataron tres generaciones en los seis años de la Guerra de la Triple Alianza (1864-70) y trata de recrear una diplomacia que supere a la que perdió en la letra del tratado de paz de la Guerra del Chaco (1932-5) que le ganó a Bolivia y las concesiones de su frontera este a Brasil para construir la represa de Itaipú. La Guerra Grande entre blancos y colorados desde la Batalla de Carpintería (1837) involucró no sólo al novel Estado Oriental del Uruguay sino a las Provincias Unidas del Sur (Argentina) con Rosas y su Mazorca, con federales y unitarios enfrentados,

Pero hace rato que a Uruguay –estado tapón negociado por Lord Ponsomby en nombre de la corona inglesa en 1828- se lo considera el “enano protestón” de la región, que se para duro frente a los atropellos de gigantes vecinos, aprovechando la capacidad de su equipo en las negociaciones del Grupo Mercado Común y la Comisión de Comercio, pero que termina conformándose con el premio de cargos internacionales para sus diplomáticos como única victoria.

Brasil derrocha sonrisas y abrazos pero su posición nacional –sostenida en la continuidad de la línea de Itamaraty- se transforma en el frontón contra el cual rebota toda propuesta alternativa de los socios con los que dice ser “generoso”, pero traba todo avance de la iniciativa hemisférica del ALCA o se opone a acuerdos bilaterales siquiera de inversión –como el de Uruguay y EEUU- pues necesita a América del Sur como coto de caza donde colocar sus bienes de capital menos competitivos en precio y tecnología que los del Hemisferio Norte. Y cuando tiene que optar entre su desarrollo industrial y su moneda, no tiene dudas en devaluar (tres veces en 12 años) sin consultar ni avisar a los socios.

En tanto, Argentina oscila entre su vocación regionalista y el retorno repetido a su estrategia de ser el mejor socio de Estados Unidos (que tomó la posta de Gran Bretaña) –jugada que le salió mal con Galtieri en Las Malvinas y con Menem como socio estratégico extra OTAN de la Casa Blanca en los noventa- para competir con Brasil por el protagonismo internacional. Olvidado el baño de humildad tras la crisis de diciembre de 2001 y cinco presidentes en una semana, superado el default con privados en los papeles pero sin acuerdo con el FMI, ya la Casa Rosada abandona la sumisión al liderazgo de Brasil –como aceptó en la época de Duhalde- y ahora el presidente argentino Néstor Kirchner quiere que sea compartido el asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, para el que Lula hace campaña por todo el globo desde que llegó al Planalto.

Un bloque como el MERCOSUR no pareciera justificar tantas diferencias en un área que no fue inventada ni sacada de la galera, sino que se corresponde políticamente con lo que fue el Virreinato del Río de la Plata desde la época española y se corresponde geográficamente con la cuenca del Río de la Plata, alimentada por los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay.

Este martes 21 estuvo en la sede del MERCOSUR en Montevideo el consultor neoyorquino Thomas O’Keefe, del Mercosur Consulting Group de Washington DC, ciudad en donde también dicta clases en la Universidad George Washington. Almorzamos con sobremesa larga junto a Thomas, quien nos lee diariamente en la capital de EEUU pues es suscriptor de LA SINTESIS ECONOMICA desde hace 4 años y a fin de mes completará una Beca Fullbright de tres meses en Argentina.

No quedó afuera de nuestro serpenteante temario, tras la XXVIII Cumbre del Mercosur en Asunción que terminó este lunes 20, el cómo volvió a exponerse en forma sobreactuada o espontáneamente antidiplomática el denominado “estilo K” que no se refiere al CITIZEN KANE –caricatura cinematográfica de Orson Welles de la figura de William Randolph Hearst- sino a los desplantes del CIUDADANO KIRCHNER.

El estilo Kirchner no es pose sino reacción, acto reflejo, despecho que un mandatario debe medir cómo dosificarlo o comunicarlo. Ya destrató tiempo atrás al presidente del BID, Enrique Iglesias, y tuvo desplantes con el propio secretario general de la ONU, Kofee Annan, porque apoyaron la designación de José Luis Machinea, ex ministro de Economía argentino, como secretario general de la CEPAL, Comisión Económica para América Latina. También en Francia y España destrató a grupos de empresarios, mientras en EEUU los hizo esperar mientras paseaba.

Cuando la última cumbre del Mercosur en Montevideo, en diciembre de 2003, no fue a la cena de honor previa y el día del debate oficial se fue antes de la conferencia de prensa, para no compartir la mesa con el entonces presidente uruguayo Jorge Batlle, quien había desplegado su incontinencia verbal en la puerta de la Casa Blanca para pronosticar el futuro triunfo de Menem sobre Kirchner.

En esta cumbre en Asunción hizo al revés; fue sólo a saludar al presidente paraguayo, Nicanor Duarte Frutos, y a compartir la foto de familia en la cena previa a la cumbre. Se escondió atrás para no aparecer junto a Lula y tuvo que ser llamado por Duarte para que ocupara la primera fila en el Palacio de López (sede de gobierno) frente a la Bahía de Asunción. A las 22.00 estaba volando para su país (argumentando un acto público al día siguiente) y dejaba en su lugar al canciller Rafael Bielsa para estar el lunes en la reunión de presidentes.

Grave detalle: Bielsa faltó todo el fin de semana a la cumbre de cancilleres. De esta forma, Kirchner metacomunica con sus actos -intempestivos o muy calculados- que Argentina está un nivel por encima de sus socios: su segundo vicecanciller se sienta con los cancilleres y su ministro de Exteriores se sienta con los presidentes. Sólo le falta actuar como Charles De Gaulle, quien fue felicitado tras una elección por uno de sus ayudantes al exclamar: ¡Qué triunfo, mon Dieu! “No es para tanto” replicó De Gaulle: “puedes seguir llamándome mi general”

Reconozcamos que Lula no ayudó mucho al acercamiento cuando dijo en Asia hace poco que, para bancar los reclamos argentinos, había que tener mucha paciencia, usando la acepción ordinaria de testículos (saco, en portugués). El ministro uruguayo de Economía, Danilo Astori, tampoco anduvo con chiquitas, al comparar el Arancel Externo Común a un “queso gruyere”, por todas sus perforaciones. Sólo roguemos que nuestro canciller, Reinaldo Gargano, no vuelva a usar el término “vejiga” como ya hizo dos veces (una de ellas en Chile ante la crema del partido gobernante).

Por eso no sorprende que el vicepresidente paraguayo, Luis Castiglioni, haya aclarado que si ésto sigue así, Paraguay buscará su propio camino de acuerdos con otras regiones o países que le favorecieran. Así como Perú y Uruguay lograron acuerdos de inversión con Washington, Paraguay podría referirse a ello, por lo que es mucho más lo que Brasil tiene para perder en sus pretensiones de liderazgo –para actuar en conjunto ante EEUU- si no aporta beneficios a sus socios, pues se quedaría sin región a la cual representar en el Consejo de Seguridad.

Esperemos que no cunda el síndrome de Citizen K, lo que empeoraría la relación entre gobiernos de centroizquierda o de partidos populistas que tienden por naturaleza a reacciones proteccionistas, bajo presión de sus empresarios y sus trabajadores, de los arroceros que traban la frontera o medidas ilegales para no importar ciclomotores, mandando al trasto los trabajosos acuerdos alcanzados en la región.

No siempre los estilos de los presidentes representan las idiosincracias de sus pueblos que, aunque no sean iguales en sus formas de ser aún en el estrecho perímetro del MERCOSUR, son perfectamente tolerables en la convivencia ya demostrada por el turismo y la migración laboral. El presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, deberá demostrar mucha muñeca en el próximo semestre cuando le toca la presidencia rotativa del bloque, o no nos tomará en serio ni la Unión Europea ni Estados Unidos.

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