Crónicas de Torsos Huérfanos

Crónicas de Torsos Huérfanos
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4/13/2003

Un Tercer Milenio, con desafíos del Segundo

por Carlos Montero, desde Montevideo

Si la era digital no eliminó aún a casi doscientas fábricas de ábacos en China continental, ni la Nueva Economía ha podido enterrar el trabajo esclavo en el nordeste de Brasil, no debiera sorprendernos que los avances que permitieron proezas como el mapeo computacional completo del genoma humano, con el cual ingresamos gloriosos al tercer milenio, hayan sido insuficientes para borrar del mapa terrestre obstáculos del segundo milenio -mucho más simples- que impiden hoy la universalización de la salud y amenazan con que tampoco se consiga en el futuro.

La Organización de las Naciones Unidas ha proclamado al 22 de marzo como Día Mundial del Agua y al 7 de abril como Día Mundial de la Salud, para que sirvan como excusa comunicacional suficiente para favorecer la difusión de datos, estudios y discusiones, sobre estos temas, creando a la vez conciencia sobre el desafío global que constituyen para la Humanidad.
La calidad de vida del ser humano será sustentable gracias (1) al poder adquisitivo suficiente para obtener los frutos de la producción laboratorial de medicinas, lo que es discutido por la Organización Mundial de Comercio; (2) a la accesibilidad a los avances científicos y tratamientos, tratado por la Organización Mundial de la Propiedad
Intelectual; (3) la conservación del ecosistema en que nos desempeñamos, con presupuestos públicos para saneamiento y fondos privados para recortar la contaminación industrial, debatidos en el Protocolo de
Kyoto; y (4) la renovación de los recursos que utilizamos, frente a las crecientes demandas de alimentación (FAO) y energía (OIE).
Ante una matanza registrada en 1988, atiné a escribir que "No hay nada más político que la vida", en alusión a la acepción más rigurosa de lo político, entendido como la 'cosa pública', el conjunto de asuntos más importante que afecta y condiciona la vida de una comunidad. La
Salud y el Agua forman parte de la agenda prioritaria de ONU, definida en la Cumbre del Milenio, y por el Banco Interamericano de Desarrollo, en su cumbre de Fortaleza, Brasil, que terminó en marzo de 2002. Por eso, una década y media más tarde, podría parafrasear que "No hay nada más económico que la vida".

Algunos debates políticos, económicos y sociales de los últimos veinte años, sobre el contexto del desarrollo de nuestra vida futura, demuestran errores de planteamiento o de predicción de gurúes sensatos o de analistas que se prendían a las modas intelectuales de turno. Sirva esta breve síntesis para advertinos de caer en semejantes pretensiones de profecías:
-En los ochenta, en Europa y Estados Unidos, el debate de las intelligentzias era el destino que el ser humano iba a darle al ocio, a su tiempo libre. Hoy no discutimos otra cosa que el aumento del desempleo, la ocupación precaria, la falta de trabajo decente, las migraciones laborales, la fuga de cerebros, el trabajo esclavo y la explotación obrera infantil.
-En los ochenta, en América Latina, se instalaba una corriente de vuelta a la democracia, profetizando el entierro del poderío militar, el crecimiento del poder civil y su alternancia, el fin de las transiciones. En todo el continente se habla ahora del desgaste de la
imagen de partidos y políticos, se multiplican acusaciones por corrupción, reelecciones y caídas de presidentes seguidos de sistemas de sucesión no previstos (Perú, Ecuador, Paraguay, Argentina y Bolivia), arrojando
repúblicas inestables e impotentes ante la demanda social.
-En los noventa, el fin de la bipolaridad, la caída del Muro de Berlín y la Unión Soviética, abre el debate en el Hemisferio Norte sobre EEUU como potencia hegemónica -sin contrincante- y el fin de la Historia (Francis Fukuyama) tras la Guerra Fría, que aseguraba la extensión de la democracia occidental y el capitalismo a todo el planeta. Actualmente no dejamos de hablar sino de guerras entre nacionalismos (Balcanes),
matanzas tribales (Rwanda y Burundi), Choque de Civilizaciones (Samuel Huntington), guerra al terrorismo (Bush y Bin Laden), una China y dos sistemas (dictadura marxista con capitalismo), el 60% del planeta no tiene democracia... la Historia sigue vivita y coleando.
-En los noventa, arrecian en Latinoamérica las reformas macroeconómicas, las desregulaciones y privatizaciones, la apertura comercial y la integración. Se abre un mecanismo comercial progresivo de derribo arancelario para abrir las economías (OMC) prometiendo una Ronda del Milenio en todos los áreas. Tras el fracaso de Seattle en 1999, llegamos a Doha, Qatar, con los países desarrollados haciendo gala de un
acentuado proteccionismo que predicaban evitar, los temas a ceder o tratar fueron limitados a su mínima expresión, los mercados comunes regionales del Cono Sur se empantanan por similares lobbys locales. Las grandes empresas estatales de teléfono, agua y energía se vendieron, pero los países incrementan su deuda externa, el ingreso de capitales no tapa el agujero fiscal y la estampida de los fondos golondrina o fugas financieras provocan crisis económicas y sociales. De Francia a Brasil,
gobernantes reclaman control del flujo financiero y la tasa Tobin (0,7% de reinversión al desarrollo que ni el consenso de Monterrey pudo garantizar), mientras que el mismo megaespeculador George Soros pide disculpas y reclama reformular al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial (que no piden disculpas).
-En los 2000, la Nueva Economía conduce a Estados Unidos a una bonanza que pareció enterrar la alianza del recalentamiento (alto PIB) e
inflación, llevando a olvidar también los principios de exigir
resultados a las firmas; nuevas empresas con alta liquidez gracias a la burbuja bursátil tecnológica. Cualquiera se hacía millonario con una buena idea -aún sin consumidores- tras una bien publicitada IPO. El NASDAQ cayó en picado 250%, los exitosos websites cierran en forma estruendosa, hay recorte horrendo en plantillas de las multinacionales y hasta Wall Street ve temblar a su toro, cuando controladores independientes globales quedan al descubierto (Arthur Andersen), por garantizar balances falsos (caso ENRON).

La dimension global

En los veinte años mencionados, el concepto de la Organización Mundial de la Salud evolucionó de un objetivo de mera cura de las enfermedades hacia la actitud profiláctica de conservación de la calidad de vida, incluyendo en ese complejo a la alimentación, la educación, la vivienda y el medio ambiente, entre otras claves ambiciosas para garantizar una vida decorosa y sustentable.
La salud básica para toda la Humanidad en 2015 fue la meta idealista postulada por ONU en la Cumbre del Milenio de 1999 pero, desde entonces, 93 países se han retrasado en lugar de avanzar: Dos mil millones de personas aún carecen de medicamentos de bajo costo como la penicilina.
330.000 millones de dólares serían necesarios para enfrentar infecciones, que pueden ser prevenidas por monedas, y que matan a 11 millones de niños cada año, según la Consulta Mundial sobre la Salud y el Desarrollo de la Infancia y de la Adolescencia en Estocolmo, Suecia,
coorganizada por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
La ex directora general de la OMS, Gro Harlem Brundtlan, consideró "aterradora" la cifra y atribuyó los decesos "a la pobreza", pues los especialistas saben curar buena parte de las enfermedades de los pueblos más pobres, pero -aunque la mayoría de los tratamientos cuestan menos de
un dólar- no tienen siquiera esos recursos.
Prueba es que 50% de los niños de un año en Africa no están inmunizados contra la difteria, la tos ferina, el tétano, la polio y el sarampión, agrega la Alianza Global por las Vacunas y la Inmunización (GAVI).
Las principales causas de mortalidad en los Estados Unidos, a fines del siglo XX, eran en orden: enfermedades del corazón, cáncer, ruptura de vena cerebral, problemas pulmonares, accidentes, neumonía e influenza, diabetes, SIDA, suicidio y problemas crónicos glandulares.
Sin embargo, cien años antes, el ránking de causas de mortalidad en Estados Unidos era encabezado por: neumonía e influenza, tuberculosis, diarrea y enteritis, problemas de corazón, hemorragia cerebral, problemas pulmonares, accidentes, cáncer, senilidad y difteria, según el National Center for Health Statistics, citado por la revista TIME.
Las principales causas de mortalidad anual de los países en desarrollo fueron las enfermedades del corazón (3,82 millones), infecciones respiratorias (3,35 millones), embolias (3,24 millones), SIDA (2,90 millones), condiciones natales (2,34 millones), enfermedades pulmonares (2,10 millones), diarreas (2,09 millones), tuberculosis (1,58
millones) y malaria (1,08 millones), según la Organización Mundial de la Salud, con cifras cerradas al 1 de enero de 2001.
La dimensión global de las enfermedades en un mundo interconectado se amplía con la multiplicación de los viajes transfronterizos por turismo e intercambio comercial de bienes, gracias al abaratamiento y mayor velocidad del transporte.
Me temo que, al igual que en todos los choques con la realidad que se han dado los líderes mundiales y sus asesores, que enumeramos más arriba, superamos los cien años de la Organización Panamericana de la Salud y entramos al tercer milenio sin haber superado los fantasmas de enfermedades -de la pobreza- que se decían erradicadas, con un ecosistema en vías de mayor deterioro por falta de mecanismos (aceptados por EEUU y otros grandes contaminadores) para revertir ese proceso, con
el desafío sanitario y fitosanitario que abre el comercio mundial (aftosa, vaca loca) a la alimentación humana, la lucha contra intereses de grandes corporaciones del tabaco, de promotores de organismos genéticamente modificados -cuyo efecto no haya sido estudiado- y
laboratorios de investigación de medicinas o biotecnología, que quieran limitar con patentes el acceso científico a lo descubierto y su uso en beneficio de millones de terráqueos.

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