Crónicas de Torsos Huérfanos

Crónicas de Torsos Huérfanos
Haga CLIC en la arena y verá online "Amor a toda Costa: CRONICAS DE TORSOS HUERFANOS" (lea lo escrito en la arena, antes que el agua lo borre de la orilla, como a su autor)

6/08/2005

De la Republica de Cromagnon a la Democracia del Homo Videns

Carlos Montero junto a Giovanni Sartori, nuevo premio Principe de Asturias
DESDE LA REPUBLICA DE CROMAGNON
A LA DEMOCRACIA DEL HOMO VIDENS
por Carlos Montero, montero@sintesis.org
(emitido el miércoles 8 de junio de 2005)

Parece que, como periodista, estoy hecho para dar fortuna a mis interlocutores. En 1987 entrevisté a Adolfo Bioy Casares, de sobretodo negro y solitario, mientras esperaba que alguien se acercara al stand de su editorial para pedirle algún autógrafo. Estaba solo. Me contó sin petulancias su amistad con Jorge Luis Borges y cómo se ganaban la vida de jóvenes haciendo publicidades juntos. Tres años más tarde le fue otorgado el Premio Cervantes y todos los argentinos inflaron el pecho.
En octubre de 2002 entrevisté al periodista polacio Ryszard Kapuscinski,para lo cual tuve que ganar un concurso entre 178 periodistas de América para estar en un seminario cerrado con él para el cual había sólo 10 becas para todo el continente de la fundación de García Márquez. En 2003 le otorgaron el Premio Principe de Asturias de Comunicación y Humanidades.
En 2003, hago una gira de entrevistas por Europa, que termina en Roma con un solo objetivo, tratar de hallar a Giovanni Sartori, a quien había conocido por medio del libro Homo Videns y que acababa de escribir La Tierra Explota. El mismo me regalo la versión en castellano de este libro cuando lo ubiqué en su departamento de Vicolo del Malpasso, un día antes de irse a dar clases a la universidad de Columbia, Nueva York, y luego que no me contestara ninguna de las dos cartas que le envié a sus casas de Florencia y Roma, diciéndole que le visitaría donde él prefiriera.
Para seguir con la racha de "causalidades", este miércoles 8 de junio acaba de anunciarse que le fue otorgado el premio Príncipe de Asturias 2004 de Ciencias Sociales a este pensador políticamente incorrecto que algunos consideran filósofo, lo que me obliga a adelantarles –por criterio de oportunidad- la impresión de nuestro encuentro y algo del diálogo que mantuvimos en la capital italiana con Sartori, celosamente guardado para mi cuarto libro (“La Venganza del Faccioso Global”) que vengo preparando en una tarea de largo aliento que me consume –en todas las acepciones del término- desde agosto de 2001, tras la muerte en Génova, por un disparo de las fuerzas de choque, del primer manifestante anti-global, su compatriota Carlo Giuliani, considerado de los sectores radicales 'tutti neri' (vestidos con capucha y ropa negra) contra el G-8 y la mundialización neoliberal.
La principal preocupación que me llevaba a esa pequeña calle cerca del río Tíber, durante un pegajoso verano que tuvo las mayores temperaturas combinadas con el peor nivel de humedad desde 1782, era invitarle a analizar las consecuencias que una sociedad formada por HOMO VIDENS (las generaciones de seres humanos concretos criados por la televisión sin capacidad de abstracción para ver el conjunto de su situación y la de sus semejantes) podria tener sobre su aspecto de ciudadanos en democracia, y si ello afectaría la búsqueda conjunta del bien común o el interés general, convirtiendo a las comunidades de un mismo espacio geográfico y a los actores regionales o mundiales en simples “facciosos” que buscan o privilegian su interés inmediato personal o sectorial, con efecto discriminador, bajo la cobertura de un discurso “global” de pretensiones igualitarias.
Con un tono divertido, a la vez que apurado, este politólogo de 81 años me contesta, desde un portero eléctrico del segundo piso, que está “preparando las maletas para viajar”. Agrega que leyó las cartas que le envié desde venecia una semana antes a sus dos hogares, pero que no tuvo tiempo para llamarme al teléfono que le daba del hotel de Génova, donde yo estaría investigando la semana antes de llegar a Roma (arribo del que prefiero no acordarme pues al frenar el tren en Roma Termine hallé que me habían robado la notebook con los originales del libro en el ferrocarril nocturno desde Milán). Quizás por eso, Giovanni Sartori aceptó que subiera. Estaba desnudo.
Yo estaba desnudo de todo lo que había escrito hasta el momento, pero la carga de conclusiones y dudas que llevaba en el equipaje de mi cerebro, necesitaba chocar con el exámen más frío de este profesor de baja estatura y humor irónico, que tiene sus libros y carpetas en escritorios que sólo por algunos sofás puerde considerarse un hogar. Me ofrece un café pero prefiero ganar los minutos de su cortesía para extraer sus conceptos.
Cual construcción de la cultura política occidental desde Grecia, pasando de la República Romana hasta la Norteamericana y la Francesa, con las variantes que en 250 años practicamos en el resto del mundo, aún no se ha descartado la ironía del inglés Winston Churchill de que la Democracia es el peor de los sistemas, exceptuando a los demás; que otros traducen como el sistema menos malo (de dominación, en términos del alemán Max Weber).
Dicha evolución desde una democracia política (o de las formalidades constitucionales), no siempre –o, mejor dicho, escasas veces- se extiende hacia una democracia económica (libertad de iniciativa y competencia bajo regulaciones que eviten la posicion dominante del oligopolio o monopolio), una democracia social (equiparación de las condiciones de partida según las carencias de cada uno para una igualdad de oportunidades) y una democracia cultural (derecho a elegir y vivir manifestaciones de la propia identidad étnica, educativa y religiosa, sin tener que aislarse ni imponerlas o coartar las de los demás), asunto que –con las migraciones globales- está en el centro del debate entre integración y multiculturalismo.

El jurado del premio anual que otorga el Príncipe de Asturias destacó el compromiso de Sartori "con las garantías y las libertades de la sociedad abierta", lo cual podría hasta ser cuestionado parcialmente si uno lee su más reciente “La Tierra Explota”. El autor parece más comprometido con una sociedad abierta dentro de Europa y para los europeos, mientras critica muchas de las iniciativas o discursos integradore spromovidos desde organismos internacionales.
En octubre pasado, pude ver desde Bruselas la transmisión de Euronews desde el Teatro Campoamor de Oviedo (España) cuando el príncipe Felipe de Borbón, debutante con su esposa Letizia en la entrega de los galardones, premiaba a figuras del periodismo y la economía como Jean Daniel dell Observateur de Francia y a Paul Krugman de Estados Unidos, uien hoy es el más lúcido critico –desde dentro de su país-de la política deficitaria en lo presupuestario y en lo comercial de la Administración Bush, quien arriesga –a su entender- con una crisis del dólar y su economía a mediano plazo. Huyamos hacia el Euro, parecería ser el mensaje, pero los europeos están empezando a rechazar su propuesta Constitución, precisamente, entre uno de sus tres argumentos, por el temor a que el Euro caro les quite competitividad y empleos..
También así de crítico es Sartori con Bush –en su ultimo libro “Malos Tiempos”- a cuya invasión de Irak considera “peor que Vietnam”. Para el autor vivimos el choque de civilizaciones, previsto por Samuel Huntington en 1994, pues “por diplomacia, no hay que decirlo, pero existe. Si dos civilizaciones no tienen nada en común o son recíprocamente indiferentes o chocan. En este momento, cuando hay un recalentamiento del fundamentalismo, hay choque”.
Pero tampoco se salvan los pacifistas que “gritan por la paz, pero no nos dicen cómo conseguirla”, a los que recomienda “¡Que vayan a gritar a Irak, si ésa es la solución!”; ni se salva de sus dardos el premier italiano Silvio Berlusconi, socio de EEUU en la aventura anti Saddam, a quien definió ante el diario La Nación como "animal que no se encuentra en ningún jardín zoológico".
Así de difícil es Sartori con sus ocasionales interlocutores. Cuando quise arrancar con todo y le inquirí si el Homo Videns nos lleva a una democracia de facciosos que sólo verán su beneficio de corto plazo aunque se perjudique a la comunidad y a si mismos en el mediano plazo, Sartori me miró y me estampó: “eso lo va a tener que concluir Usted mismo”. No era que eludía la respuesta, sino que se negaba a que le trajeran un razonamiento ya papillado. Para eso nadie lo necesitaba, se habrá dicho.
Lo mismo le sucedió a la periodista del diario argentino que le entrevistó sobre la política de su país en mayo de 2004 y se comió una afirmación a boca-de-jarro: "La Argentina debería librarse del peso nocivo del peronismo" y “poner la cabeza en orden". A quien no le gusten las respuestas directas, mejor que no le preguntea don Giovanni.
Hablando del MERCOSUR, agregó al periódico que en “la Argentina existen todas las premisas para un país potencialmente rico, como es Suiza, y como era Uruguay. En cambio, fue destruida por la mala política, algo que también pasó en toda América latina. Y las clases dirigentes que vuelven a estar en el poder son populistas y demagogas. Sólo Chile aguanta bien, como siempre lo ha hecho. Pero los nuevos presidentes son unos descamisados”.
Pensando en el pobre Carlos Mesa, periodista e historiador metido en el atolladero y que pidió por favor irse de un gobierno boliviano donde nunca debió meterse, pienso adonde podrán ir nuestras democracias recuperadas en los años ochenta, si los intelectuales honestamente críticos no saben o no puede gobernar y los políticos astutos han caído bajo sospecha (demostrada o no) del interés particular detrás de cada decisión pública. Y para muestra alcanzan los cuestionamientos actuales en el MERCOSUR a Lula en Brasil, Duarte en Paraguay, Kirchner en Argentina y hasta las primeras medidas de Vázquez en Uruguay (designando socios privados en cargos públicos y destituyendo a competidores privados de puestos estatales).
Pero no se trata de una exclusividad latinoamericana,.pues Sartori lo encuentra en su país, donde Berlusconi “necesita de legitimización internacional, porque el conflicto de intereses que tiene, que es enorme, lo convierte en sospechoso en todo el mundo”.
El nuevo premiado con el Príncipe de Asturias duda, en nuestro continente, sobre cuándo se puede decir que la transición a la democracia se ha terminado, “porque ¿cuál es el punto de llegada? ¿Cuándo es que termina la transición? Si transición a la democracia significa poner en orden el Estado de Derecho, diría que no (...) porque las premisas de una democracia que funciona son frágiles”.
No podrán contradecirlo acontecimientos desdichados como el incendio de la discoteca bonaerense República de Cromañón, con 193 muertos por negligencia culposa que superaron en 2004 a los 191 muertos del terrorismo del 11-M anterior en Madrid. Debido a la falta de controles del Estado, las normas que nos protegen pasan a ser una hoja más para el archivo y la vida se transforma en un expediente o en un montón de bolsas portacadáveres apiladas. Tantos años desde Sócrates, Platón y Aristóteles, para que la democracia aristocrática de entonces pretendiera alcanzar a todos los miembros de la especie Homo Sapiens y se termine consiguiendo sólo repúblicas caóticas habitadas y conducidas –muchas veces- por descerebrados a los que el Hombre de Cromagnon superaría con creces.
La visión de Sartori se complementa con el diagnóstico realizado el 26 de mayo en el Palacio Legislativo de Uruguay, por el periodista y abogado paraguayo Benjamín Fernández Bogado, rector de la Universidad Americana de Asunción para quien “vivimos una etapa de grandes dificultades en América Latina, es muy difícil ser democrático siendo pobre, y fundamentalmente creo que hay algo más grave, es difícil sostener la democracia con un nivel de educación, y de inversión en educación tan bajo”.
Concluyó que “ninguno de nuestros países puede hacer que las normas se cumplan, que las instituciones se respeten, que la palabra sea la generadora de la discusión y la búsqueda del consenso, que la libertad de expresión sea entendida en un concepto de responsabilidad, y que la libertad de prensa tenga un valor para ensanchar la democracia mientras los niveles de inversión en educación no pasen de un magro 5% del PBI, que es la mayoría de nuestros países. Ninguna nación ha consolidado democracia, ha consolidado instituciones, y fundamentalmente ha construido ciudadanía, con una inversión tan baja en materia educativa”.
Por eso Giovanni Sartori, no se ilusiona tampoco con transplantar la democracia al área musulmana, pues “el Islam es un sistema teocrático gobernado por la voluntad de Alá. La libertad tampoco existe, así como todos los valores laicos, porque la liberal-democracia es un sistema creado por valores laicos. Hasta que Europa tuvo una cultura de naturaleza religiosa, tampoco ella aceptaba la democracia. Sólo cuando se creó una civilización laica que separa adecuadamente la Iglesia del Estado pudo crearse la democracia”, concluyó ante el diario argentino
Con su viaje a Nueva York en cuenta regresiva, Sartori cuelga por tercera vez el teléfono y me dice “tenemos diez minutos”. Pero sus reflexiones las deberán leer en el libro que vengo preparando, si es que alguna vez lo termino o éste termina antes conmigo. Marche rápido esta panorama para los 5.000 lectores de LA SINTESIS ECONOMICA con el fin de que tengan un primer acercamiento a este filósofo político italiano apenas su premio fue anunciado este miércoles.
P.D.-Debajo, como contexto, agregamos el informe especial sobre el filósofo político Norberto Bobbio que LA SINTESIS publicó el dia de su muerte.

No hay comentarios.: