Crónicas de Torsos Huérfanos

Crónicas de Torsos Huérfanos
Haga CLIC en la arena y verá online "Amor a toda Costa: CRONICAS DE TORSOS HUERFANOS" (lea lo escrito en la arena, antes que el agua lo borre de la orilla, como a su autor)

10/01/2004

Dossier en el SEPTIMO AÑO de LA SINTESIS ECONOMICA

por Carlos Daniel Montero Gaguine, editor regional

Al completar SIETE AÑOS desde 1997 en INTERNET, saludamos a cada uno de los 5.000 miembros que reciben por correo electrónico los informes especiles de LA SINTESIS ECONOMICA MERCOSUR y a quienes nos consultan en nuestro REgionAL-TIME.com y SINTESIS.org, donde actualizamos las novedades regionales.

EL PROYECTO DEL MERCADO
Cuando nuestro pater familiaris llegó a ochenta años le formulé una de esas preguntas simples de hacer pero complejas para responder, abrigándome en la licencia de haber sido por tres décadas su primer nieto, con el cual mantuvo más diálogo hasta el día previo a morir, quizás porque le hice debutar temprano, antes de lo esperado, en el desprestigiado oficio de ser anciano.

No me refiero a la edad, sino al difícil rol que antiguas civilizaciones reservaban a sus mayores: conservar la memoria (los cuentos que enlazan con el pasado y nos enraizan en las anteriores generaciones) y predicar sabiduría (los consejos que apuestan a que los sucesores no repitan sus malas experiencias y que les proyectan en las futuras generaciones).

Esta tradición es debilitada en sociedades sobremediatizadas, que viven un eterno presente real-time, donde se predica el valor de la novedad por la oferta que genera y la juventud por su capacidad de demanda, volviendo su atención al discurso políticamente correcto sobre la eufemística "tercera edad" al descubrir una veta marketinera de consumismo, gracias a la extensión de la expectativa de vida que agrega una década promedio de esparcimiento y viajes, con comidas y bebidas light, seguros de pensiones y de salud.

Una década de burbuja tecnológica fue protagonizada por yupees de recién estrenados MBAs que henchían bolsillos catapultando sus acciones cual misiles -usando OPAs como base de lanzamiento- para llevarlas al destino nocturno de las estrellas fugaces de la Nueva Economía. Pero no son pocas las multinacionales que luego rescataron de sus dorados descansos -a costo nada despreciable- a bien recordados ex CEOs, que habían preferido cuarteles de invierno antes que someterse a los arrolladores ejecutivos quienes, como topadora, despreciaban los "mandamientos" de la Vieja Economía: invertir con medida sin olvidar el realismo en los resultados esperados y los tiempos para alcanzarlos.

EL PROYECTO VITAL
-"¿Abuelo, qué se siente cuando alguien llega a tu edad?" le pregunté cuando quedamos solos en la sobremesa del almuerzo de conmemoración de sus ocho décadas.

-El viejo Montero arrugó el ceño ya ajado, heredado de vascos y charrúas anclados el siglo anterior en Tacuarembó, y -como si masticara la reflexión- prefirió contestar con lacónica lentitud: "M'ijo, te asusta todo lo que te pasó".

Una década después, habiéndolo ya cargado al cementerio y sintiendo su ausencia, no encuentro mejor definición para sintetizar el cuarto de siglo en la profesión periodística que cumplimos, junto a las 1.500 ediciones de LA SINTESIS, un tercio de ese lapso como corresponsal en el exterior. Para algunos viejos colegas será poco: para uno es enorme.

Nuestra generación, de menor resistencia anatómica que las anteriores por "calidad de fábrica" o por las bajas defensas naturales que facilitan tantos suplementos artificiales (medicamentos y prótesis), es sometida a un stress agravado y halla que aceleradamente se desgasta más (duramos menos y somos prescindibles antes) o -en otros casos- que se alcanzan posiciones en una carrera sin quemar etapas indispensables.

Así como, en general, los menores son motivados a saltear la adolescencia para vivir experiencias de la juventud, también los jóvenes asumen tareas de conducción pecando en variados casos -no por falta de edad- sino por falta de experiencia (que no es garantizada por los años sino por el aprovechamiento de los mismos). Y una de las demostraciones principales de sabiduría, en cada persona y oficio, es tener claras su misión y visión. Saber para qué estamos (el rol social) y quiénes queremos ser (nuestra inserción personal). Como se puede aprender de "Alicia, en el país de las maravillas": para quien no sabe adónde va, todo camino es bueno.

EL PROYECTO PROFESIONAL
Durante el tórrido verano paraguayo de 2003 de hasta 49 grados centígrados, escribía febrilmente a solas en mi oficina como corresponsal extranjero de una agencia internacional, con todo el país las 24 horas en mis espaldas por la guardia de las vacaciones de mi único compañero. Un prometedor editor internacional de la mesa regional del servicio multimedia -a miles de kilómetros de distancia- quizo llamarme la atención y practicar una rápida composición de lugar ante mis protestas sobre frecuentes cables (expresión anticuada en esta era de Internet) enviados desde Asunción y no difundidos.

-"Tenés que entender que -te guste o no- cada cual tiene su tarea: tu tarea es escribir y la mía decidir qué se publica" fueron las palabras casi exactas de su imperativa comunicación expresada telefónicamente, lo que en términos corporativos metacomunica una deferencia, dado que, al ser oral, no se deja sentada por escrito la crítica en la línea telemática de emisión, que podría ser leída internamente tanto por jefes como colegas en otros puestos de corresponsalía.

He ahí lo que veo como error en entender la misión para qué estamos (corresponsal o editor, cada cual en su respetable papel de redacción, verificación y adaptación al estilo del servicio informativo) y en la visión a la que queremos llegar (conformar un equipo de trabajo permanente que refleje una agenda ordenada de las noticias prioritarias que afectan a la Humanidad, tanto a nivel global como en las diversas circunscripciones geográficas parciales que nos toca cubrir).

Si el periodista considera que su tarea acaba en redactar y transmitir, para que el editor haga luego lo que le plazca, se parecería a comparar la paternidad con la simple eyaculación: falta allí la responsabilidad (y disculpas si a alguien hiere el símil usado). La cuestión no es transmitir y olvidarse, sino sentirse corresponsable de que se cumpla el objetivo que el devenir de la sociedad que te toca cubrir sea equilibradamente reflejado en el servicio general que el editor valida para que llegue a los suscriptores.

Asistí hace poco a la despedida de un editor jefe continental, que dirigió la tarea de periodistas en 35 países de las Américas tras haber recorrido los difíciles vericuetos y riesgos del periodismo internacional, tanto como profesional envuelto en el barro del trajín como editor desde la indispensable distancia de la torre de marfil. Le agradecí que, durante su ejercicio, hubiera sabido escuchar las razones que como subalterno le había expresado a lo lejos desde "el lugar de los hechos", para reconsiderar tareas o instrucciones que me había dado, sin usar el argumento de la verticalidad del cargo superior.

Su respuesta lo resumió en forma perfecta: "Carlos, hay periodistas que trabajan para sus jefes, pero vos y yo trabajamos para la Agencia". Discutir los contenidos y defenderlos, no por orgullo pues las noticias internacionales no se firman, es también nuestra tarea.

EL PROYECTO INTEGRADOR
Una pieza publicitaria reciente en televisión muestra a un matrimonio joven con sus hijos, en torno a una mesa en la cual toman un té junto a un adulto mayor que parece padre de ella, al cual le dicen -para su alegre sorpresa- que piensan que "a los chicos les falta un abuelo... un abuelo que viva con ellos". La señal alerta positivamente sobre el rescate social de la función referida al comienzo.

La segunda mitad de los veinticinco años ininterrumpidos en esta vocación/profesión/oficio, los hemos desarrollado en la cobertura del curso de las negociaciones internas e interregionales de los países del Mercado Común del Sur (MERCOSUR). Lejos de la fe ciega en los bloques proteccionistas, el regionalismo abierto o la apertura al mundo, procuramos informar equilibradamente de lo que al menos refería a estas comunidades en un contexto geográfico común.

Tenemos clara que la función del periodista no debe excederse de lo denotativo (informar) y connotativo (analizar) -o sea el manejo honesto y verificado de los datos para describir una realidad inabarcable por multidimensional-, amputándose la función editorial (opinar) de quienes manipulan los hechos con el fin de fundamentar sus propuestas aún en el mejor sentido del bien general -ejercitando las libertades públicas de expresión y difusión del pensamiento-, como de los que cumplen la función política de generar propuestas, promoverlas y operar sobre la realidad.

Sin embargo, considero que es una descripción de la realidad -no una opinión (y si no que se me perdone esta licencia como único regalo vuestro por el cuarto de siglo)- el considerar que la traba al avance hacia la visión declarada de constituir un mercado común en el Cono Sur y a la falta de órganos supranacionales en el corto plazo, se puede suplir en el mediano plazo con el rol de un abuelo (o consejo de ancianos)... que preserve lo hecho y vele por el interés de la familia, hasta que en el largo plazo se alcance la institucionalidad común.

No me estoy refiriendo a Eduardo Duhalde, quien asume en estos días un aún indefinido papel de presidente del comité de representantes ante MERCOSUR de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay -que son en definitiva los mismos embajadores acreditados ante la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI)- pero que nada quita de intergubernamental (y nada agrega de supranacional) a esta nueva comisión creada. Proyecta incluso un sentido político localista, para que el presidente argentino cumpla con una deuda y el presidente brasileño ponga un hombre de su confianza en Montevideo ante la actitud poco condescendiente que ante su estrategia tiene el presidente uruguayo.

EL PROYECTO INTERGENERACIONAL
Por eso, como licencia por estas 1.500 ediciones especiales, ruego que nos perdonen esta hipótesis:
Hasta que eventualmente se creen instituciones con facultad de decisión supranacional, y reconociendo que las presiones corporativas locales pesan sobre los gobiernos obstruyendo la acción coordinada regional, el MERCOSUR podría apelar a un secretario general de consenso -elegido entre actores de reconocido predicamento del bloque que han conducido organismos internacionales- al frente de una Comisión de Notables de cuatro miembros (uno por cada país adherido) con poder de sugerencia y gestión ejecutiva.

Por ejemplo, la Comisión pudiera estar integrada por los negociadores jefe fundacionales del Mercosur (entre agosto de 1990 y marzo de 1991) dado que se trata de figuras comprometidas con el proceso, de relevancia diplomática y que aún están estrechamente ligadas a los cuerpos de las respectivas cancillerías (Félix Peña por Argentina, Rubens Barbosa por Brasil, Félix López Acosta por Paraguay y Juan Berthet por Uruguay). Son gente a la que también "le asusta" todo lo que han vivido y que no está dispuesta a tirar el esfuerzo regional de más de una década por un interés menor nacionalista por más válido que este sea.

En otro ejemplo, pudieran ser encabezados en la secretaría general por una personalidad como el contador Enrique Iglesias, que está comprometido con los emprendimientos regionales, fue presidente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas, presidente de la Ronda Uruguay del GATT y es presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Haber sido canciller de Uruguay, su nacimiento en España y su gestión en Washington DC en los últimos 15 años, le dan un acceso clave múltiple para la negociación con la Unión Europea del Tratado Birregional transatlántico como en el Area de Libre Comercio de las Américas promovido por Estados Unidos.

En 1994, antes de viajar para una “breve” etapa en corresponsalías del exterior que duró 8 años y medio, tuve el privilegio de asistir a una cita en la antigua sede de la Secretaría Administrativa del Mercosur, frente a la Plaza Matriz en la Ciudad Vieja de Montevideo, con el entonces casi saliente presidente de la Comisión Europea, el francés Jacques Delors.

Un año antes de la firma del acuerdo marco de Madrid de UE-Mercosur en diciembre de 1995, de 15 países europeos y los cuatro sureños, Delors le recordaba a su contraparte sudamericana que no esperara avances sustantivos con los países comunitarios si no podía ofrecerle enfrente un organismo similar supranacional con el cual negociar. Estamos pisándole la sombra al 2004 sin haber firmado, y ahora se habla de octubre próximo.

Ya vuelto una década más viejo en el carnet, peor desgastado en la carne y ojalá habiéndolo capitalizado para aprender, una sola cosa deseo al conjunto de la región y a sus miembros: para no perder la inapreciable experiencia transmitida en una sana cadena intergeneracional, aprovechemos la experiencia de los mayores, que quizás sepan algo por diablos, pero más saben por viejos.

EL PROYECTO SUBREGIONAL
Ampliando la visión al ámbito subregional, los negociadores de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay (MERCOSUR) se reunieron todo el segundo semestre de 2003 con sus pares de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela (COMUNIDAD ANDINA DE NACIONES), pero ambos bloques ven confrontados sus intereses en la protección de sus productores primarios, que temen una invasión de bienes agropecuarios, por lo que les llevará otro semestre el definir cuáles ítems irán en las diferentes canastas que serán desprotegidas en varias etapas durante una década y media.

Sobrevive asi una tradicional óptica de "coto de caza", donde cada país considera que su territorio y -por extensión- el de su bloque, son un dominio donde preservarse al menos a los consumidores propios ante el riesgo de la competencia externa más eficiente, desechando la oportunidad de la complementación industrial intrasectorial en cadenas productivas donde participen empresas de diversos países del bloque para alcanzar la competitividad con que asaltar mercados internacionales que den escala y justificación a la inversión en dichos proyectos.

Félix Peña, ex vicecanciller argentino y Director del Instituto de Comercio Internacional de la Fundación Bank Boston, expuso la semana pasada (17 y 18 de noviembre) en la sede del bloque, faltando horas para que comenzara la VIII cumbre ministerial del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en Miami, que el "MERCOSUR ha demostrado debilidad en su capacidad para concertar los intereses nacionales", por lo que reclamó "una mecánica eficaz de puesta en común" para "mantener el cuadro ganancia-ganancia, sobre el cual se construye en forma dinámica el proyecto común". Si no podemos concertar intereses siquiera con 4 países -entre el bilateralismo ante EEUU del presidente uruguayo, la vocación paraguaya de zona franca, el regionalismo abierto argentino y el proteccionismo manufacturero brasileño- menos podremos esperar que eso suceda entre 9 países, al incluir la CAN.

Pero fácilmente podríamos limitarnos a describir el hecho de nuestra fragmentación y reconocer la ideología que la sustenta, cayendo en la función denotativa de la información periodística que aturde de datos a su lector y olvidando la función connotativa, pues -como decimos siempre al equipo que hace seis años produce nuestro real-time- "no hay texto, sin contexto".

Eso sucedería, en este caso, si desconectáramos la nueva postergación para un acuerdo MERCOSUR-CAN, del anuncio de EEUU, el jueves pasado, sobre el inicio de negociaciones bilaterales en 2004 de libre comercio con cada uno de los cuatro países andinos, excepto Venezuela, y un acuerdo bilateral de inversiones con Uruguay (Washington ya tiene otro con Argentina desde la era del ex presidente Carlos Menem). Así divide a la Comunidad Andina de Naciones (la negociación es aislada con cada país y deja afuera a la Venezuela de Hugo Chávez) y al Mercado Común del Sur (acuerdos con los dos países rioplatenses, dejando afuera al Brasil de Lula).

No conforme con ello, quedará duplicada y en riesgo la función de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) como "paraguas" bajo el cual se inscriben los acuerdos de complementación económica de alcance parcial entre los diez países sudamericanos, México y Cuba. Si el ALCA es firmado antes del 1 de enero de 2005, luego que sea ratificado obligará a los respectivos países -entre sus reglas comunes- a inscribir los tratados comerciales y de inversión, entre otros, bajo un nuevo paraguas panamericano que deberá generarse, en el marco de la "economización" que se procura de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington. Sin nuevos tratos comerciales y sin función de paraguas, la ALADI tambien hará agua y deberá arrancar ya a discutir su futuro y funciones.

EL PROYECTO COLONIAL
En el marco del tema 2 sobre "Desarrollo Social" de la Cumbre Extraordinaria de presidentes del ALCA, prevista para enero en México, enviamos a la OEA un análisis sobre (subtema 5) la "Atención a todos los sectores de la población, con énfasis en los grupos más vulnerables", focalizándonos en la "educación" y (subtema 6) en especial el "aseguramiento de un uso productivo de la ciencia y la tecnología, incluyendo la reducción de la brecha digital".

La hipótesis de trabajo es que, aunque el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) no se proponga avanzar más allá de un proceso de zona de libre comercio -a profundizar entre 2005 y 2020 aproximadamente- con sus respectivas disciplinas, igual los factores de producción (mercancías, capital y recursos humanos) presionarán hacia el libre flujo interamericano, por lo que requerirán para superar las tensiones supervinientes por su instrumentación de una actitud de tolerancia regional de parte de las ciudadanías locales de los 34 países, por lo que se propone un esfuerzo sostenido de educación para el conocimiento y la comprensión del otro ubicado más allá de las fronteras.

América fue un regalo inesperado para las potencias europeas, hallado mientras exploraban hace cinco siglos la vía atlántica para alcanzar las fuentes de las especies en el Extremo Oriente: China (Catay), Japon (Cipango) e India -con las islas Filipinas y Molucas en medio del camino- eran el objetivo. El camino hacia el oeste, sólo seguido antes por los vikingos al comienzo del milenio o por marineros portugueses a la deriva, era una solución para superar el bloqueo otomano de la vía este, que por tierra había conducido a la familia Polo hasta la corte del Gran Kahn y aún antes a franciscanos como Giovanni di Pian Carpino y Guillaume de Rubruck.

Para el genovés Cristóbal Colón, quien en nombre de España llegó al Caribe y Centroamérica, en verdad había llegado a las Indias, a las míticas Catay y Cipango del Milione.
Para el veneciano John Cabot, quien en nombre de Inglaterra llegó a Norteamérica, y para Pedro Alvares Cabral, quien llegó en nombre de Portugal a Brasil, en Sudamérica, se había chocado con grandes islas que obstruían el camino hacia el objetivo.
La tarea de encontrar la comunicación interoceánica la intentó Núñez Cabeza de Vaca desde la Florida, Aguirre por el Amazonas y Díaz de Solís por el Río de la Plata, Cortés dominó México y Nuñez de Balboa atravesó el istmo de Panama hasta el Mar del Sur (Oceano Pacífico) que abrió el camino costero a Pizarro hacia el Perú; mientras en nombre de Francia el veneciano Da Verrazzano lo intentó al norte, descubriendo Nueva York, y Cartier el Canadá.

Con Vespucci se comprendió en su dimensión que se había dado con un continente y no con un archipiélago, gracias a viajes que llegaron bien al sur, sólo superados por el portugués Magallanes, al servicio de España, que lenta pero tozudamente alcanzó el estrecho que recuerda su nombre para ir en busca de las especies, aunque fue muerto en Filipinas antes de llegar a las deseadas Molucas, tarea que completó Elcano con una circunnavegación que no había sido prevista originalmente.

Ahorrarse ese largo trecho justificará la acción de conquistadores, piratas y aventureros por cruzar en mula o mediante un canal la bisagra del nuevo continente. De ser una sorpresa, luego una incógnita, más aún un obstáculo, las Américas se transformaron luego en una fuente de riquezas en si mismas, llamándose Indias Occidentales por ser más cercanas que las buscadas Indias Orientales para las metrópolis europeas de ultramar.

Por tres siglos fuimos objeto de extracción y comercio dominados monopólicamente por los imperios del Viejo Mundo, que fueron disputados por el creciente peso de los nacientes Estados Unidos que –tras completar la ocupación de América del Norte- a fines del siglo XIX provocaron la Guerra Hispanoamericana (1898) para sustituir el peso colonial de España y entrar al siglo XX detrás de un "destino manifiesto" en el que se transformaron en potencia mundial, compartiendo con la ex URSS la división y lucha global en la denominada bipolaridad.

Para las tres Américas, la Guerra Fría se tradujo en dos instrumentos: el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) desde 1947 -fenecido tras la Guerra de las Malvinas (1982) y la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1948. Hasta la caída del Muro de Berlin (1989) y la fragmentación de la Unión Soviética (1991), al intervencionismo directo de la potencia hemisférica en el "patio trasero", el Nuevo Mundo vio agregada la instalación de dictaduras en buena parte de Sudamérica, cuyos gobernantes dominaron las sesiones de la OEA. De la transición democrática posterior, se ha pasado a sistemas institucionales de respaldo social débil que en cadena han derribado presidentes por diversas causas y medios en la última década. Ya no es sólo la batalla por la legitimidad y las reformas estatales, sino la de la cohesión social sustentada en satisfacer las necesidades básicas, lo que quita el sueño a los presidentes.

EL PROYECTO PANAMERICANO
De la esperanza fundada en que la democracia traería "el pan" en los ochenta, a la profesión de fe en las privatizaciones en los noventa o la renovada confianza ciega en la integración del nuevo milenio, corremos el riesgo de que los representantes de los gobiernos -ahora electos bajo las formalidades constitucionales que tanto anhelábamos- alcancen los trabados acuerdos de liberación comercial, pero que los marginados de los beneficios se opongan o, lo que es aún peor, los ignoren.

Las reformas predicadas por el Consenso de Washington, aunque demostraron su fracaso para una mejor distribución automática de los ingresos, confirmaron al menos que es necesario tener para repartir. Pero, aunque sea necesario crecer, no es condición suficiente para demostrar la distribución ni para evitar la desviación, como efecto de la corrupción publica enlazada con la privada. Por lo tanto, se necesita a la vez provocar desarrollo con equidad social para sustentar una gobernabilidad democrática, lo que enlaza las áreas temáticas de la cumbre de jefes de Estado proyectada para enero de 2004 en México, que hereda las carpetas con litros de tinta de los denominados Consenso de Monterrey promovido por EEUU con el Banco Mundial y el Consenso de Buenos Aires promovido por los gobiernos de Lula y Kirchner con la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).

El propio Enrique Iglesias, ex titular de la CEPAL y actual presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), reconoció con decepción a LA SINTESIS que “yo creo que, quizás ahí, se nos fue un poco la mano en creer que los mercados podían ser abiertos y no tomar las debidas precauciones para hacerlo a cierto ritmo que permitiera preparar las bases regulatorias, fortalecer las instituciones y, de esa forma, hacer los países menos vulnerables a los ingresos y retiros violentos de capitales”. Concluyó que, “mirando un poco a la distancia, esa creencia es por lo menos cuestionable” por una “apertura hecha con forma tan rápida, con todos los países tan desprotegidos con respecto a fenómenos que luego se tradujeron en grandes vulnerabilidades”.

A partir del discurso del gobierno de Estados Unidos -promotor del ALCA (desde 1994) y aún antes con la Iniciativa Bush para las Américas (desde 1990)- de que el comercio continental más libre derivará en crecimiento económico para el conjunto de los países americanos, nuestro planteo es que.sólo se llegará a acuerdos sustentables si se encuentra una actitud de confianza mutua de las ciudadanías locales respecto de la sinceridad con que sus socios regionales encaran este tratado de intercambio. En resumidas cuentas, si perciben que al final -y en el medio- del camino habrá mejores oportunidades de empleo, hacer negocios y reparto de ingreso. El reciente caso boliviano demuestra que un acuerdo -aún con potencial atractivo de exportación- puede ser objeto de oposición airada cuando una parte movilizada de la población desconfía de la relación con otro país vecino.

Solamente un proceso educativo, que procure educar para la tolerancia por medio del conocimiento y la comprensión del otro, más allá de las fronteras cercanas y lejanas, será la base sobre la cual se podrá construir acuerdos de comercio, que generen crecimiento, que permitan desarrollo con equidad, que sustenten la gobernabilidad democrática (ver Especial de LA SINTESIS del 26 de marzo de 2003).

Cuando el 9 y 10 de diciembre de 1994 se realizó la primera cumbre presidencial de las Américas, en la cual fue lanzado el ALCA, en la tapa de la revista TIEMPO publicamos una foto de Bill Clinton ejecutando el saxofón, bajo el título "2005 es la fecha: ¿otra vez la misma tonada?" Un día antes, en el recinto de la OEA, el mandatario había firmado la ratificación de Estados Unidos de la creación de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y los acuerdos de la Ronda Uruguay del GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio) cuyas modalidades de aplicación aún no se han producido. El acceso agrícola a los grandes mercados de los países industrializados no consiguió grandes avances en casi una década en la OMC, organización mundial donde EEUU pretende todavía que se resuelva, absteniéndose de dar otras ventajas en el ámbito continental.

Al proponer el ALCA, Clinton planteó en Miami una "asociación para la prosperidad" con tres objetivos: crear una zona de libre comercio (economía), reforzar la democracia (política) y mejorar la calidad de vida de los pueblos (sociedad). Su entonces vicepresidente Al Gore agregó que, "tras la hora de la glorificación de la independencia, ha llegado la hora de la glorificación de la interdependencia".

Cuatro años más tarde, estábamos en Chile para la segunda cumbre presidencial que prometía "preparar a las Américas para el siglo XXI" reordenando los objetivos: Educación (invirtiendo en la gente), Democracia (disfrutando los frutos de la libertad), (construyendo nuestra salud a través de) Integración económica y comercio, y Rechazando la Pobreza (por medio del crecimiento de la prosperidad) . Esta vez las prioridades discursivas eran las (1) culturales, (2) políticas, (3) económicas y (4) sociales.

Quizás se procuraba aprender de la experiencia de la construcción de acuerdos económicos en la Unión Europea, uno de cuyos mentores admitió que si tuviera que empezar todo de nuevo, lo haría desde el lado de la integración cultural. Sin embargo, las propuestas que salieron de Santiago no pasaron de emprendimientos que confiaban en forma positivista respecto del efecto que tendría la difusión de la tecnología en la felicidad de los pueblos latinoamericanos: como si las computadoras por sí solas -o conectadas- alcanzaran para igualar las condiciones de partida.

EL PROYECTO SUDAMERICANO
Siguiendo un derrotero expansionista -desde que Portugal obtuvo de parte del papado casi la mitad del Nuevo Mundo (en el Tratado de Tordesillas de 1494) compartiendo medianera con España-, 500 años después el proyecto de Itamaraty de unir a Sudamérica para negociar en su nombre el ALCA frente a EEUU -acordando interregionalmente con la Unión Europea y concertando intereses con China e India en las negociaciones multilaterales de la OMC- ahora hace agua.

En nada se justifica el festejo del canciller brasileño Celso Amorim con el G-20+ cuando se frustó en setiembre en Cancún la salida agropecuaria para una rebaja muy limitada de subsidios agrícolas de EEUU junto a Unión Europea (el mismo bilateralismo frustrante de los grandes que selló la suerte de la Ronda Uruguay del GATT en 1994 y fundo la OMC en 1995) ni cuando la semana pasada le sacó a la Casa Blanca el “ALCA-light” o “anoréxico”. El que ríe ultimo, ríe mejor: las varias velocidades a los 34 países de las Américas para acuerdos bilaterales y plurilaterales (entre bloques) permiten al presidente Geroge W. Bush desarmar los bloques y establecer una relación heliocéntrica (donde no hay dudas quién jugará el papel de sol). Si acuerda a fin de año con el Mercado Común Centroamericano y República Dominicana, y el próximo año con Panamá y cuatro de los andinos, además de agregar el trato de inversiones con Uruguay, quedará solo Brasil y el Mercosur sin acuerdo "4 más 1" de libre comercio con Estados Unidos. Y el canciller uruguayo ya advirtió que si el bloque no avanza, en 2005 será Uruguay el que se sentirá libre para procurar su tratado comercial a solas con el Departamento de Comercio de EEUU.

Hoy el presidente uruguayo, Jorge Batlle, peleado en lo político con su par argentino y en lo económico con su par brasileño, lamentó ante la radio alemana Deutche Welle que "perdimos toda nuestra industria de sustitución de importaciones por apostar al Mercosur", justo cuando Lula propuso a Sudamérica una política de "sustitución regional de importaciones" para poner una zanahoria en favor del ALCSA (Acuerdo de Libre Comercio de Sudamérica), respaldado por el financiamiento de las obras de infraestructura del IIRSA, Iniciativa de Integración Sudamericana, por parte de una futura fusión de la Corporación Andina de Fomento (CAF), el Fondo para la Cuenca del Plata (FONPLATA) y dinero del banco estatal brasileño BNDES.

El maestro de Henry Kissinger en política internacional, el catedrático estadounidense de la Universidad de Columbia, Kenneth Waltz de 79 años, declaró el domingo pasado que "ya no hay quien equilibre el poder de los Estados Unidos" y que "ningún país que dispone de un poder abrumador se comporta con moderación más que durante un tiempo muy breve", aunque esté convencido que "el dominio no dura. Una gran potencia siempre termina declinando. La cuestion no es si va a pasar o no, sino cuanto tiempo llevará..." (Clarin, 23/11/03, pág 37).

En la edicion especial de LA SINTESIS a fines de julio pasado, al culminar una gira de entrevistas por Europa para nuestro cuarto libro, expresábamos el convencimiento de que la ampliación de la Unión Europea a 25 países en 2004 y la probabilidad de que duplique esa cantidad a 50 miembros (incluyendo a la Federación Rusa) antes de 2020, con una política externa y de defensa comunes, llevará a una nueva bipolaridad. La amenaza de sanciones de Bush al dumping chino (gracias a un yuan intencionalmente subvaluado) y los acuerdos europeos de los últimos días con China para constituirse respectivamente en los primeros socios de su comercio exterior -además de la integración del gobierno de Beijing al proyecto Galileo que independizará a los europeos del GPS satelital estadounidense con fines militares y civiles- confirman la tendencia a una futura bipolaridad, sin descartar una más lejana trilateralidad cuando los chinos (que por ahora enjugan el déficit presupuestal de EEUU al comprarle sus bonos y reciben cada vez mas inversión japonesa) se sientan con fuerza para autonomizarse del apoyo europeo y arrastrar los vagones del área del Asia Pacifico con su locomotora.

El decano del Instituto de Estudios Politicos y Sociales de Rio de Janeiro, Helio Jaguaribe, a quien hemos podido entrevistar en sus viajes a lo ancho de la región, por su especialización en las perspectivas de la integración, dijo esta semana en el foro Ñ de Buenos Aires que "con una globalización severamente agravada por el unilateralismo de EEUU, el mundo se está diviendo en cuatro niveles diferentes:
-1. "Nivel supremo": EEUU.
-2. "Nivel de elevada autodeterminación": Unión Europea y Japón.
-3. "Nivel de resistencia": China, India y Rusia "que tienen capacidad de limitar la interferencia de la globalización en su propio territorio. O sea tienen autodeterminación interna y muy limitada autodeterminación externa”.
-4. "Nivel de dependencia": ¿adivinen quiénes están en esta ultima categoría? Todos los demás.
La diferencia está en que Rusia por integración y China por acuerdos, pueden ascender al segundo nivel. Pero Jaguaribe cree que, además, "Argentina, Brasil y sus socios Uruguay y Paraguay, desde la construcción del Mercosur, tienen observables condiciones para subir del nivel de dependencia al de resistencia... siempre que se hagan las cosas apropiadamente. Es una oportunidad única que todavía nos ofrece la historia".

Me pregunto si, acaso, la aprovecharemos.

EL PROYECTO MERCOSUR
Un mate uruguayo con bombilla brasileña, cebado desde un termo argentino con yuyo paraguayo, me acompañan a caminar hasta los cuarteles de la sede del bloque, distante tres kilómetros de nuestra oficina, para reflexionar sobre estos doce años del proyecto Mercosur.
Me había prometido llegar a los 25 años en periodismo de vuelta al lugar en que nací, pero ahora me doy cuenta que ya no pertenezco sino a una mezcla onírica de la bahía asunceña, la costanera bonaerense, la avenida Atlántica carioca, las arenas de Reñaca en Viña del Mar y esta rambla montevideana, a la que retorno por aquello que cantaba Abel García sobre "uno, que se crió acá, mirando al mar, porque es hijo de inmigrantes o simplemente por pura costumbre".

El periodista Tomás Friedmann, analista de la Unión Europea para nuestra región, me contaba su tesis de que la vida de las parejas, como son también las empresas o países asociados, se rigen por períodos aproximados de seis años, lapso máximo en que hay que renovar el compromiso so pena de que la alianza sucumba.

LA SINTESIS cumplió seis años en 2003 por lo que, mientras sigo la caminata, intento comprobar la hipótesis del colega, extrapolándola a lo personal, regional y global, sorprendiéndome cuánto se aplica, para felicidad de los cultores del horóscopo lunar chino, regido por períodos de 12 años, con momentos bisagra a la mitad de los mismos.

Hace doce años, en 1991, se producía la Guerra del Golfo I en lo global, se fundaba el MERCOSUR en lo regional y conocía a mi futura esposa en lo personal. Seis años después crecen las inspecciones de ONU para controlar a Saddam, los socios del bloque del Cono Sur alcanzan su máximo comercio intraregional y nos casamos en 1997. Completado otro período de 12 años, en 2003 acaece la Guerra del Golfo II, el MERCOSUR en crisis intenta con Lula una refundación y nosotros reproducimos la distancia -previa a conocernos- por adaptarnos a un nuevo lugar en donde vivir.

Me preguntan tantas veces si el bloque va a sobrevivir y contestamos siempre que podrá conservarse la etiqueta "MERCOSUR" pero la pregunta es de cuál MERCOSUR hablamos. Si dejamos sin completar una zona de libre comercio que es imperfecta, una unión aduanera perforada, las excepciones como regla o un mercado común en los papeles, de nada servirá el nuevo Instituto Monetario que acaban de lanzar Argentina y Brasil rumbo a una moneda común, ni un Arancel Externo Común reconstituido con maniobras devaluatorias, ni un Parlamento conjunto sin poder vinculante o Protocolo de Olivos (ni de Brasilia) sin respetar los fallos arbitrales.

Si Brasil compra arroz subsidiado de Estados Unidos y no a sus países vecinos, que no vaya a decirles que negocien juntos el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), para cuidar los intereses del Cono Sur ante Washington DC. Si Uruguay no mantiene una coordinación política con sus socios ante los organismos mundiales, a cambio de beneficios de Estados Unidos en su reestructuración de deuda, que no esperemos incidencia alguna como grupo en los ajustes del Nuevo Orden Mundial. Pues no dudamos que atrás de Afganistán, Irak, Irán y Corea del Norte, sobrevendrá la presión del Departamento de Estado sobre la triple frontera de Paraguay, Brasil y Argentina.

Refundar el bloque regional implica cambios formales y sustanciales, pero sin estos últimos corremos el riesgo de pasar décadas para llegar a la conclusión citada de Jean Monnet, que si volviera a fundar la UE lo haría desde la arista de la cultura. Si la sociedad civil -me refiero a la gente de a pie y no a la pléyade de los denominados ONGs (organismos no gubernamentales)- no siente en su piel que la integración le beneficia en su vida cotidiana, todo protocolo será inútil y el comercio intraregional que sea eficiente seguirá haciéndose aunque sea ilegalmente, eludiendo aranceles por medio del contrabando.

Pero si los factores como la mano de obra son beneficiados en su libre circulación, tanto como los capitales y las mercancías; si se equiparan exigencias y oportunidades de los diplomas educativos; si los trámites para radicarse legalmente, exportar o abrir empresas no son una valla sino un puente; entonces la gente empezará a dar su apoyo al proceso, que no quedará aprisionado entre las cuatro paredes de la negociación de los cuellos duros diplomáticos.

EL PROYECTO EUROPEO
La futura convención de la Unión Europea podría entrar en vigencia el 9 de mayo de 2004. LA SINTESIS ECONOMICA MERCOSUR hizo un análisis prospectivo sobre el impacto global más político que económico de las etapas futuras de ampliación que regirá dicha carta magna, a la luz del debate intelectual que cubrimos durante la gira citada por los países comunitarios.

A pesar que quienes esperan que la ampliación de la Unión Europea (UE) a 25 países representará una conmoción para el núcleo duro de la vieja Comunidad del Carbón y el Acero (CECA), con medio siglo de vida, en realidad el cambio para mayo de 2004 -que se viene procesando e incluye una etapa más hasta 27 países en 2007- no tiene el tenor del impacto que las siguientes ampliaciones aún no pactadas tendrán sobre la vida interna, la política exterior comunitaria y la economía global, en el horizonte de 2015 a 2020.

No sólo porque los miembros puedan llegar a cincuenta, equiparando simbólicamente al numero de componentes de Estados Unidos de Norteamérica (EEUU), sino porque la posible inclusión de la Federación Rusa y la Comunidad de Estados Independientes (CEI) -herederos de la ex Unión Soviética (URSS)- tendrá efectos sobre el nuevo orden mundial, hasta ahora dominado por una única potencia sobreviviente del modelo bipolar ensayado durante la Guerra Fría y por su divisa (el dólar).

La concreción del mercado común europeo en la última década del segundo milenio y la instauración de la moneda común (el euro) al comienzo de la primer década del tercer milenio, sentaron las bases para redactar una Constitución -que podría entrar en vigencia el 9 de mayo próximo según el presidente de la asamblea constituyente, el ex mandatario francés Valery Giscard- que fija el costo de entrada a quienes aspiren a ser miembros del club.

De esta forma, permite a los actuales 15 miembros imponer previamente los modelos políticos que deban calzar los futuros países adheridos pero, demostrando la magnitud de la ampliación pretendida, hasta ahora no hiere susceptibilidades con una referencia explícita a "los valores cristianos" en el articulado, como quiere el presidente de turno de la UE, el premier italiano Silvio Berlusconi, quien reconoció que "creo que no va a ser aceptada".

Se despeja el camino para el único ya admitido como país siguiente en la lista a consideración, que es Turquía, cuya no incorporación aún (a pesar de la presión coyuntural de EEUU a favor para usar sus bases en el ataque a Irak) tuvo argumentos sostenidos en la falta de garantías democráticas suficientes, pero calladamente reveló resistencias por su peso poblacional, que rompería el balance y equilibrio en el Parlamento Europeo, así como en los derechos para migración y en los presupuestos de subsidios que debe repartir la Comisión de las Comunidades.

Desde 2010 y durante la siguiente década, la UE sólo podrá basar su gran ampliación, a pesar de actuales vetos aislacionistas de algún país según cada área sensible, sobre la base de una política común que avance de lo monetario a lo fiscal, del libre tránsito de trabajadores a armonización de beneficios sociales, de seguridad interior a inmigración, de Relaciones Exteriores a Defensa.

Aunque algunos lo nieguen, a nadie puede pasarle inadvertida como señal proléptica, que un general alemán encabezó a los Eurocorps por los Campos Elíseos, durante las fiestas francesas del 14 de julio último, conmemorando así los diez años de esta fuerza castrense unida que, por primera vez, marchó sin diferenciar a sus soldados con banderas nacionales como antes. Es la semilla del ejército europeo de rápido despliegue, actuando hoy en coordinación con la OTAN (léase EEUU) o mañana sin ella.

EL PROYECTO MEDITERRANEO
Así, los nombres de los invitados a la ampliación vendrán por bloque: los países balcánicos pertenecientes a la ex Yugoslavia; los países del Medio Oriente con costas mediterráneas (Israel y Palestina, después de Turquía); la Federación Rusa y buena parte de sus diez estados asociados en la CEI (con epicentro no tanto en Moscú sino en San Petersburgo, que podría volver a ser capital rusa tras ser relanzada en 2003 en sus 300 años antes de la cumbre del G-8 de Evian), los países no comunitarios de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC de Noruega, Islandia, Suiza y Liechtensztein) y asociaciones sui generis con varios estados musulmanes norafricanos como Marruecos (ex España), Argelia (ex Francia) y Egipto (ex Gran Bretaña), cerrando el movimiento de pinzas en torno al Mare Nostrum, convertido en lago interior, cuando hasta hace 500 años fue mundo suficiente desde los fenicios (antes de Cristo) a venecianos y genoveses (antes de Colón).

El principal dilema, que sólo podrá contestarse tras comprobar el atractivo que adquiera la Unión Europea, es cuánto podrá imponer o conceder a sus futuros miembros para llegar al medio centenar, y si su nueva Constitución –en caso de ser aprobada- dejará alguna brecha abierta para convertirse antes del 2020 en la Federación Europea, obligando a los socios a entrar sólo con sus condiciones políticas y sin permitir en lo económico que la futura entidad arriesgue -para conquistar a los rusos- con marchar a dos velocidades (como ahora con la zona Euro de sólo 12 de sus 15 miembros) o hasta tres velocidades (en cuanto a los derechos laborales).

La otra garantía sobre la evolución del mapa del Viejo Mundo es que su futuro no está sellado de antemano por una hegemonía pues, esa cada vez más asimétrica composición obliga al permanente compromiso sobre magnitud de voto entre sus gobiernos, entre los fundacionales y con los nuevos, pero también recibe una influencia por canales formales y no formales de sus fuerzas sociales, que cuestionan permanentemente lo hecho y por hacer.

Ningún espacio está libre de ser aprovechado. Caminar por la Promenade des Anglais en la exclusiva Niza, la tierra donde nació el unificador italiano Giuseppe Garibaldi pero que pertenece a Francia, permitió en junio pasado a este enviado de LA SINTESIS ECONOMICA ver gruesas manifestaciones de las centrales obreras galas defendiendo sus derechos a retiros dignos. En Italia, los jóvenes que discrepan con la que consideran como política de concentración económica corporativa del gobierno, no dejaron de manifestar su óptica ante una convención de industriales en Génova, tierra de Cristóbal Colón pero que llegó a América con banderas de España. Los funcionarios de British Airways colapsaron incluso a fin de julio el monumental aeropuerto londinense de Heathrow para oponerse a la reducción de personal derivado de la política comunitaria de cielos abiertos.

EL PROYECTO GLOBAL
Por su parte, el debate de los intelectuales también es vertido a través de este embudo más supraestatal que intergubernamental. Y, a tres niveles, mientras unos atienden el efecto nacional, otros cuestionan lo regional y aún otros atienden la competencia global. Se afirma así el pasado local y se admite el destino futuro común, sin despreciar la necesidad de dar tiempo para la adaptación al espacio conjunto desde las realidades particulares.

En el primero de los casos, Ryszard Kapuscinski dice en su último libro publicado en castellano, respecto a Polonia (que aprobó la integración en referéndum en junio pasado), país en donde nació el escritor en una ciudad que luego cayó en manos de la ex URSS y hoy pertenece a Bielorrusia, que "nuestra incorporación a la órbita occidental nos exige, sobre todo, una revolución cultural dentro de nosotros mismos, un giro en nuestra manera de pensar y un nuevo enfoque a la hora de contemplar el mundo" ("Lapidarium IV", 2003).

En el segundo de los casos, entre los fundacionales críticos podemos reconocer a Jean Baudrillard (Francia) y Oriana Fallaci (Italia). Desacreditando la legitimación por plebiscito popular, el pensador galo denuncia la manipulación posible aún en la denominada Vieja Europa, criticando al fallecido presidente francés Francois Miterrand por la "promoción de una Europa ficticia que él endosará como una patata caliente a todos los que vengan luego (segundo acontecimiento negativo del reinado: el referéndum sobre Europa)" ("Pantalla Total", 2000).

Rompiendo polémicamente una década de silencio ("La Rabia y el Orgullo", 2002), la periodista italiana aprovecha su "sermón" para agregar la disconformidad con el derrotero de la UE, al escribir desde Nueva York sobre "esa decepcionante Unión Europea donde se habla siempre francés e inglés y alemán, nunca el español o el italiano o el flamenco o el húngaro o el finlandés" y donde opina que "hace siglos que Francia e Inglaterra y Alemania se detestan, empero siguen mandando juntos...". Concluye que "no es la Europa que yo soñaba. No es Europa, es el suicidio de Europa".

Ese mundo que se viene construyendo desde la unificación alemana en 1989, -en el tercero de los casos referido a la preocupación por el papel mundial de la Europa ampliada- es la obsesión desencantada de escritores españoles como Vicente Verdú, en un país que debatió su incorporación a la Unión Europea a principios de los años ochenta, durante el gobierno socialista de Felipe González, que ganó las elecciones oponiéndose a la integración y luego abrió un plebiscito donde defendió la posición contraria.

En un reciente libro ("El Estilo del Mundo", 2003), Verdú detalla cómo históricamente "en el siglo XVI el mando imperial estaba en manos de España y Portugal; en el siglo XVII y XVIII predominaban Francia e Inglaterra; en el siglo XIX se imponían las escuadras inglesa y alemana; tras la Segunda Guerra Mundial sobrevino un mundo bipolar con EEUU y la Unión Soviética. Desde la caída del Muro de Berlín, sin embargo, un solo gobierno decide sobre la marcha del mundo y no hay rival oteable en el horizonte".

La deseabilidad como contrapeso global de una Fuerza Europea de Intervención Rápida, estimada en sesenta mil personas, es postulada desde el otro lado del Atlántico, por el ex asesor de Bill Clinton, el afamado escritor estadounidense Jeremy Rifkin, quien le asigna una "triple misión: asistir a los civiles amenazados por crisis externas a la UE; adherir a las operaciones de mantenimiento de la paz autorizadas por las Naciones Unidas; y jugar un rol de intermediación entre las facciones en guerra" (suplemento Radar en Página 12, Buenos Aires, 15-06-03).

Proyectando el futuro de la constitución propuesta y la ampliación de la UE, el filósofo alemán Jürgen Habermas dijo en junio pasado que en "la Convención para la constitución europea de Bruselas se manifiesta el contraste entre las naciones que quieren que haya un refuerzo de la UE y quienes tienen un comprensible interés de congelar el status quo de la actual gestión intergubernamental ".

En un ensayo titulado "La Identidad Perdida", publicado en Italia junto al francés Jacques Derridá (La Repubblica, Roma, 4-06-03), pide no simplificar el rol de Europa a "la alternativa un tanto estúpida de guerra y paz. Europa debe hacer sentir su peso en el plano internacional y en el marco de la ONU, para balancear el unilateralismo hegemónico de los EEUU. En la cumbre de la economía mundial y en las instituciones de la Organización Mundial de Comercio, Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional debe hacer sentir su influencia contribuyendo a trazar la línea de una futura política interna mundial".

Bajo esta perspectiva, de resolverlo en los años próximos, la Unión Europea podrá cubrir del Estrecho de Gibraltar al Estrecho de Bósforo, del Mar del Norte al Mar Negro, del Báltico al Mediterráneo, de los Pirineos a los Urales, del Océano Atlántico al Círculo Polar Artico. Un euro para 50 países, en una asociación bastante autosuficiente del punto de vista comercial, combinada con acuerdos birregionales que tracen puentes con América Latina, Asia y Africa, puede obligar a Estados Unidos a sentarse a negociar concesiones en la OMC, so pena de una guerra de bloques con consecuencias impredecibles, excepto una: la unipolaridad no está garantizada por "los siglos de los siglos" tanto como algunos creen.

Así, en la perspectiva compleja global de largo término cernida por los desafíos regionales de mediano plazo, los gobernantes podrán evitar caer en la dictadura cortoplacista de medidas dictadas por la volubilidad marketinera de las encuestas o los intereses corporativistas locales.

Un abrazo,
Carlos Montero