Crónicas de Torsos Huérfanos

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6/30/2005

Bolivia reclama integrar Anillo Energetico Mercosur

Bolivia no da gas a Chile pero quiere estar en el anillo energetico Mercosur

QUERER la CHANCHA, los CHANCHITOS
y TAMBIEN a la HIJA DEL CHANCHERO

por Carlos Montero, montero@sintesis.org

Era una chimenea humana. Mi cuerpo despedía vapor por todos sus poros mientras ingresaba de short y ligera camiseta deportiva a la recepción calefaccionada del The Court Hotel, frente a la estación de tren de Killiney Bay, rodeada de arena grisácea, a media hora de la capital irlandesa. Fue lo único que ví, fuera de cuadras y cuadras de murallas ocultando mansiones.

Es que no se me ocurrió mejor idea que salir a correr los cinco kilómetros diarios, para desentumecerme de las 24 horas de vuelos y esperas -entre Asunción, Buenos Aires, Madrid, Barcelona y Dublin-, sin prever que la tierra de Joyce y Becket, al llegar al otoño, nos recibiría con mucha amabilidad y cero grado de temperatura. “Nunca ví despedir tanto humo a un hombre” comentaría luego en Teledoce el colega Martín Sarthou.

Periodistas de economía internacional y negociaciones de integración de 19 países (los entonces quince miembros de la Unión Europea y los cuatro del Mercado Común del Sur) fuimos convocados aquel 1996 por la presidencia rotativa irlandesa, a menos de un año del Tratado de Madrid (15/12/95), que era el acuerdo marco UE-Mercosur, aún sin completar a casi diez años.

En suerte me tocó exponer, en imposibles 20 minutos, dos investigaciones que realicé para ese encuentro sobre la “Imagen de la Unión Europea en el Mercosur” a partir de un análisis cualitativo del tratamiento que medios escritos de la región dieron al tratado durante los seis meses anteriores, sin caer en los reportes cuantitativos inútiles sobre centimetrajes por columna.

Hasta las 5 AM del día de mi conferencia seguí cortando el texto de la ponencia, hasta llegar a 36.000 caracteres (léase letras), que pude ensayar a todo ritmo en plena madrugada para que cupieran en el tiempo establecido por el amable moderador, un editor senior del Financial Times de Londres.

Pero el ritmo pautado para que todo entrara en tiempo casi aterró al par de traductoras en simultáneo que pedían piedad (desde la cabina) a quien las escuchara por auricular –o sea los colegas europeos- para que me frenaran porque no podían traducir a tiempo ni les dí una mísera copia del speech.

Fue un reverendo desastre que me paseó ese atardecer por incontables pubs de Dublín en la mayor y silenciosa depresión, quedé “esperando a Godot” en el empedrado central de los jardines de Trinity College (donde enseñaba Samuel Becket), sintiendo el día tan vacuo como el de Leopoldo Bloom, aquel 16 de junio de 1904 en que se sitúa el “Ulises” de James Joyce.

Moraleja 1: Esfuerzo no es igual a resultado. Moraleja 2: El ritmo al que uno piensa, habla o puede leer, no es el ritmo al cual los demás pueden escuchar, atender y –mucho menos- traducir. Moraleja 3: La traducción pausada de palabras a quien habla otra lengua no alcanza, sino se debe priorizar analogías, metáforas o parábolas, que traduzcan a su experiencia ya conocida los nuevos conceptos o actores que conocerán por primera vez.

Por eso, lo único exitoso fue la bienvenida no leída y que arrancó carcajadas a europeos y sonrisas irónicas a los conosureños, cuando intenté igualar el papel de cada país adherido o asociado al MERCOSUR con las naciones que habian construído la UE, desde la Comunidad del Carbón y el Acero, pasando por la Comunidad Económica Europea. Eso lo entendían.

“¿Con qué país europeo se podría comparar o querría ser cada uno de los países del Cono Sur?” pregunté a los presentes. Tras una pausa para el suspenso, comenzó la enumeración: Brasil quiere ser Alemania, líder político y locomotora económica del continente; Argentina como Francia, exhibición cultural, moda y la otra punta del eje que sostiene al bloque integrador; Uruguay como Bélgica, pequeño país de servicios, hotelería y oficinas como capital administratriva de la eurocracia; y Paraguay sería una variante de Italia, desorganizada, con inmigración ilegal, cuestionado apego a las normas y una vocacion comercial de puente entre Asia y el bloque.

Mientras los locatarios disfrutaban riendo, le tocó el turno a los recientes países que acababan de acordar su asociación al MERCOSUR, como membresía de segundo orden y sin padecer el arancel externo común para protección ante terceros países extrazona. Desde otubre de 1996, el primero de ellos era Chile, pasando la barrera de los Andes como el Canal de la Mancha, comparable con Gran Bretaña, que quiere seguir siendo “la isla” que comparte el acuerdo político con el continente pero mantiene su independencia económico monetaria y autonomía para acordar con EEUU.

El otro era Bolivia, desde enero de 1997, país fragmentado balcánicamente al igual que Grecia, con un pasado -cual helenos y romanos- de disputa territorial con Paraguay y –cual griegos e ingleses- con Chile, agravado por su falta de acceso al mar. Se integra así al MERCOSUR aspirando a beneficios extra del bloque por mayor pobreza y menor desarrollo relativo.

Pasó casi una década del Tratado de Madrid y los efectos para Sudamérica son que, mientras el Mercosur no puede terminar de acordar con la Unión Europea (tras el fracaso de octubre de 2004), la Comunidad Andina de Naciones (CAN) no puede empezar a negociar en serio con la UE y concerta, en tanto, declaraciones de buenavoluntad hacia la IV cumbre birregional de mandatarios europeo-latinoamericanos en Viena 2006.

Mientras, Bolivia ha sido el único sudamericano en estar casi 10 años en MERCOSUR y CAN. El país que honra con su nombre al libertador Simón Bolívar, el antiguo Alto Perú –extremo sureste del Imperio Inca sobre la Tierra de los Cuatro Suyos-, tal como rezaba la vieja máxima, quiere todo: “la chancha, los chanchitos, los ocho reales y la hija del chanchero”.

No ha servido para dar estabilidad política ni la solidaridad de la Organización de Estados Americanos (OEA) con su nuevo secretario general, ni la de los dos bloques regionales a los que Bolivia pertenece, representados con visitas del secretario general andino, el ex canciller peruano Allan Wagner, y el presidente del comité de representantes del MERCOSUR, el ex presidente argentino Eduardo Duhalde.

Los parlamentarios bolivianos se reunieron en un congreso extraordinario, el primero de la legislatura 2004-2005, para decidir la forma de acortar su mandato y convocar a elecciones generales el 11 de diciembre, reducir la gestión presidencial y renuncia masiva del Congreso a fin de año. Además discuten convocar a Asamblea Constituyente y un referéndum sobre Autonomías, que permita la elección directa de gobernadores.

“Veíamos que peligrosamente Bolivia se acercaba al precipicio, hacia el abismo. Había síntomas de disgregación. Estábamos en un proceso diría yo, anárquico o pre-anárquico en este querido país”, dijo Duhalde, tras salir del Palacio del Quemado en La Paz.

Pero no termina de recuperarse la calma tras la renuncia este mes de Carlos Mesa y los gobiernos efímeros parecen emular al proceso de la última década en Ecuador o retrotraerse a un cuarto de siglo atrás en este mismo país altiplánico. Su presidente provisional, el ex titular de la Corte de Justicia, pacta internamente elecciones para antes de medio año, pero regionalmente amenaza ahora con faltar a la cumbre andina semestral.

¿Cuál es la causa aludida para que el mandatario boliviano no vaya a Lima el 18 de julio a encontrarse con sus pares? Que Bolivia quedaría excluída del “anillo energético” gasífero que Perú aceptaría alimentar hacia el MERCOSUR, pasando por Chile, para que de allí continúe a la Argentina, de allí a Uruguay y, eventualmente, a Brasil.

¿Y cuál es la causa de la iniciativa del anillo energético, que el ministro uruguayo de Industria, Jorge Lepra, fue al Banco Interamericano de Desarrollo para pedir –en nombre del MERCOSUR- el financiamiento para el tramo faltante entre el sur peruano y el norte chileno?

La razón es que tres gobiernos sucesivos bolivianos -el de Gonzalo Sánchez de Losada (echado), Carlos Mesa (renunciante) y Eduardo Rodríguez (provisional)-, a pesar de alguna reforma legislativa que aumentó los pagos de las energéticas extranjeras, no obtuvieron apoyo ni superaron la resistencia de movimientos obrero campesinos que quieren nacionalizar la extracción de hidrocarburos, rever los contratos con transnacionales y subir su tasa de aporte.

Y, cuando hablamos de extranjeros, incluímos a Petrobrás que construyó todo un gasoducto desde Sao Paulo hasta Santa Cruz de la Sierra, por el norte de la frontera de Paraguay, confiando en una provisión gasífera de largo plazo, a un precio que ahora se encarecería. Mientras, Argentina trae gas del sur boliviano bajo amenaza de que se le cortará dicho suministro si algo de esa energía es traspasado a Chile.

Aquí es que queda a la vista la raíz del obstáculo histórico geográfico para la integración energética de la región: la falta de acceso de Bolivia al Océano Pacífico, perdido en el siglo XIX en guerra con Chile que a su vez comió parte del sur de Perú. Sánchez de Losada concertó la exportación de gas a EEUU pero debía elegir entre puertos del norte chileno o sur peruano.

Bolivia quería forzar a resolver a su favor la pérdida bélica a partir de su disponibilidad energética, sabiendo de la carencia energética chilena ahondada por la carencia argentina, que no podía cumplir con la exportación de gas contratada hacia Santiago y Montevideo. Por eso jugó fuerte a reclamar una franja soberana de tierra hacia el Pacífico a cambio de usar los más factibles ductos chilenos hasta Antofagasta o Iquique.

La Administración Kirchner, dándole continuidad a una política de Duhalde para control inflacionario imponiendo a las energéticas que calcularan los precios del suministro de electricidad y gas a privados con un dólar a 1,40 pesos argentinos (cuando estaba por los 3 pesos), sólo logró llegar a 2004 sin que los privados invirtieran en ductos que ampliaran la distribución ni prospección que diera más disponibilidad de petróleo y gas.

Y como la ley argentina impide exportar toda energía que no sea sobrante del consumo nacional, Chile se vió desabastecida –sobre todo en sus plantas de electricidad que dependen del gas del sur argentino- y Uruguay encontró que su cambio a matriz de gas natural, sus ductos y plantas que empezaba a construir para transformarlo, quedaban inútiles, teniendo que encender usinas a fuel oil de costo muy superior.

El gobierno entendió tarde la jugada de las energéticas privadas y el costo de forzar una tarifa bajo el costo con fines de contención de precios, por lo que creó la energética estatal ENARSA (luego que Menem vendió la ex estatal YPF a la hispana Repsol, que Petrobrás compró Pérez Companc en época de Duhalde y ANCAP de Uruguay se clavara con Sol Petróleo).

La estatal ENARSA, con aporte de PDVSA de Venezuela y quizás de Petrobrás, aportarían no sólo para prospección de crudo en la plataforma atlántica sino construirían el gasoducto del norte argentino para traer gas de Tarija (Bolivia) aumentando 20% la capacidad de transporte energético.

Esa inversión se justificaba no sólo por la demanda argentina, sino por su tendido hasta la frontera con Paraguay (que le sobra energía eléctrica –usa menos del 3% de Itaipú- pero está interesado en gas para industrias del área de Asunción), hasta el límite con Rio Grande do Sul en Paso de los Libres-Uruguayana (Brasil) y hasta Salto en Uruguay, país que firmó un acuerdo con Bolivia pero sólo puede llegarle el gas si hay conexión argentina.

¿Pero puede Venezuela con Argentina jugarse a una inversión de tal magnitud si tiene pendiente una “espada de Damocles”, constituída por la amenaza de que este último país –al contar con más fluído energético- no podría exportar gas a Chile si quiere seguir recibiéndolo de Bolivia?

Exportar sólo a Uruguay no justifica el riesgo y Brasil ya tiene su ducto kilométrico de Bolivia a Sao Paulo, lo que no le motiva a que crezca una competencia interna sureña que aporte el mismo fluído a los ‘gauchos’ riograndenses, autonomizándolos de la dependencia de los paulistas.

Perú entiende la importancia del negocio que le acaba de caer en manos, por más que rinda culto a sus héroes que lucharon por su frontera sur contra los chilenos, con museos en los que hemos estado como el del Morro de Arica en el centro limeño. Y a pesar que erijan monumentos a Pachacutec, el inca unificador del imperio que los hace sentir una misma nación con los bolivianos, Toledo no despreciará un trato con Lagos sobre su gas.

El sentido del anillo energético sería invertir el sentido del fluído que partiría de Perú, para seguir por diversas vías por Chile, Argentina, Uruguay y, eventualmente con nuevos ductos por el este uruguayo, hasta Porto Alegre. Un camino al cual le faltan muchas partes y requiere un crédito amplio del BID, pero en el cual Bolivia pierde todo papel.

Por eso son inentendibles las protestas de las últimas horas del gobierno provisional boliviano como inexplicables las frases de Duhalde en La Paz, asegurando que Bolivia es fundamental para el anillo energético. Seamos claros: este anillo es para sellar el divorcio de la dependencia de mayor provisión gasífera boliviana, aunque Argentina siga importando lo mismo.

El embajador de Bolivia en Perú, Eloy Avila, dijo al diario “La Patria” de Oruro que “la decisión de los países que integran el Mercado Común del Sur, además del Perú, de conformar el denominado “anillo energético” podría ocasionar que el presidente Eduardo Rodríguez desista de asistir a la Cumbre Andina de Presidentes en la capital peruana el 18 de julio”.

En el Taller Subregional sobre Estabilidad Política y Gobernabilidad que la CAN organizó en Lima, Avila se cuestionó “de qué procesos de integración podríamos estar hablando, si los países que han decidido conformar el anillo energético marginan a Bolivia, ya sabemos a instancias de quién”, en obvia alusión a Chile.

Radio CPN de Perú se acaba de hacer eco de la amenaza boliviana de que el gas de Tarija hacia EEUU no usaría el puerto peruano de Ilo hacia el Pacífico. Pero si menos lo harán por Iquique o Antofagasta, queda claro que las mismas organizaciones que piden rever contratos con firmas extranjeras cierran todas las salidas del gas hacia el Hemisferio Norte.

"La decisión de no sacar el gas ya sea por Perú o por Chile es una decisión del Estado boliviano que no se ha tomado aún”, aclaró Avila a CPN, quien reconoció el malestar por la decisión del MERCOSUR, dado que “estamos exportando gas a Argentina desde hace 27 años y hace 7 años a Brasil".

Coincidió Duhalde en su réplica, desde La Paz, que “no se puede ni siquiera pensar en esa posibilidad. De hecho, la presencia de Bolivia está ya directamente vinculada con el gas que le vende actualmente a la Argentina y Brasil", sin ahondar que el problema no es lo que ya vende, sino el aumento de su precio y la libre circulación a cualquier destino de lo que acepte Bolivia aumentar su venta

La agencia Noticias Argentinas (NA) reprodujo al titular de la Comisión de Representantes del Mercosur diciéndole a su tocayo Rodríguez, presidente boliviano, que no imagina “un anillo energético sin Bolivia”, tras entregarle un mensaje de apoyo democrático del bloque.

Sostuvo que sería “ridículo”, “inaudito”, que “en un anillo energético de Sudamérica, no esté Bolivia” pero, reconociendo la oposición de varios movimientos y partidos a exportar a Chile, advirtió que “esa debe ser una decisión que adopte el gobierno de éste país y de los bolivianos”

El diario “Los Tiempos” de Cochabamba consigna que Duhalde expresó su satisfacción porque los tres candidatos presidenciales en Chile , hayan expresado su decisión de resolver el tema marítimo de Bolivia: "Es un tema que la democracia boliviana y chilena, en su momento, con el apoyo naturalmente del Mercosur, le van a encontrar una solución. No me pregunte a mi cuál es la solución, en un tema tan delicado".

En definitiva, no podemos caer en la demagogia de decir que no habrá anillo energético en el Cono Sur sin Bolivia. Se estaba armando un anillo energético con Bolivia como gran proveedor que se trabó por decisiones internas que el gobierno boliviano no termina de negociar y votar.

Lo que puede haber con o sin Bolivia es un anillo energético que no discrimine el país que pueda surtirse del mismo. Es la soberana decisión del pueblo boliviano la que permitirá que participe de esta ampliación de ventas al MERCOSUR, Chile y/o a EEUU. Pero “no se puede querer la chancha, los chanchitos, los ocho reales y, también, la hija del chanchero”.

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