Crónicas de Torsos Huérfanos

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6/13/2005

El Poder del Principio, a El Principe hasta El Principito

UN EVO y DOS ADANES

El Poder desde el Principio,
al Príncipe (de Maquiavelo)
hasta el Rey de El Principito

por Carlos Montero (*)

Introduccion Necesaria.-

La comparacion o idenitificación de las consecuencias de quien abusa del poder con las consecuencias de quien dispone pero no usa esas facultades, ha provocado críticas respetuosas a nuestro informe del último viernes, en coincidencia con la renuncia del entonces presidente boliviano Carlos Mesa. Al hablar de la sustancia del poder etático, respaldado por la coercibilidad , no faltó quien interpretara dicho análisis como una invitación a “la represión” a la que Mesa, intelectual respetable, se negó.

Nada más lejos de nuestra intención ni del texto, pero respetemos el cuestionamiento pues, como decía Horacio Quiroga, la obra ya no es de nuestra propiedad después que la imprimimos o la emitimos. En lo general, nos referimos al núcleo duro de un gobierno legítimo: ser obedecido dentro de sus atribuciones y obligar a obedecer las normas legítimas a quienes no acaten.

En lo concreto, no concluíamos con una invitación a reprimir, sino que nos absteníamos a rendirnos a la versión mediática sensiblera que encuentra rico material explotable en un presidente que no sólo no reprime sino que prefiere no gobernar. Concluíamos en que, si Mesa tiene principios de convivencia pacífica y búsqueda de consensos, o que se abstenga de meterse en Política y siga siendo analista crítico, o que aplique todas sus tácticas para alcanzar su utopía sin reprimir.

Pero postularse a un cargo (ser vicepresidente, o sea sustituto del presidente) para retirarse en el momento justo que la Historia reclama decisiones difíciles, componiendo diferencias para encontrar una salida de paz y conservación del Estado de Derecho, es defraudar la confianza recibida. Coincidente fue el caso de la renuncia de Chacho Alvarez en Argentina a quien, los mismos que alabaron su honestidad para dejar la Vicepresidencia, luego le criticaron no haber estado en el puesto para el que fue electo en el momento que renuncio Fernando de la Rúa en diciembre de 2001.

Y como al político se le juzga por las consecuencias de sus actos y no por los principios que profesa en discursos con palabras, el efecto del acto principista de Chacho fue que las instituciones democráticas se fueran de madre, hubiera represión con muertos que él no hubiera admitido y –tras cinco presidentes en una semana- que asumiera Eduardo Duhalde, figura del mismo Peronismo destronado dos años antes.

UN EVO

Por eso es sabido que quien no ejerce su cuota de poder será sustituido formal o informalmente por otros actores. El líder cocalero Evo Morales, quien presionó físicamente con manifestantes y cortes de caminos para que en La Paz y Sucre los congresistas no se pudieran reunir para suceder a Mesa con el presidente del Senado o Diputados, logró forzar al Parlamento –por los ruegos del mandatario renunciante- a que aceptara al titular de la Corte de Justicia.

Traducción: hubo paz tras determinarse tal nominación, que significa adelanto de elecciones y nueva oportunidad para que Evo intente llegar a la Presidencia sin esperar el plazo constitucional. Simple lucha por el poder. Mejor dicho, por el gobierno, aunque las normas sobre hidrocarburos sigan iguales ni se haya establecido autonomía alguna para la elección directa de autoridades departamentales.

“Yo no puedo hacer política” dijo este lunes por televisión el ahora presidente provisional boliviano, Eduardo Rodríguez, tras recibir a una amplia delegación de campesinos y obreros, que manifestaron –por sus voceros- “un poquito de esperanza” de que sus demandas sean atendidas para una reforma constitucional que permita gobiernos regionales electos y la nacionalización de lor recursos energéticos.

Este ex graduado de Harvard, que del Poder Judicial salta a la cabeza del Poder Ejecutivo, aclaró que la responsabilidad de los cambios le corresponderá a las futuras autoridades a ser electas, lo que ya anuncia que no está dispuesto a ejercer sus potestades de iniciativa legislativa (lo cual es verdad que sería desubicado cuando podria ¿gobernar? de 2 a 5 meses). En definitiva, Bolivia tiene un administrador temporal y no un presidente, se abrirá una campaña para disputar el gobierno mientras, quienes siempre tuvieron grandes parcelas del poder, las petroleras y mineras, siguen teniéndolo.

Por eso Morales, legítimo líder político y campesino al cual responden sus bases repletas de pobres abandonados de la mano de sucesivos gobiernos, ante encuestas que le daban 20% de apoyo a su candidatura presidencial y que hoy aparecen por la mitad, seguirá manejándose en la lucha por el gobierno entre el concepto de poder primitivo de la época de Adán (en el Principío) y el muy actual poder corporativo que usa como bandera a Adam Smith.

De allí lo de un Evo y dos Adanes. Pero, en el medio, no podrá dejar de lado (para aprender o precaverse) las lecciones fundacionales de manipulación de la Politología de Maquiavelo (en El Príncipe) ni descuidar el concepto de lo posible para quien manda, según la poética metafóra del rey de Saint-Exupery (en el Principito).

UN ADAN

“En el principio era el Verbo; el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios” es la simbólica descripción bíblica de lo que fue la génesis del Universo. Muchos semiólogos posmodernos se siguen colgando de este versículo para excusar la convicción sobre la pertinencia de su profesión: en resumen, desde antes de la Creación todo sería palabra y, por suma consecuente, en adelante todo estará compuesto de discurso.

Sin embargo, parecido no es sinónimo: El Verbo es la representación de la acción. El texto del Cánon, para quien lo acepte, señala entonces que en el Principio fue la Acción y que el Dios del Occidente greco-romano, que derivó en monoteísta judeo-cristiano, no tiene otra sustancia y misión que el poder de actuar.

Aunque Moisés jamás menciona en el libro de Génesis a la manzana en particular, el fruto del saber -que permitía distinguir el bien del mal- tiene cuatro apariciones clave en la Historia de la Humanidad: con Adán expulsado junto a Eva del Edén tras probarlo, con Newton deduciendo la Física gravitatoria tras caerle en su cabeza y a Guillermo Tell partiendo a flechazo limpio la fruta sobre la cabeza de su hijo. Sólo agregaría a Steve Jobs popularizando la computadora personal portable con el isotipo de las Mac.

He allí cuatro símbolos de las herramientas de quien ejerce el poder (o imperium): la distinción del bien y del mal, el conocimiento de la ciencia y el manejo con arrojo de la fuerza para provocar tanto uno como el otro, potenciados por la revolución y seducción tecnológicas. Michel Foucault me corregiría con acierto, como lo hizo en los 70’del siglo pasado, pues en la sociedad no hay un poder sino parcelas de poder.

Como hitos en la confección de las reglas de la Ciencia Política o Politología -neologismo patentado para referirse al arte, oficio, profesión y ciencia de gobernar o disputar acciones que afectan a colectivos humanos- me limitaré a Aristóteles, Maquiavelo, Bismarck y Kissinger. Sólo agregaría a Antoine de Saint-Exupéry y la concepción del poder que traduce el rey del primer asteoride visitado por El Principito.

Aristóteles, el maestro del macedonio Alejandro Magno –predecesor de los emperadores conquistadores europeos como César, Carlomagno, Carlos V y Napoleón-, es el primero que define al ser humano como ‘zoon politikón’ (animal político) y en su libro ‘La Política’ disecciona el idealismo de su propio maestro Platón para bajarlo a la arena del realismo, pues cree que el ejercicio del gobierno choca con la utopía.

El florentino Nicolás Maquiavelo es considerado fundador de la Ciencia Política, al separar en ‘El Príncipe’ (1513) -que dedica a Lorenzo de Médici, padre del papa León X- lo que es propiamente ciencia de la Política de lo que es la Moral y cuándo se debe actuar como bestia, considerando “bien empleadas aquellas crueldades que se ejercen de golpe y una sola vez, por la necesidad de asegurarse el poder”.

400 años antes enseñará lo que luego conoceremos como ‘Realpolitik’ de Otto von Bismarck, uniendo a una Alemania que llegaba al siglo XIX en cuatrocientos fragmentos heredados de la Edad Media y dividiendo al mundo entre las potencias coloniales europeas en 1885 en Berlín. Sólo Max Weber explica lo que falló y la estructura partidaria que asume tras la derrota en la I Guerra Mundial, antes de Hitler.

Pero no será hasta que un catedrático respetado de Harvard escriba en 1969 “American Foreign Policy”, que el mundo empiece a descubrir a Henry Kissinger, llevado por Richard Nixon a Asesor de Seguridad Nacional y luego a Secretario de Estado de EEUU, quien actualiza la Política-Realista: abre su águila a la China de Mao, saca a su país de Vietnam y deja un cóndor cuidando su patio trasero con dictaduras.

OTRO ADAM

El agotamiento de las fórmulas contracíclicas keynessianas en los setenta, por un Estado que empieza a ser vaciado de medios y de facultades, lleva de la mano de Milton Friedmann a “la Doctrina”, como se llama a la revitalización neoliberal de las bases que Adam Smith fundó en la segunda mitad del siglo XVIII, que orientaron al capitalismo salvaje en el siglo XIX, a su versión tayloriana y a la aligerada de Estado de Bienestar (Welfare State) en el siglo XX, al Consenso de Washington en 1990 y al World Economic Forum en sus cumbres del siglo XXI sobre “la gobernancia” mundial y corporativa

Y no habló Adam Smith sólo de la Economía en “La Riqueza de las Naciones” (1776) sino del orden social en su “Teoría de los Sentimientos Morales” (1759): “Este engaño de sí mismo, esta fatal flaqueza de los hombres, es causa de más de la mitad de los desórdenes de la vida humana. Si pudiéramos vernos al modo que nos ven los otros o al modo que nos verían si lo supieran todo, sería inevitable una reforma general. De otro modo no podríamos sostener la lucha”.

Por eso un historiador de la talla de Eric Hobsbawm, en su más reciente libro “El Optimismo de la Voluntad” (2004), desde una óptica valorativa y crítica al capitalismo y al comunismo, debió transformar su esquema básico del último siglo de un díptico a un tríptico: de la era de las catástrofes (1914-1945) hasta el fin de la II Guerra Mundial, le edad de oro (1945-1973) hasta la crisis del petróleo y del dólar, a la actual era del Desastre donde “una época de expansión, de crecimiento y de transformación llega a sus límites”, por lo que “el siglo XX acaba mal para una gran parte del mundo” por los miles de excluidos.

Lester Thurow complementa en su libro "El futuro del capitalismo" (1997) que: "las verdades eternas del capitalismo - el crecimiento, el pleno empleo, la estabilidad financiera, el aumento de los salarios reales, el dejar operar a los mercados - parecen haberse esfumado, así como los enemigos del capitalismo. Si el capitalismo pretende sobrevivir algo tiene que ser modificado para alterar estos resultados inaceptables" (Fuente: Members.Tripod.com)

DESDE EL PRINCIPIO

Otra vez, sólo ruego que no se confunda la descripción de las reglas que asumen quienes disputa el poder con una defensa ni de la manipulación ni de la violencia. Simplemente es la advertencia de que nadie vea estas características como deformaciones de la Política o defectos de algunos malvados gobernantes, sino que son sustanciales partes del juego. Nadie le obliga a Ud a entrar, pero si se mete es bueno que sepa con lo que deberá enfrentarse y cuáles son las armas que se actualizan para la misma función en cada época.

El esquema básico de actores para discutir, presionar y decidir sobre la res publica (cosa publica) con cuotas de poder sobre la demos (ciudadania local), de acuerdo con la evolución política occidental, podría bosquejarse entonces en diez pasos, sin pretender agotar las variantes registradas ni diacrónica ni sincrónicamente, sino sólo tomándolo como un borrador.
UNO
-Democracia aristocratica griega: asamblea de los 500 en el agora ateniense o el Senado romano
DOS
-Teocracia católica medioeval: el Papa, sínodos, órdenes caballerescas y la vida parroquial
TRES
-Imperios nobiliarios renacentistas: monarcas, príncipes, Iglesia nacional, corte y señores vasallos
CUATRO
-Democracias burguesas iluministas: monarquías o repúblicas constitucionales con asamblea nacional
CINCO
-Estados-Nación unificados e imperiales: mandatarios, ministros, parlamentos, partidos y rebeldes
SEIS
-Welfare State: presidentes, partidos-cuadro, legisladores representantes, sindicatos y cuerpo electoral
SIETE
-Democracia mediática: líderes políticos y corporaciones usan medios de comunicación sobre ciudadano
OCHO
-Integración regional: burócratas de conglomerados federales sometidos a elección y plebiscito periódico
NUEVE
-Comunidad internacional: organos intergubernamentales y gobierno mundial con veto de potencias
DIEZ (promesa de los profetas de las nuevas tecnologías)
-Sociedad global horizontal: democracia plebiscitaria vota acciones planetarias por medios real-time, desde estados que se fragmentan políticamente y se asocian en confederaciones económicas.

DEL PRINCIPE AL PRINCIPITO

Sin el peso de la Presidencia a la que abandonó, nuevamente con el hábito de historiador pero sin poder sacarse ya más su antecedente de haber estado en Política y no haber logrado salidas para su país que conformarían a una parte de la ciudadanía y debería acatar la otra parte, Carlos Mesa relata al diario El Universal (ver hoy en diario El País de Montevideo) “su ingenuidad terrible” en el gobierno.

Y pareciera coincidir con Max Weber en que entrar a la lucha por el poder es “pactar con el Diablo” (“El Cientifico y el Politico”, 1926) porque admite que “comencé a entender los recovecos de la política cuando me enfrenté ya a su fuerza y a su descarnada realidad”, por lo que.“mi error, quizá, fue creer que esa transparencia iba a encontrar soluciones, y lo que estaba haciendo era sacar los demonios de la caja”.

Mantiene la metáfora al agregar que“hemos vivido un infierno: estuvimos al borde del desastre todos los días”, se dice satisfecho "por el deber cumplido de haber evitado lo peor" aunque –paradógicamente- admite al periodista que a su sucesor en el Palacio del Quemado –vaya nombre de la sede del Ejecutivo- “le queda un gran incendio por apagar”.

Por eso, para que otro no llegue al sillón presidencial con buenas intenciones y se pegue las mismas sorpresas ya demasiado tarde, para que no caiga en el “maquiavelismo” de El Príncipe ni en la “ingenuidad” de El Principito, culminamos este análisis resumiendo, en cinco citas las ideas de los autores clave mencionados, sobre el ADN de la lucha por el Poder, aunque no nos guste lo que digan ni estemos dispuestos a hacerlo ni creamos que sea verdad.

Para el fiorentino Nicolás Maquiavelo la base está en ser temido: “los hombres vacilan menos en cometer ofensa al que se hace amar que al que se hace temer, y como el amor se mantiene por un vínculo de gratitud, ese vínculo es roto en cualquier ocasión que se considere de utilidad, porque los hombres son perversos. En cambio, el temor se mantiene por el miedo al castigo, que nunca te abandona. El príncipe, sin embargo, debe hacerse temer de modo que, si no consigue que lo amen, también pueda evitar el odio, porque el ser temido y el no ser odiado bien pueden estar juntos” (El Príncipe, 1513)

El canciller Otto von “Bismarck enseñó a los alemanes a contemplar las cosas con frialdad, sin prestar demasiada atención a la moralidad de la situación. Les mostró como olvidar el idealismo y cómo contemplar a los idealistas como hipócritas o bandidos. Entendió la Política como una lucha por el poder y les enseñó cómo obtener éxito sin ser consecuentes. Sus métodos y objetivos constituían una mezcla diabólica del bien y el mal...”, según cuenta su biógrafo Bruce Waller (Biografía de Bismarck, 1999, editorial Ariel)

Veinte años después de su muerte, su coterráneo Max Weber define en 1919 la sustancia del Estado en una conferencia universitaria en Munich, bajo los ecos de la revolución rusa: “Todo Estado está fundado en la violencia, dijo Trotsky en Brest-Litowsk. Objetivamente esto es cierto. Si solamente existieran configuraciones sociales que ignorasen el medio de la violencia habría desaparecido el concepto de Estado y se habría instaurado lo que, en este sentido específico, llamaríamos anarquía. La violencia no es, naturalmente, ni el medio normal ni el único medio de que el Estado se vale, peró sí es su medio específico”.

Para Henry Kissinger, dilecto alumno de la Realpolitik, “El estadista manioula la realidad; su objetivo principal es la supervivencia; se siente responsable no sólo del mejor resultado concebible, sino también del peor. Su concepción de la naturaleza humana es cautelosa; es consciente de las numerosísimas esperanzas que han fracasado, de los numerosos propósitos que no pudieron llevarse a cabo, del egoísmo, la ambición y la violencia. (...) juzga las ideas de acuerdo con su utilidad, no con su verdad”. (American Foreign Policy, 1969)

Pero, quizás la forma más dulce de explicar cómo se gana la ascendencia de un gobernante esté en el diálogo que Antoine de Saint Exupery crea para el encuentro en un asteroide entre El Principito y un “monarca absoluto, sino también universal”. A este rey –pensando en el poder que emanaba de su jerarquía- el niño pidió que ordenara “una puesta de sol”, lo que nos lleva a la conclusión sobre la razonabilidad que debe tener un líder para conservar su poder y jerarquía.
-“Ordene al sol que se ponga
-Si yo le ordenara a un general que volara de flor en flor como una mariposa, o que escribiera un drama, o que se convirtiera en ave marina, y si el general no ejecutara la orden recibida, ¿de quién sería la culpa, de él o mía?
-Sería suya –dijo fírmemente el principito.
-Exacto. Hay que exigir a cada uno lo que cada uno puede dar –replicó el rey-. La autoridad estriba, ante todo, en la razón. Si tú le ordenas a tu pueblo que se tire al mar, haría la revolución. Yo tengo derecho de exigir obediencia porque mis órdenes son razonables”.

(*) “Una Eva y dos Adanes” fue una famosa película protagonizada por Marylin Monroe

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