Crónicas de Torsos Huérfanos

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7/22/2003

Las futuras ampliaciones de la Union Europea

La futura convención de la Unión Europea podría entrar en vigencia el 9 de mayo de 2004. LA SINTESIS ECONOMICA MERCOSUR les ofrece un análisis
prospectivo sobre el impacto global más político que económico de las etapas futuras de ampliación que regirá dicha carta magna, a la luz del debate intelectual cubierto en las últimas semanas por nuestro editor
regional, Carlos Montero, durante una gira por los países comunitarios.


UNION EUROPEA:
el impacto de las ampliaciones que vendrán

por Carlos Montero, montero@sintesis.org

A pesar que quienes esperan que la ampliación de la Unión Europea (UE) a 25 países representará una conmoción para el núcleo duro de la vieja Comunidad del Carbón y el Acero (CECA), con medio siglo de vida, en realidad el cambio para mayo de 2004 -que se viene procesando e incluye una etapa más hasta 27 países en 2007- no tiene el tenor del impacto que las siguientes ampliaciones aún no pactadas tendrán sobre la vida interna, la política exterior comunitaria y la economía global, en el horizonte de 2015 a 2020.

No sólo porque los miembros puedan llegar a cincuenta equiparando simbólicamente al numero de componentes de Estados Unidos de Norteamérica (EEUU), sino porque la posible inclusión de la Federación
Rusa y la Comunidad de Estados Independientes (CEI) -herederos de la ex Unión Soviética (URSS)- tendrá efectos sobre el nuevo orden mundial, hasta ahora dominado por una única potencia sobreviviente del modelo bipolar ensayado durante la Guerra Fría y por su divisa (el dólar).

La concreción del mercado común europeo en la última década del segundo milenio y la instauración de la moneda común (el euro) al comienzo de la primer década del tercer milenio, sentaron las bases para redactar una Constitución -que podría entrar en vigencia el 9 de mayo próximo según el presidente de la asamblea constituyente, el ex mandatario francés
Valery Giscard- que fija el costo de entrada a quienes aspiren a ser miembros del club.

De esta forma, permite a los actuales 15 miembros imponer previamente los modelos políticos que deban calzar los futuros países adheridos pero, demostrando la magnitud de la ampliación pretendida, no hiere susceptibilidades con una referencia explícita a "los valores cristianos" en el articulado, como quiere el presidente de turno de la UE, el premier italiano Silvio Berlusconi, quien reconoció que "creo que no va a ser aceptada".

Se despeja el camino para el único ya admitido como país siguiente en la lista a consideración, que es Turquía, cuya no incorporación aún (a pesar de la presión coyuntural de EEUU a favor para usar sus bases en el ataque a Irak) tuvo argumentos sostenidos en la falta de garantías democráticas suficientes, pero calladamente reveló resistencias por su peso poblacional, que rompería el balance y equilibrio en el Parlamento Europeo, así como en los derechos para migración y en los presupuestos de subsidios que debe repartir la Comisión de las Comunidades.

Desde 2010 y durante la siguiente década, la UE sólo podrá basar su gran ampliación, a pesar de actuales vetos aislacionistas de algún país según cada área sensible, sobre la base de una política común que avance de lo monetario a lo fiscal, del libre tránsito de trabajadores a armonización de beneficios sociales, de seguridad interior a inmigración, de Relaciones Exteriores a Defensa.

Aunque algunos lo nieguen, a nadie puede pasarle inadvertida como señal proléptica, que un general alemán encabezó a los Eurocorps por los Campos Elíseos, durante las fiestas francesas del 14 de julio último, conmemorando así los diez años de esta fuerza castrense unida que, por primera vez, marchó sin diferenciar a sus soldados con banderas nacionales como antes. Es la semilla del ejército europeo de rápido
despliegue, actuando hoy en coordinación con la OTAN (léase EEUU) o mañana sin ella.

Así, los nombres de los invitados a la ampliación vendrán por bloque: los países balcánicos pertenecientes a la ex Yugoslavia; los países del
Medio Oriente con costas mediterráneas (Israel y Palestina, después de Turquía); la Federación Rusa y buena parte de sus diez estados asociados en la CEI (con epicentro no tanto en Moscú sino en San Petersburgo, que podría volver a ser capital rusa tras ser relanzada en 2003 en sus 300 años antes de la cumbre del G-8 de Evian), los países no comunitarios de
la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC de Noruega, Islandia, Suiza y Liechtensztein) y asociaciones sui generis con varios estados musulmanes norafricanos como Marruecos (ex España), Argelia (ex Francia) y Egipto (ex Gran Bretaña), cerrando el movimiento de pinzas en torno al
Mare Nostrum, convertido en lago interior, cuando hasta hace 500 años fue mundo suficiente desde los fenicios (antes de Cristo) a venecianos y genoveses (antes de Colón).

El principal dilema, que sólo podrá contestarse tras comprobar el atractivo que adquiera la Unión Europea, es cuánto podrá imponer o conceder a sus futuros miembros para llegar al medio centenar, y si su
nueva Constitución dejará alguna brecha abierta para convertirse antes del 2020 en la Federación Europea, obligando a los socios a entrar sólo con sus condiciones políticas y sin permitir en lo económico que la futura entidad arriesgue -para conquistar a los rusos- con marchar a dos velocidades (como ahora con la zona Euro de sólo 12 de sus 15 miembros) o hasta tres velocidades (en cuanto a los derechos laborales).

La otra garantía sobre la evolución del mapa del Viejo Mundo es que su futuro no está sellado de antemano por una hegemonía pues, esa cada vez más asimétrica composición obliga al permanente compromiso entre sus
gobiernos, entre los fundacionales y con los nuevos, pero también recibe una influencia por canales formales y no formales de sus fuerzas sociales, que cuestionan permanentemente lo hecho y por hacer.

Ningún espacio está libre de ser aprovechado. Caminar por la Promenade des Anglais en la exclusiva Niza, la tierra donde nació el unificador italiano Giuseppe Garibaldi pero que pertenece a Francia, permitió en
junio pasado a este enviado de LA SINTESIS ECONOMICA ver gruesas manifestaciones de las centrales obreras galas defendiendo sus derechos
a retiros dignos. En Italia, los jóvenes que discrepan con la que consideran como política de concentración económica corporativa del gobierno, no dejaron de manifestar su óptica ante una convención de
industriales en Génova, tierra de Cristóbal Colón pero que llegó a América con banderas de España. Los funcionarios de British Airways colapsaron incluso este fin de julio el monumental aeropuerto londinense de Heathrow para oponerse a la reducción de personal derivado de la política comunitaria de cielos abiertos.

Por su parte, el debate de los intelectuales también es vertido a través de este embudo más supraestatal que intergubernamental. Y, a tres niveles, mientras unos atienden el efecto nacional, otros cuestionan lo regional y aún otros atienden la competencia global. Se afirma así el pasado local y se admite el destino futuro común, sin despreciar la necesidad de dar tiempo para la adaptación al espacio conjunto desde las realidades particulares.

En el primero de los casos, Ryszard Kapuscinski dice en su último libro publicado en castellano, respecto a Polonia (que aprobó la integración en referéndum en junio pasado), país en donde nació el escritor en una
ciudad que luego cayó en manos de la ex URSS y hoy pertenece a Bielorrusia, que "nuestra incorporación a la órbita occidental nos exige, sobre todo, una revolución cultural dentro de nosotros mismos, un giro en nuestra manera de pensar y un nuevo enfoque a la hora de contemplar el mundo" ("Lapidarium IV", 2003).

En el segundo de los casos, entre los fundacionales críticos podemos reconocer a Jean Baudrillard (Francia) y Oriana Fallaci (Italia). Desacreditando la legitimación por plebiscito popular, el pensador galo denuncia la manipulación posible aún en la denominada Vieja Europa, criticando al fallecido presidente francés Francois Miterrand por la "promoción de una Europa ficticia que él endosará como una patata caliente a todos los que vengan luego (segundo acontecimiento negativo del reinado: el referéndum sobre Europa)" ("Pantalla Total", 2000).

Rompiendo polémicamente una década de silencio ("La Rabia y el Orgullo", 2002), la periodista italiana aprovecha su "sermón" para agregar la disconformidad con el derrotero de la UE, al escribir desde Nueva York
sobre "esa decepcionante Unión Europea donde se habla siempre francés e inglés y alemán, nunca el español o el italiano o el flamenco o el húngaro o el finlandés" y donde opina que "hace siglos que Francia e
Inglaterra y Alemania se detestan, empero siguen mandando juntos...". Concluye que "no es la Europa que yo soñaba. No es Europa, es el suicidio de Europa".

Ese mundo que se viene construyendo desde la unificación alemana en 1989, -en el tercero de los casos referido a la preocupación por el papel mundial de la Europa ampliada- es la obsesión desencantada de
escritores españoles como Vicente Verdú, en un país que debatió su incorporación a la Unión Europea a principios de los años ochenta, durante el gobierno socialista de Felipe González, que ganó las elecciones oponiéndose a la integración y luego abrió un plebiscito
donde defendió la posición contraria.

En un reciente libro ("El Estilo del Mundo", 2003), Verdú detalla cómo históricamente "en el siglo XVI el mando imperial estaba en manos de España y Portugal; en el siglo XVII y XVIII predominaban Francia e Inglaterra; en el siglo XIX se imponían las escuadras inglesa y alemana;tras la Segunda Guerra Mundial sobrevino un mundo bipolar con EEUU y la Unión Soviética. Desde la caída del Muro de Berlín, sin embargo, un solo gobierno decide sobre la marcha del mundo y no hay rival oteable en el horizonte".

La deseabilidad como contrapeso global de una Fuerza Europea de Intervención Rápida, estimada en sesenta mil personas, es postulada desde el otro lado del Atlántico, por el ex asesor de Bill Clinton, el afamado escritor estadounidense Jeremy Rifkin, quien le asigna una "triple misión: asistir a los civiles amenazados por crisis externas a la UE; adherir a las operaciones de mantenimiento de la paz autorizadas por las Naciones Unidas; y jugar un rol de intermediación entre las
facciones en guerra" (suplemento Radar en Página 12, Buenos Aires, 15-06-03).

Proyectando el futuro de la nueva constitución y la ampliación de la UE, el filósofo alemán Jürgen Habermas dijo en junio pasado que en "la Convención para la constitución europea de Bruselas se manifiesta el
contraste entre las naciones que quieren que haya un refuerzo de la UE y quienes tienen un comprensible interés de congelar el status quo de la actual gestión intergubernamental ".

En un ensayo titulado "La Identidad Perdida", publicado en Italia junto al francés Jacques Derridá (La Repubblica, Roma, 4-06-03), pide no simplificar el rol de Europa a "la alternativa un tanto estúpida de guerra y paz. Europa debe hacer sentir su peso en el plano internacional y en el marco de la ONU, para balancear el unilateralismo hegemónico de los EEUU. En la cumbre de la economía mundial y en las instituciones de la Organización Mundial de Comercio, Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional debe hacer sentir su influencia contribuyendo a trazar la línea de una futura política interna mundial".

Bajo esta perspectiva, de resolverlo en los años próximos, la Unión Europea podrá cubrir del Estrecho de Gibraltar al Estrecho de Bósforo, del Mar del Norte al Mar Negro, del Báltico al Mediterráneo, de los Pirineos a los Urales, del Océano Atlántico al Círculo Polar Artico. Un
euro para 50 países, en una asociación bastante autosuficiente del punto de vista comercial, combinada con acuerdos birregionales que tracen puentes con América Latina, Asia y Africa, puede obligar a Estados
Unidos a sentarse a negociar concesiones en la OMC, so pena de una guerra de bloques con consecuencias impredecibles, excepto una: la unipolaridad no está garantizada por "los siglos de los siglos" tanto como algunos creen.

Abrazos de Carlos Montero



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