Crónicas de Torsos Huérfanos

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3/26/2003

12 años del Mercado Común del Sur

por Carlos Montero, desde Montevideo

Despierto y doy de bruces contra el almanaque que me indica que es 26 de marzo, aniversario del Mercado Común del Sur.
Abro la persiana que da a la playa de Pocitos en Montevideo, pero mi vista va más allá y se reparte en cuatro: pienso en Asunción adonde desde tempranito están trabajando Juan, Alejandro, Sara y Max en la sede central de LA SINTESIS, cruzo mentalmente a Buenos Aires donde Roberto y Anita comienzan a sembrar suscriptores argentinos, y atravieso las cataratas (de lágrimas) hasta Brasil, donde está la dueña de la mitad de mi corazón.
Un mate uruguayo con bombilla brasileña, cebado desde un termo argentino con yuyo paraguayo, me acompañan a caminar hasta la sede del MERCOSUR, distante tres kilómetros de nuestra oficina.
Me había prometido llegar a los 25 años en periodismo, este año, de vuelta al lugar en que nací, pero ahora me doy cuenta que ya no pertenezco sino a una mezcla onírica de la bahía asunceña, la costanera bonaerense, la avenida Atlántica carioca, las arenas de Reñaca en Viña del Mar y la rambla montevideana, a la que retorno tras 8 años como corresponsal, por aquello que cantaba Abel García de "uno, que se crió acá, mirando al mar, porque es hijo de inmigrantes o simplemente por pura costumbre".
El periodista Tomás Friedmann, hoy analista de la Unión Europea para nuestra región, me contaba su hipótesis que la vida de las parejas, como son también las empresas o países asociados, se rigen por períodos aproximados de seis años, lapso máximo en que hay que renovar el compromiso so pena de que la alianza sucumba. LA SINTESIS cumple seis años en 2003 pero nuestro compromiso con Usted se renueva, a pesar de la crisis local, regional y mundial, ampliando representaciones en Argentina, Paraguay y Uruguay.
Sin embargo, mientras sigo la caminata, intento comprobar la hipótesis -de mi amigo y colega- extrapolándola a lo personal, regional y global, sorprendiéndome cuánto se aplica, para felicidad de los cultores del horóscopo lunar chino, que se rige por períodos de 12 años, con momentos bisagra a la mitad de los mismos.
Hace doce años, en 1991, se producía la Guerra del Golfo I en lo global, se fundaba el MERCOSUR en lo regional y conocía a mi futura esposa en lo personal. Seis años después crecen las inspecciones de ONU para controlar a Saddam, los socios del bloque del Cono Sur alcanzan su máximo comercio intraregional y nos casamos en 1997. Completado otro período de 12 años, en 2003 tenemos la Guerra del Golfo II, el MERCOSUR en crisis intenta con Lula una refundación y nosotros reproducimos la distancia -previa a conocernos- por adaptarnos a un nuevo lugar en donde vivir.
Me preguntan tantas veces si el bloque va a sobrevivir y contestamos siempre que podrá conservarse la etiqueta "MERCOSUR" pero la pregunta es de cuál MERCOSUR hablamos. Si dejamos sin completar una zona de libre comercio que es imperfecta, una unión aduanera perforada, las excepciones como regla o un mercado común en los papeles, de nada servirá el nuevo Instituto Monetario que acaban de lanzar Argentina y Brasil rumbo a una moneda común, ni un Arancel Externo Común reconstituido con maniobras devaluatorias, ni un Parlamento conjunto sin poder vinculante o Protocolo de Olivos (ni de Brasilia) sin respetar los fallos arbitrales.
Si Brasil compra arroz subsidiado de Estados Unidos y no a sus países vecinos, que no venga a decir que negociemos juntos el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), para cuidar los intereses del Cono Sur ante Washington DC. Si Uruguay no mantiene una coordinación política con sus socios ante los organismos mundiales, a cambio de beneficios de Estados Unidos en su reestructuración de deuda, que no esperemos incidencia alguna como grupo en los ajustes del Nuevo Orden Mundial. Pues no dudamos que atrás de Afganistán, Irak, Irán y Corea del Norte, sobrevendrá la presión del Departamento de Estado sobre la triple frontera de Paraguay, Brasil y Argentina.
Refundar el bloque regional implica cambios formales y sustanciales, pero sin estos últimos corremos el riesgo de pasar décadas para llegar a la conclusión de uno de los padres fundadores de la Unión Europea: que si volviera a fundar la UE lo haría desde la arista de la cultura.
Si la sociedad civil -me refiero a la gente de a pie y no a la pléyade de los denominados ONGs (organismos no gubernamentales)- no siente en su piel que la integración le beneficia en su vida cotidiana, todo protocolo será inútil (no sólo por ser rechazado sino por olímpicamente ignorado) y el comercio intraregional que sea eficiente seguirá haciéndose aunque sea ilegalmente, eludiendo aranceles por medio del contrabando.
Pero si los factores como la mano de obra son beneficiados en su libre circulación, tanto como los capitales y las mercancías; si se equiparan exigencias y oportunidades de los diplomas educativos; si los trámites para radicarse legalmente, exportar o abrir empresas no son una valla sino un puente, entonces la gente empezará a dar su apoyo al proceso, que no quedará aprisionado entre las cuatro paredes de la negociación de los cuellos duros diplomáticos.
En el bosquejo de una exposición de motivos que presentamos este mes a la Universidad para la Paz de ONU, planteamos la urgencia de un proyecto de "Educación para la Tolerancia en la Integración", que dejo ahora como conclusión de esta cirugía a corazón abierto que hacemos mediante estas líneas de este MERCOSUR, al cual estamos destinados a informar e investigar desde octubre 1990, cuando la revista Guía Financiera nos encargó seguir sus negociaciones fundacionales, aún antes que tuviera nombre y hasta su firma el 26 de marzo de 1991, en la sede del Banco Central del Paraguay en Asunción.
"SABIENDO
-que el esfuerzo integrador ha sido concentrado más en el ámbito oficial que el social y fundamentalmente en el ámbito comercial que en el cultural
-que embarcarse en la construcción de mercados comunes no prosperará disolviendo las particularidades de los pueblos que defienden su identidad
-que no existe comunicación posible sin compartir códigos entre las partes, que no son sólo los idiomas sino los símbolos y las pautas culturales
-que los límites políticos son una creación de los gobiernos cuya vigencia legal es superada por la realidad económica de las áreas fronterizas
-que sus pobladores se anticiparon a una natural integración social que ha sido obstruida por la acción fragmentaria de quienes agitan el chovinismo
CREEMOS NECESARIAS
-políticas decididas para generar una cultura de tolerancia a las diferencias, conocerlas y mecanismos para superar divergencias en espacios comunes
-que esa acción debe cubrir múltiples escenarios, siendo el de más largo plazo el de la educación para la comunicación y la tolerancia en la integración
POR ESO PROPONEMOS
Un proyecto de Educación para la Tolerancia en la Integración"
FELICIDADES en estos 12 años del MERCOSUR
Vuestro, Carlos Montero, editor regional, desde Montevideo.

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